Cultura

Barbología: Este investigador médico estudiará la historia del vello facial

"Las barbas están siempre estrechamente vinculadas con cómo se sienten los hombres consigo mismos".

por Emiko Jozuka
06 Agosto 2015, 7:08pm

¿Qué causa el auge y la caída de la barba como accesorio? ¿Es simplemente que los hombres se aburren de ciertos estilos, o las innovaciones en salud y tecnología también influencian los bigotes que los hombres llevan en sus caras?

Alun Withey, un historiador médico e investigador asociado de la Universidad de Exeter, abordará estas preguntas durante el proyecto de investigación de tres años que examina la relación evolutiva del hombre con el vello facial. El proyecto está apoyado por la organización médica sin ánimo de lucro Wellcome Trust.

Withey enfocará su estudio, que iniciará en septiembre del 2015, en el periodo comprendido entre 1700 y 1918, e investigará la evolución de la barba británica dentro de un marco médico y tecnológico. Tendrá en cuenta un amplio rango de fuentes incluyendo las representaciones pictóricas de barbas en dibujos, fotografías, registros médicos, y menciones del vello facial en anuncios, diarios y cartas.

"Las barbas", me dijo Withey por teléfono, "están siempre estrechamente vinculadas con cómo se sienten los hombres consigo mismos". En tiempos de los Tudor, la barba, dijo Withey, era un símbolo visible y exterior de masculinidad y virilidad. Jalar la barba de un hombre en ese tiempo era un insulto atroz contra su hombría. Pero luego, en el siglo XVII, perdió su encanto en el Reino Unido casi por completo.

"si tenías una barba débil y desordenada, eras visto como una persona naturalmente enferma."

"El siglo XVIII fue la época de la Ilustración (el movimiento intelectual europeo que retó la norma autoritaria entre 1620 y 1980), por ese entonces el ideal era pulcritud y elegancia, abrirse y entender el mundo. "Si te afeitas una barba, estás abriendo tu cara", dijo Withey. "El nuevo ideal de cómo debería verse un hombre era limpio y afeitado".

Withey explica que en el siglo XVIII, el vello facial también estaba estrechamente ligado a las ideas antiguas del cuerpo, que enfatizaban la asociación del cuerpo con los cuatro humores (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla). Así que las barbas, dice Withey, eran tratadas como cosas que había que eliminar o cortar, al igual que las uñas.

"Si te afeitas la barba, te estás deshaciendo de un residuo", dice Withey. "Con el tiempo, también era visto como un indicador de salud. Por lo que si tenías una barba débil y desordenada, eras visto como una persona naturalmente enferma".

Aparte de las ideas de salud rodeando el vello facial, Withey dice que el desarrollo de la tecnología jugó un papel clave en la conservación o erradicación de la barba.

"En 1750 se da inicio a una época de nuevas y afiladas rasuradoras de acero fundido, y los hombres empezaron a afeitarse", dice Whithey. "Entonces hay una pregunta por hacer: ¿las nuevas rasuradoras hacen que los hombres se quieran afeitar más, o es el hecho de que los hombres ya se han estado rasurando lo que provoca la innovación tecnológica?"

Aunque el vello facial dejo de estar de moda en el siglo 18, no pasó mucho tiempo para que las barbas hicieran un retorno masivo. Durante la era victoriana, con los exploradores británicos volviendo de expediciones luciendo espesas barbas, se disparó una nueva ola dentro del movimiento de la barba.

El explorador victoriano John Hanning Speke. Imagen: Southwell Brothers, National Portrait Gallery/Wikimedia

"Los victorianos solían emular a los exploradores, quienes desaparecían dentro de las junglas por meses. Se querían ver rudos y masculinos", dice Withey. "También veían las barbas útiles contra los gérmenes, en tanto que las barbas atraparían todas las cosas asquerosas antes de que alcanzaran la garganta".

En el pasado, el vello facial pudo haber estado asociado con tendencias profundamente sanitarias, tecnológicas y socioculturales. Withey también destaca que actualmente, los hombres se han vuelto más frívolos con sus barbas.

"Es interesante que aunque las tendencias en barbas solían durar décadas, en el siglo pasado, y particularmente durante los últimos 40 y 50 años, parecen durar tan sólo unos pocos años". Withey atribuye estos cambios en las tendencias de barbas a la globalización y al bombardeo trepidante de publicidad e imaginarios al que actualmente son expuestas las personas. "Todo cambia mucho más rápido de lo que cambiaría hace cien años".

Withey admite que su elección de tema de investigación es estrafalario, y que tiende a sacar sonrisas en general cuando se lo menciona a la gente. Pero se apresura a señalar que el estudio académico del vello facial es un esfuerzo serio que revela mucho de la sociedad.

"Cuando miras las barbas y el vello facial en el pasado, nos damos cuenta de lo estrechamente relacionadas que están con el cuerpo y la medicina", dijo Withey. "No es un proyecto en chiste – aunque puede tener elementos de ello – sino algo que nos cuenta muchísimo sobre el cuerpo, la masculinidad, y cómo la gente cambia a través del tiempo".

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