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Cultura

¿Por qué estamos tan fascinados con la nostalgia gay?

Es cómodo, es divertido, pero ¿nos está frenando?

por Hanna Hanra
16 Marzo 2018, 9:13pm

Tomada de Call Me By Your Name 

Este artículo fue publicado originalmente en i-D, nuestra plataforma de moda.

Hay más gays en la tele de los que podemos contar. Estamos, podría decirse, a mitad de un renacimiento gay. Will y Grace, Queer Eye; la absoluta obsesión con Call Me By Your Name, incluso el prometido reinicio de L-Word. Todo el mundo ama un poco de nostalgia, ¿no es así? mirando hacia tiempos más simples, más fáciles, mejores. Pero tal vez esta avalancha de cultura que reinventa el pasado queer es de hecho, un poco problemático. Sí, sí, la representación es brillante e importante, pero, ¿eso nos estanca en una distorsión de tiempo, en vez de permitirnos avanzar?

A pesar de que 2017 marcó 50 años desde la despenalización parcial de la homosexualidad en Inglaterra y Gales para los hombres mayores de 21 años (permaneció ilegal en Escocia hasta 1980, y la edad de consentimiento no descendió a 16 hasta 2001 (nota: nunca fue ilegal ser lesbiana porque la Reina Victoria, que firmó los documentos que hicieron el sexo ilegal entre hombres, no creía que las lesbianas existieran)). Gays, heterosexuales, poliamorosos, asexuales, homofóbicos, cualquiera que sea el sabor de la persona con la que compartes tus sábanas, todos estamos de acuerdo con que la cultura queer ha cambiado y florecido, particularmente en los últimos años. Las celebridades gay prácticamente se encuentran en todas partes, a veces se casan, a veces tienen hijos. A veces son simplemente fabulosos, pero de cualquier manera, solo son personas normales viviendo sus vidas: sus preferencias sexuales ya no son una gran parte de sus identidades, como alguna vez la sociedad insistió que fuera.

Hace 21 años, Ellen no era la presentadora del show de entrevistas más famoso de Estados Unidos, pero era la estrella de su propia comedia. Episodio tras episodio, la excéntrica dueña de una librería fracasaría al salir con diferentes hombres, hasta que finalmente, The Puppy Episode le permitió a Ellen compartir con su audiencia lo que ya sabíamos. Después de presumir con sus amigos sobre la acalorada noche en la que se tiró a un hombre (que ella fabricó para su beneficio) finalmente admitió a su terapeuta (interpretada por Oprah Winfrey) que odia que la gente haga suposiciones sobre ella, que quería estar con alguien especial. "¿Alguna vez ha habido alguien especial? ¿Cuál era su nombre?" ella pregunta. "Susan", es la respuesta de Ellen. El episodio causó furor. Ellen perdió su trabajo, el show perdió sus publicistas: Laura Dern dijo que no había conseguido ningún trabajo por un año y medio después de haber interpretado a Susan en el episodio.

Y aunque 42 millones de personas se sintonizaban para ver a Ellen reconciliarse con sus sentimientos por una mujer, y darse cuenta de que estaba bien, lo que el programa en realidad quería resaltar era lo arraigada que la homofobia estaba en Estados Unidos en los noventa, un estado que también hizo su camino en el Reino Unido. Mientras teníamos el besuqueo de Beth Jordache con Margaret en Brookside en el patio varios años atrás, más Queer as Folk, no teníamos ninguna lesbiana en el ojo público.


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A mediados de los noventa, intentando, como la mayoría hace, de entenderme a mí misma. Creciendo en Edinburgo, estaba desesperada por la gentil orientación de alguien con quien poder identificarme, alguien que fuera como yo, pero en televisión. Cómo se supone que entiendas lo que es ser gay cuando las únicas lesbianas en los medios eran, básicamente, Carol y Susan en Friends. Desaliñadas y odiadas, blancos de bromas, o como en Will and Grace, listas para hacer bromas sobre carpintería.

Por lo que es sorprendente que estemos aquí, en 2018, y yo esté secando mis ojos después de otro show que tomó un estereotipo y lo transformó... Queer Eye For The Straight Guy. Aunque en 2018 solo es Queer Eye, la premisa es la misma: cinco gays fabulosos eligen a una persona monótona y socialmente extraña y renuevan su vida con un poco de ese je ne sais quoi que viene con el bolso de la homosexualidad, pero esta vez es menos afeminado, menos cojo. Esta vez también hay gente que apoya a Trump, homosexuales que no han salido del closet, militares y, sí, renuevan sus casas, los visten un poco mejor que jorts y una gorra de caminero, y les muestran que es bueno estar en contacto con ellos mismos. Los Fabulosos Cinco son empáticos, y tienen sus propias luchas, que comparten sinceramente con las personas a las que les hacen el cambio de imagen: "No digo que una conversación con un oficial de policía y un chico gay vaya a resolver los problemas de nuestro país, pero puede abrirnos los ojos", dice uno de los cinco, Karamo, en un episodio.

No hay una sola respuesta del por qué los ejecutivos del estudio pensaron que era momento de traer a Queer Eye y quitar a Will And Grace. Quién realmente sabe por qué Christopher Bailey decidió celebrar su show final en Burberry con abrigos gigantes de orgullo gay, tal vez le estaba dando a una generación de clientes más nueva, joven y liberada lo que en realidad querían ver. Call Me By Your Name es una película hermosa y emocionante (si la hubiera visto a los 16, no hay duda de que hubiera cambiado mi vida).

Es brillante que haya mayor apertura y aceptación de la cultura queer, Lo que es menos fabuloso, sin embargo, es que es predominantemente una versión diluida de lo gay: los hombres son elegantes, bien cuidados, ingeniosos. Permite una versión de lo que es ser gay, la misma versión que había cuando apareció por primera vez, y cuando volvió con CMBYN. La homofobia de los primeros días se dilató, los chispeantes bits de diversión se amplificaron. Y las lesbianas aún carecen de visibilidad en la televisión y películas. Las relaciones lésbicas suelen ser retratadas como húmedas y sensuales, la fantasía de un hombre heterosexual, básicamente. No hay normalidad, no, "dos personas que viven al lado y comen pasta y tienen un perro y tal vez un hijo y resulta que ambas son mujeres". Es por eso que me parece difícil ver programas como Will and Grace, o Friends, o Sex and the City. Su falta de diversidad, o de aceptar que el amor no es solo blanco o negro, es irritante. Porque, después de todo, como aprendí cuando era adolescente, y como continúo aprendiendo ahora, hay muchos colores en la bandera arco iris.