Cultura

“La masturbación atenta contra Dios”: Las peores puñetas mentales de grandes filósofos

Aristóteles, Descartes, Tomás de Aquino y Leibniz, entre muchos otros, llegaron a decir cosas bastante extrañas.

por Sergio Pérez Gavilán
11 Octubre 2018, 10:00pm

Ilustración por @mauricioosm.

Artículo publicado por VICE México.

Cuando empecé a estudiar filosofía, hace unos seis años en la licenciatura homónima, sentí que accedí a un mundo atemporal donde todo se resume en las ideas que rigen cómo pensamos hoy en día. Con asombro y temeridad, pensé más de una vez que era como un iniciado en una logia que ha existido desde hace más de 2500 años, y en cierta parte, los mismos filósofos que estudié al principio lo confirmaban: Pitágoras y su escuela de iniciados, Parménides y el ocultismo del tiempo, Platón y la academia, todos reservaban sus enseñanzas para los afortunados aprendices de sus secretos. Yo me sentí como cualquiera de sus estudiantes, afortunado de ser parte de estas iluminadoras maneras de concebir la realidad.

Después de un tiempo, ya al haber pasado la mitad de la carrera, descubrí que, en realidad, no era ningún iniciado sino un niñato preadulto con mucho escepticismo sobre cualquier cosa que me dijeran. Con ello, vino la temible confrontación de que mis héroes también se equivocaban o, de plano, gozaban de decir cosas que podrían ser un reflejo de su época, pero actualmente se podrían entender, automáticamente, como un error.

Fiel a una de las primeras enseñanzas que vienen con estudiar dicha carrera, debo poner de antemano que cualquiera de las ideas expuesta a continuación podrían tener un trasfondo o una implicación que desconozca. “Yo sólo sé que no se nada”, decía Sócrates y yo por igual, solamente sé que estas ideas suenan, pues, muy chaquetas. Quién sabe, si alguno cree que no estoy viendo la complejidad infinita de una idea específica, estoy completamente abierto a discutirlo, también pido crédito pues, como es usual en filosofía, hay veces que traducciones o interpretaciones puedan ser erróneas o inválidas. Mientras tanto, deleitémonos con las peores ideas de los mejores pensadores de la historia: por supuesto, los filósofos.


“La esclavitud es natural” - Aristóteles (384 a.C - 322 a.C.)

En el primer libro de La Política, segundo capítulo, Aristóteles sostiene una tesis que podría causar que ninguna casa editorial del mundo quisiera publicarlo hoy en día. Lo cito: “El que por una ley natural no se pertenece a sí mismo, sino que, no obstante ser hombre, pertenece a otro, es naturalmente esclavo”. La naturaleza del esclavo, se muestra como una sorpresa ante un pensador particularmente afamado por sus escritos y tratados de ética, como Ética Nicomaquea. No hay manera de endulzarlo, es necesario aceptar que uno de los pensadores más importantes de la historia era un orgulloso esclavista, que además lo defendía con un argumento con base en la naturaleza de las personas y no por algún contexto social (no que fuera “menos peor”, de cualquier manera).

¿Qué quiere decir con esto? Aristóteles defiende su tesis diciendo que existen hombres que están hechos para mandar y otros para obedecer, por inclinaciones naturales propias de su espíritu, de su constitución. Para él, todo lo existente está compuesto de materia y forma y, en el caso del hombre, de alma y cuerpo; entendiendo el alma como la parte racional y el cuerpo la física. Siguiendo su argumento naturalista, el alma, al ser la facultad racional está hecha para mandar sobre la corporal que es instintiva y, por ende, debe obedecer. Los hombres que puedan cimentar su interacción en el mundo a partir de su alma serán más aptos, naturalmente, a mandar sobre aquellos propensos a que permitan al cuerpo regir sus acciones, “precisamente porque su desenvolvimiento irregular [que el cuerpo impere sobre el alma] es completamente contrario a la naturaleza”. “El alma manda al cuerpo como el señor al esclavo”, describe en la obra, ejemplificando como en el caso de los animales sucede algo similar: El animal domesticado es mejor que el animal salvaje y, a largas cuentas, también es conveniente para el mismo animal estar sometido al hombre pues tendrá seguridad, comida y cuidados específicos brindados que él mismo no podría darse. Así, propiamente, sucede con los humanos esclavos por naturaleza que no son capaces de someter el cuerpo al alma, “todos aquellos en quienes el empleo de las fuerzas corporales es el mejor y único partido que puede sacarse de su ser, se es esclavo por naturaleza”.

Hay que recordar que Aristóteles, viviendo en una Ciudad-Estado griega, Atenas, también fue hijo de su época en la que era perfectamente común la esclavitud y, además, sí hacía una distinción sobre el origen del esclavo (sin defender ni postular motivos raciales) aunque después pudo haberse usado su teoría para usarse en contra de ciertos demográficos. En palabras del catedrático de filosofía Miguel Ángel García, “De hecho, su distinción [Aristóteles] entre esclavos por naturaleza y por violencia, legitima teóricamente sólo aquellos esclavos que han sido así designados por naturaleza, criticando los otros medios de esclavitud: la de los prisioneros de guerra que sean griegos o tengan un alma libre. Esta distinción tendrá, sin embargo, un escaso ámbito de aplicabilidad práctica”, describe en su ensayo El problema de la esclavitud en Aristóteles.

“Un demonio maligno nos engaña” - Descartes (1596 - 1650)

Una de las obras fundamentales de Descartes es Meditaciones acerca de la filosofía primera, donde él se propone la nada sencilla empresa de comprobar la existencia de Dios y, de una vez por todas, mostrar la verdadera distinción entre alma y cuerpo en el hombre. También siendo la afamada obra donde llega a la corona de todo su pensamiento: “pienso luego existo”. Todo empieza muy bien, con bastante lógica y sentido común hasta que, fiel a su corriente de pensamiento, el racionalismo, decide dudar de absolutamente todo lo que le rodea o puede experimentar con sus sentidos para quedarse solamente con su racionalidad.

Una de las tesis más afamadas de Descartes gira entorno a dudar de los sentidos pues, seguido, estos nos engañan. Las percepciones o impresiones hechas a través de ellos podrían parecer una cosa que no son.

Antes de llegar a la segunda meditación donde postula, “pienso luego existo”, Descartes dice que debe de asumir que existe un genio maligno, un ser prácticamente omnipotente, (bajo ciertas traducciones se le refiere como Dios) que tiene como misión verle la cara de idiota al pobre de Descartes. “Así pues, supondré que hay, no un verdadero Dios —que es fuente suprema de verdad—, sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y las demás cosas exteriores, no son sino ilusiones y ensueños, de los que él se sirve para atrapar mi credulidad”, escribe el filósofo en la primera meditación. Esto sirve como una antesala para llegar al principio que no puede ser dudado, en la segunda meditación, y según el cual sería posible llegar a una verdad absoluta, sin tener ser presa de las preconcepciones u opiniones del mundo material. A través este genio maligno es que Descartes llega a su método más importante de hacer filosofía: la duda metódica. Dudar de todo lo que sea posible dudar para poder llegar a los verdaderos principios de todo lo que nos rodea.

En términos prácticos, finalmente, la función del genio maligno se reduce a un vehículo hacia una verdad lo suficientemente robusta para ser indudable. Pero la argumentación del experimento hipotético, fundamentar una de las tesis más importantes de su pensamiento a través de un mero experimento de pensamiento que ni siquiera se siente tan robustamente fundamentado (Descartes da pocas explicaciones al respecto), parece insuficiente para de verdad llegar a esa verdad “indudable”. En su premisa más importante parte de un presupuesto que no es necesario y eso, a cualquiera, le parecería insuficiente.

“La masturbación atenta contra Dios” - Santo Tomás de Aquino (1225 - 1274)

Para hablar de la filosofía y/o teología de Santo Tomás de Aquino, obviamente es necesario tener como presupuesto que mucho está basado en la doctrina cristiana formulada a partir San Agustín, quien a su vez estuvo profundamente influido por Aristóteles. Así, los preceptos cristianos sobre el pecado original, pecado mortal, el sexo y el placer, entran en juego y son fundamentados tanto por razonamiento, como por las sagradas escrituras.

Ahora bien, ¿cómo se llega a defender que la masturbación atenta contra la naturaleza y, peor aún, contra el plan de Dios? Aquino en su ópera prima, la Suma Teológica divide los pecados de la sensualidad en 6 tipos de lujuria: seducción, adulterio, simple fornicación, incesto, violación y los vicios antinaturales. Dentro de éstos últimos, destacan el tipo de pecados de lujuria que “atentan contra la razón”, entre los cuales destaca la homosexualidad, la bestialidad, masturbación y el sexo anal u oral, aún siendo en prácticas heterosexuales.

Ciertos intérpretes dicen que para Aquino, incluso, la masturbación podría ser peor que la violación o adulterio. Es difícil llegar a un consenso sobre a qué refería pues parece haberse contradecido un par de veces cuando describía estos actos. Acorde a la cuestión 154 del segundo tomo de la Suma Teológica, los pecados de lujuría, en especial aquellos de los vicios antinaturales pueden llegar a ser sumamente graves pues atentan contra la naturaleza y como ésta es producto del plan divino, podrían ofender a Dios mismo. La masturbación considera que es mala porque falla en los designios que tienen los actos sexuales: la procreación, o la intimidad entre marido y mujer —no genera ninguna de las dos—. Esto se lleva a niveles bastante elevados cuando establece que atentan contra la naturaleza. Debido a que Dios es autor de la naturaleza y estos “crímenes” atentan contra sus planes de orden racional sobre ella, Aquino citando a San Agustín critica que la gravedad no es ligera: “los pecados que son en contra de la naturaleza deberían ser en todo momento detestados y castigados. (...) Para todo encuentro íntimo que debería ser entre Dios y nosotros es violado, esa misma naturaleza creada, de la cual Él es Autor, es contaminada por la perversidad de la lujuria”. Los pecados contra Dios, evidentemente, serían más graves que los hechos en contra de los hombres, pero Aquino, dentro de la misma cuestión, sí anticipa la crítica y dice lo siguiente: “Ahora, el adulterio, la seducción y violación que son injuriosos contra nuestros vecinos parecen ser más contrarios a amar al prójimo, a diferencia de los pecados antinaturales, en los que nadie más es lastimado [que el propio pecador]. Por lo tanto el pecado antinatural no es el peor entre los tipos de lujuria”.

“Vivimos en el mejor de los mundos posibles” - Leibniz (1646 - 1716)

Leibniz, además de haber logrado formular el cálculo infinitesimal al mismo tiempo que su contemporáneo Isaac Newton y haber perdurado la prueba del tiempo mucho más que Newton en cuanto al uso de su sistema, fue uno de los filósofos más prolíficos de su época. Pero, al mismo tiempo, creador de un par de las teorías más extrañas de la historia de la filosofía como la Monadología en la que habla de componentes metafísicos que componen el mundo con poco o nulo sustento en la física del mundo, o de la presente teoría en la que se habla, entre muchas, muchas, otras cosas, que vivimos en el mejor de los mundos posibles (también se menciona en otra de sus grandes obras, la Teodicea ). Cosa que para todos los filósofos que lo comentaron posteriormente, parece lo que es: demasiado optimista. Se le considera el “último genio universal” de la historia y con mucha razón, pero se considera pecó de ver el vaso demasiado “medio lleno”.

El fundamento para la tesis gira entorno a defender o fundamentar la existencia de Dios y el dilema entre bien y mal, entre otras cosas. Tratando de demostrar, ultimadamente, que Dios, de ser perfecto, crearía un mundo acorde a sí mismo y éste tendría que ser el mejor posible pues es producto de Él. Cabe notar que si bien las ideas de Leibniz están ligadas al cristianismo hay espacio para argumentar que no es totalmente coherente con la doctrina cristiana y creó preceptos de la divinidad que le son propios. El argumento se puede leer (de manera muy resumida) de la siguiente manera: primero, hay una infinidad de universos posibles en las ideas de Dios; segundo, sólo uno de estos universos puede existir (no puede haber pluralidad de universos pues, en sí, un universo ya es plural y engloba todo); tercero, Dios tiene razón suficiente para escoger de mejor manera entre una cosa u otra; cuarto, Dios es bueno; quinto, por lo tanto el universo en el que Dios escogió existir es el mejor de los mundos posibles.

¿Qué quieren decir esta serie de premisas? Vivimos en el mejor de los mundos posibles, no obstante todo el mal, daño y dolor que existe en el mundo. Dios, al ser un ser supremo que no solamente actúa con la mayor perfección posible en términos de creación, sino también en términos de moral (nótese la cuarta premisa), de todas las opciones que Él tenía de mundos posibles según escogió este pues es el existente. Esto quiere decir que Leibniz más que nada, ve a Dios como un argumento que optimiza por sí sólo todo lo existente. La maldad no es un argumento, según él, para decir que no es el mejor de los mundos pues ésta también lo hace perfecto, completo. Si el mal quitara perfección al mundo, éste simplemente no sería, lo cito: “No creo que un mundo sin maldad, preferible en cuanto a orden sobre el nuestro, es posible; de otra manera hubiera sido preferido. Es necesario creer que la mezcla de maldad ha producido el más grande y posible bien: de otra manera el mal no hubiese sido permitido”.

Las implicaciones de su teoría continúan son muchas y permean en esferas de conversación filosófica sobre el libre albedrío, la determinación, el concepto de perfección, pero por obvias razones de espacio, eso no será discutido.


En fin, todos tienen grandes y profundas ideas que por más puñeteras que suenen pueden estar muy fundamentadas y, atemorizantemente, incluso llegar a convencer de manera perniciosa el juicio de muchas personas en poder. No existe nada más peligroso que una mala idea combinada con buena retórica. Con cuidado, amigos.

Sergio teoriza sobre ideas piteras, en Instagram.