Mipsterz, las jóvenes musulmanas que han convertido el velo en un símbolo de moda e identidad

La reinterpretación del hiyab por parte de las jóvenes musulmanas que han convertido esta prenda en algo más que un elemento religioso. Ahora también es un símbolo de moda y estilo que refuerza la identidad de estas mujeres.

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08 junio 2016, 7:02am

La marca japonesa de ropa Uniqlo colaboró con la diseñadora Hana Tajima para crear una línea de hiyab. Imagen vía Twitter.

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Este artículo fue publicado originalmente en i-D.

Cuando tenía 15 años, atravesé un período de querer llevar el hiyab a la escuela. Me crié en una familia musulmana, y siendo adolescente entré en conflicto con mi propia identificación con la fe. En ese momento, decidí que era todo o nada: o asumía mi identidad como musulmana australiana por más duro que fuera, o enfrentaba la otra potencial realidad, no sentirme musulmana en absoluto.

Cada viernes, el día sagrado para los musulmanes, cubría mi pelo con un velo azul que hacía juego con mi uniforme educativo y trataba de tener mi propia identidad a pesar de los murmullos y la confusión que causaba en mis compañeros de clase. Existen muchas maneras de lucir un hiyab, pero algunas formas son más tradicionales que otras. Como adolescente, yo sólo conocía la forma más clásica de usar el velo, y era un estilo que en realidad no me favorecía para nada, hacía mis ojos más grandes, destacaba mis gafas y nunca me sentía cómoda.

Resultó que mi malestar con el uso del hiyab era sólo un aspecto más de un malestar mayor, más general, que existía dentro de mí: con el tiempo llegué a la conclusión de que yo no creía realmente en el Islam. Fue un camino que me llevó mucho tiempo. A día de hoy, los supuestos sobre el hiyab y las mujeres musulmanas que lo llevan están pocas veces basados en la realidad. Es un tema complejo que ninguna persona puede resumir, pero en última instancia, en su forma más simple, el velo es un símbolo de la fe de una mujer musulmana, y también de modestia.

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Instagram de una mipsterz francesa.

Hace unos años, noté que mi Facebook se inundaba con videos e imágenes de mujeres musulmanas que llevan ropa increíble, luciendo hiyabs de una forma única y acorde con la moda actual que no solo las identifica como musulmanas, sino que muestra un cierto estilo y sentido de la estética que me resultó muy impactante.

Se trataba de las autoproclamadas Mipsterz, o hipsters musulmanas de EEUU, y un vídeo viral las muestra andando en skate, haciendo esgrima y saliendo con vestidos impresionantes con sus hiyab atados de manera informal, con el mayor estilo que yo jamás había visto antes. En esa misma época, en 2014, me percaté que otras mujeres australianas musulmanas también ataban sus hiyabs en un estilo casi turbante, con colas en el extremos y colores brillantes. En lugar de confiar en los estilos tradicionales, las mujeres jóvenes musulmanas rediseñaron la prenda para lucirla no sólo como símbolo de su fe, sino para demostrar su individualidad y estilo.

Estos nuevos estilos de hiyab accedieron con mayor facilidad a los armarios occidentales. De pronto, el hiyab se transformó en algo que yo podría haber usado siendo adolescente y probablemente hubiera recibido halagos en lugar de crear confusión entre mis compañeros de clase, quienes veían la prenda como algo que me limitaba en lugar de liberarme.

Creo firmemente que las mujeres musulmanas son libres de optar por llevar el hiyab o no, y ellas hacen esa elección en base a su propia fe. Es una decisión personal, no abierta a los comentarios de la sociedad. Dicho esto, también han habido algunas interesantes críticas hacia el velo por parte de mujeres musulmanas que viven en la diáspora. Han señalado que existe una desigualdad de género que se evidencia en la raíz de esta prenda tradicional.

Sea cuales sean sus raíces, la reinterpretación del hiyab por parte de mujeres musulmanas que viven en comunidades de migrantes apunta a la importancia cultural de la ropa como un significante tanto de pertenencia como de diferencia. La forma de vestir dice algo sobre nosotras, y la ropa cultural habla en voz alta, sugiere a las otras personas de dónde somos y como consecuencia, en lo que podríamos creer.

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Como mujer de padres migrantes, la única cuestión de mi aspecto que no puedo evitar es el color de mi piel, y a menudo tengo que justificar o explicar por qué estoy aquí en Australia. La pregunta, "¿de dónde eres?" me la hacen prácticamente todos, sin descanso, y no puedo eludirla dado mi color de piel que sugiere un origen diferente. Del mismo modo, las mujeres musulmanas que usan el hiyab, independientemente de su origen étnico, están abriendo preguntas e hipótesis cuando residen en países en los que el hiyab no es lo más habitual, como Australia. Para los jóvenes que pertenecen a la segunda generación de migrantes, nacidos en un país que no es el de sus padres, esto puede presentar una realidad particularmente difícil en su intento de cerrar la brecha entre sus dos culturas.

El hiyab como un complemento de moda más.

La reinterpretación del hiyab por las Mipsterz y jóvenes musulmanas de la diáspora habla de esto: el hiyab se convierte así no sólo en una prenda religiosa, sino también una marca identitaria que va más allá, mostrando que su portadora pertenece a una grupo particular de musulmanas que se apropian de su identidad occidental así como de su herencia religiosa.

Y la moda ha abrazado a este grupo de mujeres. La marca de ropa japonesa Uniqlo lanzó una línea especial creada en colaboración con la diseñadora Hana Tajima que está dirigida específicamente a mujeres musulmanas que mezclan lo moderno con lo tradicional; y sitios como Haute Hijab venden velos de moda que empujan los límites de lo que puede esperarse que esta prenda parezca.

Estas versiones modernas del hiyab no siempre son aceptadas dentro de la comunidad musulmana. Las Mipsterz fueron criticadas por dar lugar a que las mujeres musulmanas se comporten "sin pudor" y se vistan de una manera que los musulmanes conservadores considerarían prohibido. Incluso los musulmanes moderados han reclamado que este estilo complace a los estereotipos estadounidenses. Como mujer exmusulmana, intento encontrar un puente entre la cultura occidental en la que crecí y las normas de la religión propias del seno de mi familia, por lo que la evolución del hiyab a través de la moda me da una idea de otro tipo de vida — una en la que podría haber sido musulmana y australiana sin tener que elegir entre ambas cosas.

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