Rahmat, el periodista que defendió a las mujeres en Afganistán y lo pagó con el exilio

Rahmat Haidari, de 26 años y originario de Kabul, tuvo que huir en julio con su familia tras ser amenazado de muerte. Durante el viaje fue separado de ellos y aún no sabe dónde están. Ahora vive en Alemania y lucha por obtener el estatuto de refugiado.

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21 enero 2016, 7:50am

Rahmat rodando uno de sus documentales en Kabul. (Imagen cedida por Rahmat)

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Rahmatullah Haidari nació hace 26 años en Kabul, la capital de Afganistán. Eligió la profesión de periodista con el objetivo de defender los derechos humanos de las mujeres afganas. El pasado mes de julio tuvo que huir de su casa, junto a su familia, tras recibir amenazas de muerte. Durante el viaje, fue separado de ellos y aún no sabe dónde están. Ahora vive en Alemania y lucha por obtener el status de refugiado.

Rahmat trabajaba como periodista independiente en Afganistán, un país devastado por la guerra. Allí, combinaba contratos temporales en diferentes televisiones con la creación de comprometidos documentales sobre los problemas sociales del país. "Los obstáculos se agudizaron cuando grabé el documental The Street Wolves ("Lobos callejeros"), explica a VICE News. El documental denuncia, de forma valiente, el acoso creciente que las mujeres reciben en las calles de Kabul por parte de los hombres.

Tráiler de "Street Wolves", dirigida por Rahmat Haidari. 

Para realizarlo, Rahmat entrevistó a mujeres que rechazaban el burka, y que, por lo tanto, vivían el día a día a cara descubierta y a consecuencia de ello, se habían visto obligadas abandonar su puesto de trabajo o su formación. También documentó, en imágenes, el acoso que reciben. "Mujeres de mi propia familia han padecido este problema", detalla el periodista. "Si quieren ir a comprar, por ejemplo, deben esperar a que un hombre de la familia las acompañe, de lo contrario podrían tener problemas con cualquiera".

Rahmat empezó a grabar The Street Wolves con la cámara visible, de la misma forma que grababa las noticias diarias en la calle. Pero una vez que enfocó con su cámaras a las mujeres, y empezó a preguntarles sobre su estilo de vestir, todo se fue haciendo más difícil, hasta que los conflictos se desencadenaron.

"Un grupo de hombres vino hacia mí y me golpeó. Me dijeron que el islam prohibía la grabación de mujeres y me acusaron de extender la prostitución y la cultura extranjera en nuestra sociedad", relata Rahmat. "Rompieron mi cámara y se quedaron con algunos de los archivos. Finalmente, pude zafarme de ellos y me escondí durante unos días".

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Imagen de Rahmat en un sitio, parecido a una cárcel, donde los traficantes de personas iraníes les tenían. (Imagen cedida por Rahmat Haidari)

Lejos de amedrentarse, Rahmat decidió volver al reportaje ocultando una cámara compacta dentro de una caja donde realizó un agujero. Dos meses y medio después acabó de grabar las imágenes y pudo publicar el documental, que se ha exhibido en festivales alrededor del mundo. El pasado año, The Street Wolves fue exhibido en el Festival de Cine y Derechos Humanos de Barcelona, que este año le otorgó el premio de Periodismo por los Derechos Humanos.

Rahmat no creyó ciertas las amenazas de muerte que recibió de aquellos "hombres extremadamente religiosos" y reemprendió su tarea habitual de informador y activista. El pasado 19 de marzo, Rahmat se unió a los actos para denunciar el asesinato de la maestra Farkhonda.

Farkhonda, de 27 años, impartía clases de religión en una mezquita chiíta de Kabul. Había llamado la atención a unos mulás — líderes religiosos — acusándoles de engañar a las mujeres al venderles amuletos de fertilidad fuera del recinto religioso. Los mulás se enfrentaron con la maestra y ensalzaron a los transeúntes acusándola de haber quemado una copia del Corán. Un grupo de gente, furioso por haberse creído la falsa acusación, la linchó cerca del río. Farkhonda fue pateada, dilapidada, atropellada por una camioneta y, finalmente, su cuerpo fue quemado. Su historia dio la vuelta al mundo.

"Los asesinatos de mujeres en Afganistán son comunes porque existen muchas personas extremistas con ideas religiosas erróneas", argumenta Rahmat a VICE News. "Hay muchos ejemplos como el de Farkhonda. Rokhshana, una joven que fue obligada a casarse con un hombre mayor, fue recientemente lapidada hasta la muerte tras ser condenada por un tribunal talibán bajo acusación de adulterio".

Reportaje de Rahmat de las protestas por el asesinato de Farkhonda. 

Rahmat piensa que el haber cubierto y participado en los actos por el esclarecimiento del asesinato de la maestra, fue la acción desencadenante por la que recibió el ultimátum para salir del país. "Una noche un hombre vino a nuestra casa. Por suerte yo no estaba allí, porque sino me hubiera matado", sostiene. "Mi hermano me llamó en seguida y me dijo que no volviera. Mis vecinos y mi familia se quedaron preocupados y temerosos por la situación. No tuve otra opción que salir inmediatamente de mi país".

El periodista no encontró protección en las instituciones. Lamenta que ser periodista sea una verdadera profesión de riesgo en Afganistán y denuncia que el gobierno permite agresiones y asesinatos constantes a periodistas.

"El gobierno afgano no nos apoya. Somos agredidos y asesinados por terroristas y personas con poder. Los medios de comunicación para los que trabajamos pueden cancelar con mucha facilidad nuestros contratos sin dar ninguna razón. Y, recientemente, los talibanes amenazaron con atacar al personal de las principales cadenas de televisión afganas", denuncia.

Rahmat abandonó finalmente Afganistán el pasado mes de julio junto a seis miembros de su familia: uno de sus hermanos, su cuñada, que estaba embarazada, y sus cuatro sobrinos, dos niñas y dos niños. "Viajamos a través la frontera entre Irán y Pakistán. Con la ayuda de traficantes de personas pude alcanzar Turquía y luego a Grecia hasta que llegué a Alemania en el mes de septiembre", explica a VICE News.

"En el viaje luchamos contra el hambre, la sed y el miedo, y caminamos durante días sin parar. Pasamos las noches en habitaciones sin comida ni agua, con muchos otros inmigrantes".

Tres semanas después de abandonar su hogar, Rahmat y su familia llegaron a la frontera entre Irán y Turquía. En ese momento fueron separados. "El traficante que en ese momento nos guiaba decidió separar a las mujeres y a los niños en un grupo y a los hombres en otro. Dijo que primero pasarían los hombres y horas después lo haría el grupo de las mujeres y los niños. Como mi cuñada estaba embarazada, mi hermano pudo quedarse con ella. Yo pasé la frontera junto a mi sobrino mayor, Mujtaba. Les esperamos al otro lado, pero el grupo nunca llegó".

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Cuando pidieron explicaciones al traficante que los guiaba, les respondió que la policía iraní los había detenido, y les impidió regresar para ir a buscarlos excusándose en que, si lo hacían, la policía descubriría su plan de trabajo.

Rahmat intentó burlarlo, pero fue sorprendido y encañonado con un arma. "Dos días después, nos dijeron que habían podido rescatarles y trasladarles a Turquía, pero que habían perdido el contacto con ellos", afirma el periodista. "Espero poder encontrarles y que se encuentren bien de salud".

Rahmat pagó 3.000 dólares por el viaje hasta Grecia. Antes de entrar al país heleno, los traficantes los abandonaron a su suerte y entraron a pie. "Ninguno de los traficantes nos trató bien", destaca Rahmat. "Nos insultaban constantemente porque nuestra vida no tenía ningún valor para ellos".

Sin embargo, aprecia la solidaridad de alguno de los "cientos de refugiados" que se encontró en el camino. "Muchas personas me ayudaron durante el trayecto. Yo también traté de ayudar".

Rahmat vive actualmente en Desin, Alemania, en un piso junto a otros cinco inmigrantes. Mujtaba, su sobrino, está alojado en un centro en Chemminz, a una hora de tren de distancia. Espera la respuesta de las instituciones alemanas. Pidió también asilo político en Canadá, el país donde le gustaría vivir, pero le fue denegado. "Por desgracia, la inmigración siria es actualmente su prioridad", lamenta.

"Los días pasan muy lento y estoy muy angustiado por no saber dónde está mi familia", prosigue. "Arrastro muchos problemas físicos y psicológicos derivados de lo que pasó en mi tierra y de lo que pasamos en el viaje. También por no saber cuál será nuestro futuro y qué decisión tomará Alemania".

El joven desea que pronto me entrevisten para darles a conocer su caso, pero teme que tarde debido a la nueva política migratoria del gobierno alemán. Le gustaría asistir a clases para aprender el idioma del país, pero se lo impiden. Afirma que no sale mucho del hogar de acogida porque en Desin se respira mucho racismo.

"Deseo poder empezar pronto una nueva vida aquí. Aprender el lenguaje, volver a mi profesión y empezar a trabajar. Espero que Mujtaba pronto pueda reencontrarse con su familia y reemprender su educación para ser una persona útil para su sociedad y su comunidad", concluye.

Aquí puedes consultar algunos de los trabajos de Rahmat. 

Verónica Taranilla ha colaborado en la elaboración de este reportaje.

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