¿La obesidad es un problema físico o sicológico?

La gente que está deprimida es más propensa a ser obesa, y que la gente que es obesa es más propensa a deprimirse. Sin embargo, es difícil saber cuál es la causa y cuál es el efecto.

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04 agosto 2015, 1:00pm

Foto de usuario Tony Alter en Flickr.

Carl Thompson era la persona más gorda del Reino Unido. El hombre de 33 años y 413 kilos murió en su casa este año. A los servicios de emergencia les tomó varias horas poder sacar el cuerpo de su departamento. ¿Cómo llegó Thompson a este punto? La respuesta simple es que comía mucho. ¿Por qué las personas como Thompson comen tanto? No hay una explicación clara, pero muchos sicólogos argumentarían que Thompson sufría de un trastorno mental que lo conducía a comer.

Según el diario británico The Telegraph, el primer ministro británico David Cameron anunciará que cualquier persona diagnosticada clínicamente obesa que se rehuse a buscar tratamiento podría ver sus beneficios suspendidos. "Tenemos que ver lo que pasa cuando la gente simplemente dice no gracias y rechaza esa ayuda, pero aún espera que se sigan financiando sus beneficios".

¿Pero cuál es la mejor forma de tratar a quienes son declarados clínicamente obesos cuando la obesidad de muchos se debe a su salud mental, lo cual implica que simplemente hacer dieta no va a arreglar el problema?

Un estudio encontró que el 71 por ciento de los hombres en Estados Unidos era obeso, comparado al 62 por ciento de las mujeres. En cambio, México es el país más obeso del mundo: aproximadamente el 70 por ciento de los mexicanos padece sobrepeso y casi una tercera parte sufre de obesidad. La obesidad puede ser causada por numerosos factores, entre los cuales está la "sobrealimentación".

La pregunta continúa siendo: ¿A qué se debe la sobrealimentación? ¿Qué hace que alguien como Thompson coma hasta —literalmente— morir? ¿Hay una predisposición genética o se debe más a la crianza que a la naturaleza?


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El doctor Cary Savage, director del Centro de Neurociencia para la Salud Comportamental de la Universidad de Kansas, ha trabajado por muchos años para revelar las diferencias en el cerebro entre gente obesa y gente con peso saludable. "Palabras como fuerza de voluntad implican una cierta dicotomía: tienes o no tienes", me dice. "En realidad, es más complicado".

Estudiando el comportamiento cerebral en niños mientras miraban diferentes logos de comida, Savage descubrió que las cortezas cerebrales prefrontales (el área del cerebro que se encarga del control) de los niños obesos eran menos activas, lo cual sugiere que estos son más susceptibles a la publicidad de comida. "No sabemos todavía las causas y los efectos", afirma. "No sabemos si es porque las personas nacen más susceptibles a esto o si es el resultado eventual de malos hábitos de alimentación".

Sin embargo, algo que sí demuestra es que como enfatiza Savage "ninguno de nosotros tiene control perfecto sobre nuestro comportamiento".

Daniel Pérez cuando tenía sobrepeso (izquierda) y después cuando llegó a un peso saludable (derecha).

Daniel Pérez es un joven de 20 años de Barquisimeto, Venezuela, que el año pasado llegó a su mayor peso con 172 kilos. Actualmente pesa alrededor de 100 kilos. Pérez era delgado de niño y cree que sus malos hábitos fueron resultado de detonantes sicológicos. Después de la muerte de su hermano a causa de una enfermedad cardiaca cuando él tenía siete años, quedó con el corazón roto y devastado de ver a su madre llorar durante meses.

"Comer se volvió una adicción para mí", dice, "y las comidas más adictivas eran los carbohidratos, la pasta específicamente. Comía pasta tres veces al día, por lo menos cinco días a la semana. Se volvió tan grave el asunto que mis papás tenían que botar los restos de comida cuando terminábamos de comer".

El hermano de Pérez era extremadamente delgado debido a su enfermedad, y él recuerda el horror que le ocasionaba ver sus huesos. "Creo que todo eso realmente tuvo un impacto en mí", dice. "Ser un niño pequeño que no quería verse como él definitivamente me ayudó a comer por atracón".

Pérez no es el único en creer que su desorden alimenticio fue resultado de un detonante sicológico. Carl Thompson también ha hablado de cómo sus problemas empeoraron tras la muerte de su madre.

El doctor Jen Nash es miembro de la Sociedad Psicológica Británica y fundador de Eating Blueprint, la primera solución sicológica en el mundo enfocada exclusivamente en la pérdida de peso. Nash afirma que hay pruebas que sustentan que, en el caso de mucha gente, los problemas sicológicos son la raíz de su sobrealimentación. "Para algunos, el problema fundamental puede ser el dolor —como en el caso de Thompson y Pérez— pero hay muchos otros factores, incluyendo el trauma y el abuso, particularmente en la juventud", dice.


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La "sobrealimentación" no está clasificada como un trastorno psicológico en la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), el catalogo oficial de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psicología. Sin embargo, "la compulsión alimenticia" sí está clasificado. "La sobrealimentación es un reto para los estadunidenses", dice el manual, pero "la compulsión alimenticia es mucho menos común, mucho más severa y está asociada a problemas físicos y sicológicos significativos".

¿Y qué pasa con la adicción a la comida? "La obesidad es un problema complejo, y la adicción a la comida es un término relativamente nuevo y controversial", dice Nash. "Aunque la adicción a la comida tiene varias similitudes con otros comportamientos adictivos, todavía no tenemos la información suficiente para conceptualizarlo de esta manera con seguridad".

"De hecho he estado hablando con un terapeuta," dice Brian, un joven de 27 años de Buffalo, Nueva York, que pesa 180 kilos. "Le pregunté si en algún lado había ayuda para gente obesa, como la que los alcohólicos pueden conseguir en un centro de rehabilitación. Me dijeron que a menos de que entrara en 'uno de esos shows de TLC' (programas de competencia para perder peso) no había. Tal vez debería empezar a tomar más y así poder conseguir ayuda".

Steven cuando tenía sobrepeso (izquierda) y después de haber perdido peso (derecha) .

Desde luego, algunas personas con sobrepeso no se identifican con la idea de que estén sufriendo una adicción, o como sea que quieras llamarlo: sobrealimentarse, trastorno de compulsión alimenticia. Steven Sherman tiene 29 años y es de New Ulm, Minnesota. Actualmente pesa 120 kilos, pero llegó a pesar 180. Él siente que, a menudo, la gente usa la sicología y la biología como una excusa de su propio comportamiento. "Definitivamente consideraría mi peso como mi propia responsabilidad", afirma.

Sherman afirma que él considera la sobrealimentación causa de una salud mental pobre y no efecto. "Solía sudar demasiado cuando hacía cualquier tipo de actividad física, lo que me provocaba un cierto nivel de ansiedad social", me dijo Steven. "Ahora ya no tengo que lidiar más con eso. En general me siento mucho mejor". Él es afortunado de que haber perdido peso lo haya ayudado a lidiar con su ansiedad, pero otras víctimas probablemente tendrían que confrontar primero sus conflictos sicológicos antes de poder perder algunos kilos.

El problema principal con que en el DSM-5 no estén clasificadas la adicción a la comida ni la sobrealimentación, y que además sean ampliamente consideradas problemas biológicos, es que no existe mucho apoyo sicológico. Cameron quiere que la gente inglesa que sufre de obesidad busque ayuda, pero como lo dice Nash: "El reto que tenemos en el NHS (Servicio Nacional de Salud) es que la obesidad se enfrenta en entornos médicos y con paradigmas médicos, y por lo mismo el acercamiento principal son las causas y soluciones médicas. Esto está cambiando lentamente".

Las complejas experiencias de Thompson, Pérez, Brian y Sherman demuestran que no hay conexión clara y comprobada entre la obesidad y el trastorno mental. "Sabemos que la gente que está deprimida es más propensa a ser obesa, y que la gente que es obesa es más propensa a deprimirse", dice Savage. "En la mayoría de los casos, lo que no sabemos es cuál es la causa y cuál el efecto".

Básicamente, no podemos atribuir la obesidad mórbida a un solo factor —ya sea biológico, sicológico o de adicción—. En casos como los de Thompson, es probable que todos estos factores vayan juntos. "Palabras como culpa implican falla total; a menudo hay más factores involucrados", dice Savage. "Todos tenemos la habilidad de tomar decisiones. Para algunos de nosotros, eso es más desafiante, debido a nuestra genética, nuestras hormonas, nuestra historia de aprendizaje, nuestro ambiente, nuestros padres y lo que se nos enseñó... todos estos factores trabajan juntos para sabotear el control".

Muchos de nosotros, con sobrepeso o no, perdemos el control a diario. La mayoría de la gente se siente culpable de comer por otras razones que no sean hambre. Si examinas tu propia vida, puedes ver que la sobrealimentación a menudo tiene detonantes sicológicos, incluso si no hay un trastorno sicológico subyacente. La lección real —y tal vez la que da más miedo— parece ser entonces que la capacidad para pesar 400 kilogramos está dentro de todos nosotros, en algún lugar profundo.

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