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Noisey

Sumergiéndose en el despertar espiritual: Una entrevista con ÌFÉ

Hablamos con Otura Mun, director de la banda puertoriqueña, para que nos adentrara en el mundo espiritual de su primer disco.

por Sebastián Narváez Núñez
20 Septiembre 2018, 7:31pm

Fotos por Mariángel Gonzales y Anne-Laure Sébille

Otura Mun habla con un acento de estadounidense nómada en tierras extranjeras, como si hubiera pasado años recorriendo latinoamérica de punta a punta y en el camino se le hubiera naturalizado un español de confusas conjugaciones. Lleva cerca de 20 años en Puerto Rico procedente de Texas, Estados Unidos. Su nombre hoy, es el de un renacido en la fe Yoruba del Ifá. Antes se le conocía como Marc Underwood o Dj Nature. Llegó a la isla centroamericana a empaparse de la música, a vivir de ella trabajando con músicos, produciendo sus tracks.

Desde hace un par de años renunció a su nombre de nacimiento y a su antigua vida, se deshizo de su oscuridad y se convirtió en sacerdote del Ifá. Se valió de la música para repartir un mensaje de cambio, nada muy evangelizador ni impuesto, más bien una música en la que convergen la rumba cubana, el dancehall y los sonidos del mainstream actual. De su banda ÌFÉ hacen parte Rafael Maya, Beto Torrens, Kathy Cepeda, Anthony Sierra, y Yarimir Cabán, todos bajo la dirección de Otura Mun, quien en los últimos dos años se dedicó a montar este poderoso y purificador ensamble. Recientemente el grupo lanzó su disco debut IIII+IIII, un trabajo de nueve cortes en los que el inglés, el español y el yoruba, se unen para crear una música espiritual, bailable, en código, con rezos orishas encriptados en los tambores, en las campanas, en los coros, con frases indescifrables, con paisajes levitables, con sed de reinvención, de cambio.

Música para abstraerse en el cosmos espiritual, bailar en universo invisible al ritmo de tambores mágicos.

Aprovechando el lanzamiento de su primer disco nos sentamos a hablar con Otura Mun sobre su pasado en Puerto Rico, la concepción espiritual de este disco y lo que se viene para la banda.

NOISEY: Otura Mun es un hombre renacido en la fe Ifá, ¿cómo fue dejar de lado tu vida anterior y qué guardas de Marc Underwood?

Otura Mun: La experiencia de iniciar como Babalawo en Ifá es el cambio más grande que ha tenido mi vida, es un nacer espiritual. Mi propósito en el mundo ha cambiado, antes yo vivía para mí y ahora mi propósito es ayudar a los demás, ayudar al mundo. Es claramente un camino diferente que empieza con un renacer. Paso por la iniciación y vengo a escribir mi propio nombre que también es mi camino y quién soy en esta vida. El trabajo que uno tiene que hacer para ser un babalawo eficaz y con sabiduría toma años de estudio y yo estoy dedicando mi vida a eso.

¿Por qué decidiste empezar de nuevo en Puerto Rico y no en otro lugar? ¿qué te atrajo de ese país?

En el momento parecía casualidad, aunque ahora no creo en la casualidad. Yo tenía un pasaje de avión más o menos a cualquier destino durante un año, eso fue en el 97. En ese momento yo estaba estudiando música en Texas y como crecí en un pueblo chiquito, no sabía mucho del mundo alrededor de los Estados Unidos. Por esos días estaba bien envuelto con la música jamaiquina y quería viajar a Kingston, pero por cosas del destino el único lugar al que podía viajar en ese momento era Puerto Rico. Me fui sin saber nada de su gente, de su idioma y en general era muy ignorante hacia el mundo latino. Llegué allá con 150 dólares para estar dos semanas y resultó que allá era más caro que en Estados Unidos, entonces terminé durmiendo en la calle en el viejo San Juan, pero la pasé increíble porque estaba ahí con una música nueva, un lenguaje nuevo, un ambiente completamente mágico para mí. Después regreso a Estados Unidos pero quería volver a esa vida de Puerto Rico, porque conocía el mundo negro de norteamérica, pero no sabía nada del mundo latino y por las diferencias raciales no era muy fácil acercarse a esa cultura.

¿De qué vivías en Puerto Rico?

Cuando me mudé ya era DJ de hip hop y de dancehall y la escena del reggae estaba explotando. Allá me empezaron a llamar, porque cuando es una escena tan chiquita y ven a alguien nuevo y ven de lo que es capaz, lo meten en su mundo. Yo tenía claro que tenía que tocar para comer porque nadie me iba a dar un trabajo, y como no sabía el idioma, ser DJ era perfecto porque no tenía que hablar, solo tocar. En ese momento la escena de arte y música estaba sectorizada en el Viejo San Juan y ahí me mudé y conocí a todo el mundo.

Antes de ÌFÉ habías colaborado con varios proyectos, uno de esos fue Cultura Profética, ¿Cómo fue ese contacto con los músicos locales?

En el 99 yo me mudé encima de un bar que se llama Don Pablo y en ese momento todos los DJs de la escena de reggae estaban tocando ahí, así que me fui a vivir con un DJ que se llama Emilio y tenía una casa disquera. Cuando un artista no aparecía venían y me llamaban, así que entré en la escena muy rápido.
Resulta que hay un grupo medio mítico que se llama Superaquello, que es uno de los primeros grupos de rock con electrónica tipo Pixies o Flammig Lips, y yo les abrí un show. Ese día estaban los de Cultura Profética que eran súper fans, hicimos conexión y me invitaron a abrir el concierto de su segundo disco Ideas Nuevas. Luego de eso empecé a tocar con ellos scratcheando o teloneando como DJ. Viajamos por la isla y a otros países durante tres años. Cuando me fui de Cultura monté mi propio grupo de hip hop con un muchacho que se llama Carlos Santiago, con quien formamos Ciencia Fixión y que luego fundó Davilla 666. Hicimos un disco juntos y luego conocí a Mima, que es una cantante importantísima de la escena indie rock de Puerto Rico. Produje su segundo disco que fue escrito por Rita Indiana quien era su roomate en ese momento.
Ese mundo es súper chiquito. Luego produje un disco de reggae para un cantante que se llama Young Ragga. Después de cierto tiempo entendí que mi propósito en la isla era crear música, que no podía tener un trabajo normal y si no podía crear música con la gente que está ahí, debería irme. Eso fue lo que pasó en mi vida hasta que conocí la fe Ifá y mi propósito cambió.

Antes de dar ese paso a la fe Ifá venías trabajando con ritmos como el reggae y el dancehall. Cuando llega este proyecto de ÌFÉ se introduce la ancestralidad de ritmos como la rumba cubana, el son, la espiritualidad Yoruba. ¿Cómo empiezas a descubrir estos nuevos ritmos?

El primer grupo de rumba que vi se llama Carabalí y ellos tocaban música de los santos. Ahí es donde por primera vez le canto a Changó, Obatalá, Yemayá y a los Orishas. La música me impactó de una manera que yo sabía que quería ir allá, pero que implicaba un nivel de entrega del cual no estaba listo para participar en el momento. En el 2011 me diagnosticaron diabetes y me dijeron que no podía tomar, por ejemplo, entonces en adelante la idea de ir a un club para escuchar música era extraña y si la música no me gustaba y no podía tener una conversación, entonces no tenía sentido. Empecé a buscar música con la cual pudiera interactuar intelectualmente cuando salía a la calle. No me interesaban DJs ni grupos de rock, yo tenía que ver algo con la musicalidad que me entretuviera desde la primera hasta la última canción. Ahí vino la rumba, que tiene algo que me fascina, que nunca me aburre. Igual que el jazz con el beebop.
Un año después me fui a aprender a tocar rumba y acercarme a la religión Yoruba, porque me sentía en ese mundo invisible al que no tenía cómo acceder y la religión ofrecía la manera más digna y cercana a a eso. Volví en el 2012 a Puerto Rico y me dediqué a estudiar la rumba todo el día, todos los días, durante ocho meses. El lado espiritual lo vine a consultar con un muchacho que vino a ser mi padrino en Ifá hasta que me fui metiendo poco a poco. Eran dos cosas aparte, uno era un deseo musical y artístico y el otro era un deseo espiritual. Mi música y mi vida diaria empezó a reflejar todo eso.

Desde la raíz del nombre, ÌFÉ significa amor y expansión, ¿qué tan comunes son estas palabras en tu vida diaria y cómo se materializan en el nacimiento de este proyecto?

Cuando empecé a pensar en lo que iba a ser la música de ÌFÉ tenía como 39 años y cogí dos años para expresar esas dos palabras musicalmente. Algunos de esos golpes de la vida me pusieron muy agrio como persona, al punto que sentí que era una persona podrida y que le hacía daño a la gente. Trabajé mucho para mejorar como persona y sacar la rabia que tenía dentro y la envidia que tenía de la otra gente. Antes de ÌFÉ todos los proyectos eran muy oscuros y yo estaba realmente jodido por dentro y ese dolor se estaba saliendo en la música. Cuando vine a pensar en cómo quería hacer este grupo, estaba en un punto de paz y el mensaje que quería dar al mundo era de amor por encima de todo. De muchas maneras este proyecto me ha dado la posibilidad de expandirme como artista, en vez de ser la persona detrás del proyecto de alguien más, aquí puedo crear algo en donde las voces, las palabras y la expresiones son mías.

La música de ÌFÉ no solamente tiene un sonido ancestral, sino también una connotación espiritual, religiosa y a la vez mainstream contemporánea mezclada. ¿Qué elementos musicales hacen parte de este primer disco?

Algunas personas han criticado el grupo por los sonidos que estoy usando, como el autotune y sonidos casi pop. Lo que yo digo es que lo hago así porque quiero que la música suene a 2017; si por ejemplo los sonidos cambian mañana, los voy a cambiar por esos sonidos, porque la estructura musical que estoy usando tienen miles de años y el vocabulario rítmico es lo que es viejo, pero quiero que los sonidos se expresen como actuales. La estructura de los ritmos son la rumba y el añá en casi todo, pero rumba y dancehall comparten un elemento que es la clave. Además la música de ÌFÉ está tocada, no es programada por computador y esto nos da la facilidad de expresarnos y cambiar de una manera orgánica.

En cuanto a las historias, ¿qué tipo de situaciones inspiraron este disco?

La influencia de lo Orisha y de lo Ifá viene de mi exploración del mundo en el que vivo y que está en un cambio constante por las decisiones que tomé para buscar ese mundo invisible. Esto es mucho de lo que yo estoy hablando en el disco. Estoy tratando de escribir de una manera en la que las cosas que estoy descubriendo en el mundo puedan ser accesible a la gente que no sabe nada de la religión. "Umbo" es un ejemplo de esto, de los momentos en que necesitas a alguien a tu lado, un amigo, un ser cercano. Pero estoy también hablando con códigos de lo que es la posesión espiritual y esos códigos pueden ser reconocidos para personas que se están iniciando en la religión.
Esto pasa mucho en el disco, tú puedes entenderlo de una manera, pero alguien puede entenderlo de otra. Los tambores, las campanas, los conceptos y otras cosas hablan de temas que solo ciertas personas vana reconocer, como los rezos Orisha que están presentes de principio a fin. "Bangha", por ejemplo, es una canción que está hablando de Oggun que es el Orisha de las guerras, y lo que significa la guerra para mí, es una lucha hacia la libertad. "Yari Gemini" la escribí para unas amigas y ahí las imagino como géminis del zodiaco, les doy las gracias por ayudarme a curar y perdonar."Higher Love" es un cover de Steve Winwood y fue la primera canción que toqué en batería. Cuando la escuché de nuevo hace unos años me di cuenta que me hablaba de Oshún que es mi madre en la religión.

El nombre del disco es III+III cuya pronunciación es EjiOgbe, y tengo entendido que viene de un sistema de adivinación binaria. Explícame de qué se trata esto y la manera en la que ese título sirve para describir el álbum.

De los 256 signos de Ifá EjiOgbe es el rey de los signos, el primero. Cuando ese signo sale en la adivinación, una de las cosas que puede decir es "despertar espiritual" o "golpe de estado", lo que significa que va a haber un cambio de liderazgo. También habla de separación porque son dos líneas paralelas que nunca se juntan. En la portada del disco se pueden ver dos manos arriba y hay una cruz en el cielo, esa es la manera de escribirla. Ogbe quiere decir también "luz pura", "camino abierto", "los principios" y me gustó el hecho de que como es el primer disco, es la manifestación de lo que estamos haciendo. Además creo que los mensajes dentro del EjiOgbe son muy pertinentes para Puerto Rico en este momento porque de alguna manera es un signo político.

Siempre he sentido que la música es una herramienta de liberación. ¿Qué te querías sacar del pecho con este disco?

No sé si había un peso o algo que me quería sacar del pecho, más bien un amor humano que quería expresar y compartir y que a través de la música y del canto podía hacerlo. Quería hacer un disco que pudiera inspirar a la gente y quería tocar la música de una manera en la que pudiera hacerlo. Es la oportunidad de compartir el sentimiento de paz y amor que me está dando este proceso en la vida con los demás. Tratar de enseñar y compartir el hecho de que podemos cambiar.

¿Qué sigue en adelante con Ì , qué otras cosas quieres contar a través del proyecto?

Tengo libretas llenas de ideas que no podía o no tenía tiempo para grabar, así que me gustaría sacar un poco de esas canciones y letras y ver cómo puedo construir algunos sencillos. Ya tengo algunas maqueta y canciones incompletas. También estoy trabajando con Mima de nuevo, para su nuevo disco, así que me enfocaré en eso. Por otro lado hay un muchacho que se llama Emilio Barreto que me ayudó mucho a trabajar los temas y los cantos de las Orishas dentro del disco, él fue el cantante mayor de la música santera en Nueva York desde la mitad de los 80 y por los últimos 30 años y ahora vamos a trabajar un proyecto los dos a ver qué sale. Estamos locos por ir a latinoamérica, seguramente Colombia va a ser una parada.

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