Así se organiza la vida en el primer centro de migrantes de París

El espacio fue inaugurado el pasado 10 de noviembre como lugar de gestión del destino de refugiados que han pedido asilo. Evaluamos sus dos primeras y erráticas semanas de funcionamiento.

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29 noviembre 2016, 8:00am

À l'intérieur du centre d'accueil pour migrants de Paris, ouvert le 10 novembre Porte de la Chapelle. (Henrique Valadares/VICE News)

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Después de 30 operaciones de evacuación de los centros provisionales, el primer «centro de acogida humanitaria» para los migrantes de París abrió sus puertas el pasado 10 de noviembre. Diez días después de su apertura, VICE News visitó sus instalaciones en el norte de la capital.

Anne Hidalgo, la alcaldesa de París, había anunciado en mayo que el centro acogería a 400 varones blancos solteros que hubiesen solicitado asilo en el país galo. "El centro dará la bienvenida entre a 80 y 100 personas al día", ha indicado Bruno Morel, presidente de la asociación de Emmaüs-Solidarité, encargada de gestionar Porte de la Chapelle, que es como se ha bautizado el lugar.

Según Patrick Viellescazes, jefe de gabinete de la prefectura de la Ile de France, en París, el estado francés y el ayuntamiento parisino han invertido 16,4 millones de euros para construir el centro de acogida, provisto de una estructura modular. Ello se explica por el hecho de que, en unos meses, el espacio será desmantelado para ser instalado en un nuevo lugar, mientras que las instalaciones actuales serán reconvertidas en un nuevo campus universitario ubicado en el número 70 del Bulevar Ney.

El centro es un lugar de hormigón, un espacio eminentemente gris al que se accede a través de unas puertas verdes y donde lo único que destaca es una estructura en forma de burbuja amarilla. Se trata del primer centro de la estructura, el espacio desde el que se gestionan las solicitudes de los migrantes. Una vez son entrevistados en la burbuja, una instalación hinchable, son repartidos por las distintas cámaras, antes de que se supervisen sus casos respectivos, y se les reparta por centros ubicados por toda la geografía gala.

Más allá de la burbuja, queda un viejo almacén de 10.000 metros cuadrados, que había hecho de galpón de la red de ferrocarriles francesas SNCF. En su interior se han construido ocho espacios, un centro de bienestar, una lavandería y hasta una tienda que distribuye ropa gratis. Cada "pueblo" dispone de una docena de habitaciones con calefacción.

Dentro de la burbuja se estudia la situación de los recién llegados (Imagen por Henrique Valadares/VICE News)

En una habitación de dieciséis metros cuadrados nos encontramos con Ali. Esta de pie, rodeado por las cuatro camas que forman el espacio. Ali es sudanés, tiene 27 años y su gran sueño es convertirse en diseñador. Su periplo hasta llegar aquí le ha llevado a cruzar entero el Chad, alcanzar las costas de Libia, y a embarcarse en un bote rumbo a Italia. El bote no se hundió, pero la policía "me golpeó y me maltrató en todas partes "simulan que te dan patadas, aunque en realidad lo que te hacen es alcanzarte con pistolas eléctricas", cuenta. "Ahora estoy en Francia y la habitación está bien", relata.

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Poco después, nos encontramos con un joven afgano que lleva un vendaje alrededor del pie. Él se dirige a una pequeña cabaña situada entre los distintos módulos y la burbuja amarilla. Es el centro de salud, "donde cualquier persona con alguna condición médica es atendida física o psicológicamente", nos comenta Bruno Morelen mientras nos incursionamos en el centro de salud. Según cuenta, "el centro ha realizado ya 255 consultas desde su apertura, un promedio de veinte al día".

A poco metros de distancia, Nablah saluda a algunos amigos. Sonríe a sus compañeros de fatigas de los últimos diez días. Hoy, este afgano parte rumbo a su nuevo destino. "Aquí estoy muy contento. Ahora no sé adónde se me llevará", alcanza a decir antes de ser evacuado en compañía de otros veinte migrantes".

Una consulta del centro de salud. (Imagen por Henrique Valadares/VICE News)

La ida es que los migrantes que se alojan en el centro estén aquí entre cinco y diez días antes de ser remitidos a su nuevo destino, ya sea en la Ile de France, u otro lugar del país. La idea es crear un flujo continuo de entradas y salidas, que según Morel contribuirá a generar un sistema mucho más pacífico: "el lunes por la noche se gestionaron 188 orientaciones y el martes, 79", nos explica. Según Morel la fluidez en la gestión de los migrantes es esencial para el buen funcionamiento del centro.

Desde su apertura, el espacio cuenta con la incalculable colaboración de 500 voluntarios que se turnan para trabajar en el centro. Cada jornada acuden unos 50 junto a 120 empleados d'Emmaüs. "Me esperaba algo más caótico, pero todo está muy bien organizado", explica Yann, administrador de Air France y voluntario en el campamento. Estos 50 voluntarios están en el servicio de "lavandería" tres horas al día, tres días a la semana. "Me siento muy útil", nos comenta. Sin embargo, hay una falta de confort. "Tengo la impresión de que los migrantes no están muy bien ubicados, porque estamos en un cobertizo abierto y hace mucho frío".

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A los migrantes se les transparenta el abatimiento en el rostro a la que salen de sus habitaciones. El frío viento de noviembre en París sisea por entre las habitaciones. "Imagínese lo que será esto en enero y febrero. Da la sensación de que los organizadores lo hagan deliberadamente: que no quieran poner facilidades de manera que nadie se apalanque demasiado", explica Yann, cuya intención es seguir como voluntario hasta el cierre del espacio en mayo de 2018.

Entrada a las duchas y los aseos de la zona residencial.. (Imagen por Henrique Valadares/VICE News)

El pasado 10 de noviembre, durante la apertura del centro, Dominque Versini, adjunto de la alcaldesa de París en cuestiones de solidaridad, se mostraba "encantado de haber encontrado una alternativa a la calle", con la apertura del centro.

Claro que para Ali, cuyo nombre real no hemos escrito a petición del interesado, ya se comió una madrugada al raso apenas una semana después de la apertura del centro. Este joven afgano de 26 años se pasó cuatro horas haciendo cola en la madrugada del martes. "Dicen que ya han cubierto el cupo para hoy y mañana. Le preguntamos qué va a hacer él, y qué van a hacer los cinco compañeros con los que ha llegado. "No lo sé. Igual nos quedamos despiertos toda la noche. O dormimos en la calle. No está claro. Tampoco parece claro que nos vayan a acoger mañana", asegura.

Según el rotativo francés Le Monde, no es la primera vez que los migrantes pernoctan en la entrada del centro. El miércoles 16 de noviembre, una semana después de su inauguración, una centena de migrantes acudieron en vano hasta la puerta de las flamantes instalaciones. Y sin embargo, el centro estaba lejos de colgar el cartel de aforo completo. Según Le Monde, aquel día solo había 220 camas ocupadas. "Algunos lo intentan durante cuatro o cinco días". Los miembros de Emaús les estampan sellos en las muñecas para que no intenten entrar por segunda vez.

Una zona de relax con futbolín. (Imagen por Henrique Valadares/VICE News)

"Se trata de datos erróneos", explica Bruno Morel. Él nos cuenta que la noche del miércoles 16 de noviembre el centro tenía cerca de 390 camas ocupadas. "El centro no es fácil de gestionar, se trata de una actividad compleja, de una mecánica que necesita algún tiempo antes de ser puesta en práctica", explica Patrick Viellescazes para justificar los problemas de acogida. "Todos los indicadores apuntan a que la medida, a día de hoy, es un éxito", concluye Morel.

Mientras tanto, algunos de los residentes de Ile de France han criticado el emplazamiento del lugar. "Es importante que existan ayudas, es positivo, sin embargo creo que se podría haber concebido un barrio más adecuado", asegura Melice, una estudiante de 19 años que vive en el barrio. "¿Qué van a hacer los migrantes durante el día en Porte de la Chapelle?", se pregunta.

Otros temen que el barrio se convierta en un lugar mucho más poblado. Sarah, de cuarenta años asegura que "estoy en contra del centro. Los migrantes van a cambiar el barrio". En cambio para Eric el argumento de Sarah no tiene sentido: "no veo la manera en que 400 personas vayan a cambiar el paisaje de un barrio tan densamente poblado", relata este ingeniero informático de 49 años.

Sigue a Henrique Valadares en Twitter : @HenriqValadares

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