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Irak

En primera línea contra Estado Islámico con las milicias chiíes en Irak

VICE News viaja con la brigada de Kata'ib Sayyid al-Shuhada (KSS), que combaten contra Estado islámico desde que comenzó el conflicto. Jugaron un papel importante en la recuperación de los suburbios del norte de Bagdad y Samarra, a 80 km más al norte.
15 Junio 2015, 7:10am
Image via Reuters

Hace un años, las fuerzas de la organización Estado Islámico (EI) penetraron en el norte de Irak, asaltando Mosul, la segunda ciudad más grande del país y provocando la huida de cuatro unidades del ejército iraquí antes de detenerse a las puertas de Bagdad. Unos días más tarde, después de la masacre de chiítas y otras minorías, el ayatolá Ali al-Sistani — una importante personalidad chiíta —emitió una fatwa, instando a todos los "hombres capaces" para unirse a las fuerzas de seguridad iraquíes (ISF ) en la lucha contra EI. Decenas de miles de personas han respondido a la llamada y se han unido a las filas de las milicias chiíes iraquíes. Algunos se dirigieron al norte para defender Bagdad, mientras que otros se han dirigido al sur para proteger los santuarios chiítas en Najaf y Karbala.

Con un ejército iraquí desmoralizado por la derrota de sus soldados en Mosul y ocupado preparándose para una posible contraofensiva, el gobierno se ve obligado a depender de combatientes voluntarios para luchar contra EI. Con esta nueva responsabilidad, los grupos paramilitares han ganado fuerza y autoridad. A raíz de las recientes elecciones, Mohammed al-Ghoban, del grupo parlamentario Badr — vinculado a la poderosa milicia que lleva el mismo nombre — fue nombrado ministro del Interior.

Durante los últimos cuatro meses, estas milicias han hecho muchos avances sobre el terreno y han conseguido que los combatientes del EI abandonen las afueras de Bagdad y se retiren hacia el norte. A pesar de los éxitos militares de estas milicias, las denuncias de violaciones de los derechos humanos y la cooperación con Irán tienen a los gobiernos occidentales preocupados.

Faleeh Khazaali, un comandante de la KSS y miembro parlamento electo iraquí, que perdió un ojo en una batalla frente Jabhat al Nusra en Siria (Imágenes por Henry Langston)

Conocimos a los guerreros de la brigada de Kataib Sayyid al-Shuhada (KSS), que resisten contra EI desde que comenzó el conflicto. Jugaron un papel importante en la recuperación del control de los suburbios del norte de Bagdad y Samarra, a 80 km al norte.

Como muchos de sus compañeros de lucha, Faleeh Khazaali — comandante de la KSS y diputado iraquí en Basora — lideró la lucha contra los yihadistas en Siria para proteger los lugares sagrados chiítas. Después de perder un ojo en un tiroteo contra Jabhat al Nusra, se vio obligado a regresar a Irak. Nos unimos a la caravana en el camino hacia el norte para visitar a sus unidades en la primera línea cerca de Samarra. En el camino hicimos una parada en las afueras de Bagdad, también llamado el "cinturón" de Bagdad, para visitar la escena de las primeras batallas contra EI.

Inicialmente, la misión de la brigada era asegurar una serie de puentes a lo largo del río Tigris. Su misión, según Khazaali, era "proteger a los ciudadanos de Bagdad, que, sin nosotros, los hombres habrían sido masacrados y las mujeres esclavizadas. "

"El Shuhada ha pagado con sangre para llegar allí", agregó.

La KSS viaja en un vehículo blindado en una carretera amenazada por disparos de morteros de EI.

Las milicias han tomado el control de la zona hace unos meses pero los combatientes de EI siguen bombardeando la ruta hacia el norte utilizando morteros. En plena visita de las antiguas posiciones defensivas en el borde del Tigris, las explosiones y el sonido lejano de los disparos no dejaron acompañarnos.

A medida que nos dirigimos hacia el norte, nos vimos obligados a cambiar de vehículo — dejar nuestro SUV no blindado para subir a un AMRAP, un gran blindado fabricado por el ejército estadounidense y diseñado para resistir el ataque con artefactos explosivos improvisados. Nos dirigíamos hacia el norte, los combatientes de la KSS habían sacado sus armas por las ventanillas del vehículo y y estaban pendiente de cualquier amenaza en el borde de la carretera. Las repercusiones de los ataques de convoyes son duras explica Khazaali: "Estos ataques constantes han afectado a Samarra y otras ciudades más al norte. Ellos hacen que sea muy difícil suministrar petróleo, alimentos y equipos médicos".

Cuando nuestro convoy llegó a las inmediaciones de Samarra, salimos del blindado para echar un vistazo a la presa de la ciudad — que EI habría tratado de destruir, según Khazaali. Pero después de no conseguirlo los yihadistas habrían vertido petróleo en el agua.

Muchos observadores de la situación en Irak están preocupados por la asistencia prestada por Irán a las fuerzas voluntarias chiítas. Una de las preguntas es si la ayuda iraní está sujeta a condiciones — particularmente una vez que se resuelva la amenaza de EI. Para Khazaali, no hay que preocuparse. "La ayuda de Irán es siempre bienvenida. Lo que hay que entender es que EI no sólo amenaza a Irak, también pone en peligro a todos nuestros vecinos como Irán. El apoyo de Irán es incondicional. "

El convoy salió a la carretera antes de detenerse en la sede de la KSS: una serie de casas junto a la presa donde estaban alojados los ingenieros antes de que la las "requisara". Dentro de una de las casas nos encontramos con otro combatiente de la KSS, Sheikh Ehmad, un jeque tribal de la sureña ciudad de Nusariyeh. Lleva una sudadera con capucha con las iniciales de la "Operación Libertad Iraquí". Habla Inglés, pero también español, chino, y por extraño que parezca, también Cherokee.

Miembros de las fuerzas de voluntarios marchan hacia las posiciones de EI a 3 o 5 kilómetros.

Una de las paredes de la sala está cubierta con un enorme mapa de la zona que rodea la ciudad donde podemos ver las posiciones de la KSS y de EI. "Nuestras fuerzas ocupan zonas en el este del Tigris formando semicírculo alrededor de Samarra. EI ataca nuestras posiciones cada día con morteros y disparos de rifles de asalto", dice Ehmad.

"Tenemos tres líneas de defensa. La primera son nuestros soldados con armas pequeñas — AK-47, las ametralladoras Kalashnikov, lanzacohetes, etc. La segunda defensa está compuesta por armamento de mayor calibre como la DShK (ametralladora pesada) y en la tercera línea de defensa nos encontramos con morteros para golpear las posiciones de EI".

La KSS no es la única milicia que opera en la región. A menudo se llevan a cabo ataques conjuntos con otras brigadas de voluntarios chiítas como las Brigadas de Badr o Kataeb Hezbolá — que no debe confundir con el Hezbolá libanés. "Esta mañana hemos ayudado a [Kataeb] Hezbolá en una operación para defender la carretera de Tikrit. Hemos abatido a 10 tipos de EI. Siempre tratan de cortar las carreteras, pero se lo hemos impedido".

Samarra es el hogar de uno de los santuarios más importantes del Islam chiíta — el de Hasan Al Askari, el undécimo imam chií: un objetivo prioritario para EI. La población de la ciudad es mayoritariamente sunita y el santuario ha estado protegido durante siglos. Le pregunté a Ehmad si la presencia de la KSS en la región causó problemas con las poblaciones sunitas. Para él, no hay ningún problema, "Nosotros los respetamos porque han protegido nuestro santuario aquí durante siglos y ahora nos toca a nosotros protegerlos. Incluso a veces, algunos nos dan información para ayudarnos a combatir el EI".

Después de habernos mostrado el terreno, Ehmad nos ofreció acompañarle a visitar las posiciones avanzadas alrededor del pueblo de Sochnas, a pocos kilómetros al norte de Samarra. Saliendo de la ciudad, vimos claramente a través de la ventana del coche las consecuencias de los conflictos — coches carbonizados y casas en ruinas al borde de la carretera.

Combatientes de la KSS lanzan morteros sobre las posiciones de EI ubicados a menos de 3 kilómetros.

Nuestra primera parada: una posición desde la que los hombres de la KSS lanzan morteros hacia el norte. Cuando llegamos, un grupo de combatientes se preparaba para lanzar morteros contra EI, a unos cientos de metros. Ehmad se implicó rápidamente dando una mano para ajustar la distancia de los lanzadores de mortero. Una vez el arma estaba bien orientada, Ehmad deslizó un mortero en el tubo. Mientras que todo el mundo esperaba un "bang" que te hace temblar hasta las orejas, no se hoyó nada, sólo un silencio sobrecogedor. La cara de los combatientes pasarón, en cuestión de segundos, de la alegría a la confusión y en finalmente en grave preocupación. "Ves", exclama Ehmad, "Este es un problema que tenemos, las armas que recibimos del gobierno son viejas y no funcionan. Si queremos combatir a EI necesitaremos armas más pesadas y armas anti-tanque".

Después de abandonar el tubo de mortero, combatientes de la KSS preparan otro. Un pequeño beso en el mortero para desearle buena suerte, lo dejamos caer en el tubo y, boom. Otra en dirección a EI es lanzado sin demora.

Satisfecho de los bombardeos de la tarde, Ehmad nos conduce a posiciones defensivas a unos cientos de metros al este de la zona de lanzamiento de morteros — que sirve para proteger las otras posiciones. En lo alto de la colina, los combatientes de la KSS han colocado maniquíes vestido con uniforme militar "para atraer el fuego de los francotiradores", explica Ehmad con una sonrisa. Él nos muestra las aldeas en poder de EI señalando con el dedo a lo lejos. A continuación, nos muestra en un GPS las coordenadas de las aldeas en poder de los yihadistas. "Hemos enviado las ubicaciones a las fuerzas aéreas iraquíes hace varias semanas, pero ellos no nos ayudan", dijo Ehmad seriamente molesto — antes de pedir a sus hombres que bombardeen la ciudad en poder del EI más cercana.

Un combatiente de la KSS cerca de una posición de EI.

Cuando la noche comienza a caer, nos dicen que es demasiado peligroso regresar a Bagdad por la autopista. Así que vamos a pasar la noche en la sede de la KSS para regresar a la capital con Khazaali y otros comandantes al día siguiente.

Samarra es un pueblo pequeño, pero su importancia estratégica es considerable. Si EI logra tomar y poner en peligro la tumba de Askari, podría desencadenar un conflicto colectivo — lo que agravaría la situación del atolladero iraquí.

Después de pasar unos días con la KSS, está claro que sin ellos, la tarea de Estado Islámico se simplificaría enormemente en términos respecto a la toma de Samarra. Los vehículos y los combatientes de la KSS son omnipresentes, mientras que la presencia del ejército iraquí es limitada. Sin embargo, la amenaza a su línea de suministro desde el sur, la falta de su cobertura aérea y su incapacidad para conseguir armas pesadas complican seriamente su misión. Es difícil decir si serán capaces de repeler a EI de la zona en un futuro próximo.

Después de escuchar las frustraciones de Ehmad sobre la falta de apoyo de la fuerza aérea iraquí, le pregunté si iba a aceptar la ayuda de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. "Por supuesto. Estoy dispuesto a aceptar la ayuda de los americanos, todos estamos en el mismo lado en la lucha contra EI. Nuestro país necesita ayuda. Muchos iraquíes han muerto".

Sigue a Henry Langston en Twitter : @Henry_Langston