Así viven las personas que volvieron a la zona nuclear de Chernobyl

Visitamos "Samosely": el lugar donde 140 personas viven de cultivos sembrados en suelo contaminado.

por Joseph Marczynski
17 Febrero 2017, 5:10pm

En la mañana del 26 de abril de 1986, una sobretensión de poder causó la explosión de un reactor en la planta nuclear de Chernobyl, cuando hacía parte de la República Socialista Soviética de Ucrania de la Unión Soviética. La explosión arrojó un nivel de radiación cien veces mayor que el encontrado en Hiroshima y Nagasaki, dejando como resultado una nube pútrida de contaminación gigantesca que llegó hasta Irlanda.

La radiación infectó el aire, el suelo y a los residentes, causando defectos de nacimiento, cáncer de tiroides en los niños y afectando a las generaciones futuras con grotescas mutaciones. Treinta años después, Chernobyl se ha convertido en una atracción turística mórbida, una lección frente a la arrogancia de un gobierno, y el hogar de unas 140 personas.

La fotógrafa Esther Heessing y la escritora Sophieke Thurmer viajaron hasta la Zona de Exclusión de Chernobyl (el área más afectada por la radiación) para visitar el "Samosely": la última generación de una antigua comunidad próspera. Muchos de los pobladores son mayores y se devolvieron hasta sus hogares a pesar de la advertencia que les hizo el gobierno ucraniano. Otros se asentaron por pura desesperación, escondidos ilegalmente en los miles de estructuras y edificaciones abandonadas, sobreviviendo de cultivos sembrados en tierra contaminada.

(Foto: Esther Hessing).

Para su último proyecto, Bound to the Ground, la pareja documentó el día a día de estos residentes, recolectando testimonios de primera mano de la vida en la Zona de Exclusión (CNPP). Hablé con Esther sobre el proyecto, y ella me explicó la razón por la que tantas personas han vuelto a esta región tan peligrosa: "Primero que todo, esta área tiene una larga tradición de miseria", dice. "En 1930 se pasó por una época de hambre debido al régimen de Stalin y después fue la Segunda Guerra Mundial. La gente estaba acostumbrada a una vida difícil".

"La gente tenía poco dinero y dependía de la cosecha de su propia tierra. El gobierno trasladó a la mayoría de estos campesinos a edificios en bloque preparados especialmente para ellos en Kiev. Decidieron que vivirían mejor en una zona nuclear por un periodo corto de tiempo, en vez de envejecer y vivir una vida miserable en Kiev. Además, ellos creen que solo te puedes reunir con tus familiares muertos si te entierran en el mismo lugar que a ellos".

Las víctimas de Chernobyl sufrieron una terrible discriminación por parte de la población general en los años siguientes al desastre. Los habitantes, por lo general, se devolvían a la Zona de Exclusión a pie, enfrentándose a un recorrido de 130 kilómetros desde Kiev. Era entendible que necesitaran descansar durante el trayecto, pero les era difícil encontrar dónde dormir porque a la gente le daba miedo infectarse de radiación.

(Foto: Esther Hessing).

Esther describe cómo incluso los niños del área eran estigmatizados: "Los niños de Pripyat eran llamados los 'Cerdos de Chernobyl'. Esta era una palabra abusiva usada en los años posteriores a que fueran infectados por la radiación. A ellos no se les permitía jugar con otros niños. Solo paró cuando la ciudad de Slavutych fue terminada en 1988, ya que muchos niños fueron trasladados a una nueva ciudad porque sus padres estaban trabajando en el CNPP".

Cuando llegaron al lugar, Esther y Sophieke se sorprendieron al descubrir que cerca de 2,000 personas estaban trabajando activamente en la planta nuclear de Chernobyl. A diferencia de Samosely, donde se vive de la tierra en villas abandonadas a las afueras de Propyat, los empleados de la planta viven en un pueblo especialmente construido llamado Slavutych.

"Muchos de los empleados son hijos de los que trabajaron en el CNPP durante el desastre", explica Esther. "Ellos crecieron en Pripyat, y ahora sus hijos, que crecieron y se criaron en Slavutych, están trabajando en la planta de energía".

Esther Hessing.

La falta de oportunidades fue lo que los impulsó a trabajar: "No hay suficiente trabajo en Ucrania, el índice de desempleo es inmenso y las instalaciones para el cuidado de los niños son bastante pobres", dice Esther. "El CNPP todavía ofrece trabajos bien remunerados, y Slavutych tiene buenos colegios y guarderías. Es un pueblo seguro para criar a los hijos. Provee instalaciones de sobra para el cuidado y la atención de víctimas de radiación de primera, segunda y tercera generación".

Al hablar con los trabajadores de la planta en Samosely, la pareja exploró el pueblo abandonado de Pripyat —una municipalidad que fue originalmente construida para los empleados del CNPP—. Ahora Pripyat es un pueblo fantasma, pero una vez fue vista como la "ciudad de la esperanza" por el gobierno de Ucrania: una esperanza bloqueada por la tecnología nuclear.

Sin el impacto negativo de la intervención humana, la naturaleza ha luchado por recuperar el control de algunas partes de Pripyat, cubriendo las estructuras grises y las calles suburbanas con vida salvaje. "En vez de miedo, horror, muerte y un país perdido, encontramos un área bonita con muchas flores y árboles, suelo fértil, y personas hospitalarias que nos daban una bienvenida cálida cada vez que llegábamos sin anunciar", dice Esther.

(Foto: Esther Hessing).

"Encontramos una comunidad que todavía trabajaba en una planta de energía desmantelada y con una gran esperanza en el futuro. Encontramos gente muy valiente que trabajaba en este peligroso lugar solo para hacer el mundo un poco más seguro. Nos mostraron la increíble fortaleza del hombre y lo fuerte que puede ser la naturaleza".

Cualquier futuro que pueda tener Samolesly ha sido vetado por las políticas del gobierno, con una orden que previene nuevos habitantes en el área por 1,000 años, una vez que todos los residentes ya hayan muerto.

Preservar esta comunidad secreta y temporal fue la inspiración detrás del trabajo de Esther: "Es importante contar la historia porque todas estas personas son bastante viejas", dice. "Como las babushkas [las abuelas o ancianas] en la zona de exclusión continúan envejeciendo y ya no se permiten residentes en el área, creemos que, dentro de diez años, sus historias y memorias serán olvidadas. Queríamos contar sus historias y mostrar las caras de los habitantes antes de que caigan eternamente en el silencio".

Esther Hessing.

'Bound to the Ground' lo puedes conseguir en The Eriskay Connection .