Drogas

Probé peyote y LSD siendo ciego congénito

¿Qué pasa con las drogas con un fuerte componente visual si nunca has tenido vista?

por Sergio Pérez Gavilán
17 Octubre 2018, 8:00pm

Ilustración: @sinmuchasfotos.

Artículo publicado por VICE México.

Juan Manuel Anguiano es un masoterapeuta y comerciante de 28 años de edad oriundo de León, Guanajuato. Es ciego congénito y ha batallado durante gran parte de su vida contra la adicción a las drogas, en particular a los solventes. Le pedí que me contara un poco sobre su historia, especialmente sobre las drogas psicodélicas que llegó a consumir. Me contó que sus experiencias habían sido con LSD y peyote, drogas conocidas por producir visuales intensos y alucinaciones.

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Juan Manuel actualmente.

Empecé a consumir drogas a los 11 años, ahora tengo 28. Mis papás trabajaban y siempre andaba en la calle —no tenía gobierno—. Empecé con algo de curiosidad por la desatención de mis padres y mi entorno. Además, siempre me junté con gente más grande, a esa edad salía con gente de 18 o 20 años, estando entre la bola, todos juntos, no era particularmente difícil moverme en su ámbito. Era gente que pasaba por las mismas circunstancias que yo, aunque no tuvieran la misma condición; ellos me fueron enseñando todo de esto, y lo primero que probé fueron los solventes.

Cuando estás en ese círculo, conoces gente y lugares donde no es difícil conseguir drogas, incluso con mi condición, siempre me las arreglaba.

Peyote

En mi experiencia, al ser natural, no fue tan duro como las drogas sintéticas. Te empieza a hacer reacción como a la hora de que lo consumes, y lo que recuerdo particularmente era que los sonidos comenzaban a distorsionarse a la par de mi sentido del tacto, sientes cosas donde no las hay. En general, con todas las drogas, visuales o no, todas tienen un fuerte componente auditivo que distorsiona todos los sonidos. Lo que sí, por lo mismo, empiezas a generar lagunas mentales derivadas del sonido, y a pensar cosas que nunca habías pensado antes. Te imaginas cosas que no son reales, pero que se sienten ahí.

Un día estábamos aquí, en León, en un temazcal, y empezamos a consumir el peyote. Estábamos platicando unos amigos y yo, y me contaban de un muro que tenía pintados rostros, como pinturas rupestres. Ahí visualicé cómo ellos describían estos rostros en movimiento usando mi imaginación y dejándola tan suelta como nunca antes. En otra situación, en la noche, ellos sentían que una luz se acercaba a ellos, yo, como tal, sentí el calor de la luz misma, aunque fuera una alucinación basada en sus percepciones. Mi cuerpo, en respuesta, generó un sentimiento concordante con la sensación de una luz muy fuerte aproximándose. Ahí si me asusté.

En cuanto a la cuestión fisiológica, el cuerpo se siente extremadamente pesado. Mucho desequilibrio, se siente un mareo muy fuerte cuando se distorsiona tu manera de entenderte con el entorno, la cual —en el caso de personas con la misma condición que yo— se basa en audición y tacto, además se vuelve muy complicado no sentirte inseguro. Las cosas que les pasan a todos, también las sentí: hormigueo en los labios y extremidades, incomodidad en el estómago, etcétera.

La distorsión de los sonidos era un poco más profunda, de hecho, por la cuestión envuelta con el equilibrio y el oído, de plano es mejor no moverse. Si estás escuchando música o voces, éstas se vuelven mucho más gruesas, como un efecto de distorsión de voz, y luego los sonidos se pueden escuchar como un titiriteo. Después de ese momento ya sabía que la sustancia estaba en mi cuerpo. No creo que esta sea una cuestión única de mis viajes, porque mis amigos sí me dijeron que les había sucedido, de una manera u otra, similarmente. Después se siguen escuchando las voces distorsionadas, pero ya no es extraño, sino que forma parte del viaje.

Las drogas alucinógenas son extremadamente visuales, eso es un hecho, mis amigos tenían viajes muy locos porque los podían ver, pero no hay que olvidar que es con base en su pensamiento, su estado de ánimo y las cosas con las que uno carga cuando tienes este tipo de experiencias. Lo que me pasa a mí, por lo tanto, termina siendo similar: estoy pensando en los sonidos e imaginando de lo que están platicando, creando imágenes con tu cabeza. Imagino las cosas y siento sensaciones en el cuerpo que no necesariamente son concordantes con lo que realmente está sucediendo. Claramente, la gente de mi misma condición, no puede experimentar el componente visual de una manera similar.

Al final, imagina que estás en tu cuarto, todo apagado, concentrado, pensando en todo lo que fue tu día, los problemas que tienes que resolver y demás. De repente, entra alguien al cuarto sin que sepas, te grita y te saca de esa concentración, eso es la entrada o salida del viaje, que termina siendo bastante fuerte. Creo que todas las drogas naturales, siempre, te inducen una mayor sensación de paz y tranquilidad, puedes estar mucho más en control y todo se siente más “orgánico”, ahora, con las drogas sintéticas, el cambio es mucho más agresivo y te descontrolas más fácil.

LSD

Las drogas sintéticas pueden descontrolarte de una manera mucho más intensa. Precisamente por eso hay gente que se mata, hace daño o se pierde en los sentimientos de persecución y ansiedad que éstas generan. De verdad, en mi experiencia, yo he sentido que puedes perderte en cualquier momento. Al mismo tiempo, me han sucedido cosas como un viaje colectivo, lo cual fue muy intenso. Una vez estaba con mis cuates escuchando una película de guerra y todos alucinamos que estábamos dentro de esta película. La alucinación llegó a un grado en el que todos estábamos completamente sumergidos en ella, es más, recuerdo que todos compartimos la sensación de un helicóptero acercándose, con todo el viento que soplaba en nuestras caras.

Yo considero mis experiencias con LSD como soñar despierto; experimenté las emociones o disparates generados en un sueño. Como con el peyote, el oído, el tacto, el olfato, todo se ve distorsionado conforme comienzas a tener un viaje. Dentro del mismo viaje se vuelve muy difícil diferenciar qué es una alucinación y qué no, probablemente así, siendo una experiencia mucho más envolvente que de lo normal. Es difícil de explicar, pero es como cuando después de hipnotizarte truenan los dedos y empiezas a entender, en medida de que lo recuerdes, qué estabas alucinando durante el viaje y qué no.


El viaje termina siendo íntimamente mental, como en el caso de cualquier persona que prueba el LSD. Sientes las cosas como si fueran reales, a pesar de que podrías saber que no lo son. Similarmente como con los sueños: desde tu cabeza e imaginación sientes que puedes interactuar con el mundo que estás imaginando, prácticamente tal y cual como si fuera real. La sensación radica en que no sabía qué mundo o universos estaba creando con mi imaginación. Otro ejemplo: en una ocasión me estaba imaginando que iba manejando un carro de carreras en una autopista estilo hot wheels y yo sentía en mi cuerpo la sensación de la velocidad, ese nerviosismo y adrenalina característicos de ir muy rápido, incluyendo la emoción de poder ganar la carrera. Involuntariamente llevé a cabo los movimientos como si estuviera manejando y era completamente envolvente en tanto todas las emociones y sensaciones que mi cuerpo estaban generando.

En otra ocasión, estábamos en una bodega, mis amigos y yo, y estaba pensando en las conversaciones de, digamos, superación personal. No había nada en esta bodega, completamente despejada, e imaginé que estaba en un maratón. Mi viaje consistió en que si yo ganaba el maratón podría llevar a todos a un mejor lugar, uno en el que no necesitáramos drogarnos constantemente para poder convivir, en ese momento, el movimiento de mis pies y mis manos se sentían exactamente como si de verdad estuviera corriendo para llevar a todos a esa meta. El punto que quiero ilustrar aquí es que la mente es poderosa de maneras que uno no puede imaginarse. Tan poderosa que pinté un escenario completo de un maratón, sentí todo lo que esto envuelve, fue algo muy fuerte. De pronto, mi carrera se vio acortada, como si hubiera despertado del trance antes de terminar la carrera y, de verdad, sentí mucha angustia. Me preguntaron qué me pasaba y yo sólo podía disculparme por no haber logrado llegar a la meta, aunque ellos no tenían idea de qué me había imaginado.

Las imágenes, en nuestro caso, se forman a partir del tacto. Conforme yo ya he recorrido pistas para correr, las he tocado, al igual que un coche, puedo tener una idea de cómo se ven para después reproducirlas en mi mente o en alucinaciones. Las imágenes se producen de manera “instintiva” en la mente. Son como construcciones de imágenes constantes, más que una sola fluida y cambiante, construida a partir de siluetas. No diría que necesariamente simétricas o ajustadas a la realidad, pero sí con un sentido de espacio restringido que te sitúa en el lugar. Cómo se siente estar en una pista o en un estadio, esa experiencia sensorial es parte de lo que, como tal, construye la misma realidad. De hecho, una representación de esto es la puesta en escena de teatro que hacemos varias personas con ceguera, hacemos este tipo de obras llamadas sensoramas. Lo que hacemos es taparle los ojos al público y llevamos a cabo la obra a través de olores, sabores, ruidos y pintamos un escenario que en realidad no es, y precisamente eso es lo que pasa. Como te decía antes, la mente es muy poderosa y es capaz de generar una imagen desde los más pequeños estímulos.

Creo que para finalizar todo esto lo importante es conocer bien los límites del cuerpo y cuánto puedes consumir antes de que todo de deje ser divertido y se convierta en un tormento. Esto va para cualquier sustancia, si uno abusa, como lo he hecho, deja de ser algo agradable y te esclaviza. El LSD me gusta más que el peyote, pero también llegué a probar de todo y uno luego ya no puede disfrutar eso que te gustaba tanto. Llevo un rato sin consumir nada, dos años, y mi última recaída fue con cristal que está muy de moda y fue terrible.

Mi recomendación es esta: si es posible y no tienes por qué hacerlo, abstente de las drogas, siempre te quedan hábitos muy profundos extremadamente complicados de superar. Hasta para drogarse hay que saber cómo hacerlo y es necesario tener mucho cuidado.

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