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ESPAÑA

Así es como la policía vasca sufrió el terror de ETA

La banda terrorista mató a 15 ertzaintzas, cometió 27 atentados y 1.300 acciones de kale borroka contra la policía vasca entre 1990 y 2011. El número de agentes diagnosticados con trastornos de salud mental registró picos muy altos en este período.

por María Altimira
16 Junio 2016, 7:06am

Imagen por Javier Echezarreta/EPA

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Érase una vez un cuento para no dormir o para dormir para siempre. La historia empieza el 23 de noviembre de 2001, alrededor de las 19.15 horas en un cruce de la Nacional-I, en una de las salidas de Beasain (Guipúzcoa). Aunque si somos estrictos, el relato del terror ya había empezado 16 años antes.

Ese día, a esa hora, dos agentes de la Ertzaintza, la policía autónoma vasca, regulaban el tráfico y fueron tiroteados a bocajarro. Unos niños oyeron los disparos y los encontraron abatidos en el suelo. La estampa de aquel frío día de invierno la completaba una mujer del mismo cuerpo policial con su txapela roja, que lloraba desconsoladamente ante la atroz escena, tal y como recoge El País en un artículo que relata el sangriento episodio.

"Ése era mi colega", asegura lacónico un agente de la Ertzaintza a quien nos referiremos como Juan porque ha accedido a hablar con VICE News a condición de mantener su anonimato. "Aquel incidente fue un punto de inflexión", afirma a su vez José Luis Moreno, portavoz y responsable de la organización sindical de la policía vasca ENRE. "A partir de entonces, no sólo los mandos, sino cualquier agente de la policía estaba en el punto de mira de la banda terrorista Euskadi Ta Askatasuna [conocida por sus siglas ETA y que en castellano significa País Vasco y Libertad]; eso fue un mensaje y lo cambió todo", añade.

Fue entonces, recuerda Juan, cuando los agentes empezaron a trabajar por su propia seguridad y la Ertzaintza empezó a tomar medidas más estrictas para proteger a los suyos: chalecos antibalas, coches blindados, buzos antidisturbios... Pero el miedo caló muy hondo ese día, como si todos los agentes pudieran sentir no solo el frío que envolvió esa tarde de infamia, sino también el que se llevó a dos de sus compañeros. No era la primera vez, desde 1985 hasta ese 23 de noviembre, ETA había asesinado a 13 ertzaintzas, pero lo que acababa de suceder era muy diferente.

El recuento de la violencia de esos años, lo recoge el recientemente publicado Informe sobre la injusticia padecida por el colectivo de ertzainas y sus familias a consecuencia de la amenaza de ETA (1990-2011) elaborado por la Universidad de Deusto: 15 asesinatos, 27 atentados y 1.300 acciones de kale borroka contra las fuerzas de seguridad vascas. La media habla por sí sola: unos 5 ataques al mes por parte del entorno de ETA durante esos dos largos decenios.

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Por eso, los que tuvieron la suerte de sobrevivir a esos años de violencia y muerte, no pudieron escapar al terror. Hacerlo era realmente imposible teniendo en cuenta que a ETA se le llegó a incautar información de 7.895 de los 8.000 efectivos con los que contaba el cuerpo. A veces, eran sólo sus nombres apellidos, en otras aparecía el número de agente y, en ocasiones, incluso figuraba el domicilio, los vehículos, las rutinas, seguimientos y fotografías de un agente que ya formaba parte de los objetivos de la banda armada.

"Mirar debajo del coche, subir y encenderlo antes de que tu familia entre, evitar ciertos lugares, tomar el café en bares conocidos, que el pánico se adueñara de ti cada vez que tenías una actuación aparentemente poco peligrosa como una incidencia relacionada con un coche averiado o abandonado, porque pensabas que quizás se trataba de una emboscada o de un coche bomba", relata Juan.

"El llamado 'Síndrome del Norte' que sufrían los guardias civiles destinados a Euskadi [consistente en una situación de alerta constante que los llevaba a mantenerse vigilantes ante la presencia de las sombras que se movían detrás de ellos, a mirar en los reflejos de todos los escaparates, a revisar el coche constantemente...] era, para nosotros, los policías del País Vasco, permanente", relata Moreno.

En el caso de la policía vasca, sostiene el portavoz de ENRE, la situación se agravaba, porque "todos eran agentes de aquí, porque si eras de un pueblo pequeño todos sabían que eras un ertzaintza y conocían a tus familiares, porque los chivatos estaban en todas partes, podían ser tus vecinos o tus amigos, y el resto actuaba escondiendo la cabeza como el avestruz".

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Moreno afirma que "las bajas por depresión o ansiedad han sido diagnósticos muy extendidos dentro de la Ertzaintza", sobre todo durante los períodos más duros. En 2004, por ejemplo, un informe del área de Servicio Médico de la Ertzaintza reveló que el número de asistencias en consulta a agentes que sufrían problemas de salud mental fue de 1.655, es decir, que afectó a cerca del 20 por ciento de los miembros de este cuerpo de seguridad.

De hecho y pese a que hace más de seis años del último atentado perpetrado por ETA "hay agentes que prefieren no revelar su profesión", explica Juan. "Hoy ya no existe el hostigamiento al que fuimos sometidos por ETA y su entorno, pero tenemos un mal endémico dentro del cuerpo", considera Moreno en línea con el relato de Juan.

El precio de los que sobrevivieron fue alto y se refleja en los numerosos cambios de domicilio, rematriculaciones, modificaciones del número de agente y rupturas con viejas amistades o familiares y en algunos casos, incluso, con el abandono de las responsabilidades de algunos agentes que estaban en el punto de mira de ETA, de acuerdo con los dos entrevistados.

"Yo tuve que abandonar la cuadrilla de amigos con los que solía salir de joven porque sabía que muchos de ellos eran del entorno radical", rememora Juan. "Pasó en las mejores familias porque uno era ertzaintza y otro, el primo, el tío...miembro de la kale borroka o de ETA".

"Hoy respiramos, la mayoría de agentes se han relajado con el tema de la autoprotección, pero la banda no se ha disuelto ni ha entregado las armas y eso es un trabajo político", considera Moreno. O dicho de otra forma: "La normalidad todavía no ha llegado aunque muchos policías ya se atrevan a colgar su uniforme en el balcón".

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