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Cultura

Los recorridos voyeristas son un fiasco

Hay quienes pagan hasta 250 pesos por un tour en grupo a cines porno, sin saber que la verdadera diversión se vive cuando uno va solo.

por José Luis Martínez Limón
26 Agosto 2014, 3:00pm

Este viernes fui por primera vez a un cine porno del centro de la Ciudad de México. Entré junto con otras veinte personas en un recorrido voyerista que prometía ver las salas del cine tras el cristal del proyector, sin ser visto, mientras pasaban una película y mientras la audiencia se manoseaba. El recorrido fue tan malo que tuve que regresar al siguiente día para meterme a las salas y averiguar en carne propia qué carajos pasa ahí.

Nos quedamos de ver afuera de la Parroquia San Miguel Arcángel por el metro Pino Suárez, a las 6PM, un buen lugar para comenzar un tour voyerista. Éramos cerca de veinte personas y un guía. Además de mí, había algunas parejas, la mayoría entre los treinta y cuarenta años, muchos hombres solos, de variadas edades, y un tipo con una flor y unos lentes que nunca se quitó.

Caminamos tres cuadras hasta el Cine Nacional. Es una entrada que podrías no ver si nunca has ido. Sin embargo, es un cine grande y viejo que, según nos contó el guía, tuvo sus momentos de gloria antes de convertirse en un cine porno. Tiene tres salas, una terraza y un lounge, y no se permite la entrada a mujeres, a menos que vayan en un recorrido voyerista, claro.

"No es que sea un cine machista ni nada. Pero sería como arrojarle un pedazo de carne a los leones", nos explicó nuestro guía no machista mientras pasábamos debajo de la sirena colgada en la entrada que anunciaba la llegada a un mundo más sensual. Adentro hay una piñata gigante en forma de corazón, luces de colores y decenas de carteles eróticos, de chichis y de pitos y de David Bowie. Las parejas se apretaron mientras los solteros cuidábamos no tocarnos. Todos teníamos cara de emoción y susto, como si estuviéramos entrando a una casa embrujada.

Mientras subíamos la escalera hacia la primera parada, una sala que lleva cerrada un año, el guía nos explicaba que las personas que van al Cine Nacional son en su mayoría gay, "la comunidad gay sí es algo divertida y alocada, pero también son inteligentes y amables", dijo nuestro guía de mente abierta.

La sala tenía un olor pesado y casi tangible, una mezcla de meados, semen y escarcha con sudor de cuando te quedas dormido chaqueteándote. Nos contaban las reglas del cine mientras nos tenían parados en suelo pegajoso oliendo semen ancestral. Hay guardias de seguridad durante las películas para evitar robos, peleas o venta de drogas. Fuera de eso, todo está permitido. Cuando aclaró esto, noté lo morbosamente emocionados que estaban todos en el grupo, incluido el tipo de los lentes de sol. Especialmente el tipo de los lentes de sol.


Asiento que lleva un año sin ser usado. 

Después nos llevaron a la terraza en donde nos tuvieron parados cuarenta minutos en una sesión de preguntas. El grupo hacía preguntas pero se veía ansioso por pasar a la última parte del recorrido, al prometido final voyerista. Algunos miraban su reloj o se ponían a platicar de otras cosas. Finalmente, fuimos decepcionados: "Por desgracia no vamos a poder pasar a ver las salas en funcionamiento porque hubo una situación, y no queremos que tengan que ver algo desagradable", le dijo el guía al grupo de personas que había pagado un boleto de 250 pesos para ver hombres tocándose unos a otros en un cine porno.


La terraza en donde nos tuvieron parados 40 minutos.

No nos explicó qué pasó. Supongo que fue una "situación" de drogas, robo o alguna pelea (las cosas prohibidas en la sala porno). No había nada que hacer, eran las 8PM y el cine iba a cerrar. El guía prometió a todos un descuento en el siguiente recorrido. Nadie reclamó, tal vez porque reclamar el no haber visto a escondidas a hombres tocándose los habría hecho quedar como auténticos voyeristas, sin la protección del anonimato del grupo. Salimos del cine y nos dieron las gracias por elegir su mierdero recorrido no voyerista. Pasamos dos horas escuchando historias de humanos-animalizados-pervertidos sin control, para finalmente no ver nada.

Así que el sábado fui por segunda vez a un cine porno, sin guía ni parejas ni personas con lentes de sol. Estaba un poco asustado pero quería ver esos “leones inteligentes” de los que hablaba el guía en acción.

Pagué 45 pesos y entré. Decidí ir primero a la sala heterosexual, así que le pregunté al guardia de seguridad quien también cumplía la función de taquillero en dónde estaba. Me señaló la sala y me ofreció su ayuda en caso de que intentaran asaltarme o atacarme, y me dijo que había café gratis en el lounge y que unas horas más tarde regalarían fruta en la terraza: "A veces regalan tacos de canasta y de vez en cuando cubas, pero es muy raro". Le di las gracias y me metí a la sala.

La primera diferencia de una sala de cine porno a una sala de cine normal es que en la primera las personas están caminando y hablando por todos lados o paradas en las paredes; hay muy poca gente sentada. Casi todos caminan buscándote la mirada y levantado la cabeza buscando una respuesta en tus movimientos. Otros sólo platican y coquetean cerca de las paredes.

La segunda diferencia es que en los cines porno hay hombres mamándosela a otros hombres mientras se cogen a una rubia tetona en la pantalla. Las personas que sí están sentadas por lo general tienen un pito o dos en la cara. Aunque la mayoría se tapa con sus chamarras, hay quienes prefieren no hacerlo. También hay personas jalándosela solas y acompañadas. Huele mal, pero el olor no se compara a la sala que lleva un año cerrada.

Decidí ir a checar el baño al final de la sala. No tenía nada de especial, salvo que las personas en el mingitorio colectivo te miraban al pito y a los ojos mientras hacías. Esquivé sus miradas, me salí del baño y de la sala. Era hora de ir a la sala homosexual.

La sala homosexual tenía un escenario. Los miércoles, además de las películas y los hombres jalándosela y mamándosela entre ellos, puedes ver a un grupo de rock. Pero era sábado y casi no había gente. Era una sala más pequeña y casi no había grupos. Había personas dormidas y personas viendo la película.

Como buen voyerista, sólo miré con mucho cuidado y memoricé todo. De salida vi rayones en las paredes y en un pizarrón: había desde mensajes de amor y cachondos, hasta números telefónicos de personas buscando sexo.

Al Cine Nacional asisten hombres jóvenes y viejos, y algunos que seguramente son padres de familia. En los dos días que fui, no vi a ningún loco-devora-personas. Al contrario, la mayoría de los asistentes parecían ir a convivir, a ligar y a conseguir o dar unas mamadas en la oscuridad; nada que no ocurra en una fiesta adolescente. En cambio, me asusta pensar que puede haber recorridos voyeristas por ahí, sin avisar. Quizás el próximo recorrido sea para verte en tu antro de preferencia mientras le metes la mano a la chica que emborrachaste para que te diera unas mamadas en el baño.

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