Putas y periodistas: trabajadoras sexuales que escriben su historia

"Puedo ir a una marcha para exigir nuestros derechos, pero si hay una agresión por parte de las autoridades, ya sé cómo tomar una fotografía, hacer una nota o tomar un vídeo"

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nov. 7 2018, 2:00am

Fotos: Ricardo Guerrero.

Artículo publicado por VICE México.

Sandra tiene 39 años, es una mujer transgénero que a los 19 comenzó a utilizar sus genitales para trabajar y a los 32 empezó a usar la pluma para informar. Es una puta periodista. Así se autodefine. Antes de cumplir la mayoría de edad le dijeron en su pueblo que su rostro era tan fino como el de una señorita. Poco tiempo después llegó a la Ciudad de México y desde entonces ha hecho de la Calzada de Tlalpan su zona de trabajo. Nunca imaginó combinar el trabajo sexual con escribir notas, realizar entrevistas y narrar las historias de sus compañeras a través de crónicas. Hoy muestra orgullosa su primer libro publicado en coautoría.

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"Putas, activistas y periodistas", el libro de 199 páginas editado por Gloria Muñoz y Krizna, contiene 16 historias escritas por Sandra y otras cinco de sus compañeras en las que cuentan las dificultades de la vida en el talón: abusos sexuales, agresiones policiales, discriminación, contagios de enfermedades de transmisión sexual, violencia de género, ataques callejeros, pobreza y abandono familiar. La publicación tienen un titulo bastante polémico: 'Putas, activistas y periodistas'.



En una presentación exclusiva para trabajadoras sexuales a la que VICE tuvo acceso, confirmaron que el objetivo del titulo era justamente provocar, llamar la atención y visibilizar los problemas de un sector que, aunque está presente en la sociedad y en buena parte de las calles de esta ciudad, parece invisible. El libro vio la luz gracias al esfuerzo de Brigada Callejera, una organización con más de 25 años de experiencia en la lucha contra la trata de personas.

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Pero no es que Sandra y sus compañeras se asuman como periodistas sólo por escribir este compendio de historias. Desde hace 2009 iniciaron un taller periodístico que, entre risas y albures, llamaron “Aquiles Baeza”. Comenzó por el descontento que les generaban las notas de los grandes medios de comunicación sobre el trabajo sexual en las que, desde su perspectiva, no se reflejaba la realidad de lo que sucedía. La periodista Gloria Muñoz empezó a darles cursos de redacción y ortografía. El objetivo, desde el principio, fue claro: demostrar a la ciudadanía que las putas también pueden informar de manera responsable.

En el taller, las integrantes aprendieron a reconocerse entre ellas. No se asumieron como prostitutas porque para ellas la prostitución es “la acción de vender los principios y la ética por un valor monetario”, tampoco como sexoservidoras porque consideran que ese término significa “estar dispuestas a que un amo las tomé al momento que se les antoje, a que las usen y las tiren”. Después de varias platicas decidieron llamarse trabajadoras sexuales porque ofrecen un servicio sexual y reciben una retribución económica por ello, pero lo hacen por voluntad propia, sin ser explotadas.

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Con el paso de los meses y luego de mejorar sus habilidades periodísticas para investigar y redactar comenzaron a colaborar con Noti-Calle, un portal enfocado en información sobre trabajo sexual en México y campañas contra la trata de personas. Ahí se forjaron para publicar sus primeras notas de encuentros, foros, conferencias y manifestaciones relacionadas con su trabajo diario.

"Ahora como periodista tengo un enfoque diferente. Puedo ir a una marcha para exigir nuestros derechos como trabajadoras sexuales, pero si hay una agresión por parte de las autoridades, ya sé cómo tomar una fotografía, hacer una nota o tomar un vídeo, para que salga a la luz y la gente vea cómo son las cosas, en lugar de meterme a la bronca. Para mí es mejor ser periodista y dar la nota que meterme en el pleito”, cuenta Sandra en las páginas del libro.

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El proceso desde que surgió la idea hasta que se publicó tardó seis años. En ese tiempo las integrantes del taller aprendieron a ver con otros ojos la labor periodística —que tachaban de ser un oficio manipulador, amarillista y chayotero— para a través de la misma mostrar de primera mano testimonios de mujeres, migrantes centroamericanas, personas transgénero, portadoras de VIH e indígenas que debido al trabajo sexual han sufrido lo mismo que ellas.



Hace años, mientras trabajaba en la calle, Sandra fue víctima de una agresión: un supuesto cliente se acercó y le arrojó ácido en la cara, lo que casi le genera la pérdida de un ojo. Y a pesar de que las cirugías no han logrado una reconstrucción total de su rostro, hoy se muestra feliz firmando ejemplares de su primer libro en colaboración.

Sandra seguirá parada en un esquina de Tlalpan por las noches con su kit de maquillaje siempre listo para cualquier imprevisto. Pero cuando sea necesario usará su pluma y libreta para dignificar su trabajo.

Aquí puedes leer el libro completo en su versión PDF.

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