Testimonios de seguidores de la Santa Muerte

Jorge Damián Méndez Lozano

Platicamos con aquellos que han sido bendecidos. A aquellos que constantemente “cabalgan en las quijadas de la miseria”.

Familia de devotos

Mercedes Barrera es una colonia marginal y peligrosa de la zona sur de Mérida ―popular y peligrosa comparada con la zona norte, superficial y elitista―. Este barrio está ubicado a espaldas de la Base Aérea Militar Número 8. Karla llegó a vivir aquí hace más de cinco años y lo primero que hizo fue convertir la cocina, la sala y el comedor de la casa que renta, en Familia de Devotos, el santuario a la Santa Muerte con más adeptos ―casi 200― en Yucatán. Compiten en popularidad con santos canonizados por la iglesia católica como la Virgen de Guadalupe, San Judas Tadeo y el Divino Niño Jesús.

"El problema con los devotos de la Santa Muerte es que muchos lo son, pero de closet. Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Chiapas y Yucatán, tienen muchos devotos, pero no se atreven a abrirse y mostrarse", dice Karla mientras inicia la preparación de un menjurje en un balde con agua.

"Secuestradores, prostitutas, policías, son devotos de la Santa, pero no quiere decir que la Niña sea mala como dice la iglesia católica. San Judas Tadeo es reconocido por la iglesia y los narcos lo veneran y ahí no dicen nada, y a él sí lo canonizaron", sentencia la sacerdotisa antes de iniciar una pureada con ayuda de su esposo, Juan Carlos. 

Una "pureada" es el nombre que recibe el ritual de purificación en el que se sumergen y lavan en un balde con agua, pétalos de rosa y ruda, las figuras de la Santa Muerte; posteriormnete se secan con una toalla y se cubren con nutridas bocanadas de humo de un puro. "Este ritual que hacemos sirve para arrasar con la brujería, sacar la sal y abrir caminos; también funciona para descargar toda la energía que cargaron las Niñas. Después las revestimos de gala y las asentamos en su altar", dice, Juan Carlos, manteniendo un habano, Cohiba, encendido entre los dedos.

Un sudoroso grupo compuesto por doñas, niños, hombres y un perro, han seguido con atención el ping pong verbal que he mantenido con la pareja durante la liturgia de purificación. Un lánguido ladrido del perro parece la señal de inicio de la misa, porque a partir de éste todos se sientan en una silla y adoptan el gesto impaciente de quienes esperan se abra el telón. Para provocar suspenso se ha colocado debajo de una mesa un sartén con carbones encendidos; el ambiente se torna sofocante. La retahíla de la noche consiste en agradecimientos a la Santa Muerte, cantos y oraciones a la virtud, el hogar y a los devotos presentes; todo enmarcado por fúnebres melodías con órgano operadas desde una laptop conectada a una bocina con llantas.

La ceremonia ha llegado a su fin. Karla apaga el micrófono y enciende un cigarro. Una devota se levanta de su silla y pasa al frente cargando a su sobrino de un año. Juan Carlos se acerca a la mujer e intercambian algunas palabras. Ella coloca una de sus manos sobre los ojos del infante y él prende su Cohiba y descarga cinco nutridas bolas de humo sobre el rostro del bebé. "La limpia que estás presenciando es necesaria porque el niño padece una infección en la garganta. Está debilitado en salud, tiene una secuela de situaciones porque su madre lleva una vida mala, aun así él es un milagro grande", dice Karla, mientras se da un manotazo en un brazo para matar un sancudo. Cuando termina de matarse dos sancudos más una madre de familia y su hijo enfermo de ocho años la abordan; Karla lo examina y posteriormente da su diagnóstico.

"Mire, señora, el niño está cargando aire, independientemente de que esté enfermo está cargando aire ―el niño las ve con mirada suplicante―, pero no se preocupe, eso sucede mucho por aquí porque hay mucho monte. Tiene una bacteria; como cargó aire su cuerpo quedó más propenso a enfermarse de una bacteria. Mañana, en su casa, consiga un huevo fresco de gallina de patio y páseselo al niño por la cabeza. Eso le servirá para descargar el mal aire que agarró; lo hará tres veces al día durante un lapso de nueve días", explica la sibila con autoridad médica. "Voy a acechar quién de los vecinos tiene gallinas", responde la madre del enfermo dando pequeños tragos a una Coca Cola de litro.

La Santa Muerte: "Hagalo usted mismo"

Previo los años 90 a la Santa Muerte solamente se le vinculaba con la delincuencia ―el secuestrador, Daniel Arizmendi El Mochaorejas, detenido en 1998, tenía un altar en el barrio de Tepito― y los grupos en riesgo ―migrantes, taxistas, sexoservidoras―. En 1992, a cuatro años de iniciado el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, se modificó la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público de México, con el objetivo de dar reconocimiento jurídico y mayor libertad de operación a las distintas manifestaciones religiosas. Como consecuencia la Santísima pasó de los altares privados al espacio público en forma de peregrinación, procesiones y venta de artículos y servicios para ornamentar del cuerpo ―tatuajes, lectura de cartas, limpias; dijes, escapularios, pulseras, camisetas, veladoras, sudaderas, gorras, encendedores―. Otro ingrediente que contribuyó a que el caldo hirviera fue la participación en el culto de los grupos sociales menos favorecidos, efecto de la exacerbación de la crisis económica, la desigualdad social y la violencia urbana.  

El antropólogo, Juan Antonio Flores Martos (2008), en su artículo: "Transformismos y transculturación de un culto novomestizo emergente: la santa muerte mexicana", explica que el éxito que la Santa Muerte tiene con los grupos que habitan la pobreza y la desesperanza, es debido a la facilidad y sencillez ―sin intermediarios― de los rituales y peticiones, encaminados a obtener un beneficio inmediato y tangible: empleo, dinero, sexo, amor, automóvil, comida, ascenso laboral.

Farfán, propietario de un puesto de sandalias

La Virgen de Guadalupe nomás te da lo que necesitas, y la Santa Muerte sí te cumple caprichos ―siempre y cuando le tengas fe―, como una motocicleta para trabajar o te ayuda a que tu amante vuelva contigo. Algunos fieles piden ayuda para subir de puesto en el trabajo y otros protección contra robos y asaltos. Y los que salen a carretera hablan con ella para que no se les ponche una llanta o se les descomponga el coche.

Por enfermedad empecé a creer en la Santa. Un día se enfermó mi abuelita del hígado y de la nada se acercó la mamá de mi abuelita, mi bisabuela, y nos mostró a la santa, todos en mi familia son católicos, así que la primera impresión fue de miedo, pero de todos modos le pedimos que nos ayudara. Al otro día mi abuelita estaba de pie y los doctores nos pidieron que nos la lleváramos a la casa; dijeron que era un milagro, desde ahí comencé a creer en ella. Esto no es satanismo, es familia. Yo no llevaría a mi hijo a una secta, lo traigo porque es un ambiente familiar. Aquí es gente de bien: trabajan, no toman alcohol, no son delincuentes. Somos gente humana que se junta a ver el futbol, como cualquier otra. Nomás tomamos refresco. 

Yo le prometí a la Niña, siempre tenerla en mi pecho, pero cuando comencé era muy criticada. Compré un dije, pero me lo quitaba y lo escondía. Se me aparecía en mis sueños, por eso me la tatué y se dejó de aparecer. Siempre le pido salud y trabajo. A veces se me manifiesta. Sientes que te agarran el brazo, y es ella que está presente, te está tocando. A raíz de la Santísima me alejé de todos los vicios. Tengo cinco años que no me drogo con tachas, cocaína o marihuana, también dejé la cerveza y el licor.

Magaly, cajera de Bodega Aurrerá

Mi petición a la Santa Muerte fue que me diera un hijo. Tengo una hija de 22 años, pero quería un niño. Durante los últimos cinco años traté de embarazarme; no podía, el doctor dijo que no sería imposible, pero sí muy difícil. Por mi edad, cuarenta años, necesitaría operación y tratamiento; hasta perdí a un bebé en un aborto espontáneo, antes de que naciera mi hijo.

No le prometí nada a la Santa Muerte, solamente platiqué con ella y le pedí que me diera un hijo. Si me vas a dar un hijo dámelo ya ―le dije. A la otra semana tuve mi periodo y al mes estaba embarazada. El bebé nació con salud excepcional: hermoso, perfecto. Se supone que me debían operar de unos quistes en los ovarios, pero cuando nació ya no los tenía. Es lo más grande que he recibido de ella. Mi retribución es la fe y mi deseo. Ya había recurrido al catolicismo, que es mi religión de cuna, pero no me había dado la oportunidad de tener un hijo y me aparté. Así fue como de lleno entré al culto.

Apenas mi hijo tuvo un mes lo traje al santuario "Familia de Devotos" a presentarlo con la Niña Blanca. En mi casa le tengo un altar. Por amigos del trabajo me fui acercando cada vez más a la Santa. Llega un momento en que se siente la presencia, un olor a flores, y en esos momentos no tengo flores. Es una sensación extraña, pero bonita cuando estás hablando con ella. Mi tatuaje en el antebrazo izquierdo, dice: "Inmaculada ser de luz, te imploro me concedas los favores que te pida hasta el último día, hora y momento en que su divina majestad ordene llevarme ante su presencia. Amén".

En el trabajo no me discriminan, pero sí murmuraban. Tenían la idea de que les iba a pasar algo por no llevarse conmigo, por no obedecerme, pero ya se acostumbraron y se calmaron las aguas. Soy cajera en un mercado Soriana. Algunos clientes reconocen la oración que tengo tatuada y me enseñan su tatuaje o su dije para que vea que también ellos son devotos de la Niña. Ya es más común que las personas hagan alarde de su devoción.

Cintia, cajera de farmacia

Tuve una operación del apéndice. Me acerqué a la Niña para pedirle ayuda para que me curara porque estaba muy mala. Desde entonces le pido protección y mucha ayuda antes de acostarme. Sigo siendo católica; soy antorchista de la parroquia, corrí en diciembre. Mi mamá le pide mucho por mi hermanito, porque es asmático, ya casi no le dan ataques, ya está más tranquilo.

La primera Santísima que tuve fue una de color negro, se llama Milagros, porque la encontré en la basura; la limpié y fui con una señora a que la cargara con energía positiva. Tengo otra de color rosa, es Bárbara, como la muñeca Barbi; la peino, la visto, la cambio de ropa. La de color rojo es Valentina. Les pongo nombre por su personalidad, por lo que ellas hacen. Nunca pido maldades, ni hacer daño a la gente.

Alberto, diligenciero en motocicleta

La Santa Muerte me ha conseguido amor; actualmente me junté con una señora; salud, casi no me enfermo; y protección, ando en moto todos los días, me protege y cuida, soy diligenciero, hago mandados. La Santísima ha hecho por mí uno que otro favor; por ejemplo, dinero, todos los días me da una moneda extra de lo que yo pudiera tener por mi cuenta.

En mi casa la Niña se manifiesta en aromas a flores, en sombras que pasan por la pared y por el piso. Mi familia respeta mi decisión, mi creencia, pero ellos son católicos. Todas la mañanas antes de irme a trabajar y en las noches antes de acostarme a dormir me persigno. Lo hago por respeto.

Pedro, mecánico automotriz

He estado caído, sin tener nada, nada, nada. Hace un mes no tenía ni para el desayuno; en mi mente comencé a pensar en ella y a pedirle que me ayudara a conseguir dinero. Salgo de mi casa rumbo al taller donde trabajo y casi llegando se me pinchó la llanta de mi motito. Quité la llanta y le pedí permiso a mi patrón para ir a arreglarla; nomás tenía veinticinco pesos para todo el día. El llantero dijo que no reparaba ese tipo de neumáticos, aunque sí las repara. Voy caminando por la orilla de la carretera a otra llantera, agachado, mirando la tierra; uno aquí y otro allá: dos billetes de doscientos pesos. Me alegré y le di muchas gracias a la Santísima. Lo primero que hice fue comprarle dos veladoras para su altar que le tengo en la casa. No solo es milagrosa también me ha avisado de accidentes que voy a tener, tres veces me ha salvado de morir atropellado; una vez sí me atropellaron.

Carmen, ama de casa

Al principio tenía miedo, pero investigué y comencé a venir a los rosarios de la Santa Muerte. Me siento tranquila cada vez que vengo. Todo lo dejo afuera. Desde que entro al santuario solo escucho sus canciones, su rosario; quedo feliz cuando me voy y hasta se me quita el dolor de cabeza. Muchos han visto a la Santa, pero yo no he tenido la dicha. Pero cuando canto sus canciones siento que se acerca y me toca; se me eriza la piel, es algo muy hermoso, es como estar en una burbuja, en una nube.

Yo iba a misa católica, pero me daba sueño, me fastidiaba, no me sentía a gusto, ya quería que terminara. Cuando vengo acá no quiero irme, ni que termine la misa. No le he pedido algo grande todavía, solamente que cuide a mi familia y que me proteja. Bueno, todos los días le pido que proteja a mi marido, es taxista, y va mucho a los pueblos de los alrededores. Gracias a que rezo todos los días no le ha pasado nada, ni lo han asaltado, es muy milagrosa la Santa Muerte.

Gerardo, cajero de Soriana, 25 años

Me uní al santuario por medio de un amigo que me platicó de qué trataba. Un día que descanse en mi trabajo vine a conocer. Después tuve un accidente en moto; me estampé a 120 km/h por ir jugando carreras, desperté a los tres días. Se me desvió un disco de la columna y no caminé en seis meses. Un familiar que tiene su altar de la Santa me dijo que le pidiera ayuda para que se recuperara mi columna. Y sí me ayudó. En mi familia son guadalupanos, pero me respetan.

Siento que ella me eligió y yo la elegí. La fe de uno mismo es lo que hace que ella se mueva a tu favor.

Me ha tocado ver la silueta de la Santa. Nadie estaba en mi casa y claramente vi que era la sombra de una persona. En casa de mi mama la veíamos cruzar por un pasillo que da al patio. Cuando la miro siento paz, siento que no estoy solo y que hay una persona que me acompaña. Hasta la fecha sé que puedo caminar tranquilamente. Amén.

Tequila, conductor de un carro de sonido

Hoy por hoy la Niña Blanca me ha dado, sobre todo, un hijo; una vida más tranquila, plena, equilibrada. Yo soy papá soltero, pero lamentablemente el apoyo de las autoridades siempre es más para la mamá. Cuando mi hijo tenía cinco años su mamá me lo quiso quitar y peleamos ante los tribunales. Con todo en mi contra: dinero, pruebas, logré que el fallo fuera a mi favor. Me dieron la tutela. Para mí eso es una bendición, una compensación de ella tratando de hacer lo correcto en lo que viene siendo la devoción hacia ella, por eso me la tatué debajo de la nuca. No tengo riqueza, pero tengo salud y eso es más importante.

Tengo treinta y cinco años. Vivo con mi mamá, ella es muy católica, pero nos respetamos, cada quien tiene sus devociones, creencias y santos.

Miriam, treinta años, desempleada

Cuando estoy orando siento hormiguitas en el brazo, un cosquilleo que me hace saber que sí existe ella. Es la Santa que me está agradeciendo lo que hago por ella. La gente debe creer más en ella, pero la gente es ignorante. Mis vecinos piensan que soy bruja, diabólica. Los vecinos de la vecindad donde rento me quieren sacar que porque bailo en las noches como bruja. Eso no es cierto. Pero no me importa, si me quieren mirar que me miren, si no, que se vayan a la fregada. Yo empecé a adorarla cuando me fui a trabajar de mesera a Valladolid.  En esa ciudad se me fue un ser querido; se suicidó, se ahorcó. Cuando yo llegué a la casa de ese ser querido, estaba colgado. Lo que hice fue ponerle una Santa color blanca en la cabeza que traía en la bolsa y le pedí que me lo salvara, pero ya se había ido al otro mundo; pero ahí supe que los milagros sí existen.

La amo. Todas la mañana le digo: "buenos días mi amor", "hola, mi vida, te agradezco, te deseo". La Niña existe en todo momento, siempre está ahí para decirme que no estoy sola.  

Armando, comerciante de accesorios de la Santa Muerte

Me quedé sin casa, sin dinero, sin trabajo; era taxista y perdí el taxi. La Santa Muerte prueba tu fe, así como te da a manos llenas, también te deja sin comer. Duré un año sin trabajar, tocaba puertas y no me daban la oportunidad, no era bien visto. Yo empezaba a creer en la Santa Muerte y mi papá decía que eran puras tonterías. Y de la noche a la mañana me dijo: vámonos a México a comprar cosas para poner una tienda de la Santa Muerte.

Ahora me va muy bien económicamente. Me compré un Ford Ranger, conseguí pareja y tuve un bebé que tiene siete meses y pesa quince kilos. La Santa Muerte se manifiesta en mis sueños, o se me mete en mi mente y debo hacer una manda o una promesa y cumplírsela; no puedes comprar un milagro sin dar algo a cambio, y si no llega el milagro será por algo. A la santísima le he dado mi fe, mi devoción, mi tiempo; y las peregrinaciones las camino sin zapatos. En la última peregrinación que realizamos del cementerio de Xoclán al santuario, pasamos por un lugar turístico y la gente nos tomó fotos, entonces se me ocurrió gritar: "¡esto no es cultura, ni tradición, esto es devoción!"

A todos les gustó mi grito, porque a la Santa Muerte la llevamos en la carne y en el alma.

Yaneri, 20 años, ama de casa

Las experiencias que he tenido con la Santa Muerte son tan extrasensoriales que no los puedo explicar. A ella la conocí hace ocho años por un tío que es travesti, no es un devoto creyente cien por ciento, pero sí es muy respetuoso. Mi tío, mi abuela, mi mamá y yo vivíamos juntos. A mi tío no lo dejaban tenerle un altar, solo unas velas en un rincón; el pretexto de mi mamá era que la Santa te roba la vida, y otras cosas. Mi mamá es una típica yucateca de costumbres arraigadas. Si mi tío prendía una vela a la Santa mi mamá la apagaba. "No la apagues, con ella no se juega", le decía mi tío. La Santísima se me empezó a presentar en sueños y en sombras que pasaban por la cocina, por el baño y subiendo la terraza. Con ella no se juega, no es una cosa que tienes ahora y que mañana la tiras ―decía mi tío, y tenía razón. Hoy en días es mi señora. Me ha enseñado que mis actos traen consecuencias.

Mi tío travesti ha sido mesera, fichera y prostituta; va a donde la lleva el viento. Se acercó a la Santa porque quería más dinero, flores y cerveza. Un día se fue de raite a vivir al DF.  Terminó preso dos años por robar. Luego cuando salió libre se metió a trabajar a un bar. Un día casi lo pasan a matar unos Zetas que se emborrachaban ahí; no les gustó que mi tío fuera travesti. Lo estropearon, lo torturaron y lo mandaron al hospital; no lo mataron porque la Santa lo protegió.

Lo que sí es que la Santa ya no quiere estar con mi tío, porque muchas veces ocupo a la Niña en su beneficio, la uso y no le dio nada a cambio; ni un rezo. Por eso, si tiene a la Niña, le va peor, aquí también lo encarcelaron por robar; la Niña ya no le ayuda.

Juan Carlos, payaso de fiestas infantiles

He vivido cosas maravillosas con la Niña Blanca. Nunca me abandona. Mi esposa y yo construimos una Santa; de nombre le pusimos, Rosita. Yo le dije a Rosita que, terminando la peregrinación del último día de octubre, la tendría tatuada de cuerpo entero con todo y su rostro. Pero tenía dinero, tenía trabajo y me lo gastaba; tenía trabajo, dinero y me lo gastaba. De ahí comenzaron a pasarme cosas malas: las velas blancas se ponían negras y cuando estaba en la recámara veía a alguien parado junto a mí; o sentía mucho miedo estando en la casa, entonces me paraba junto a Rosita y me erizaba. Recuerda qué le prometiste, recuerda qué le juraste ―decía mi esposa. En un sueño se me apareció Rosita y me mostró qué le había prometido.

―Madre, en el primer trabajo que me caiga, me voy a tatuar ―le dije a Rosita. A los días me llegó un trabajo y me la tatúe en la pierna.

¿Cómo nació, Rosita? Comenzó como un sueño mío. Amor, ¿qué pasaría si armamos una Niña? ―le pregunté a mi esposa una noche que ella estaba lavando ropa a mano. No Juan Carlos, todo a su tiempo ―me contestó; pero soy muy desesperado, se me mete algo en la cabeza y ya lo quiero tener. Entonces me salí al patio y con un palo, una base y alambre, armé la estructura, lo que viene siendo el cuerpo de Rosita. Al otro día fuimos a compra tela para hacer su ropa y una máscara de calavera. No me convenció la máscara y nos estancamos. Pasaron los días y fuimos a otra tienda a comprar su peluca y sus manos. Estábamos viendo las cosas en la tienda y de repente me dice mi esposa ―señalando hacia arriba―: mira amor. Volteo y está una máscara de cerámica, sólida, dura, como si fuera un cráneo. Fue como si Rosita nos dijera, "hey, aquí, arriba"; fue cuando supe esa debería ser la cara de Rosita.

¿Qué pasa? Pasa que uno nunca elige, es ella la que se impone, jamás la vamos a armar como nosotros digamos. Rosita es muy mañosa y caprichosa, muy de: "haz la cosas bien o te aplaco". Cuando llegamos a la casa le pusimos su nuevo rostro y costuré su ropa con hilo y aguja. Decidí que no llevaría guadaña, sino espada. Comencé a tallar un trozo de madera a las doce del día y terminé a las doce de la noche; me dolía mucho el brazo y mi esposa me lo sobó. En la mañana tenía un dolor muy feo. Fui hasta donde estaba, Rosita. Madre, ayúdame a terminarte tu espada, por favor ―le pedí. En cosa de diez minutos se me quitó el dolor; pero terminé de tallar la espada y me regresó el dolor.

Hace un tiempo llevaba una mala racha, había sido un año pésimo. No había shows infantiles y hasta en los camiones me iba fatal. Estuve mal, a tal grado, que estuve a punto de buscar trabajo de lo que fuera. Después de diez años quedaría en el olvido mi personaje, Tres Patines.

Pídele ayuda a Rosita, pídele ―me dijo mi esposa. Mi amor, le pido pero, siento que ya fue mi oportunidad ―le contesté; de todos modos le pedí a Rosita que me ayudara. A los dos días me hablan al celular. ¿Cuánto cobran ―me preguntan― por un show infantil? Mil pesos ―contesto. Todo salió bien. A la semana cae otro trabajo, ahora de mil ochocientos. Desde ahí comienzo a generar mi trabajo, comienza a haber trabajo. Hasta el día de hoy me respalda.

Fue una prueba difícil de superar. Rosita me puso una prueba para saber si mi fe era real o sólo la quería para algo. Yo estaba caído y ella me levantó y hasta ahorita sigo con ella en pie. De hecho trabajo en un parque, y no me va bien a veces, tenemos problemas, pero ella por delante. Es increíble, pero mi esposa hace una oración y nos va bien. Yo le pido a ella: "madre cúbrenos, condúcenos, porque vamos con todo, tú adelante y nosotros atrás" ―le decimos a Rosita.

Cada fin de semana viajamos a Motul a dejar a mis hijas, que tengo con otra mujer. Hace dos meses cuando apenas íbamos me vino a la mente que se me iba a ponchar mi llanta. Dicen que tengo un gran don de ver lo que va a pasar en un futuro. No dije nada, nomás lo pensé. Toqué a una de mis Niñas, en el carro tengo tres, y le dije: "madre bendíceme, cuídame en la carretera". Y nos fuimos a Motul. Cuando veníamos de regreso, al agarrar un entronque, comienza mi llanta a fallar, hasta que se ponchó. Pasó una patrulla y nos dijo que tuviéramos muchos cuidado, porque estábamos en una zona despoblada. "Es una zona de maleantes, asaltan cuídense", no avisó. Afortunadamente Rosita nos ayudó. No nos pasó nada y logramos avisarles a unos hermanos del santuario y fueron por nosotros. Volvimos a agarrar carretera y entre la neblina pude ver a Rosita, nos fue abriendo camino todo el trayecto.

Karla Campos, sacerdotisa de la Santa Muerte

Trabajo vendiendo ropa en los tianguis o vendiendo comida, pero preferentemente trabajo para la Santa Muerte. Veintinueve años de devoción me respaldan. Hago amarres que sirven para atraer a la persona amada, y amarres guajiros, que son más fuertes, ya que son para que la persona se quede contigo y sólo para ti; también hago limpiezas de energía, limpiezas para la enfermedad, para el amor, para el dinero y para abrir caminos.

En mi familia todos somos devotos de la Niña Blanca, la Santísima, o la Niña. De mi familia heredé el conocimiento y la sabiduría de la Santa Muerte. Somos de Poza Rica, Veracruz. No somos satánicos, por debajo del Dios todopoderoso solamente está mi devoción a la Niña.

La Santa Muerte es amor inmenso, pero tambien fuego consumidor; no es que te castigue sino que los actos tienen consecuencias. La mejor oración que podemos dar es esa que surge en medio de la necesidad. Cuando no tiene las palabras, pero nace del corazón y del alma. No hay oración escrita.

Mi deseo siempre ha sido tener una Niña, una imagen de barro, de resina, grande, imponente; lo he anhelado mucho, pero por falta de dinero no podía tenerla. Hace una semana me habló una amiga que vive en California y me dijo que me mandaría dinero para que me la comprara; mañana en la noche me la traerán, mide dos metros. Se me apareció en un sueño y me dijo que debía bautizarla como Dubrasca.

Tengo muchos tatuajes y con eso me estigmatizan en la calle, y si le sumas que son de la Santa Muerte, es peor, hay gente que me ve, me repele y se persigna. Poco a poco ha ido teniendo mucho auge la Santa, hasta en status sociales altos tiene seguidores como, Elba Esther Gordillo, Niurka y Genaro García Luna.

La Santa Muerte es muy milagrosa. Una hermana devota perdió todo: casa, auto trabajo, tarjetas de crédito, pero a raíz de que le rezó a la Santa, volvió su trabajo y la subieron de puesto. A esa hermana la conocí por medio de mis servicios, llegó buscando una limpia y se convirtió en devota por la ayuda que la niña le dio. Recuerdo que la hermana se paró frente a la Niña y le dijo: "yo no creo en ti, pero ayúdame a creer en ti, necesito que alguien me ayude". Y sin creer, le voltea la vida, hoy por hoy está económicamente muy bien.

Las personas que son extra sensoriales perciben energías, por ejemplo, he sentido a la Santa y se me ha bajado la presión, me ha dejado el cuerpo frío como si estuviera muerta; me erizo, me da escozor, como si hormigas me caminaran en la piel, como si la espalda me la soplaran. Esas también son las cuestiones clásicas de cuando estuvo junto a ti un ente que está viajando, una energía de alguien que se acaba de morir; un ambiente frío tenso, la energía se alborota.

Si la Santa se manifiesta agradece porque no a cualquiera se le presenta. No juega con cualquiera, la presencia de ella es muy maravillosa y muy justa.

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