Los mujercitos del 'Alarma!'

Platicamos con Susana Vargas Cervantes sobre su libro 'Mujercitos', un proyecto que rescata las historias de las personas trans retratadas en la antigua revista de nota roja 'Alarma!'

|
sep. 3 2015, 1:00pm

Al pensar en la revista Alarma! es imposible no visualizar, aunque sea por un momento, la imagen más violenta que tengamos almacenada en la memoria. Durante varias décadas, esta revista dedicada a la nota policiaca se encargó de documentar el lado más oscuro no sólo del país, sino de la humanidad. 50 años después de su aparición en los puestos de periódicos, Susana Vargas Cervantes encuentra entre sus páginas el mundo de los mujercitos, un mundo ajeno y muchas veces contradictorio a la linea editorial. Este tema la llevará a hacer una tesis doctoral y posteriormente publicar el increíble material de archivo que recopiló durante su investigación en el libro del mismo nombre, de la mano de la editorial RM.

VICE: ¿Qué te lleva al proyecto de Mujercitos?
Susana Vargas: Llego por casualidad cuando estaba haciendo la maestría sobre la Mataviejitas.

¿Qué estabas estudiando?
Estudios de la Comunicación e Historia del Arte. No hay muchos programas en los que converjan estas dos disciplinas, pero sería algo como estudios culturales. En ese momento me interesaba la Mataviejitas. Más que un proyecto sociológico de defensa de las mujeres o por qué una mujer mata, me interesaba cómo circulaba la imagen, incluyendo los sketches de la policía cuando pensaban que era un hombre, luego cuando pensaban que era un travesti y mas tarde cuando se supo que era mujer. Siempre he estado más interesada en cómo circulan las imágenes y los discursos que las acompañan, pero las imágenes son un lenguaje textual diferente.

En la Lagunilla encontré muchas revistas de Alarma! Ahí vi las fotos de mujercitos y eso me llamó mucho la atención: encontré estas imágenes en las que los mujercitos posaban y no se puede saber si era por su voluntad o por la del fotógrafo, pero lo que circulaba y quedaba plasmado en la fotografía era un mujercito posando y no acribillado, en nota roja, que es el género de crónica de violencia más fuerte, cruel, mórbido y sangriento.

Lo interesante es que están en una estación de policía y los dejan posar, significa que hay una complicidad de todos, no sólo del fotógrafo y del fotografiado.
Claro, y eso es exactamente lo que a mí me intrigaba, esa complicidad y sobre todo los deseos. Me interesaba saber qué deseos estaban escondidos y qué deseos estaban revelados. En las fotografías de mujercitos, todos los códigos estaban escondidos en plena luz para que alguien que estuviera interesado en un mujercito los pudiera descifrar. Por ejemplo, en una de las fotografías que aparece en el libro, el título dice: "Dice que son actores de Bellas Artes, la verdad son mujercitos" y en ese mismo texto te dice que las puedes encontrar lunes, miércoles y viernes de cuatro a seis. Existe esta complicidad que mencionas; está en la fotografía y es sólo visible para aquellos que además desean un mujercito, no una mujer. El texto, por el otro lado, es totalmente denigrante, humillante y violento. Parece que está ahí para bajar de tono las fotos altamente sexualizadas, como para continuar la criminalización del mujercito pero no del cliente.

El fotógrafo de Alarma! (que para mi representa a la sociedad mexicana en general) es muy interesante porque es el mismo que escribe el texto. Mientras en la foto hace claro su deseo, en el texto se dedica a aclarar que es un macho que no busca mujercitos.


Relacionado: Mira nuestro documental sobre Alarma!


La mayoría de estos textos hablan de que la criminalización era por el engaño. ¿Cómo se atrevían a verse como mujeres tan sensuales? En uno de los títulos decía: "Están enojadas las mujeres porque les bajamos a los novios". El engaño era no haber sido Ivonne, sino haber sido Alejandro. Parece que a través de las fotografías todos consolidan sus deseos: el mujercito consolida su deseo de no ser una trabajadora sexual que puede morir en cualquier instante debido a la realidad que se vive en este país, sino que es una modelo, una estrella de cine, una mujer de alta sociedad; consolida el deseo de no ser quien es, sino quien le hubiera gustado ser. El fotógrafo sabe a quién va a encontrar en Bellas Artes los lunes y miércoles de cuatro a seis, entonces consolida su deseo por un mujercito, no por una mujer.

Los textos van de lo denigrante al halago todo el tiempo.
O de la humillación al deseo homo-erótico. Alejandra es una mujer increíble. Cualquier mujer quisiera verse cómo ella. Puede hacerse mujer en 60 segundos, pero Alejandro es un degenerado. Claudia es la más sensual de todas, pero David es un pervertido. Mientras están ocupando una subjetividad masculina son denigrados y humillados, pero cuando están ocupando una subjetividad femenina son halagados y deseados. Y ésta es la misma contradicción y ambigüedad que existe en la sociedad mexicana extendida.

¿Qué piensa la gente de Alarma!?
Llegué con Miguel Ángel Rodríguez (quien fue editor del Alarma! durante 15 años) cuando inicié el doctorado. Él comenzó en Alarma! a los 17 años como mensajero. Estuvo ahí 30 años y murió a los 50 años, un mes después de que Alarma! cumpliera también 50 años. Él me apoyó muchísimo. Yo ya había publicado una investigación preliminar que se llama "El que ríe al último, ríe mejor, mujercitos en el Alarma!" Le gustó mucho, me dijo que no se paró de su silla hasta que lo terminó de leer y en Alarma!, en el Nuevo Alarma!, había una sección que se llamaba "Libro de Cabecera" y ahí escribió sobre el libro. Después lo entrevisté varias veces. Platicamos mucho y estuve yendo cada sábado durante muchos meses a organizarles el archivo y me dejó escanear todo. Cuando le dije que quería hacer un libro, contestó: "Sí, claro que sí, vente a hacer el libro". Nos llevamos muy bien. Un sábado fuimos a escanear todo, terminamos lo que teníamos que hacer, me despedí de Miguel Ángel y le dije: "bueno, te llamo el lunes". Lo llamé el lunes y no me contestó. Después, en Facebook, me avisaron que había muerto el domingo, unas horas después de que lo vi, de un infarto en el metro. El libro fue su última cosa de Alarma!; él creía mucho en el Alarma!, le gustaba mi trabajo y era muy generoso.

¿Qué te decía de los mujercitos?
Le gustó mi argumento y me decía: "Es que Alarma! no es homofóbica". Yo le contestaba: "Bueno, es que los textos son homofóbicos pero las fotografías permiten espacio de subjetivad femenina y son una forma de resistencia". Le gustaba ese argumento. Cuándo le preguntabas qué pensaba de mujercitos, respondía: "Era de cariño, no había homofobia". No era su tiempo tampoco, creo que le tocó lo de hasta el final.

¿Quién o quiénes eran los fotógrafos?
Eran varios. Me acuerdo de Juan Pablo Vázquez porque era el que más hacía en Chihuahua y en Ciudad Juárez Había otro que se llamaba Raymundo Medellín que estaba aquí en el DF. Eran muchos, todos muy diferentes, aunque pareciera al final que el editor hacía que todas las historias tuvieran una misma línea.

Pero a la vez había una complicidad con los fotografiados.
No sé. Tú te imaginas que sí porque están posando muy contentas. Pero por ejemplo, Gloria Hazel, que es una chica periodista trans decía: "Si me vas a sacar la foto, voy a salir bien" y entonces posaba desafiante hacia la cámara. A mí me gusta esto, que no sabemos y que no vamos a saber. Me interesa más cómo circula la imagen; puedo jugar con esta intención y podemos crear muchas fantasías, pero al final lo que quedó plasmado y lo que quedó en el imaginario es la fotografía del mujercito posando, que para mi dice mucho.

¿Pudiste hablar con alguno de los fotógrafos?
No. Raymundo Medellín aún está vivo, pero no lo he podido rastrear, sólo sé que está en Ciudad Neza. Cuando Alarma! cerró, él empezó su propia publicación de nota roja.

¿Qué relación encuentras entre los mujercitos en Alarma! y esta tendencia, por ejemplo, del periódico Metro, de tener fotos de muertos y mujeres hiper-sexualizadas?
Alarma! definió muchas de las características de la nota roja en México: el uso de los titulares de forma irónica, el uso de la gramática de alguna forma incorrecta con los confines de ironía, y desde entonces tenía fotografías de vedettes más formales y serias pero que igual salían hiper-sexualizadas. Había una sección con un crucigrama y en medio había una chica con muy poquita ropa. Esto está desde antes del Metro. Pero en el caso de los mujercitos no es igual. No es para nada igual el retrato de la feminidad ni el de la hiper-sexualización.

Aunque en teoría la voluntad de los mujercitos no juega.
Yo diría que la voluntad de mujercitos sí juega, o sea, que los mujercitos están subvirtiendo las dinámicas de poder en la fotografía de forma intencional.

A lo que voy es que hay un fotógrafo que tiene la decisión de qué tomar y qué no. Luego hay un editor que decide qué va y qué no va. En ese sentido es el editor quien está decidiendo qué se publica.
Sí, pero aún en ese sentido, ¿por qué no está un mujercito muerto y acribillado, si esa es la realidad en México? En su lugar hay un mujercito posando. El mujercito está —desde donde yo lo leo— totalmente decidiendo al subvertir las dinámicas de poder entre el fotógrafo y el fotografiado. El fotógrafo es el que tiene la última palabra y en estas fotografías el mujercito está revirtiendo quién tiene la última palabra. Está resistiendo la forma de violencia que el mismo fotógrafo va a ejercer en el texto escrito, que la sociedad en general va a ejercer sobre ella. A mí me parece muy importante la fotografía por eso.

En el libro hablas de la canonización de Enrique Metinides y Nacho López.
Ellos pasaron de ser fotógrafos de nota roja, con el estigma que eso significa, a ser fotógrafos de alta cultura que exponen en Europa o en galerías en Nueva York. O sea que sí hubo un cambio.

¿Esto te causa conflicto?
Sí. Me causa conflicto la descontextualización y la despolitización, que la nota roja y el trabajo de Metinides se pongan como algo no político. Y es que a partir del documental que hicieron sobre Metinides, creo que hubo una "hipsterización" de la nota roja. No estoy diciendo que no se merezca ser expuesto ni que la nota roja cruce la línea de estar estigmatizada y de ser arte popular a ser considerada de alta cultura.

¿Entonces no es Metinides y su trabajo lo que te molesta?
No, para nada. A mí me gusta mucho su trabajo e hizo algo que yo estoy queriendo hacer con el libro: pasar de la academia al público en general y del estigma de cultura baja o de clase baja.

Aquí la diferencia es que como no tenemos un autor claro de las fotos, pues no es que se pueda "hipsterizar", pero, ¿no crees que vaya a pasar algo así con el libro?
Sí, ya está pasando. Ya está muy descontextualizado y yo ya pensé en cómo le voy a hacer. Pero mucha gente en Facebook agarra la foto de cualquier mujercito y la ponen y la circulan. He visto que la utilizan para invitaciones de fiesta y la están descontextualizando. Pero ya pedí hacer un website sobre el libro, y voy a poner muchos clips en donde estoy hojeando el libro y las revistas, donde leo el texto que está en el libro.

¿Después de Mujercitos que sigue?
Ahora estoy investigando a las Hombrecitas; me estoy regresando a la prensa para ver las primeras representaciones de masculinidad en mujeres.

La presentación de Mujercitos se llevará a cabo el 12 de Septiembre a las 17:00 horas en le Museo Jumex, con la presencia de Rosa Casanova, Cuauhtémoc Medina, Will Straw, Roshell Terranova y Susana Vargas. Visita la página del evento para más información.

Más VICE
Canales de VICE