Regla de igualdad de género impide que mujeres asistan a escuelas

Las preparatorias en Tokio están reprobando a las estudiantes en las pruebas de admisión para cumplir con una cuota de género designada.

Oct 8 2021, 3:19pm

Artículo publicado originalmente por VICE en inglés.

Lo que alguna vez se consideró una acción afirmativa para incluir más mujeres en las aulas japonesas, ahora reprueba a cientos de ellas cada año.

Tras una larga historia de segregación de género en las escuelas y un menor aprendizaje académico de las mujeres comparado con sus compañeros masculinos, muchas escuelas públicas de Tokio implementaron una regla después de la Segunda Guerra Mundial: hacer las aulas completamente equitativas, con un 50 por ciento de mujeres y un 50 por ciento de hombres.

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Al principio funcionó. Las mujeres estudiaron junto a los hombres, tomaron más clases de ciencias y matemáticas en lugar de lecciones de costura, e imaginaron un futuro para sí mismas más allá de la cocina, posibilidades que les eran negadas a las chicas jóvenes bajo un Japón imperial que mantenía estrictos roles de género.

Luego, las chicas comenzaron a obtener puntuaciones más altas que los chicos en las pruebas de admisión. Tanto así, que en años recientes las escuelas han tenido que reprobar a más mujeres para mantener la división de género equitativa.

“El sistema de escuelas públicas de Tokio no quiere demasiadas alumnas, así que conscientemente están haciendo que el puntaje de aprobación sea más alto para las chicas que para los chicos”, contó a VICE World News Yasuko Sasa, miembro de un grupo de abogados que piden poner fin a esta política.

“El género no debería influir en los exámenes de ingreso a la escuela preparatoria, pero ahora es un factor importante en la admisión de un estudiante”, dijo.

Estudiantes realizando un examen de ingreso en Japón. Foto: The Yomiuri Shimbun vía AP Images

La política de cuotas de género en las escuelas públicas de Tokio se aplicó por primera vez en 1950, como parte de la reforma educativa de Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial destinada a brindar más oportunidades educativas a las mujeres.

Antes de la guerra, la educación estaba en gran medida segregada por género. Las chicas tenían menos opciones escolares y en general recibían una educación de menor calidad. Las alumnas rara vez podían tomar clases de idiomas extranjeros y sus lecciones de ciencias y matemáticas eran significativamente más sencillas en comparación con las de sus compañeros.

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Después de la guerra, la igualdad de género en la educación fue incluida en la constitución japonesa redactada por las potencias aliadas. Luego, el gobierno se dispuso a aumentar el número de chicas en las escuelas. Los funcionarios del sector educativo colocaron a las jóvenes en las escuelas públicas existentes, cuyos estudiantes eran casi exclusivamente varones en aquel entonces.

Pero las posiciones no siempre se dividían de manera uniforme entre los géneros. Cuando se aprobó por primera vez el sistema de cuotas de género, algunas escuelas asignaron más lugares en los exámenes de ingreso a los chicos que a las chicas, a veces incluso en una proporción de tres a uno.

Hoy en día, más de la mitad de todas las preparatorias públicas de Tokio mantienen una proporción de género de 50-50, según la Junta de Educación de Tokio. Algunas escuelas seleccionan el 10 por ciento de su cuerpo estudiantil independientemente del género y dividen el 90 por ciento restante por la mitad.

Según Misaki Onodera, profesora asistente en la Universidad de Chiba que estudia lo que ella llama el “oscuro” sistema de cuotas, la política se estructuró para favorecer a los hombres hasta los años 80 porque el prestigio de una preparatoria estaba determinado por la cantidad de estudiantes que ingresaban a la Universidad de Tokio, la universidad más elitista de Japón.

“En aquella época, no se esperaba que las mujeres avanzaran en su educación; se convertían en amas de casa o asistían a universidades técnicas”, señaló.

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Los prejuicios contra las chicas eran evidentes para todos.

“Los chicos son la norma en la educación”, dijo a VICE World News Yasuko Muramatsu, presidenta de la Asociación Japonesa para la Educación de la Mujer, una organización sin fines de lucro. “En Japón, los modelos a seguir de los estudiantes —los maestros y los directores— son en su inmensa mayoría hombres, a diferencia de otros países donde hay muchas educadoras. Los puestos de liderazgo están destinados a los hombres; es el tipo de imagen que proyectan en las escuelas”.

La preferencia por los estudiantes varones podía verse en los asuntos mundanos, ya que los maestros siempre decían los nombres de los estudiantes varones antes que los de sus compañeras de clase, dijo Muramatsu.

La educación se considera uno de los principales determinantes del estatus social de una persona en Japón. Pero lograr una educación superior sigue siendo desproporcionadamente un objetivo masculino: en la Universidad de Tokio, solo el 20 por ciento de los estudiantes fueron mujeres en 2018. La brecha es aún mayor en los departamentos de ciencias y matemáticas.

Ahora, una política que alguna vez hizo que las aulas fueran equitativas exige que las mujeres obtengan calificaciones mucho más altas que los hombres en una prueba que es considerada el factor más importante en las admisiones. Las chicas que no cumplen con esta elevada exigencia deben conformarse con escuelas públicas de menor rango o asistir a una institución privada que sus familias deben pagar de su bolsillo. En algunos casos, se necesitan 243 puntos adicionales en un examen que ya es perfecto, una tarea literalmente imposible. Y la opacidad del sistema de admisión significa que los padres no saben si sus hijas no pudieron ingresar a una escuela debido a la cuota de género: los estudiantes simplemente aprueban o reprueban.

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Muramatsu cree que la cuota de género ofreció una buena solución a las primeras discrepancias educativas del Japón de la posguerra, pero la política debería haberse abandonado una vez que las mujeres tuvieran un acceso equitativo a la educación.

Actualmente, Tokio es la única prefectura que impone una cuota de género de 50-50 en sus escuelas secundarias públicas. Foto: Kyodo vía AP Images

Parte de la renuencia a la abolición inmediata de las cuotas de género proviene de la preocupación de algunos administradores escolares de que las alumnas abrumarían las escuelas, poniendo así en peligro la educación de los alumnos. En una encuesta realizada por la Junta de Educación de Tokio el año pasado, el 61,6 por ciento de los directores de escuelas secundarias dijo que no había problemas con el sistema de cuotas actual; alrededor del 82,7 por ciento de los directores consideró necesario mantener la política.

“Tenemos que mantener la cuota para guardar espacio para los estudiantes varones”, dijo un director de preparatoria, de acuerdo con The Asahi Shimbun.

La resistencia al cambio también proviene de los educadores de las escuelas privadas, a quienes les preocupa que la abolición del sistema de cuotas disminuya la inscripción de estudiantes en las numerosas escuelas privadas de Tokio, muchas de las cuales son solo para mujeres.

Solo el 40,1 por ciento de las escuelas son públicas en Tokio, la única prefectura de Japón que tiene más instituciones privadas. La concentración de riqueza en la capital significó una mayor demanda de escuelas de élite. Fuera de Tokio, ninguna otra prefectura instituye una cuota de género.

Onodera, de la Universidad de Chiba, dijo que el sistema de cuotas fue instituido para aplacar a los educadores de las escuelas privadas, pero que ahora es incapaz de satisfacer las necesidades de los estudiantes.

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“Algunas chicas tienen que renunciar a la escuela de sus sueños porque no les permitieron entrar, a pesar de haber aprobado los exámenes. Es un problema”, dijo Onodera.

Sin embargo, el llamado a la acción por parte de grupos que defienden los derechos de género, como la Asociación Japonesa para la Educación de la Mujer, han presionado a la Junta de Educación de Tokio a implementar cambios.

La junta estimó que la admisión de mujeres aumentaría en un tres por ciento si se elimina la regla. Pero en lugar de eliminar las cuotas, a partir del próximo año las escuelas públicas seleccionarán al 10 por ciento de sus estudiantes independientemente del género, mientras que el resto permanecerá dividido de manera equitativa entre hombres y mujeres, un modelo con el que algunas escuelas ya están operando.

Pero para críticos como Muramatsu, el cambio no llega lo suficientemente rápido.

“La solución propuesta, en la que las escuelas se deshacen lentamente de la cuota de género, no es suficiente. Pensé que cambiaría en tres años, pero ahora la Junta de Educación quiere ver los resultados de un cambio gradual. Pero, ¿qué pasa con las chicas afectadas negativamente ahora?”, dijo Muramatsu.

La disminución de la población de Japón, que está provocando una caída en las inscripciones de estudiantes en general, debería impulsar a los educadores a reinventar el sistema educativo por completo, dijo Onodera.

“Las escuelas no están hechas para el pasado, no sirven para revolcarse en la nostalgia. Están hechas para la educación de las generaciones futuras. Y los legisladores están demorándose”, señaló.

En cambio, los estudiantes deberían poder elegir de manera independiente una escuela pública o privada, dijo Onodera. Añadió que, sobre todo, la libertad de elección en los asuntos relacionados con su educación es el signo más auténtico de equidad.

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Género, mujeres, hombres, Discriminación, Educación, escuelas

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