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¿Se puede usar cocaína como antidepresivo?

La cocaína era usada comúnmente en la medicina de finales del siglo diecinueve y de principios del veinte como un tratamiento para todo, desde el agotamiento hasta el asma, pero especialmente para la "melancolía" o la tristeza crónica.
12.2.15

Foto de Flickr del usuario Adam Swank.

Hace dos años, el padre de Madeleine (nombre ficticio) murió de cáncer. Estaba devastada. Tenía más o menos un gramo de cocaína que le había sobrado de la fiesta de Año Nuevo y empezó a consumirla, poco a poco, para poder sobrellevar el dolor. Ella dice que la cocaína es lo único que le pudo dar la energía para lidiar con su vida cotidiana, para poder hacer los arreglos funerarios y para poder cuidar a su afligida madre. La cocaína, dice, la salvó de su pena.

No existe un solo doctor que apruebe el método de Madeleine de auto-medicación; después de todo, suena como un hábito peligroso bastante serio. Pero el hecho de que ella diga que la cocaína le ayudó a lidiar con la depresión no es algo que sorprenda al doctor Matthew Johnson, quien investiga la farmacología conductual en la Universidad Johns Hopkins.

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"La idea de consumir cocaína u otras drogas similares para la depresión o para otros desórdenes relacionados no es algo nuevo", explicó; además, está fundada científicamente.

Pero primero, algo de historia: la cocaína era usada comúnmente en la medicina de finales del siglo diecinueve y de principios del veinte como un tratamiento para todo, desde el agotamiento hasta el asma, pero especialmente para la "melancolía" o la tristeza crónica. En 1863, el químico francés Angelo Mariani se dio cuenta de que añadir cocaína al vino podía animar incluso a la persona más triste. Además, un texto de 1885 sugirió que "los mejores resultados obtenidos hasta ahora con la administración de la droga [cocaína] han sido en condiciones de depresión mental". Ese mismo año, en una ponencia presentada en la Academia Americana de Neurología, un médico explicó que había administrado cocaína inyectada a pacientes que experimentaban un "profundo dolor o tristeza", y que éstos habían mejorado notablemente; además relató un caso en el que "la melancolía suicida se superó en menos de un mes", tras solamente cinco inyecciones de cocaína (cuyas dosis no son claras).

El defensor más famoso de la terapia con cocaína era Sigmund Freud, quien halagaba la droga por su cualidad para mejorar el ánimo de las personas (esta cualidad era secundaria a los efectos positivos que tenía en cuanto al desempeño sexual). Freud afirmaba que la cocaína podía aliviar la depresión, pues realizó numerosos experimentos en sí mismo y notó que incluso "una pequeña dosis me animaba de forma increíble". La primera de las mayores contribuciones de Freud —antes de la psicoterapia, la libre asociación de ideas o de cualquiera de sus extrañas teorías acerca del sexo y la psicología— fue un artículo de 1884 en el que defendía la droga titulado simplemente "Acerca de la cocaína" (una fantástica muestra de una era en la que consumir drogas con tus amigos podía ser considerado como una investigación real y de buena fe).

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Para el siglo veinte, sin embargo, los doctores y farmacólogos se habían percatado de que la cocaína era adictiva y que podía arruinar vidas. El mismo Freud había desarrollado una adicción seria a la cocaína y uno de sus pacientes y amigos, Ernst von Fleischl-Marxow, había muerto a la corta edad de 45 años tras haber tenido una grave adicción a esta droga. Si bien la cocaína era efectiva para tratar la tristeza, también era capaz de causar miseria.

Los antidepresivos modernos no tienen el mismo efecto instantáneo de la cocaína, lo cual los hace menos adictivos. No obstante, ambos trabajan de manera similar en el cerebro: principalmente balancean los transmisores de monoamina, los cuales se cree que son causantes de la depresión. Wellbutrin, un antidepresivo recetado comúnmente, se parece tanto a una línea de coca que se ha ganado el sobrenombre de "la cocaína de los pobres".

Mientras que la cocaína es sólo vagamente similar a la mayoría de los antidepresivos modernos, es casi idéntica a otra droga: metilfenidato, mejor conocido con el nombre de patente Ritalín. La cocaína y el Ritalín funcionan muy parecido: ambas sustancias evitan que los neurotransmisores lleven a cabo una re-absorción para, así, incrementar los niveles de dopamina. "La cocaína y el Ritalín tienen el mismo efecto en pacientes que se encuentran con los ojos vendados", dijo el doctor Johnson.

El Ritalín se prescribe frecuentemente para tratar el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, pero también se usa para tratar la "depresión resistente a diversos tratamientos", o casos de depresión en los que los antidepresivos tradicionales no funcionan. "El consenso general es que, al menos para algunas personas, estas drogas son benéficas por sus efectos antidepresivos", explicó el Doctor Johnson.

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Uno de los atractivos de usar estimulantes dopaminérgicos para tratar los desórdenes anímicos es que los resultados son instantáneos. Los antidepresivos tradicionales pueden tardar semanas, incluso meses, en comenzar a tener efecto, demasiado tiempo para alguien con tendencias suicidas o para alguien que está lidiando con una pérdida reciente. Hay una entrada en Reddit acerca de un chico que dice que viajó a México a comprar barbitúricos para suicidarse. Cuando llegó aquí, un taxista le vendió cocaína y después de una semana de inhalarla, decidió que "la vida no era tan mala después de todo". Él cree que aunque la cocaína no "curó" su depresión, sí le salvó la vida.

Hasta ahora sólo ha habido un puñado de científicos que investigan la "eficacia de los estimulantes dopaminérgicos en pacientes con desórdenes anímicos", pero en estudios a menor escala que han sido publicados, los resultados han sido positivos. Como señaló una reseña de 2013 acerca de investigaciones previas, "el potencial de abuso que tienen los estimulantes tradicionales… podría excluir a estos medicamentos como parte del tratamiento para la depresión clínica". En otras palabras, la posibilidad de que te vuelvas adicto a la cocaína hace que ésta sea descartada como medicina.

No obstante, para pacientes sin un historial de abuso de sustancias y para quienes los antidepresivos no han funcionado, el uso de estimulantes dopaminérgicos "puede proveer una mejora suficiente para justificar su uso", dice la reseña.

De nuevo, esto no es nada nuevo para el doctor Johnson: "Mira, no estoy recomendando que alguien vaya a buscar cocaína y la use como antidepresivo", aclaró. "Pero científicamente, no es una idea tan loca el que algunas personas hayan reportado que la cocaína les ayude con su depresión. Además, hay suficientes investigaciones con drogas relacionadas que sugieren que probablemente existe una verdad en ello".

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