En cada ordenador, una trinchera

Enmedio responden a la crisis con culturejamming

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24 abril 2013, 1:03pm

Hay publicidad en el autobús y en el metro. Incluso en la bolsa del pan. Coca-cola quiere que te levantes del asiento y Bankia, que le des cuerda a un engranaje. Kutxabank anuncia que va a rehabilitar un edificio en San Sebastián para realojar a desahuciados. Este último mensaje es mentira. Aunque dos pósteres de tres metros de alto venden esta idea en el edificio Bellas artes de la capital guipuzcoana. El antiguo cine, abandonado desde hace 30 años, se convertirá en un hotel de lujo.

Este mensaje forma parte de la guerrilla de la comunicación que el colectivo Enmedio enseña en el Taller de acción fotográfica (TAF), impartido el pasado fin de semana en San Sebastián. Desde hace seis años, este grupo de artistas afincados en Barcelona están troleando la publicidad exterior.  Desde la ciudad condal, Oriana Eliçabe y Leónidas Martín, miembros de Enmedio, hablan de su experiencia como activistas.

¿Qué perfil tienen los integrantes del colectivo?

Somos unas nueve personas que mezclamos lucha social y arte. Hay fotógrafos, cineastas, diseñadores, etcétera. Algunos tenemos experiencia previa en iniciativas como V de vivienda y No vas a tener casa en la puta vida.

Se definen como guerrilleros de la comunicación ¿cómo se enfrentan al enemigo?

Tenemos que apropiarnos de las armas del capitalismo: el relato y la imagen. El punto de vista determina lo que es verdad o mentira. Los bancos, por ejemplo, se sostenían porque vendían confianza. Y cuando esa historia dejó de ser cierta, la economía quebró. Si intervenimos su  lenguaje, podremos contar nuestra historia.

¿Qué quieren decir con intervenir?

Es una palabra que denota acción y urgencia. Y para nosotros significa ir más allá de lo estético para compartir un mensaje político en un espacio público.

¿La publicidad es el campo de batalla?

Sí, para poder infiltrarnos y cambiar el sistema tenemos que entrar en el terreno del enemigo. Lo importante es que cualquiera puede ser un guerrillero. Desde Facebook se puede desmontar el relato de los poderosos en un segundo.

En las manifestaciones utilizan el humor, como cuando hicieron volar discos voladores con lemas escritos en Ocupa el congreso, ¿no es naif?

Nosotros queremos interactuar con la gente que está en la acera y no se atreve, o no sabe, cómo unirse a la marcha. Queremos democratizar la revuelta. Por eso, en la campaña Reclaim the streets intentamos que los ciudadanos ocupasen la ciudad con alegría. Y nos pusimos a bailar.

¿El pueblo tiene miedo a salir a la calle?

Más que cobardes, somos obedientes. El sistema quiere que cumplamos sus normas. La última dice que si no tienes dinero, no des de comer a tus hijos: primero, paga la hipoteca.

¿Cómo consiguen llamar la atención en una manifestación?

Para que una protesta tenga relevancia tenemos quehackear las noticias. Nos adelantamos al periodista y creamos la escena que va a ver. El año pasado, con la fiesta #CierraBankia intervenimos en una oficina bancaria. La imagen superficial es de alegría. Y hay un segundo plano que son los problemas económicos de la gente.

En algunas de sus acciones han mezclado realidad y ficción, ¿la gente entiende el mensaje?

En San Sebastián creamos un bulo y lo propagamos: Kutxabank iba a realojar a familias desahuciadas. El relato es falso pero habla de que hay personas en la calle y viviendas vacías. Al día siguiente, el banco desmintió la campaña y eso le puso en evidencia.

¿Es honesto intentar que los medios de comunicación se crean vuestras publicidades?

Sí, claro. Lo importante de las intervenciones es que tocan un drama social. Y da igual que lo superficial, la imagen, sea falsa. En la fotografía Muerte de un miliciano de Robert Capa, ¿el soldado recibe un disparo o no? Qué más da. La imagen es un símbolo de la guerra injusta.

¿En qué consiste el Taller de acción fotográfica (TAF)?

Lo más importante de las jornadas que los asistentes actúen. Para empezar, planteamos un objetivo: intervenir un espacio en la calle. Y después simplemente enseñamos a la gente a usar dos programas informáticos (Rasterbator y Posterrazor) que sirven para crear carteles enormes.

¿De dónde surge la idea de las pastillas verdes y rojas para la campaña de la PAH?

En términos creativos, no inventamos nada. Los dos colores los elegimos porque muestran lo que los parlamentarios pueden votar: a favor o en contra de la Iniciativa legislativa popular (ILP). Y diseñamos una circunferencia para que cualquiera los pueda imprimir en su casa o en la oficina. Además, el color verde, en el imaginario de mucha gente, ya se relaciona con la PAH y el lema Sí se puede.

¿De qué campañas están más orgullosos?

Fue increíble, por ejemplo, cómo la gente se apropió de los colores amarillo y negro de la iniciativa No vas a tener casa en la puta vida. El movimiento del 15M los utilizó porque remarcaba el problema de la vivienda entre los jóvenes. Con las redes sociales, hemos dejado de preocuparnos por lo que digan los medios de comunicación. Podemos saber cuánta gente nos ha visitado, a cuántos les hemos gustado y quiénes están haciendo una intervención sobre nuestra obra.

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