Cultură

Pasé una semana entera sin escuchar música

La diferencia entre una vida social y sexual satisfactoria está en si escuchas música a todo volumen o no.
29.3.16

El neurocientífico estadounidense Daniel J. Levitin, autor del libro This is Your Brain on Music: The Science of a Human Obsession (2006), declaró recientemente que escuchar música en bocinas era la clave para tener sexo más seguido. Levitin analizó y aprobó los datos de un estudio que afirma que escuchar música de este modo incrementa nuestras ganas de tener sexo y pasar más tiempo en pareja.

El estudio se basa en una encuesta realizada a 30,000 personas a lo largo de ocho países y en un estudio de campo que se realizó en 31 domicilios privados. El estudio de campo duró dos semanas. Las reacciones del corazón como el ritmo cardíaco, sus latidos sus aceleraciones, entre otras, fueron registradas con relojes de Apple, mientras el movimiento dentro de sus hogares se registró a través del protocolo iBeacon en los iPhone de los participantes. En la primera semana, no se les permitió poner música a todo volumen en las bocinas, pero sí se les permitió escucharla con audífonos. Durante la segunda semana, los participantes pudieron elegir su modo preferido de escuchar música.

Todas la fotos las tomó la autora.

Según los resultados del estudio, los participantes pasaron el tiempo solos en sus habitaciones separadas durante la primera semana del experimento, pero pasaron más tiempo con los demás durante la segunda semana.

En su libro, Levitin escribió que, "antes de la televisión, muchas familias se sentaban a tocar música juntos como entretenimiento". Lo que Levitin no sabía antes de que este estudio saliera es que la gente que escucha música a todo volumen tiene 67 por ciento más probabilidad de tener sexo que la gente que no tiene un equipo de sonido.


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El estudio también reveló algunos datos curiosos como el tipo de música que las personas escuchaban cuando se acurrucaban juntas: las tres canciones más reproducidas fueron "I Need You" de LeAnn Rimes, "Sex Dwarf" de Soft Cell e "Irreplaceble" de Beyoncé. Aunque el estudio se trata de eso, no explica por qué diablos ocurre.

Una vez agregué a un montón de extraños a Facebook para obtener hospedaje nocturno gratis en hoteles. 2,000 amigos de Facebook me dieron siete noches con sábanas limpias, televisión por cable y desayunos gratis en hoteles. Uno de esos 2,000 desconocidos trabajaba en el estudio de música de Levitin y estaba utilizando Facebook para buscar voluntarios para el estudio de campo. Como amo que me den cosas gratis (nos permitieron conservar los aparatos que utilizamos para registrar nuestras reacciones) y estoy en incapacidad por maternidad (es decir muy aburrida) apliqué para convertir a mi familia en ratas de laboratorio en la comodidad de nuestro hogar. Mi novio, mi bebé de cuatro meses y yo fuimos elegidos para participar en el estudio de campo de 14 días.

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Desde el principio supe que la segunda semana (la de música) tendría un efecto positivo en mi familia. Pero lo más interesante fue ver cómo nos afectó la semana de silencio.

Amo la música, y por toda una semana no tendríamos acceso a nada que nos hiciera compartir el estado de ánimo. Para volverlo aún más interesante, decidí que no me permitiría escuchar nada de música: nada de audífonos ni de canciones en la radio o en la tele. Una vida sin soundtrack y puro ruido. ¿Para qué facilitarnos las vida?

DÍA 1

Sólo cuando se te prohíbe algo te dan ganas de hacerlo. Empecé a simular percusiones con mis manos y pies casi todo el primer día. Según Levitin "casi toda la música simula el ritmo del golpeteo con los pies" así que tenía que parar. Su libro dice que la música activa el cerebro reptiliano primitivo (la parte del cerebro que controla lo que necesitamos para sobrevivir, como respirar o el antojo de grasas y sales cuando estamos crudos). Así que esta semana intenté desactivar mis impulsos más primitivos.


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El primer día cayó en viernes, y una pareja de amigos vino a la casa ya entrada la tarde. Estaba emocionada. Les dije que "no podíamos escuchar música en las bocinas". Traté de convencerlos de que escucharan música con audífonos durante la cena. Esta cena silenciosa los hizo enojar mucho. Me dijeron: "Mejor nos vemos en una semana". El estudio acababa de hacer una observación muy acertada: los humanos necesitan música para poder disfrutar una cena en compañía de sus amigos. Por suerte, soy madre y no necesito amigos.

Pasé el primer día con la bebé. El asunto con los bebés es que sólo están contentos si los cargas y les cantas. Mientras trabajaba en mi computadora me decidí por la segunda opción. Decidí que mi voz no contaría como música siempre y cuando me esforzara por hacerla sonar como ruido. Traté de rapear villancicos, lo cual fue un fracaso y me hizo preocuparme un poco por lo que mi bebé pudiera pensar de mí. Nos fuimos a la cama temprano y las 150 horas restantes sin música empezaron a sentirse como un verdadera prueba.

DÍA 2

Lo único que quieres hacer un sábado en la mañana es escuchar música a todo volumen, prender algunas velas y no vestirte. Ese sábado escuchamos la radio pública, así que nos vestimos como correspondía: anteojos, camisas y saco. Lo único que nos faltaba era el periódico matutino. Quería comprar uno (no es broma), pero estábamos a -18 grados Celsius y salir de la casa con un bebé no era una buena opción.

¿Conocen una canción de Hamilton, Joe Frank and Reynolds llamada "Baby Baby Fallin' in Love?"? Por alguna extraña razón, me viene a la mente cada vez que estoy aburrida. Desde que puedo recordar, siempre ha sido así. Generalmente, escucho otra canción y así la saco de mi mente. Pero como esta vez no podía, traté de explicarle a mi novio cómo sonaba. ¿Alguna vez has tratado de explicar cómo suena la música sin la parte musical? Es imposible. Lo único que puedes hacer es recitar la letra y hacer un poco de ruido. Mi novio no tomó el experimento con la misma seriedad que yo. Cuando le dije que no podía escuchar la canción con audífonos salió de la casa.

DÍA 3

Me empezaba a acostumbrar más a una vida sin música, pero me preocupó que el experimento fuera frustrante para la bebé. Durante los primeros cuatro meses la forzamos a escuchar música para bebé. Era lógico que ahora empezara a mostrar síntomas de abstinencia. Me la pasaba haciendo ruido casi todo el día, y eso me hizo pensar que quizá mi comportamiento era compulsivo. También me hizo preguntarme: ¿Qué es el ruido?

El libro de Levitin dice que la música es, entre otras cosas, ritmo, compás y melodía. ¿Entonces, eso quiere decir que todo es música? Allí también declara: "encontramos mecanismos muy fuertes en él [cerebro reptiliano] cuando le pedimos a la gente que escuchara música pero no cuando les pedimos que escucharan ruido". Si consideramos que el ruido también es un género, lo que es ruido para mí, podría ser música para otros ¿cierto? Yo esperaba que mi ruido sonara como música para mi bebé. Claro que no fue así para mi novio, cuyos turnos de trabajo semanal eran muy largos.

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Estoy segura de que si alguien me hubiera escuchado ese día, habría enviado trabajadores sociales a mi puerta. Sonaba como el chico que grita en la canción "Freaxxx" de brokeNCYDE.

DÍA 4

¿Y si no escuchar música echa a perder los instintos primitivos de mi hija? Quizá pierda las ganas de bailar y se quede inmóvil por siempre en las pistas de baile preguntándose por qué no puede sentir el ritmo. Podría terminar en una vida sin música, trabajando en un cubículo triste, haciendo cálculos numéricos en una existencia gris y aburrida incapaz de sentir alegría.

Soy nueva en esto de la maternidad, lo que significa que no sé cómo manejar mi humor. No sé cómo lidiar con enormes cantidades de hormonas de lactancia. La música es lo único que me hace sentir más como una persona normal que como una mamá desorientada en el programa Niñera SOS.


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La otra noche, por ejemplo, le envié a mi novio tres mensajes de texto en los que le expresaba con mayúsculas mis sentimientos sobre su ausencia en mi vida. Él llevaba tan sólo 30 minutos en otra habitación de nuestro departamento.

Debido a lo frío del clima, nos quedamos a ver Breaking Bad durante la hora de la comida. Por lo regular no tiene mucha música, salvo por los episodios tres, cuatro y cinco de la cuarta temporada —aquellos que vimos— que dan la impresión de ser videos de 45 minutos de una canción que dura tres. "If I Had a Heart" de Fever Ray, suena completa en uno de los episodios. Entablé una nueva relación con el botón de silencio del control de la tele, y pensé mucho sobre cómo sería estar sordo y enseñarle a bebé lenguaje de señas.

DÍA 5

Decidí dedicar este día a escuchar podcasts. Obviamente, todo podcast que escuchaba pasaba fragmentos de canciones de Bowie. Al principio pensé que era el universo tratando de destruirme, pero más tarde me di cuenta de que David Bowie había muerto hacía menos de una semana.

Mi novio dirige un podcast sobre música y pensó que sería una idea genial editarlo hoy. Pasó toda la tarde con sus auriculares puestos. Según los resultados recién publicados del estudio, la gente era más propensa pasar el tiempo sola durante la semana en que dejaron de escuchar música. El estudio dice que eso se debe a que escuchar música es una actividad grupal, pero yo diría que se debe más bien a que escuchaban música con auriculares.

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Cuando mi novio salió de la casa para comprar despensa, pude oír algo parecido a música a la distancia. Al principio creí que era mi cerebro reptiliano jugando con mi mente (¿había llegado a tal punto?), pero pronto me di cuenta de que el sonido venía de los auriculares de mi novio.

DÍA 6

Escuché la radio, pero incluso las estaciones públicas ponían fragmentos de canciones. Así que tenía que ser rápida y apagarlo en cuanto escuchara algo que pudiera interpretarse como un tono o ritmo musical. Estaba empezando a estresarme.

A medio día, cuando me pareció escuchar a los vecinos poner música, salí de la casa con la bebé por primera vez en siete días. Respirar aire fresco cambió la jugada. Había estado encerrada en casa por seis días, y ahora caminar con la carriola por horas se sentía fantástico. Otro estudio reciente ha descubierto que escuchar música alegre nos hace ver los colores más brillantes, pero yo diría que el aire fresco es la clave para una mente sana. El cielo jamás había estado tan azul. La nieve nunca había estado tan blanca. Y yo nunca había tenido tanto parecido con una vagabunda. Pasé el resto de la tarde lavando ropa. El ruido de la lavadora fue lo más bello que escuché en toda la semana.

DÍA 7

Me desperté sintiéndome como una niña de seis años un día antes de Navidad. Esto pronto terminaría. Fantaseé con las canciones que podría poner primero cuando terminara el día. ¿Qué tipo de estado de ánimo crearíamos el día siguiente? Seguro pondríamos algo de los Teletubbies, pero no importa. Música es música.


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En un esfuerzo por hacer que el día pasara lo más rápido posible, fuimos de excursión con la familia de mi hermana. Los obligué a apagar cualquier aparato de música antes de entrar a su casa. Con la cena y juegos de mesa logramos tener una noche decente (y sociable) sin música.

Me fui a la cama pensando en que el habla evolucionó de la música. "[La música] activa algunas de las regiones neuronales que se activan también con el lenguaje, pero de una manera más profunda, la música recurre a las estructuras cerebrales primitivas que están relacionadas con la motivación, las recompensas y la emoción", escribió Levitin. Mientras cerraba los ojos, pensé cómo dedicaría la semana siguiente a las estructuras primitivas de mi cerebro.

Pensé en las cosas que pudieron haber mejorado la primera semana, como no tener una bebé, tener amigos que sí quisieran salir conmigo sin importar la situación y vivir en un país donde la temperatura del exterior no fuera de -18 grados. No poder escuchar música en la soledad de mi casa fue una mierda. La música está en todos lados y es algo que agradezco mucho. Ahora la amo más que antes, incluso aprecio todo lo que los Teletubbies llegaron a hacer.

Si en otras casas participantes experimentaron algo similar a lo que yo sentí en la primera semana, no sorprendería que celebraran la segunda semana del experimento con mucho sexo y diversión. Cuando eres madre sólo puedes salir de fiesta en pocas ocasiones, y cuando lo haces, fumas y tomas todo lo que puedes. La semana que siguió fue como cigarros y alcohol para nosotros. Escuchamos música sin parar a toda hora y en todas las habitaciones para compensar el "silencio" de la primera semana del experimento. También pasamos mucho más tiempo juntos porque así podíamos escuchar lo mismo. Y la bebé por fin pudo relajarse gracias a las benditas canciones de cuna.

Entonces, ¿la música en verdad nos hacer tener más sexo como dice Levitin? En el contexto de este experimento: sí. Pero eso se debe, sobre todo, a que después de una semana de aislamiento silencioso crece nuestra avidez por situaciones íntimas y sociales, y ¿qué mejor manera hay de ser sociales e íntimos que tener sexo?