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Salud Mental

Deja de confundir tus nervios con ansiedad

Los trastornos de ansiedad están de moda.

por Christina Stiehl; traducido por Álvaro Alarcón Bermejo
22 Octubre 2019, 4:00am

art at its best!/Getty; BSIP / Contributor / Getty

Como alguien que se ha enfrentado a problemas de salud mental toda su vida, no voy a desestimar la importancia de reducir el estigma de los que los sufren. Todavía hay suertudos con cerebros perfectamente sanos que intentan etiquetar a los no tan afortunados de locos o inestables —estereotipos que hace que esas personas no puedan ser tomadas en serio o sentirse aceptadas. Dado que cada vez hay más gente diagnosticada con enfermedades mentales, es vital ahora más que nunca abrir un debate honesto sobre salud mental.

Aunque animo profundamente a la gente a que se abra y hable de su salud mental —cuanto más se hable, más gente estará informada y se podrá acabar con el estigma— a veces lo bueno, si breve, dos veces bueno. Mientras que muchos comparten sus problemas y dificultades, otros se lanzan a la piscina usando jerga psicológica y apropiándose del dolor ajeno. Los trastornos de ansiedad están de moda.

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La gente ha comenzado a exagerar sus experiencias diarias y a adueñarse de frases y vocabulario que pertenecen a las oficinas psiquiátricas. No están nerviosos porque tienen una presentación de trabajo; tienen “ansiedad”. No están triste porque no les dieron las vacaciones que querían; están “deprimidos”. Y no tienen mariposas en el estómago; tienen “ataques de pánico”.

Muchas actrices y personajes mediáticos, como las Kardashian, han sido calificados como héroes por hablar en público de sus ansiedades autoproclamadas. (Kim, Kendall, marearse en un avión no es lo mismo que tener un ataque de pánico). La manera en la que se trivializa, especialmente por parte de famosos, estas enfermedades devastadoras elimina la posibilidad de creer a gente con un diagnóstico real.

La ansiedad como enfermedad puede manifestarse de muchas formas: trastorno de ansiedad generalizada (TAG), trastorno de pánico o trastorno de ansiedad social. Es también un sentimiento humano que todos tenemos. No obstante, los nervios comunes y la ansiedad severa no son lo mismo.

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“La ansiedad en sí es una experiencia normal”, dice Shanthi Mogali, director de psiquiatría en el Centro de Tratamiento de Mountainside en Connecticut. “La ansiedad patológica es cuando comienzas a experimentar nervios y preocupaciones constantes en tu día a día —empiezas a preocuparte por cosas mundanas, cosas que la gente normal puede obviar. Consume tu vida”.

Incluso pequeñas acciones como elegir qué ropa te vas a poner o hacer planes son suficientes para provocar una crisis en alguien que sufre de ansiedad. La preocupación les consume y comienzan a manifestar síntomas físicos; se les acelera el corazón y experimentan sudor y respiración agitada.

Sea por atención o por desconocimiento general de cómo funciona la ansiedad patológica, el uso coloquial de la terminología asociada a la ansiedad es un bofetón para todos aquellos que realmente la sufren. Todos aquellos que desearían que aquello que sienten en realidad solo fueran cosquilleos en el estómago —escuchar a gente que utiliza estos términos sin ton ni son trivializa el pánico absoluto que se siente cuando sufres ansiedad y provoca que la gente cada vez se lo tome menos en serio.


Alyssa Jeffers, 26 años, ha sido diagnosticada con TAG, trastorno de pánico, ansiedad social y TOC. Aunque está en tratamiento, dice que estas enfermedades se han hecho con el control de su vida. “Es frustrante cuando la gente dice, ‘tengo una ansiedad horrible’ pero, en realidad, solo están nerviosos por algo”, cuenta, “porque hay una gran diferencia entre tener ansiedad y estar nervioso y no creo que la gente lo entienda”.

Ella se considera una persona sociable, pero en muchas situaciones sociales no se siente del todo cómoda y, a menudo, se agobia cuando se está preparando para salir y tiene que cancelar todos sus planes. Su trastorno de pánico le provoca hiperventilaciones y, algunas veces, incluso desmayos. En una de esas ocasiones, sus músculos y articulaciones se tensaron y comenzaron a fallar por falta de oxigeno; acabó en el hospital.

¿Alguna vez has estado tan nervioso que te sudan las palmas, se te corta la digestión y tu mente va a mil por hora? Siento tener que ser yo quien te lo diga, pero NO es un ataque de pánico. Los ataques de pánico se manifiestan de manera diferente en cada persona, pero el consenso general de la gente que los sufre es que sienten una desesperación sobrecogedora que les impide hasta moverte —a veces llegan a sentir que van a morir. Hay gente que incluso confunde los ataques de pánico con ataques al corazón porque pueden sentir dolor en el pecho o falta de aire.

Así describe Jeffers lo que ella siente:

"Mis manos comienzan a temblar. Siento como si tuviera un bloque de cemento en mi pecho. Empiezo a sentir una sensación rara a través de mi cuerpo como si todos mis sentidos se intensificaran y el área pectoral se me enrojece. Lo peor es la respiración. Tengo que recordarme a mí misma que respire y si no lo consigo comienzo a respirar entrecortadamente y antes de darme cuenta estoy en un estado de histeria absoluta. La última vez, empecé a sentir hormigueos en mis manos y mis pies. Los músculos se me tensan y no puedo moverme bien. Es como si estuvieras paralizada, aunque en realidad no lo estás, es todo un producto de tu mente pero no puedes moverte. Piensas en un millón de cosas a la vez y entonces, ay dios, voy a morir; ¡qué horrible! ¿Por qué me está pasando esto a mí? ¿Qué lo provoca? Piensas en cosas malas y hace que todo se alargue”.

A diferencia de los ataques de ansiedad, que tienen síntomas similares pero suelen ser el resultado de un estímulo (tu pareja acaba de dejarte, te han despedido, te han gritado por la calle), los ataques de pánico aparecen de repente. También, empeoran con la ansiedad que les precede o el miedo constante a que tengas otro ataque de pánico sin previo aviso.

¿La solución? Tómate un Trankimazin, tío. Lo que para algunos es un salvavidas necesario, para otros se ha convertido en un chiste. Pero incluso aunque solo quieran ser graciosos, confunden el uso real del Trankimazin. No es un “tranquilizante” si no un medicamento que te saca de un estado mental terrorífico.

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"Es frustrante que la gente diga ‘tranquilo, tómate un Trankimazin, no pasa nada’ y ‘lo que necesitas es un Trankimazin’ cuando en realidad es mi salvavidas en caso de ataque de pánico”, dice Jeffers. “Siempre y cuando pueda cogerlo y tomármelo antes de que entre en estado de pánico para poder salir, más o menos, de él”.

Un tratamiento común para la gente que tiene trastornos de ansiedad —junto con terapias cognitivo-conductuales— es una medicación diaria basada en inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina tales como Sertralina o Escitalopram y algún tipo de benzodiacepina (Orfidal, Lorazepam, Trankimazin) que se toman según tus necesidades, por ejemplo cuando sientes que vas a tener un ataque de pánico.

Entre la gente que toma benzodiacepinas de manera recreacional y los doctores a los que no les tiembla la mano al firmar prescripciones, conseguir Trankimazin hoy en día es bastante fácil. Añádele una sociedad que ha frivolizado el significado de padecer ansiedad y tienes una generación que toma Trankimazin prácticamente como si fuera vitaminas. Así, la gente que de verdad necesita el medicamento tiene cada vez más problemas para ser tomados en serio.

La ansiedad tiene una función biológica: prevenir a nuestros cuerpos de un peligro inminente. La adrenalina extra que se genera ante la respuesta de lucha o huida es muy útil cuando, por ejemplo, nos persigue un oso, pero mucho menos útil cuando nos estresamos por trabajo o por las facturas de la luz. Pero algunos tipos de ansiedad son ventajosas a la hora de alertar a tu cuerpo de que hay un problema, y no siempre debería esconderse.

“Hay muchas personas que se automedican para combatir niveles básicos de ansiedad, que son parte de nuestra supervivencia”, dice Mogali. “Creo que esto empeora muchos trastornos porque no somos capaces de aguantar niveles normales de ansiedad”.

Si alguien siente un ápice de nervios, le echa la culpa a su “ansiedad”, se toma una pastilla y sigue como si nada. Además de estar ocultando un sentimiento humano real que todo el mundo experimenta, es una sobredosis que puede originar una resistencia o incluso adicción a estos medicamentos.

“Se crea una dependencia con estos medicamentos —una dependencia física”, explica Mogali. “No es nada sano y tu cuerpo puede comenzar a depender físicamente. Al final, necesitas pasar un proceso de desintoxicación para poder desengancharte”.

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Por cada famoso que revela tener problemas de ansiedad y ataques de pánico inevitables (siempre tienen ataques de pánico) en alguna portada de revista o un programa de telerrealidad, hay millones de personas que de verdad sufren en silencio, luchando por sobrevivir cada día y sintiéndose prisioneros en sus propias mentes. Está claro que yo no soy siquiatra —quizás los trastornos de ansiedad de verdad se están apoderando de Hollywood— pero llevo toda mi vida luchando con la ansiedad desde que tenía 12 años, preocupándome cada vez que tenía que hacer pequeños recados, levantándome en mitad de la noche con ataques de pánico pensando que me moría. También he estado nerviosa antes de una entrevista de trabajo o de una actuación enfrente de mucha gente; hay una diferencia muy grande.

La ansiedad no te hace guay o interesante. No es una palabra que podamos usar hasta la saciedad como si fuera una muletilla. Es un trastorno debilitante que cada vez sufrimos más gente. Todos tenemos derecho a ser tomados en serio. Los demás necesitan otra palabra para expresar cómo se sienten; a veces, está bien estar simplemente nervioso.

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