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Te contamos cómo es la vida a ambos lados del 'muro de la vergüenza' de Lima

De un lado de la valla está uno de los asentamientos más pobres de la capital peruana, llamado Nadine Heredia — como la primera dama — y del otro está Las Casaurinas, un residencial de lujo. VICE News visitó esta zona marcada por la desigualdad.
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Imagen por María Cervantes
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Nadine Heredia. Este es el nombre de la primera dama del Perú y también de uno de los asentamientos humanos más pobres de Lima. Para llegar ahí hay que subir a pie hasta la punta de un cerro, ubicado en el cono sur de Lima, ya que no hay calles pavimentadas para la circulación de autos.

"Vaya con cuidado… y no ande por ahí preguntando", recomiendan. Tras dos minutos andando por el camino de tierra, aparece ante nuestros ojos el cementerio de la ciudad. Las cruces y lápidas presagian las historias que uno escuchará en este pequeño pueblo, que se hizo famoso en noviembre de 2015, cuando a alguien se le ocurrió filmar un video para dar a conocer el llamado 'muro de la vergüenza', una muralla que divide este lugar de la zona residencial más exclusiva del país: Las Casuarinas.

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En este cerro, los más ricos y los más pobres coexisten a distancia corta, unos en el lado izquierdo, los otros en el derecho; juntos pero no revueltos. Recordándonos todos los días la desigualdad que persiste en Perú.

'Hace unos días intentaron violar a una chica… pero el mototaxista escapó'.

"Antes de que viviéramos aquí, en la pampa se producían violaciones. Los mototaxistas traían aquí a sus pasajeras y abusaban de ellas aprovechando que estaba desolado", cuenta Ofelia de Cárdenas, presidenta del comedor popular. "Incluso hace unos días intentaron violar a una chica. Al escuchar los gritos todos los vecinos salimos, pero el mototaxista escapó", continúa.

La pampa, que se encuentra en la parte baja del cerro, es la única zona recreativa para los niños y jóvenes. Un arenal con dos arcos que hace las veces de campo deportivo. Desde ahí se tiene un buen panorama de Nadine Heredia. Hileras verticales de chozas erigidas sobre llantas. Escaleras empinadas, y a lo lejos se ve a un abuelo bajando lentamente, despacio porque no hay barandales donde apoyarse. Varios perros callejeros merodean a los comensales del comedor popular. Este es el sitio de encuentro de los vecinos y el mejor lugar para indagar sobre los orígenes del pueblo.

El área estaba destinada a la ampliación del cementerio de la ciudad, pero fue invadida en el 2012 por los ahora pobladores, muchos de los cuales son madres solteras.

El barrio llamado Nadine Heredia, es uno de los asentamientos más pobres de Lima. (Imagen por María Cervantes)

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Giovanna Sandoval fue repudiada por su familia cuando quedó embarazada. Ella aún no había terminado sus estudios superiores, por lo que su "metida de pata" fue una decepción para su padre. Su pareja quería concluir la universidad así que le pidió abortar. Cuando Giovanna se negó, él la dejó.

"Crié sola a mi hijo, como él era enfermizo tuve que dejar mi trabajo para atenderlo. Por mi idiotez inicié una segunda relación, pero luego dejé a mi pareja porque me maltrataba. Mi padres tienen una casa grande pero como no me apoyaban tuve que alquilar un cuarto. Luego invadí este lugar para tener un terreno", recuerda Giovanna.

'Crié sola a mi hijo, y luego invadí este lugar para tener un terreno'.

Lady, quien prefiere no dar su apellido, nació en una región del sur del país, emigró a la capital muy pequeña para vivir en la casa de sus tías. Cuando terminó el colegio quedó embarazada. Hace cuatro años vino a este lugar por el sueño de la casa propia. Hoy tiene un pequeño que sufre desnutrición. Sus vecinas cuentan que el esposo ha desaparecido.

Mujeres como ellas invadieron el área en 2012, pero la policía llegó a los pocos días con caballos. Los serenos y los antimotines corretearon a los pobladores por toda la pampa, quemaron sus chozas y los sacaron a la fuerza. Los medios que cubrieron el enfrentamiento informaron que los pobladores estaban "armados hasta los dientes".

'Ellos (los ricos) tenían miedo de que invadiéramos su zona'.

Los habitantes de Nadine Heredia creen que eran sus "vecinos" ricos los que presionaban a las autoridades y promovían las acciones policiales. "Ellos tenían miedo de que invadiéramos su zona", dice Giovanna.

No obstante, tras el desalojo de la mañana, regresaron en la misma noche. Pero esta vez los invasores tuvieron que dejar de trabajar para cuidar sus terrenos, subían a la parte más alta del cerro para vigilar a la policía. Desde ahí también miraban otra realidad, cercana pero distante: la vida en Las Casuarinas.

Las Casaurinas es la zona residencial más exclusiva de Lima y está dividida por un muro, del barrio pobre, llamado Nadine Heredia. (Imagen por María Cervantes)

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"Nosotras bromeábamos. Las llamábamos nuestras vecinas. Decíamos que íbamos a construir una casa igual a la que ellas tienen, con piscina grande y parque", cuenta Giovanna.

Durante ese tiempo los residentes de Las Casuarinas construyeron el último tramo del "muro de la vergüenza", que separó definitivamente a estas dos clases sociales. Desde entonces el alcalde de San Juan de Miraflores, Adolfo Ocampo, y la policía los ha dejado vivir tranquilos.

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"Ahora incluso tenemos nuestra constancia de propiedad", dice Giovanna mientras lava ropa a mano en la puerta de su casa. No puede usar lavadora porque no tiene luz. El agua es un lujo. Los camiones cisterna vienen dos veces al día para vender el agua más cara de Lima. Al mes ella gasta unos 60 dólares, la cuarta parte de su sueldo.

'Bromeábamos… decíamos que íbamos a construir una casa igual a la de ellas, con piscina grande'.

Su primera casa en este asentamiento humano lo conformaban cuatro palos y costales. Luego levantó un cuartito de triplay. De noche servía de dormitorio para ella y sus hijos, de día volteaban la cama y el área se convertía en sala y cocina. Ahora tiene una casa de madera que ha levantado antes de que llegue el invierno. El techo es de calamina, que siempre amenaza con salir volando. "Algunas veces, el fuerte viento se lo ha llevado y hemos tenido que ir a recogerlo", cuenta uno de sus cuatro hijos.

Desde sus ventanas, sin vidrio, se observa la inmensidad del sur de Lima, cerros inundados de casas y casas rodeadas de polvo. Áreas improvisadas, barrios que salieron de la nada, donde no se planificó la urbanización, ni se pensó en pistas para el transporte.

'Algunas veces el fuerte viento se ha llevado el techo y hemos tenido que ir a recogerlo'.

Todo es diametralmente opuesto en el otro lado del cerro. Para ingresar a Las Casuarinas hay que pasar por una estricta vigilancia. Primero, hay pasar el face control. Si lo pasas, te preguntan a qué familia visitas y te piden el documento de identidad. Un letrero advierte que las cámaras de seguridad están grabando. Una vez dentro se puede observar las fachadas de las mansiones, la mayoría cercadas por frondosos árboles que impiden la vista al interior. Cualquiera de estas casas está valuada en millones de dólares. Aquí vive la crema y nata de la sociedad peruana.

La Casuarinas tiene vías privadas que llegan hasta lo alto del cerro. Por sus calles solo caminan las empleadas y obreros. Los residentes van en auto. Aquí no se percibe en absoluto el ruido de la bulliciosa capital. Desde arriba se ven casas diseñadas por arquitectos, piscinas y áreas verdes. Caminar por aquí es como estar en otro país.

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Al costado de la salida de la zona residencial se encuentra el pre-kinder Las Casuarinas, cuya mensualidad es tres veces el salario mínimo.

Todavía queda espacio

Los hijos de Giovanna no saben lo que es un pre-kinder. Ellos fueron a un Wawa Wasi, que traducido del quechua significa "casa de los niños". Los Wawa Wasi son guarderías creadas por el Estado, para que los padres que trabajan y viven en extrema pobreza, dejen a sus hijos menores de cuatro años.

Giovanna es una de las habitantes de este desfavorecido barrio en el que vive con sus niños. Si hija está embarazada. (Imagen por María Cervantes)

"Durante mucho tiempo dejé abandonados a mis niños, los dejaba en el Wawa Wasi o en otros centros. Ahora trabajo como cobradora de buses y tengo más tiempo para ellos", recuerda Giovanna, que parece arrepentida. En sus propias palabras, en Nadine Heredia "los chicos crecen como pollos. Las madres trabajan y no les importa lo que pasa con ellos. Aunque hay otras que sí sacan adelante a sus hijos", rectifica.

La mayoría de los varones del lugar deja el colegio y se vuelven pirañitas (niños que roban), por la tarde beben y se drogan. Las chicas quedan embarazadas. La hija de Giovanna es una de ellas. Tiene 15 años y ya espera un bebé, dejó el colegio cuando le faltaba dos años para terminarlo. Su pareja tampoco ha concluido los estudios.

Según Ofelia, la presidenta del comedor, en el asentamiento hay unas 40 chicas en estado de gestación. Mientras limpia el merendero, la matriarca del asentamiento reflexiona sobre las causas del alto porcentaje de embarazo adolescente. "Las chibolas quieren la libertad de estar con alguien. No piensan que tienen que estudiar". Señala a su yerno con cólera y prosigue: "Son vagos. Así como usted lo ve, sentado, así quiere estar todo el día. Hay becas para estudiar y no aprovechan".

'¡A qué idiota se le habrá ocurrido! Pensamos que si poníamos el nombre de la primera dama, nos iba a dar títulos de propiedad'.

La hija de Ofelia no quiere decir su nombre. Le pregunto cómo harán para comprar una casa si no trabajan. Entre risas señala la punta de los cerros que aún lucen vacíos. "Todavía queda espacio", dice.

Ofelia, ofuscada, señala a Sofía. "Ella tiene treinta y tantos años y tiene nueve hijos. Su esposo viene de vez en cuando, le da 30 soles (9 dólares) o 50 soles (15 dólares) y ella queda feliz", dice indignada.

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Bromean, se gritan, se insultan y ríen. "Por eso estamos en extrema pobreza, porque hay mucha vulgaridad", dicen. La mayoría se toma la vida de forma ligera, menos Ofelia, quien fundó el comedor popular que alimenta a toda la población. Ella llama la atención a todos, los regaña, espera que ellos aspiren a una vida mejor.

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Este es el comedor popular al que se acercan a comer muchos habitantes del barrio Nadine Heredia. (Imagen por María Cervantes)

Votarán por Keiko Fujimori

Mientras conversamos, se acerca un joven a entregar volantes de la camapaña política, pues el próximo 10 de abril se celebrarán elecciones presidenciales en Perú.

Las mujeres aseguran que ellas votarán de forma unánime por Keiko Fujimori, la hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado por violar derechos humanos y por corrupción durante su gobierno, en los años 90.

La explicación es sencilla. Giovanna dice que el partido político de Fujimori, en el distrito, ha llevado a sus hijos y a otros niños de paseo al zoológico. También los ha llevado a comer pollo a la brasa.

Ofelia añade: "y porque durante su gobierno vino al cerro del frente y construyó pistas. También ha hecho muchas obras en el interior del país".

— ¿Y el presidente Ollanta Humala no ha hecho nada por ustedes?

"Ese desgraciado. La primera dama Nadine ya se fugó del país, y su esposo está en Londres", asegura Ofelia, haciéndose eco de falsos rumores sobre una posible fuga del presidente.

— Y entonces, ¿por qué llamaron Nadine Heredia al asentamiento?

"¡A qué idiota se le habrá ocurrido! Pensamos que si poníamos el nombre de la primera dama a nuestro barrio, ella vendría y nos ayudaría a obtener los títulos de propiedad. Pero nunca vino", culmina Ofelia.

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