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Porno

Abre el primer cine porno 5D del mundo

Esta iniciativa es una buena respuesta a los intentos de limpiar el Barrio Rojo de cualquier cosa que huela a sexo o diversión.

por Djanlissa Pringels; traducido por Mario Abad
11 Abril 2019, 3:30am

Este artículo se publicó originalmente en VICE Países Bajos.

La actriz porno Kim Holland me susurra al oído mientras me masajea los hombros. “Vas a vivir toda una experiencia”, me asegura. “Tú relájate y disfruta”.

Es viernes por la noche y estoy en el primer cine del mundo en el que proyectan películas porno en 5D, que abrió sus puertas este mes en Ámsterdam. Además de Kim Holland, me acompañan cinco de sus compañeras, todas ellas actrices porno que han colaborado para hacer realidad este proyecto.

La película está en 3D, por lo que tengo que ponerme unas gafas especiales. La verdad es que no va nada mal, porque durante la proyección se rocía al público en la cara con sustancias y las gafas evitan que les entren en los ojos. Los líquidos proceden de las butacas especiales en las que estamos sentadas, que también liberan olores específicos en función de lo que esté ocurriendo en pantalla y vibran y se inclinan en sincronía con las escenas.

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El local es el antiguo cine erótico Sex Cinema Venus. Fundado en la década de 1970, durante décadas fue todo un referente del cine para adultos de calidad. Pero hace diez años la sala cerró sus puertas como resultado de uno de tantos esfuerzos de la ciudad de Ámsterdam por limpiar la imagen del Barrio Rojo. No es de extrañar, por tanto, que a algunos políticos no les hiciera mucha gracia el anuncio de Kim Holland de abrir un cine porno en 5D, cuando desde el consistorio están tomando medidas para evitar que el centro de la ciudad se convierta en un parque de atracciones para turistas. Pese a todo, nada pudo parar a Kim: al parecer, el concepto de pasar películas de gente follando en cinco dimensiones sí entra en el plan urbanístico de la ciudad.

Me siento en una de las 12 butacas que a duras penas caben en la pequeña sala. Holland se sienta detrás de mí y me susurra al oído la ilusión que le hace que vaya a ser testigo de ese gran momento. La película arranca con un plano de Holland y sus amigas, posando como superheroínas. A continuación, la cámara nos lleva al exterior, al Barrio Rojo, donde vemos a un hombre fumando un porro. De ahí, la historia se desarrolla más o menos así: el tipo folla con unas cuantas mujeres, le roban la bicicleta, se topa con una turista, recibe una mamada en uno de los barcos que hacen tours por el canal, participa en un trío en un jacuzzi, se come un plátano de la vagina de una de las chicas del famoso Banana Bar, hace una comida y finalmente es castigado por una dominatriz.

Durante la película, las butacas vibran y se mueven coincidiendo con las escenas. Cuando nuestro héroe llega al jacuzzi, empiezan a salir burbujas de verdad, y cada vez que alguno de los actores se corre, recibimos en la cara una rociada de lo que espero fuera agua. Mientras, las tomas cambian cada tres segundos, de forma que la experiencia se convierte rápidamente en una montaña rusa de sentidos. La película es una oda al morbo con la sutileza de las luces estroboscópicas.

A lo largo del metraje, las butacas no dejan de emitir un constante zumbido, pero pasado un rato el ruido pasa a un segundo plano, gracias en parte a los gritos de las actrices detrás de mí. Es la tercera vez que ven la película, pero todavía se siguen sorprendiendo cada vez que las butacas vibran o el látigo en 3D que aparece en pantalla se lanza hacia el público. También se dan muchas muestras de apoyo mutuo cada vez que una de ellas aparece en escena.

La experiencia termina a los diez minutos y me quedo un rato charlando con Holland y dos de sus compañeras, Nora y Mandy, sobre la locura que acabo de ver.

Están muy orgullosas de su trabajo en la primera incursión del mundo en el cine porno en 5D. “Fue muy divertido hacerlo”, me cuenta Nora. “Aparte de que había una cámara adicional durante el rodaje, realmente no fue tan distinto a como trabajamos normalmente”.


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Les confieso el alivio que siento por su decisión de ahorrarnos tener que aguantar el olor a semen durante el pase. “Pues nos lo planteamos”, admite Holland, “pero los olores son tan subjetivos… Lo que a una persona puede gustarle, a otra puede parecerle asqueroso”. Eso no habría encajado con la experiencia agradable que pretendían crear para todo el mundo. Holland pensó que el olor floral de las burbujas del jacuzzi era una forma mejor de introducir sensaciones olfativas en la experiencia porno.

Es muy probable que haya gente que intente follar en el cine mismo, pero no va a ser nada fácil, con tanto meneo de butacas y líquidos pulverizados flotando en el aire. “No buscamos esa experiencia”, señala Holland. “La idea es ofrecer una forma moderna y divertida de disfrutar el erotismo. Y cuando salgas de aquí, hay un montón de sitios en el barrio en los que puedes ir a follar o masturbarte”.

“Esto es más como una atracción”, añade Nora. “Cuando vienes a Ámsterdam de turista, por ejemplo, sabes que vienes a una ciudad muy desinhibida. Los turistas no han visto nada parecido en su país”. Holland se apresura a añadir que el porno en 5D no solo es para turistas, sino que es una atracción obligada también para autóctonos.

Probablemente un cine porno en 5D no es el primer sitio al que iría para ponerme a tono, pero está bien que exista. No solo porque las mujeres que lo han creado se sientan tan orgullosas de su trabajo, sino también porque ⎯no sé si intencionadamente⎯ esta atracción sexual es una buena forma de reaccionar a los intentos de eliminar del Barrio Rojo cualquier rastro de sexo o diversión.

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