Cómo sobrevivir una pelea de bar

"Todo lo que tocaran sus manos servía. Vi cómo le pegaron a un hombre con una mesa, éste se echó para atrás y así golpeó a su atacante".
ER
traducido por Elvira Rosales
KR
tal y como se lo contó a Kamila Rymajdo
22.7.17
Billede via Flickr-brugeren Simon Webster.

Bienvenidos una vez más a Confesiones de Restaurante , donde hablamos con las voces no escuchadas de la industria restaurantera, tanto del servicio como de la cocina, acerca de lo que realmente ocurre detrás de escena en tus establecimientos favoritos.

Ser empleado en un bar lujoso tiene ciertas ventajas, la principal son las propinas. Pero como cualquier trabajo relativamente fácil con una buena paga, existen riesgos ocultos que nadie te advierte. Mientras preparaba cócteles la noche de Año Nuevo, me di cuenta de qué tan peligroso puede ser estar en medio de una pelea de bar.

Publicidad

Esa noche, el equipo de seguridad cumplía una semana en servicio y no conocían el tipo de clientela que atendíamos. Siempre había traficantes o miembros de pandillas, pero supongo que debido a la ocasión, llegaron otros que no conocíamos tan bien. Cualquiera que haya sido la razón, la pelea estalló y los cadeneros no estaban preparados.

El bar estaba dividido en dos plantas, la parte de arriba tenía el servicio de botellas; así que los clientes más ricos siempre subían a competir quién podía gastar más. Se supone que era una noche de celebración, pero no fue así: uno podía sentir la tensión. Ya habían ocurrido dos peleas a medianoche.

Se supone que era una noche de celebración, pero no fue así: uno podía sentir la tensión.

Los cadeneros lograron calmar un par de veces a los chicos que estaban peleando, pero les dejaron seguir en el bar. Le dije al dueño: "Estos tipos ya tuvieron dos peleas y siguen aquí", como es un lugar tan liberal, no le importó. Solo me respondía, "Como sea, es más dinero".

La gran pelea ocurrió alrededor de las 2 AM. Justo había salido para tomar un descanso y cuando volví, reconocí a uno de los tipos que había estado peleando. Estaba con un par de ayudantes nuevos que no percibían el ambiente hostil, así que les dije que se alejaran porque sabía que las cosas iban a ponerse peor. Y así sucedió. Mientras la pelea empeoraba, esperé a que los cadeneros subieran, pero nunca pasó.

LEE MÁS: La única manera de sobrevivir como bartender es emborracharse

Más gente se involucró, rompían botellas contra las paredes para intentar apuñalarse. Luego había gente que arrastraban a los gabinetes para golpearlas con más saña. Las chicas huían, pero incluso ellas quedaban en medio y recibían golpes. Al final, había cerca de 40 personas peleando y lo único que podíamos hacer los del personal era cubrirnos. La pelea se extendió por todo el bar, muchos llegaron hasta la cocina. Todo lo que tocaran sus manos servía. Vi cómo le pegaban a un hombre con una mesa, éste se echó para atrás y así golpeó a su atacante.

Lo creas o no, los guardias dejaron el lugar, así nada más. Finalmente, alguien debió hablar a la policía y los dueños decidieron cerrar todas las puertas para que nadie pudiera entrar o salir. Era como un horno de peleas, durante 20 minutos o media hora fue una pelea campal sin restricciones. Yo solo pensé, "No me voy a involucrar o intentar romper algo, no voy a arriesgar mi vida por alguien a quien nunca he visto, a la chingada".

Publicidad

De milagro nadie salió herido. Los golpes de botellas llegaron hasta los dueños, pero nada más, lo cual es sorprendente tomando en cuenta que hasta las sillas y mesas salieron volando. Cuando la policía llegó, lanzaron gas lacrimógeno pero no alcancé a verlo. El bar terminó como un matadero, un baño de sangre.

LEE MÁS: Los eventos gastronómicos sacan lo peor de la gente

La policía nos dijo que nadie presentó una declaración. Ya lo sabía, cuando las pandillas están involucradas, la gente prefiere guardar silencio. Pero lo que sí me sorprendió es que personas que no tenían nada qué ver con la pelea, se metieron y acabaron pelando también. Quizá trataban de ser buenos samaritanos, pero solo recibieron golpes.

La policía nos pidió rendir declaración a nombre del bar, pero ni siquiera nos molestamos. Sin embargo, el bar sí perdió asistencia durante meses, pasó de ganar 50 mil por noche a diez con mucha suerte. Sigue abierto solo porque los dueños invierten dinero de otros negocios. Cualquier otro bar habría cerrado.

Al día siguiente de la pelea, desperté sintiendo que debía irme. Prendí mi lap y reservé el primer vuelo a Ámsterdam, pasé dos días comiendo hongos para procesar lo que había sucedido. Pero cuando regresé, fui directo al trabajo. Nadie renunció. Supongo que todos nos quedamos, porque ganábamos muy bien, solo teníamos que trabajar dos noches a la semana. Por esa libertad, vale la pena correr el riesgo.