¡Deja de tratar de ligarte a las meseras!

¡Deja de tratar de ligarte a las meseras!

Siendo mujer, no hay forma de librarse de la cruda verdad: nos objetivizan mientras preparamos bebidas y es irritante. No debería ser aceptable tratar a las mujeres como trozos de carne.
7.12.16

Bienvenido una vez más a Confesiones de Restaurante, donde hablamos con las voces no escuchadas de la industria restaurantera, tanto del servicio como de la cocina, sobre lo que realmente sucede tras bambalinas en tus establecimientos favoritos. En esta entrega, escuchamos a la dueña de un bar que está harta del acoso sexual.

"Oye, con todo respeto, ¿te puedo hacer una pregunta muy seria?".

Uno de mis clientes regulares me preguntó algo así un día. Hasta ese momento, no sentía nada más que respeto por el sujeto, así como pensaba que él me respetaba a mí. Vestía trajes elegantes y manejaba un auto muy lindo. Proponía conversaciones genuinas mientras le servía tragos gratis, ya que venía diario después del trabajo y daba propinas muy buenas.

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Entonces tuvo que joder todo, preguntándome algo que jamás me hubiera imaginado.

"¿Estás usando ropa interior ahora mismo?"

Inmediatamente perdí todo el respeto por este cliente. Realmente me molestó por dentro, pero logré sobreponerme, ya que soy una mujer acostumbrada a la industria de los bares. Le contesté de forma inteligente y cortante, ya que efectivamente no llevaba ropa interior y la falta de costuras visibles lo dejaba claro: "¿Por qué carajos preguntas lo que tienes enfrente?". Lo peor de todo es que él nunca había coqueteado, ni yo tampoco. Sigue viniendo constantemente, pero ya no es lo mismo. Ahora soy muy fría con él y admito que incluso siento rencor hacia él desde el día que me hizo esa pregunta.

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Esta es solo una de las muchas formas de acoso sexual que tengo que enfrentar como mujer dueña de un bar.

Tengo otra historia que probablemente arruinó dar tragos gratis en un cumpleaños. La estaban pasando bien, yo simplemente dije, "¡Aquí tienes!". Uno de ellos dijo, "¿Puedo tomarlo de tu cuerpo? Porque eres muy sexy. Me encantaría probar tu sabor". Me reí y me alejé.

Otros escenarios incluyen un cliente extraño que no dejaba de mirarme mientras yo estaba comiendo en mi descanso y me dijo, "Me encanta cómo comes"; y otra ocasión en que un cliente anunció: "Puedo oler tu vagina". Nunca tuve que echar a nadie de mi bar, excepto a una lesbiana que estaba obsesionada conmigo y se negaba a salir, inclusive se colgó del guardia de seguridad cuando intentó sacarla.

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Mis padres han sido dueños de bares durante más tiempo del que yo he existido. Siempre he amado la vida nocturna, ya que crecí en ella. Desde antes de que pudiera beber legalmente, le ayudaba a mi padre con sus bares y a servir tragos a hombres mayores. En ese entonces fue cuando me di cuenta de algunas consecuencias de ser una mujer joven que atiende una barra, sirviendo de beber a un montón de hombres ebrios.

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No me molestaba tanto de niña, porque todos sabían que era la hija del dueño y no se atrevían a tocarme. Pero conforme fui creciendo y empecé a verme más como una mujer, comencé a recibir comentarios estúpidos de los clientes de mi padre. No obstante, los ignoraba y no me lo tomaba muy en serio. No sabía que esta temprana exposición a hombres lujuriosos me prepararía para responder a los comentarios que recibes cuando trabajas detrás del mostrador y tienes un par de tetas.

Decidí mantener un código de vestimenta muy relajado entre mis empleados. Le digo a todas mis meseras y bartenders que se vistan de negro con algo cómodo para que se sientan seguras en el trabajo. Como la mayoría tiene menos de 30, a veces esto significa llevar un vestido que sea un poco revelador. Recuerdo que los primeros días de haber abierto, tuvimos un incidente con un cliente que no dejaba de mirar el escote de una mis meseras de coctelería. La hacía sentir muy incómoda y me pidió que el guardia de seguridad lo echara, pero yo no podía hacer nada porque no había infringido ninguna ley solo por mirar.

Un cumplido es un cumplido y puedo recibir agradablemente uno, pero si haces cualquier insinuación sexual, deja de ser un cumplido.

Siendo mujer, no hay forma de librarse de la cruda verdad: nos objetivizan mientras preparamos bebidas y es irritante. No debería aceptarse o ser aceptable tratar a las mujeres como trozos de carne. Al mismo tiempo, no puedes quejarte mucho porque así es la vida en los bares y tú la elegiste. Muchos hombres beben y dicen estupideces cuando están ebrios. Si eres una mujer, ya sabes lo que sucede. Incluso si no trabajas en un bar y no llevas ropa que te haga ver como mierda, te dirán cosas y te chiflarán desconocidos.

Trabajar en un bar es solo la extensión de esta norma social que ha sido así desde mi generación, razón por la cual probablemente mi mamá —quien me ayuda en el bar— siempre me enseñó a tener una piel gruesa y nunca dejar que me afectara. Aún así, lidiar profesionalmente con estos tipos sin perder clientela es una práctica diaria en la gracia, la clase, la etiqueta y la sabiduría callejera.

Incluso si no trabajas en un bar y no llevas ropa que te haga ver como mierda, te dirán cosas y te chiflarán desconocidos.

Se vuelve cansado, así que para empoderar a mis empleadas que tienen que lidiar con esto, siempre les repito: "Recuerden, nosotras tenemos la vagina, nosotras tenemos el poder. ¡Nosotras decimos lo que se hace!". Asimismo, al final de cada turno, puedes apostar que nos vamos a reír de tu pobre intento de ligarnos. Nos burlamos de ti. Un cumplido es un cumplido y puedo recibir agradablemente uno, pero si haces cualquier insinuación sexual, deja de ser un cumplido.

Recientemente, mi mamá y yo nos dimos cuenta de que esta generación de hombres misóginos está muriendo poco a poco y se va reemplazando con una generación de chicos millennials que son más respetuosos con las mujeres.

Si eres un tipo al que le gusta hacer comentarios sexuales groseros o ligar con las meseras en bares y restaurantes, aquí hay algunos consejos: si estás frustrado sexualmente, por favor mastúrbate antes de venir al bar en lugar de sacar tu frustración con nosotras y mostrarte como un tonto hambriento. La mayoría de nosotras ya tiene una pareja. No vas a conseguir nuestro teléfono. No vas a acostarte con ninguna de nosotras. Eso solo pasa en las películas porno.

Solo estamos ahí para trabajar y tomar tu dinero. Solo eso.

Esta entrevista fue editada y resumida para una mejor claridad.

Tal y como fue contado a Javier Cabral