Identidad

Amor libre y LSD: fotos de la vida en una comuna de los 70

"Digamos simplemente que nunca nos aburrimos".
Vincenzo Ligresti
Milan, IT
LC
traducido por Laura Castro
12.11.20
La Comuna de Ovada. Una chica busca dentro de una bolsa. Fondo: Muro con símbolo y escritos anarquistas.
Todas las fotos: Gigi Respighi, cortesía de Ignazio Maria Gallino.

Inspirada en la Generación Beat, la comuna más famosa de Italia se estableció entre 1970 y 1971 en la ciudad de Ovada, en la región del Piamonte.

Si bien podría ser la más notoria, la comuna de Ovada no fue la única; una comuna menos conocida surgió en 1968, justo en el centro de Milán. La fundadora de ese grupo fue Dinni Cesoni, autoproclamada "miembro de la comuna e india por adopción".

Hablé con Cesoni, ahora psicóloga, sobre los sueños e ideales que utilizó para crear su experimento urbano y cómo, en 1977, todo se vino abajo.

Desafortunadamente, no existen fotos de la comuna de Cesoni, pero la entrevista va acompañada con imágenes de la comuna de Ovada, tomadas del libro La comune hippy di Ovada - un'utopia vissuta [La comuna hippy de Ovada - Viviendo en una utopía], de Ignazio Maria Gallino, quien nos ofrece una imagen de la vida hippy italiana en la década de 1970: trabajo compartido, unión constante, amor libre y drogas por montones.

La comuna de Ovada. Gente parada afuera de una granja, con el pelo largo y poca ropa. En blanco y negro.

La comuna de Ovada, alrededor de 1970-1971.

VICE: Hola, Dinni. ¿Por qué decidiste iniciar una comuna?
Dinni Cesoni: Sinceramente, fue algo espontáneo. A finales de la década de 1960, los jóvenes se sentían sofocados por la atmósfera de autoritarismo y conformidad de la alta sociedad italiana. Por ejemplo, en la Universidad de Milán, las chicas no podíamos usar pantalones, estaba totalmente prohibido. A pesar de que mi padre era liberal, lo más tarde que me permitía llegar a casa, a los 20 años, era a las 8 pm.

En esta época, los periódicos empezaron a hablar de la “Generación Beat” y los “sucios hippies”. Fue con este espíritu de rebeldía que me uní a mis primeras clases de yoga con algunos amigos de la preparatoria y la universidad. Sabíamos de comunas en Berlín e Inglaterra que seguían el ejemplo de las estadounidenses. Así es como se nos ocurrió la idea. Entonces, seis de nosotros, tres hombres y tres mujeres —había dos parejas en el grupo-, nos mudamos a Via Vico [en Milán] en octubre de 1968.

La comuna de Ovada. Gente desnuda bañándose y descansando junto a un pequeño riachuelo. En blanco y negro.

La comuna de Ovada, alrededor de 1970-1971. A orillas del arroyo Piota.

¿Cómo encontraste el departamento? ¿Y qué hacían para mantenerse? Todos éramos estudiantes y no teníamos ni un centavo. Nos ayudó un amigo arquitecto de 25 años que trabajaba en Milán y conocía la ciudad mucho mejor que nosotros. En ese momento, había muchos departamentos enormes y lujosos que empezaban a caerse en ruinas, lo cual nadie quería. Encontramos un lugar increíble con cuatro dormitorios, cocina y lo que llamamos la "sala de fiestas".

Inicialmente, el arquitecto aportó su salario, pero poco a poco todos encontramos trabajos temporales. Hacíamos artesanalmente algunas joyas y las vendíamos en los clubes nocturnos, un amigo comenzó a trabajar como fotógrafo. No sé cómo, pero yo conseguí un trabajo como periodista de moda. Luego, otro departamento en el mismo piso quedó disponible, y de repente ya éramos 11.

La Comuna de Ovada. Una chica peinando el pelo de un chico mientras otro chico saca hierba de una bolsita. En blanco y negro.

La comuna de Ovada, alrededor de 1970-1971. Miembros de la granja Scorpion.

¿Cómo era un día típico en sus vidas?
Digamos simplemente que nunca nos aburrimos [risas]. En 1969, muchos jóvenes de clase trabajadora se escaparon de casa y llegaron a nuestro barrio, Brera, el cual se llenó de artistas alternativos, antes de convertirse en el lugar aburrido que es hoy. Les dimos hospedaje por unos días o meses a todos los hermanos y hermanas que estaban de paso por la ciudad, aunque solo tuvieran una guitarra y un saco de dormir. Nunca fuimos solo 11.

No nos importaba la comida, pasábamos horas hablando de libros: Siddhartha, On the Road, Howl. Solo algunos de nosotros los habíamos leído, pero todos los conocíamos. La cultura oral fue fundamental para el movimiento. Además estábamos comprometidos con la comunidad. Aparte de escribir sobre moda, colaboré con revistas alternativas, cubriendo y organizando protestas.

Newspaper articles.

Dos artículos periodísticos sobre la comuna de Ovada. Izquierda: "Los Hippies de Ovada no eran adictos a las drogas". Derecha: "Qué tan difícil es ser hippy".

¿Alguna vez conociste a alguien que viviera en Ovada?
Por supuesto, muchos de nuestros hermanos y hermanas venían de allí o iban para allá. Fue un importante punto de referencia para todo el movimiento. Crearon una utopía antes de que la policía los expulsara. La gente estaba volviendo a sus raíces, cultivaba la tierra, se hacía amiga de los agricultores y nadaba desnuda. Hay muchas fotos de ellos. Nosotros no tenemos, ni siquiera pensamos en ello.

¿Tu comuna practicaba el amor libre?
Siempre que alguien me pregunta sobre eso, inmediatamente piensa en orgías. De hecho, todos éramos muy tímidos. Provenimos de una cultura que le teme al sexo. Éramos jóvenes y queríamos saber qué era la sexualidad, porque nadie nos lo había explicado nunca. Por lo general, si estabas caminando por la comuna y algo te hacía clic, podías terminar haciendo el amor. Eso sí, nunca tuvimos sexo; esa palabra nos horrorizaba a todos. El acto físico no nos interesaba, buscábamos una conexión emocional. Es por eso que muchos de nosotros, incluida yo misma, nos fuimos a la India para estudiar tantra.

¿Había celos?
Uno de los pilares del movimiento fue decir "no" a los celos; lo veíamos como algo contrario a la libertad. Pero los celos son una emoción humana común, por lo que no siempre fue fácil evitarlos. Por ejemplo, tuvimos dos parejas que se separaron y luego cambiaron de pareja. Todos hablamos de ello juntos, para ver si otras ideas, como la de la libertad y la creatividad, podían ayudarlos a comprender cómo pueden cambiar nuestros sentimientos hacia una persona. Pero al final, una pareja no pudo seguir viviendo así y abandonó la comuna.

La comuna de Ovada. Personas de pie alrededor de una mesa con un perro, gallinas y una cabra. En blanco y negro.

La comuna de Ovada, alrededor de 1970-1971. Un tipo haciendo pan.

¿Consumiste muchas drogas?
Empezamos a fumar marihuana en 1968. Para ser honesta, no éramos grandes fanáticos de la marihuana, pero cuando se presentaba la oportunidad era un gran momento para compartir. Después se volvió algo más común. Luego, descubrimos el LSD.

¿Y, cómo fue?
¡Una locura! La primera vez que realmente escuché de él y vi sus efectos fue cuando unos miembros de mi comuna y yo nos unimos a un grupo hippie en Amsterdam. Cuando volvimos, lo hablamos en la comuna y decidimos probarlo todos juntos. Fue una experiencia única, ni siquiera puedo describirla. Por supuesto, dos de nosotros permanecimos sobrios como guías. Finalmente lo dejé, porque algunas personas empezaron a tener mal viajes.

La comuna de Ovada. Cinco personas de pie. Imagen en blanco y negro.

La comuna de Ovada, alrededor de 1970-1971. Después de una redada policial. Cartel: "La tierra no es de nadie. La hemos cultivado".

¿Cómo terminó todo?
Hubo muchos factores. Uno fue la heroína, que es la razón por la que he trabajado con drogadictos durante 30 años. Desafortunadamente, el compromiso político de algunas personas se volvió extremismo; por ejemplo, muchos se unieron al Movimiento de 1977 [un movimiento de izquierda que organizó protestas violentas] y las Brigadas Rojas [una organización armada, un grupo guerrillero de extrema izquierda].

Además, algunas personas empezaron a formar una familia, otras se fueron a la India; en resumen, crecimos. Cuando miro hacia atrás, siento como si hubiera sido otra vida y estoy orgullosa de nosotros. Quizás, algún día, los jóvenes continúen con lo que nosotros comenzamos. Pero como solíamos decir en la antigua comuna, la verdadera razón por la que todo se vino abajo fue porque nadie quería nunca lavar los platos.