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El Papa insta a los mexicanos a que “abran sus ojos ante la injusticia”

El Papa Francisco ha dirigido duras palabras contra la clase política y el establishment mexicano durante los primeros días de su visita al segundo país latinoamericano más poblado, azotado por graves problemas sociales y una grave crisis de seguridad.
Imagen por Alessandro di Meo/EPA
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La visita del Papa Francisco a México ha sido un auténtico baño de multitudes: cientos de miles de personas asistieron ayer a su misa, que fue retransmitida en directo por la televisión estatal mexicana. El Pontífice subrayó desde lo alto del púlpito que el motivo principal que le ha traído a México es denunciar el vínculo entre la corrupción que reina en el país y la maltrecha situación de una sociedad que lleva ya años sumida en una flagrante crisis de seguridad.

"Es hora de que abráis vuestros ojos. Es hora de que os enfrentéis a las muchas injusticias que atentan directamente contra el sueño y el proyecto de Dios", exclamó el Papa. Y continuó: "esta es la sociedad de unos pocos que solo trabajan para unos pocos".

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Francisco denunció también lo que describió como "una apropiación indebida de la riqueza que debería de pertenecer a todo el mundo", y criticó que "se utilice el sudor de los demás y que se sacrifique a la gente solo para el disfrute de una élite".

Según el Papa, la actual situación que se vive en México ha provocado que "el pan tenga sabor a dolor, a amargura y a sufrimiento", el mismo pan con el que "una sociedad corrupta o una familia alimenta sus hijos".

La misa se celebró en la periferia del DF, en el cada vez más poblado barrio de Ecatepec, al norte de la capital. Se trata de una zona de la ciudad que ha visto cómo se multiplicaban sus índices de violencia en los últimos años, debido a los enfrentamientos entre pandillas rivales que estarían asociadas a los mayores carteles del país. Ecatepec también cuenta con uno de los índices de asesinatos de mujeres más elevados de la nación.

La vida en Ecatepec sería dura aunque no hubiese violencia. La precariedad de las infraestructuras afecta al funcionamiento de un barrio donde el alcantarillado es inadecuado y las escuelas están por debajo de los estándares del país, por no hablar de la degradación ecológica del entorno, y de las cuatro horas de desplazamiento que separan a sus habitantes de la capital, donde trabajan a diario en ocupaciones mal pagadas.

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Más allá de sus denuncias a la insidiosa élite chicana, el pontífice también aprovechó su homilía para alentar a los mexicanos a no caer en la trampa de confundir la felicidad con la búsqueda del dinero, la fama y el poder.

"Se trata de tentaciones que solo conseguirán mancillarles y destruirles", proclamó, en un claro mensaje dirigido a los más castigados del país, aquellos que son abducidos por la violencia convencidos de que en sus carnes encontrarán el poder. "Ni siquiera osen jamás a comunicarse con el demonio, porque el demonio siempre gana", sentenció.

La misa celebrada en Ecatepec será el acontecimiento más concurrido de todos los que verán desfilar al Papa Francisco durante su visita de seis días que arrancó el viernes por la noche.

El periplo arrancó con un momentazo televisivo para las masas. El presidente chicano Enrique Peña Nieto y su mujer, la estrella de culebrones televisivos Angélica Rivera, fueron a recibir al pontífice al bajar de su avión, mientras un sonriente coro de jóvenes vestidos de blanco le recibía al son de una canción pop. Entre los selectos invitados se contaban varios famosos de la televisión, a quienes se instruyó para que saludaran con la luz de sus teléfonos móviles.

Sin embargo, al día siguiente las cosas no le fueron tan bien al establishment local.

Entonces, Francisco fue objeto de un ceremonia de bienvenida en el Palacio Nacional, en el centro de Ciudad de México. En su breve discurso, el pontífice tuvo tiempo para enumerar algunos de los varios males endémicos que atraviesa el país. Ente su selecta audiencia, se contaban el presidente y otros miembros de la cúpula ejecutiva mexicana.

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"La experiencia nos ha enseñado que cuando buscamos nuestro propio beneficio o hacemos las cosas para favorecer a unos cuantos sin contemplar al resto, tarde o temprano estaremos abonando el suelo para que broten la corrupción, el tráfico de drogas, la xenofobia, la violencia, el tráfico de humanos, los secuestros y la muerte", sentenció. "Y tal es uno de los motivos que impiden el desarrollo".

Hacia el final del día, el Papa también se acordó de los desaparecidos en México. Lo hizo durante una misa vespertina celebrada en la basílica de la Virgen de Guadalupe. Se estima que México cuenta con más de 27.000 desaparecidos. Y se cree, para colmo, que alrededor de 100.000 personas habrían muerto a consecuencia de la violencia relacionada con la dictadura del narcotráfico.

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Claro que, pese a todo, el discurso más contundente de Francisco, fue el que dirigió contra los líderes de la iglesia que se habían concentrado para escuchar su sermón en la catedral de la capital, también durante el mismo sábado.

"No subestiméis el desafío ético y cívico que representa el tráfico de drogas para la gente joven y para la sociedad mexicana", proclamó. El pontífice dejó bien claro que, a su juicio, tal es, exactamente, lo que está haciendo la iglesia mexicana. "No permitáis que os corrompa el materialismo más banal ni os dejéis llevar por la seductora ilusión de cerrar tratos por debajo de la mesa".

El Papa también reprendió el "frío" y la "distancia" que separan a la iglesia del sufrimiento de la población, y emplazó a los sacerdotes a que fuesen más transparentes. En ese momento, Francisco se salió del guión y se refirió a las conspiraciones y las tramas en la sombra que han antecedido a su visita al país azteca. "Luchad si tenéis que luchar", afirmó. "Pero hacedlo como hombres".

El Papa — que ya ha dado muestras de agotamiento debido a su agitada agenda, una agenda que le está obligando a recorrer largas distancias en su papa móvil, siempre entre baños de multitudes — ha arrancado hoy mismo la segunda parte de su visita. Hoy se le verá en tres estados distintos, cada uno de los cuales está castigado por sus propias miserias.

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