Drogas

Esto es lo que pasa cuando tomas 550 dosis de LSD a la vez

Las sobredosis accidentales de LSD no son nada agradables, pero hay quienes aseguran que tienen extraños efectos beneficiosos.
ÁG
traducido por Álvaro García
MA
traducido por Mario Abad
28 Febrero 2020, 6:26pm
psychedelic image of a woman
Hayden Williams/Stocksy

Canadá. Aproximadamente a las 22:00 del 20 de junio de 2000, día de la fiesta del solsticio de verano, unas 20 personas bebieron sendos vasos de agua mezclada con la potente sustancia psicodélica LSD. Debido a un error de cálculo decimal, cada una de ellas acabó consumiendo una dosis 10 veces mayor de lo que habían previsto. Durante las siguientes 12 horas, vivieron una de las experiencias más intensas de su vida y que les cambiaría para siempre.

La LSD es una de las drogas recreativas más potentes que existen. Si bien la mayor parte de las sustancias, como la MDMA o la cocaína, tienen efecto con dosis en la escala de los miligramos, los de la dietilamida de ácido lisérgico se manifiestan solo con consumir microgramos, es decir, una millonésima parte de un gramo. Como dato de referencia, una dosis media de LSD suele ser de 100 microgramos.



A veces, un viaje puede llegar a durar 12 horas o más. Mientras dura el efecto, se acelera el ritmo cardiaco, se intensifica la forma en que percibimos los colores y sonidos y se altera la percepción del tiempo. La molécula de la LSD, cuyo efecto es similar al de la serotonina, tiene una “tapa” que se fija a los receptores de la serotonina y puede permanecer ahí durante horas. Esa es la razón por la que incluso una concentración baja de esta droga puede llegar a ser tan potente.

Con estas cantidades tan precisas, resulta fácil acabar con una sobredosis de LSD. Pero ¿qué ocurre cuando alguien consume cantidades extremas de esta droga? Este es el objeto de un nuevo informe elaborado por Mark Haden, director ejecutivo de MAPS Canada y profesor asociado de la Universidad de la Columbia Británica, en el que se analizaban casos extremos de consumo de LSD que tenían como resultado alteraciones extrañas en la salud de los pacientes.

Uno de los casos analizados en el estudio de Haden era el de una niña de 15 años con trastorno bipolar. Fue una de las 20 personas que tomó por accidente una sobredosis de ácido aquel verano, durante la celebración del solsticio de verano en Canadá. Tomó nada menos que 1100 microgramos. Durante las seis horas siguientes, tuvo un comportamiento errático. Se tumbó en el suelo en posición fetal, apretando los brazos con firmeza. Sus amigos creían que estaba sufriendo un ataque y llamaron a una ambulancia, aunque nadie sabía con certeza si realmente estaba sufriendo convulsiones, pérdida de conocimiento o simplemente estaba experimentando un viaje demasiado abrumador.

A la mañana siguiente, su padre fue a visitarla al hospital. “Se acabó”, le dijo ella. El padre pensó que hablaba del efecto del ácido. Pero ella puntualizó que se refería a su trastorno bipolar, que hasta entonces le había provocado episodios maniacos diarios, pero que parecía haber desaparecido. Una semana después, seguía sin mostrar síntomas del trastorno. Los médicos hicieron un seguimiento de su progreso durante más de un año y, casi dos décadas después, todavía sigue sin mostrar episodios de depresión o manía, aparte de la depresión posparto. Echando la vista atrás, ella cree que la sobredosis que tomó de algún modo “reinició” su química cerebral.

A Haden le pareció increíble no solo que los síntomas desaparecieran, sino también el hecho de que una dosis elevada pudiera producir un efecto tan positivo. En su informe, publicado en el Journal of Studies on Alcohol and Drugs, también detalla la historia de otra persona que participó en aquella ceremonia del solsticio de verano, una mujer de 26 años que solo tomó medio vaso (unos 500 microgramos) de LSD. Estaba embarazada de dos semanas, pero no lo sabía. Pese a la sobredosis, no experimentó ninguna complicación durante el embarazo y su hijo, que hoy tiene 18 años, es un joven aplicado y perfectamente saludable.

El caso más destacable del informe es la historia de una mujer de 46 años, a la que Haden llama CB, que sufría dolor crónico debido a la enfermedad de Lyme. En 2015, CB esnifó una raya de un polvo blanco que ella pensaba que era cocaína. A los quince minutos, se dio cuenta de que algo iba mal y llamó a su compañera de habitación, que le dijo lo que había pasado: había esnifado parte de su papelina de LSD.

Aunque la LSD suele venderse en formato de “papel” ⎯trocitos inodoros empapados de ácido líquido⎯, también se puede encontrar en polvo, el cual podría confundirse fácilmente con otras drogas similares. La compañera de CB pesó el polvo que quedaba y calculó que su amiga había esnifado hasta 55 miligramos, es decir, 550 veces la dosis media, suficiente para hacer que todo un instituto se pegue un viaje de ácido. El suyo fue un megaviaje en una montaña rusa que duró 34 horas.

Las primeras 12 horas fueron un infierno. Las pasó prácticamente sin conocimiento o vomitando con frecuencia, mientras su compañera cuidaba de ella. Durante las siguientes 12 horas, CB dijo sentir un “agradable subidón” sentada en una silla, echando espumarajos por la boca, diciendo palabras inconexas de vez en cuando y vomitando con frecuencia”, según cuenta Haden.

Cuando el efecto de la droga finalmente desapareció, otras 10 horas más tarde, CB se sintió normal y su dolor crónico había desaparecido por completo. Durante siete años había estado tomando morfina a diario para tratar los síntomas de la enfermedad de Lyme. Tras sufrir la sobredosis de LSD, no solo había desaparecido el dolor, sino que no experimentó ningún síntoma de abstinencia por los opioides que había estado tomando.

CB dejó de tomar morfina durante cinco días, pero le volvió el dolor. Luego redujo la dosis de opioides y empezó a tomar microdosis de LSD (un cuarto de la dosis típica de 25 microgramos) cada tres días durante varios años hasta que, en enero de 2018, dejó la morfina por completo, sin sufrir síntomas de abstinencia.

Existen pruebas de que las sustancias psicodélicas como la LSD sirven para tratar el dolor porque tienen propiedades antiinflamatorias, pero a Haden le sorprendió que también mitigaran los síntomas de la abstinencia de los opioides. “Oí a alguien decir que la LSD era buena para la abstinencia, pero nunca había visto pruebas de ello”, dijo. Prácticamente no hay pruebas de que la LSD sea beneficiosa para tratar el trastorno bipolar, y mucho menos de que lo “cure”. Ayelet Waldman, autora de A Really Good Day, asegura que tomar microdosis de LSD la ayudó a controlar sus trastornos del humor. En Suiza se están buscando personas para llevar a cabo un ensayo clínico sobre el uso de la LSD para tratar la depresión maniaca. Aparte de esto, no hay mucho más.

El viaje de CB no es la primera sobredosis intensa de LSD de la que se tiene constancia ni la primera vez que alguien confunde la LSD con cocaína. En un informe de 1972 publicado en el Western Journal of Medicine, cuatro hombres y cuatro mujeres esnifaron cada uno dos rayas de polvo blanco que era ácido, no cocaína. Aunque es complicado determinar cuánto tomaron, las muestras de sangre mostraban entre 1000 y 7000 microgramos por mililitro. Esto equivale a entre 260 y 2100 dosis de LSD.

Al cabo de diez minutos, todos ellos acabaron en Urgencias. Cinco de ellos se encontraban en estado comatoso, y los demás se mostraban “extremadamente hiperactivos, con alucinaciones visuales y auditivas graves”, según el informe. Tres pacientes dejaron de respirar y necesitaron máquinas de respiración asistida. Otros síntomas incluían diarrea, vómitos, sangrado, coágulos y fiebre (el sangrado pudo deberse a la cocaína, que también habían tomado).

Los ocho pacientes sobrevivieron, se recuperaron por completo en menos de 12 horas, y no guardaban recuerdo de haber sido ingresados en el hospital. Los autores del estudio señalaban que “no advirtieron efectos adversos psicológicos ni físicos durante el año de exámenes de seguimiento de cinco de los pacientes. La mayoría de ellos continúa consumiendo LSD de forma intermitente”.

Si bien no existe ninguna muerte registrada causada directamente por el consumo de LSD, los autores estiman que una dosis letal de esta droga rondaría los 14 000 microgramos. A veces hay personas que consumen demasiada cantidad de una sustancia psicodélica y acaban atropelladas o tirándose por la ventana. También es posible morir de una sobredosis de drogas como el 25I-NBOMe, que a menudo se confunde con los papeles de ácido pero puede ser mortal, lo cual pone de manifiesto la importancia de saber qué droga estás consumiendo.

En general, todo esto sirve para evidenciar la increíble seguridad relativa de la LSD, que además queda corroborada de forma regular en los ensayos clínicos.

“Es un producto muy seguro. No es habitual”, dijo Haden. “Albert Hofmann [el primer científico que sintetizó la LSD en 1938] dijo que se trataba de una de las drogas menos tóxicas del planeta, declaración que se ajusta a la información sobre toxicidad de David Nutt. Esta es otra de tantas razones por la que no debería penalizarse esta droga”.

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