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Sexo

Cómo prostituir a tu hombre

Siempre es divertido decirle puta a un hombre.
12.9.12

Fotos de la autora.

Hace no mucho en Londres, chicas como yo (recién salidas de la universidad con títulos de arte del Russell Group y con el sueño de hacer películas sobre inuits transexuales, nos vendimos. Nos vendimos porque alguien decidió que la forma de esclavitud moderna, también conocida como prácticas profesionales, era una forma aceptable de trabajo, lo que no nos dejó otra opción que conseguir a nuestros propios esclavos y convertirnos en dominatrices profesionales.

Los hombres en nuestra vida nos aseguraron que no tienen ningún problema con lo que hacemos, e incluso agregan que quedarse dormidos junto a una dominatriz todas las noches “es genial”. Y, por ello, esperan que nosotros opinemos lo mismo, pero no lo hacemos. ¿Por qué no? Porque cuando arrastramos nuestros traseros azotados hasta el banco a la mañana siguiente, luego de un viernes de arduo trabajo, ellos están echados en casa, jalándosela pensando en todo esto. Es como trabajar el doble para el hombre.

Vivimos en una época de recesiones económicas. Es cada vez más difícil ganarse una lana decente haciendo cosas indecentes. Esto quiere decir que, esposos, novios, ositos y niños malos, es hora de que empezar a participar. Llegó el momento de convertirse en un MIMP [hombre obligado a prostituirse]; chicas, así es como se convierte a un hombre en un MIMP.

EMPIEZA GENTILMENTE
¿Recuerdas la primera vez? ¿Cuándo tú y esa chica amarraron a un abogado al radiador y le metieron un pastel de chocolate en la boca, antes de masturbarlo con el otro pastel al que le habían sacado el relleno? Te sentiste un poco asqueada después de eso, en parte porque se vino en tu pierna y en parte por todo ese relleno que inhalaste, pero te pagaron, lo cual te hizo sentir mejor. Pero, aún así.

Ahora, usa ese sentimiento para simpatizar con tu MIMP. Va a estar un poco aprehensivo con todo esto de su debut en esa sesión doble de las 2pm a la que lo obligaste a ir, esto a pesar de lo mucho que le gusta decir que le encantaría frotar pitos con Elijah del colectivo artístico cuando está borracho e intentando venirse.

Intenta cambiar “obligar” por “motivar” (un intercambio políticamente correcto, a pesar de que suena mucho más perverso). Ayudar a que tu hombre sienta que es él quien elige prostituirse, hará una gran diferencia al momento de tener una erección. Y esto a su vez será la diferencia entre un cliente satisfecho y uno que regresa por más. ¿Explotación? ¡Para nada!

HABLA DE SU POSTURA SOBRE LA EQUIDAD DE GÉNERO
Las trabajadoras sexuales siempre guardan al menos algo de resentimiento por el poder de compra de los hombres, y es por eso que esto que estás haciendo con tu hombre favorecerá notablemente la equidad de género. No ese tipo de equidad “todo se vale en el permiso parental" de Lynne Featherbrain, sino el tipo que dice: "hora de aprender qué se siente usarlo en exceso”.

Si tu hombre es una verdadero feminista, entenderá que tiene que mantener tus sesiones sexuales refrescantes y pagar su deuda a la mujer dejándose esclavizar de vez en cuándo. Si no lo es, entonces conviértelo en uno. No hay mejor forma de forjar a un feminista que atarle las bolas con una liga y hacer que tu cliente de negocios se las chupe como el buen cachorro que es.

RECOMPENSA EL SEXO CON SEXO (DIFERENTE)
Si algo he aprendido de mi trabajo sexual, es que entre más sexo tienes, más quieres; pero sólo si es sexo diferente al que has estado teniendo. Cuando empecé a dominar a mis clientes, lo único que quería en casa era coger agresivamente y viceversa.

Con el tiempo, he aprendido que soy una perra que le gusta jugar con las pelotas, pero eso no elimina la regla binaria. ¿Una chupada a cambio de otra? No. Es mejor coger con las tetas. Si aprendes a hacerlo bien se convertirá en una especie de movida pavloviana de poder, así cuando tu hombre se esté ganando la vida en el otro extremo de una vara, estará pensando en lo que te podrá hacer en casa. También es un buen momento para cambiar de papeles sobre quién le dice puta a quién. Quizá se resista un poco al principio, pero eventualmente aprenderá a amar lo mojada que te deja este tipo de justicia. Siempre es divertido decirle puta a un hombre.

NO LO DEJES SENTIR QUE PUEDE GANAR LA MISMA LANA QUE TÚ
Si tu nuevo aprendiz empieza a estudiar tu modelo de negocio a detalle, empezará a creer que los clientes pagarían buen dinero por sus tangas de hombre o “manties”. Se equivocan. La ropa usada de hombre siempre ha olido (y siempre olerá) a madres.

Él necesita entender cuánto dinero puede ganar prostituyéndose. Recuerda informarle que nunca podrá igualar tu tarifa, y si te sugiere que se dividan las ganancias equitativamente, una buena paliza ayudará a que entienda que DE NINGUNA MANERA.

NO PELEEN SIN MÁSCARA
Lo último que quieren es tener que discutir sobre quién contagió a quién. Las verrugas y las lesiones, las cadenas, las mordazas y las pesas de pito ya son suficientemente arriesgadas.

NO DEJES QUE SEPA CUÁNTO PLACER TE PRODUCE SU DOLOR
Ya sea un hombre que actúa como un sumiso para luego convertirse en violador en la vida privada, o un hombre que realmente sólo nació para servir, cualquier hombre que sienta que lo está disfrutando demasiado empezará a hacerte caprichos y su actuación se verá reducida (igual que tus ganancias). Hasta los changos necesitan cacahuates, y los cacahuates metafóricos de adulación son lo suyo. Eso quiere decir que debes ser empática, incluso cuando el cliente se molesta por su mala actuación, o cuando entra en pánico porque piensa que su cornea acaba de ser bañada de semen con clamidia.

La mujer, dominatriz o no, siempre debe poder jugar la carta del mártir. “¡Las cosas que hago por ti con un dildo!” no suena igual viniendo de un hombre, y si sientes que sí, entonces tápale la boca con un calcetín y somételo. Esa carta es sólo tuya.

¿Quieres volverte un MIMP pero necesitas saber más sobre el mundo de la industria sexual?

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