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Ayotzinapa: lo que el gobierno no ha revelado del caso de los normalistas desaparecidos

"El caso sigue abierto aunque ya se han agotado todas las líneas de investigación". El procurador Murillo Karam apenas habló de otras 13 víctimas durante los ataques del 26 de septiembre.
26.1.15

Este texto fue publicado originalmente en VICE News, nuestra plataforma de noticias.

Aún hay muchas preguntas sobre la noche del viernes 26 de septiembre en la que al menos 43 estudiantes normalistas fueron desaparecidos en Iguala, Guerrero.

De acuerdo con testimonios que el gobierno mexicano no ha hecho públicos, encontrados en el expediente del caso de la Procuraduría General de la República (PGR), trece personas fueron secuestradas y ejecutadas esa noche en el cerro de Pueblo Viejo, a 28 kilómetros del basurero en el que las autorida des dicen que los estudiantes de Ayotzinapa fueron asesinados e incinerados.

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"Yo le disparé a dos en la cabeza", dijo uno de los declarantes. Las declaraciones y otras investigaciones entregadas a las autoridades por parte de los supuestos asesinos se encuentran archivadas entre más de dos mil páginas del informe. Esas páginas, obtenidas por VICE News, son sólo dos de los 82 volúmenes del archivo del caso de la PGR. "Es una de las investigaciones más grandes de las que se tenga memoria", según el procurador federal de Justicia, Jesús Murillo Karam.

En las confesiones también se repiten primeras versiones dadas a conocer a los medios, en las que los atacantes —unos de ellos miembros del cártel Guerreros Unidos y otros, policías municipales— alegan que entre los estudiantes que llegaron a Iguala esa noche se encontraban miembros del grupo delictivo Los Rojos, rivales de Los Guerreros Unidos.

No queda claro por qué las autoridades apenas han mencionado la ejecución de 13 hombres en Pueblo Viejo, Iguala, pero es probable que la presión política sea una razón. Mientras la investigación seguía en curso, multitudes en ciudades de todo el mundo marcharon para mostrar solidaridad con las familias de los estudiantes, y exigir que las autoridades federales se hicieran responsables de estos ataques. No obstante, las autoridades sabían sobre las víctimas que fueron asesinadas en Pueblo Viejo desde el principio y las declaraciones que sugerían que los estudiantes podrían estar vinculados con algún cártel, cuando se hizo evidente la magnitud del caso.

Iñaki Blanco, el procurador general de Guerrero que estaba a cargo de la investigación antes de que el gobierno federal tomara la investigación, declaró en una conferencia que tuvo lugar el 5 de octubre que un grupo de jóvenes, estudiantes según el cártel, fueron transferidos "a la parte alta de un cerro en Pueblo Viejo, donde tienen fosas clandestinas, donde los ultimaron".

Blanco dijo que la orden la dio un hombre conocido como El Choky, un sicario del cártel de Los Guerreros Unidos.

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El mismo día que Blanco mencionó el incidente de Pueblo Viejo, la PGR atrajo el caso. Y con eso desapareció cualquier otra línea de investigación, aunque en la conferencia de prensa del 7 de noviembre, dijo: "Los restos descubiertos en las fosas comunes en Pueblo Viejo no pertenecen a los estudiantes desaparecidos".

La semana pasada, las autoridades federales se negaron a responder a VICE News cuando se les cuestionó acerca de esta historia.

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No existen pruebas de que haya habido "infiltrados" de Los Rojos entre los camiones donde viajaban los estudiantes. Los estudiantes niegan tener cualquier vínculo con Los Rojos y uno de ellos dijo a VICE News que han sido atacados por el cártel en el pasado.

"Lo hemos declarado siempre, nosotros no tuvimos ni tenemos nada que ver con el narco", dijo Omar García, uno de los líderes estudiantiles en Ayotzinapa, a VICE News.

El caso ya lleva casi cuatro meses sin resolverse y el gobierno sigue sin presentar una versión creíble de los hechos. Manifestantes y familiares de los desaparecidos han dudado de la versión oficial desde el día que se hizo pública.

Según Murillo Karam, los estudiantes detenidos muy probablemente fueron asesinados por tres hombres a quienes el gobierno presentó como autores confesos. Según esta versión, ellos dijeron recibir a un grupo de más o menos cuarenta personas, quienes dijeron ser estudiantes, luego asesinarlos y calcinarlos en el basurero de Cocula. Sus ejecutores tiraron los restos y cenizas al Río San Juan.

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Esta versión, hecha pública el 7 de noviembre de 2014 en una conferencia de prensa de Murillo Karam, deja a un lado las declaraciones de otros integrantes de la organización criminal, quienes afirman que los ataques fueron coordinados por Gildardo López Astudillo, El Gil; jefe de la plaza de los Guerreros Unidos en Iguala, por el temor a que Los Rojos intentaran entrar a la ciudad esa noche.

A final de cuentas, aún no se sabe el número exacto de personas que fueron secuestradas o asesinadas esa noche. El mismo Murillo Karam se negó a especificar el número exacto de víctimas y dijo que probablemente las autoridades " nunca van a poder precisar " cuántas personas fueron incineradas en Cocula.

En numerosas ocasiones se ha acusado a las fuerzas de seguridad mexicanas de sacar confesiones a la fuerza y de torturar a los sospechosos de algún delito. Estas acusaciones hacen que la crítica dude acerca de los argumentos que ha dado Murillo Karam.

Según testimonios de los jóvenes que sobrevivieron los ataques, la tarde del 26 de septiembre, dos autobuses de la línea Estrella de Oro, con aproximadamente 45 jóvenes en cada uno, salieron de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, ubicada en el municipio de Tixtla, cerca de Chilpancingo.

La escuela de Ayotzinapa forma parte de una red de normalistas con una perspectiva política alejada del prototipo oficial, y cuya misión es educar a hijos de campesinos en las zonas rurales de México. Esta escuela tiene una historia de confrontaciones con diferentes sectores del poder en el estado de Guerrero. En 2011, dos estudiantes normalistas fueron asesinados por fuerzas del estado durante un bloqueo en la Autopista del Sol.

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En diciembre, los estudiantes líderes en la escuela que se gobierna de forma independiente declararon para VICE News que las guerrillas han estado "presentes" en el campus desde el año pasado.

Los normalistas tomaron los autobuses la semana previa, en lo que se ha convertido una práctica común en la escuela . Sin embargo, aseguran que en la noche de los ataques sólo iban estudiantes de primero y segundo año a bordo de los autobuses.

Normalistas dijeron a VICE News que la intención que tenían el 26 de septiembre era tomar más camiones y así juntar unos veinte para trasladar a estudiantes de otras escuelas normales rurales a la marcha en la ciudad de México, para conmemorar la matanza del 2 de octubre.

Los autobuses se detuvieron en dos puntos para esperar a que pasaran más camiones de pasajeros para detenerlos y tomarlos.

"Media hora después de que el primer camión se parara sobre Huitzuco, pasa un autobús de la línea Estrella Roja con diez pasajeros a bordo, a quien [los estudiantes] hacen la parada y avisan al chofer su intención", dijo en entrevista Vidulfo Rosales, un abogado de derechos humanos que representa a padres de los normalistas desaparecidos.

El chofer les prometió entregarles la unidad una vez que el pasaje descendiera en la terminal de destino en Iguala. Desconfiados, los jóvenes eligieron a ocho de ellos para que acompañaran al conductor hasta Iguala y garantizar la entrega del autobús.

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Al llegar a la central, los ocho estudiantes que intentaban tomar el camión fueron encerrados en la unidad por el chofer, quien reportó la situación a sus superiores. Los estudiantes llamaron a los demás compañeros que se habían quedado en los dos bloqueos. Estos de inmediato acudieron a la llamada de auxilio.

En un intento de rescate, los muchachos rompieron los vidrios del autobús, liberaron a sus compañeros, y aprovecharon la ocasión para tomar tres unidades más. "Dos Costa Line y un Estrella Roja, más los dos [de Estrella de Oro] que ya tenían, cinco en total", detalló el defensor de los normalistas.

Mientras los estudiantes se subían y se repartían en los autobuses, dos grupos de sicarios de Guerreros Unidos los estaban vigilando.

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El cártel tiene una red de halcones que se pasea por la ciudad. El primer grupo que monitoreaba las acciones de los normalistas estaba liderado por El Choky, un hombre, según los testigos, de no más de 1.5 metros de altura, sin cabello, quien no ha sido capturado por las autoridades y cuyo nombre real se desconoce. En el segundo grupo se encontraba Martín Alejandro Macedo, quien se unió a la organización a principios de 2014. La tarde de ese viernes, Macedo se desplazó por la ciudad en una camioneta Ram color blanco.

Dos personas acompañaban a Macedo, a quienes se refiere en su testimonio solamente como El Tiner y El Mole.También le acompañaba Marco Antonio Ríos Berber, El Amarguras, quien —según su testimonio— dijo recibir siete mil pesos al mes por ser halcón del grupo.

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Al momento en que la caravana de tres unidades pasó frente a la Plaza Cívica, una patrulla de la policía municipal de Iguala le bloqueó el paso. Los otros dos policías que habían bajado de la unidad hicieron disparos al aire; esto alertó a los normalistas, quienes lanzaron piedras.

Cuando llegaron al centro, los sicarios se percataron de cómo los estudiantes bajaron de los autobuses con los rostros cubiertos. Incluso, en sus declaraciones, hablan de otros vehículos tipo Urvan que en el lugar se mezclaron con los camiones y de donde bajaron algunas personas armadas.

Para entonces, cerca de ahí, había terminado el informe público de actividades de María de los Ángeles Pineda, presidenta del DIF local y esposa del presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca.

En su versión de los eventos, Ríos Berber parece mezclar los pasajeros de los autobuses y los pasajeros aparentemente armados de las camionetas Urvan. Sigue sin confirmarse quiénes eran estos sujetos armados.

Macedo, el sicario que los vigilaba, dijo que fue en ese momento que recibió órdenes de El Choky.

"Traían armas cortas, tipo nueve milímetros y .38, por lo que recibí la instrucción de dispararles por parte de Choky, los disparos que les realizamos fue en el centro de Iguala", confesó.

Nadie murió en este enfrentamiento, pero los ataques habían comenzado.

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Las detonaciones de bala se detuvieron por unos instantes y los estudiantes que bajaron de las unidades volvieron a los autobuses, para dirigirse a la escuela. De nuevo en caravana, los tres camiones avanzaron sobre Juan N. Álvarez, la avenida principal del centro de la ciudad y que tiene salida al Periférico.

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Avanzados unas calles al norte, patrullas de la policía municipal de Iguala les volvieron a cerrar el paso, esta vez junto con miembros de Guerreros Unidos, lo que bloqueó cualquier posibilidad de escape a los vehículos.

Otro integrante de Guerreros Unidos, cuya declaración consta en el expediente del caso, dijo que El Choky y sus compañeros atacaron los vehículos porque "dentro de ese grupo venía gente armada del cártel de Los Rojos, que nos buscaban sorprender".

"El Choky y sus sicarios [a quienes se les identifica como El Chaki y La Mente] les hicieron la parada y los bajaron de los camiones, por lo que uno de los estudiantes se resistió y fue entonces que se desató la balacera", dijo el otro miembro del cártel, Ramiro Ocampo Pineda.

El Choky subió a su Mustang gris con sus sicarios y tomó Periférico hacia la carretera a Chilpancingo, para interceptar a los otros dos autobuses que habían salido por Periférico Sur; Macedo y sus sicarios se quedaron en el lugar para atacar a los jóvenes.

Macedo dijo que él y sus compañeros bajaron de los camiones a 17 estudiantes y los subieron a camionetas, para después llevarlos a una casa de seguridad en Loma de los Coyotes, una colonia aislada, en el oeste de Iguala, que funge como refugio para Los Guerreros Unidos. Este barrio, bajo el control del cártel, gozaba de la protección de la policía municipal de Iguala, la cual mantenía un puesto de control en el acceso.

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"Los matamos inmediatamente ya que no se querían someter y como eran más que nosotros, El Choky dio la instrucción que les diéramos piso", dijo Macedo. "A algunos los mataron con tiro de gracia en la cabeza y a otros a golpes ya que se pusieron muy violentos cuando estaban secuestrados".

Mientras eso ocurría, cerca de otros treinta rehenes detenidos en la avenida Juan N. Álvarez fueron subidos a patrullas de la policía municipal de Iguala y trasladados a la comandancia municipal. Fueron entregados a Los Guerreros Unidos y llevados a Loma de Coyotes, según la declaración.

La policía de Cocula, municipio colindante al suroeste con Iguala, se involucró en los hechos tras recibir una solicitud de apoyo. Juntas, las policías de ambos municipios se desplazaron a Loma de los Coyotes para dejar a los cerca de treinta rehenes —separados en cuatro coches, cada uno con seis detenidos— que habían estado en la comandancia municipal.

Los estudiantes de Ayotzinapa que quedaron sobre la avenida Juan N. Álvarez pidieron auxilio. Incluso se dieron el tiempo de convocar a la prensa local. Cerca de las once de la noche, reporteros de la prensa fueron testigos de un nuevo ataque en el que murieron dos estudiantes: Daniel Solís Gallardo y Julio César Rodríguez Nava.

Por ahí apareció también el cadáver de Julio César Mondragón, un normalista de 22 años. Su cuerpo fue encontrado la madrugada del 27 de septiembre, con el rostro desollado y sin ojos. Aún portaba la camiseta roja del uniforme de la escuela y una bufanda café.

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Para cuando los disparos estaban por terminar, el grupo de El Choky perseguía los otros dos autobuses. A la altura del entronque con el camino a Santa Teresa, aproximadamente 15 kilómetros de la salida de Iguala, interceptó un autobús. Los sicarios del grupo de El Choky pusieron el camión en sus miras y dispararon. Pero el camión no llevaba estudiantes, ni supuestos infiltrados, sino al equipo de futbol Los Avispones, quienes regresaban a la capital guerrerense después del juego que sostuvieron esa noche contra Los Iguanas, el equipo local de Iguala.

Allí acabaron con la vida de David Josué García Evangelista, jugador de Los Avispones, de 15 años; Víctor Manuel Lugo Ortiz, el conductor del camión, y Blanca Montiel Sánchez, quien viajaba en un taxi.

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Los sicarios de El Choky se subieron al Mustang y tomaron la vía de regreso a Iguala en busca de más víctimas. Kilómetros adelante, frente al nuevo Palacio de Justicia estatal, bajo el puente de Tomatal, la policía de Iguala tenía retenido a uno de los dos autobuses que habían salido por Periférico Sur; el segundo camión fue detenido bajo un puente no muy lejos de ahí.

Las declaraciones del informe no especifican si El Choky actuó en contra de los tripulantes del quinto autobús retenido por la policía. Sin embargo, nuevos testimonios de los normalistas otorgados a su abogado señalan que todos los tripulantes de esta unidad desaparecieron. Es probable que el grupo de 13 personas que después fueron asesinados en Pueblo Viejo se encontraran entre ellos. Este encuentro ha estado ausente en las declaraciones oficiales, lo que genera preguntas de quién era quién, y si desaparecieron personas, además de los 43 estudiantes.

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Las declaraciones de los detenidos afirman que El Choky y sus sicarios luego manejaron hacia Pueblo Viejo, una colonia en las faldas de un cerro al norte de la ciudad de Iguala, donde El Gil, supuesto jefe de plaza, tiene una propiedad.

Ríos Berber dijo que El Choky y sus sicarios mataron a los tres "ayotzinapos", según afirma despectivamente en su declaración, en Pueblo Viejo "por andar de revoltosos". La gasolina que habían pedido a Ríos Berber serviría para quemar los cuerpos.

El Amarguras declaró que otro sicario conocido como El Chaki, mano derecha de El Choky, recibió la orden de cavar una fosa. Posteriormente otro sicario, a quien sólo se identifica como El Gaby, roció los cuerpos con diesel y les prendió fuego para intentar calcinarlos. Ríos Berber dijo que después de esto, recibió la orden de ir por más gasolina.

La policía de Iguala, que había retenido al menos uno de los autobuses frente al Palacio de Justicia, trasladó a otro grupo de diez personas en patrullas hacia la calle que sube a Pueblo Viejo.

A las 23:21 horas, las cámaras de vigilancia del gobierno sobre Periférico Norte dan fe de cómo varias patrullas de la policía de Iguala, con personas no uniformadas en sus bateas, van en dirección a la gasolinera, la misma donde Ríos Berber había comprado gasolina.

Según el informe, la policía entregó a otros diez rehenes en Puerto Viejo al Choky y sus sicarios.

Con los bidones llenos, Ríos Berber subió a Pueblo Viejo e instantes después fue testigo de la llegada de El Choky acompañado por El Chaki, La Mente, El Gaby y La Vero.

"Bajaron a los diez y en ese momento El Choky ordenó que matáramos a los diez", dijo Ríos Berber."Yo le disparé a dos en la cabeza con el arma de La Mente, Gaby mató a otros dos, Choky mató a uno, La Vero mató a otro y dejamos vivos a cuatro", continúa Berber.

El Gaby roció diesel a los cuerpos y les prendió fuego, para luego, con apoyo de El Chaki , cerrar la fosa y cubrirla con ramas. A los cuatro supervivientes los golpearon hasta dejarlos inconscientes.

Estos cuatro, según las declaraciones, después fueron asesinados, pero no queda claro si fue esa misma noche o pocos días después.

El homicidio de este último grupo de 13 personas en Pueblo Viejo ha sido omitido en las conferencias de prensa del procurador, en las que sólo precisa que un grupo de "unos cuarenta" secuestrados fue llevado esa noche de Loma de los Coyotes a "un basurero" en Cocula. Indica que también murieron algunas personas que no eran estudiantes en la confusión de los ataques.

El equipo de VICE News solicitó una entrevista con algún funcionario de la PGR, sin obtener respuesta hasta la publicación de esta nota.

La investigación de la procuraduría ha resultado hasta ahora en 16 cateos. Por ahora hay 97 sospechosos detenidos "por ser diferentes grados de responsabilidad" en el caso. El jueves pasado detuvieron a las afueras de Cuernavaca a otro presunto sicario relacionado con la desaparición de los normalistas.

En total se han emitido 221 órdenes de arresto y se han interrogado a 385 individuos, entre ellos 36 integrantes del ejército, según la declaración de Tomás Zerón, director en jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la Procuraduría General, en una conferencia de prensa que tuvo lugar la semana pasada.

"El caso sigue abierto aunque ya se han agotado todas las líneas de investigación", dijo Zerón.