Noche de hamburguesas porque los paisanos hoy no trabajan

Noche de hamburguesas porque los paisanos hoy no trabajan

Los vecinos del norte celebran su independencia, nosotros celebramos que en su tierra se inventaron las hamburguesas.
4.7.16

El 4 de julio de 1776 Estados Unidos se independizó de Inglaterra y comenzó el camino que lo llevaría a ser nuestro poderoso vecino del norte. Entre las muchas cosas que nos unen están –además de una frontera de más de 3,000 kilómetros– los miles de mexicanos americanos y mexicanos, 100 por ciento mexas, que viven dentro de sus fronteras. Por eso hoy te compartimos esta receta de una de las cosas que más nos gustan de los estadounidenses: las hamburguesas. Al final, quizás lo único celebrable es que nuestros parientes del otro lado del Río Bravo están borrachos, mientras nosotros estamos en la oficina comenzando la semana.

Una hamburguesa con la carne extra cocinada en medio de dos panes secos y desabridos, aderezada con mucha catsup dulce –similar a jalea de tomate– y con una triste rebanada del más artificial queso americano color amarillo fosforescente. Que mala hamburguesa.

La forma correcta de hacerla es como la prepara Chris Kronner de Kronnerburger, un consagrado y delicioso sitio de la Bahía de San Francisco, alguien que convierte un bocado en algo mágico.

Estas mini hamburguesas son increíbles: comienzan con un pan de papa hecho en casa –claro lo puedes sustituir por uno del supermercado, pero sabes que el secreto de una excelente tiene que ver con la calidad del pan–; después tienes los pepinillos caseros; y, por supuesto, la carne, que Chris hace con un mezcla de filete, sirloin, costilla y pecho de res (brisket). Una combinación grasosa que combina muy bien con las migas de pan. Y finalmente, le agrega el condimento: una mayonesa de queso cheddar blanco con toques de mostaza… una combinación ganadora.

RECETA: Mini hamburguesas

Este platillo está pensado para comenzar una gran cena; ser el medio tiempo de un partido de futbol; acompañar la jugada de póker; o ser el entremés de una barbacoa dominical. En realidad sobran los pretextos para preparar –y comer sin control– este clásico de la comida norteamericana, no hace falta que sea 4 de julio.