Fui de caza fantasmas a uno de los restaurantes mexicanos más antiguos de Los Ángeles

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Fui de caza fantasmas a uno de los restaurantes mexicanos más antiguos de Los Ángeles

Es la una de la mañana y estamos de pie adentro del comedor principal en La Golondrina, uno de los restaurantes mexicanos más antiguos de Los Ángeles con una Ouija entre nosotros.
30.10.15

"Sentí que algo tocó mi hombro, y se sintió como tres dedos".

Oscar Morales, miembro del grupo de caza fantasmas Afterlife Frequencies, está completamente asustado.

Es la una de la mañana y seis de nosotros estamos de pie en el interior del comedor principal en La Golondrina, uno de los restaurantes mexicanos más antiguos de Los Ángeles, con todas las luces apagadas. Un tablero de Ouija es la única cosa entre nosotros. "¿Hay alguien aquí con nosotros en este momento?", pregunta Hadley Tomicki, de pie en medio del grupo. Sus manos están firmemente presionadas sobre la tablita triangular de plástico del tablero. La herramienta comienza a deslizarse muy lentamente sobre el tablero. "Juro que no la estoy moviendo en este momento", dice.

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La Golondrina se encuentra en La Placita Olvera, una calle estrecha en el centro de la ciudad junto a la cuna oficial de Los Ángeles (cuando California era parte de México). Esta calle, incluyendo la arquitectura estilo español, no ha cambiado desde la década de 1700.

El restaurante abrió sus puertas oficialmente en 1930, pero la casa de dos pisos que ocupa fue construida en 1850. Para los aficionados a la historia, la casa es conocida como la "Pelanconi House", un hito importante, ya que fue el primer edificio de ladrillo en Los Ángeles y sigue siendo el más antiguo de pie actualmente.

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La Golondrina no destaca particularmente en una ciudad donde hay más de mil restaurantes mexicanos de los cuales elegir. Pero además de los fantasmas ocasionales, hay una cosa que hace que este lugar sea bastante inusual: sus tortillas de harina hechas a mano. Son una especie de revelación; su textura escamosa y masticable es adictiva. Además, el restaurante es uno de los tres establecimientos en toda la ciudad que hace sus tortillas frescas todos los días.

Algunas personas afirman que La Golondrina está embrujada con La Consuela, un fantasma que fue visto en las escaleras y que solía mirar hacia la calle Olvera. Desde que el restaurante abrió por primera vez, un sinnúmero de empleados se han quejado de ser testigos de apariciones sobrenaturales. Vivien Bonzo, cuya familia ha sido dueña de la propiedad desde hace 85 años, es una de ellas.

"Mi padre, que era un hombre muy macho, vivió en el restaurante durante años y dejaba la puerta de su habitación deliberadamente abierta, por si tuviera que correr si le daba demasiado miedo", me dice Bonzo, la propietaria de tercera generación. "Una vez, captamos una botella volando por el aire en mi cámara de seguridad cuando no había nadie aquí. A una de nuestras meseras le lanzaron un clavo cuando era la única empleada que quedaba en el restaurante ".

Bonzo ha aceptado el hecho de que tiene que estar a solas con estos espíritus, con La Consuela, en particular, a la que ha visto deslizándose por la escalera en más de una ocasión. "Todavía me aterra".

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Después de escuchar estas historias de la misma propietaria del restaurante, estoy interesado en averiguar si el embrujamiento es real. En lugar de quedarme solo en el edificio a oscuras en busca del supuesto fantasma que recorre sus pasillos, le llamo a Victor Huesca, investigador paranormal bonafide y co-autor de Haunted East Los Angeles, un libro que detalla sus encuentros.

Unas noches más tarde, nos encontramos dentro de La Golondrina, alrededor de las diez de la noche, esperando que algo suceda.

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Los meseros y el personal de cocina están apurados para llegar a casa lo más rápido posible, pero nos tomamos un momento para preguntarles si alguna vez han experimentado sucesos extraños por aquí. "Oh, no es una cuestión de si existe una entidad aquí. Lo será cuando lo veas o escuches", dice un lavaplatos salvadoreño que trabaja en el turno de la noche. "Incluso he creado una oración única para protegerme de lo que sea, así que no tengo miedo, pero todos todavía están asustados" me dice.

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Un empleado que nos escucha interviene en tono de broma: "Ha sido difícil encontrar a alguien para que repare cosas por aquí, porque el último encargado de mantenimiento se negó a volver. Dijo que sus herramientas eléctricas se activaron solas". Una hora más tarde, descubrimos que todos los empleados en el turno de la noche han visto u oído algo extraño desde que empezaron a trabajar aquí. "Una vez escuché un ruido golpeando muy fuerte sin explicación cerca de los baños", dice el asistente del lavavajillas, que apenas lleva seis meses trabajando en La Golondrina. "Cuando fui a ver qué era, no había nada allí".

A medianoche, el lugar está vacío y Huesca desempaca su artillería de caza fantasma.

Eso incluye la Ovilus 3 (un pequeño gadget que deja escapar palabras al azar, supuestamente basada en las energías espirituales en la habitación), un detector de EMF (utilizado para medir los cambios de frecuencias electromagnéticas repentinas en la zona), un REM Pod (un sensor de alarma que se activa si pasan cerca frecuencias eléctricas), una cámara de vídeo con visión nocturna, y un grabador de audio diseñado para colectar fenómenos de voz electrónica, o EVPs

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Con estas herramientas en mano, nuestro grupo se divide para explorar el edificio. Dentro de la oscura cocina, llena de cubetas con frijoles pintos remojándose en agua, empezamos a preguntar si alguien está ahí. No hay respuesta. Hacemos lo mismo en la despensa, pero nos responde el silencio. Gritamos en el comedor negro adornado con murales del Dia de Los Muertos, pero solo obtenemos miradas en blanco de dos niñas gemelas en un fondo oscuro, radiando de una de las imágenes. Empiezo a sentirme como un verdadero idiota.

Tres horas pasan y no obtenemos nada. "Algunos espíritus se sienten intimidados a mostrarse cuando hay demasiada gente cerca", explica Huesca. Justo en ese momento, un golpe fuerte suena en algún lugar del edificio. No podemos discernir de qué dirección del edificio proviene, pero todos estamos alertas.

El grupo se dispersa a buscar desesperadamente la fuente del ruido, tropezando en nuestro camino por la escalera oscura, casi deslizándose sobre el piso limpio y húmedo de la cocina. Todo parece estar intacto.

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Es hora de hacer una sesión de EVP, porque, de acuerdo con Huesca: "Esto va a capturar voces que no podemos oír con nuestros oídos". El investigador paranormal afirma que este tipo de sesión es considerada como el método principal para capturar la actividad de fantasmas en un dispositivo electrónico.

Nos sentamos alrededor de una mesa en el comedor principal y hacemos preguntas al azar en el aire. Otra vez no hay respuesta. Me empiezo a preguntar si La Consuela tiene muy mala educación. Media hora más tarde, estamos agotados, así que decidimos sacar la Ouija de Huesca.

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La tablita se desliza hacia la letra "H", y luego se arrastra lentamente hacia la "J" antes de llegar a un alto repentino. Lo tomamos como una señal y nos vamos por esta noche.

Según Huesca, el hecho de que no se oiga nada no disipa automáticamente la idea de que este lugar pueda estar embrujado. Afirma que hay dos tipos de clasificaciones con el embrujamiento" un "embrujamiento residual", cuando los propios espíritus no saben que están muertos y no tienen idea de lo que está pasando, y el "embrujamiento inteligente", cuando los espíritus están al tanto y tratan de comunicarse contigo, pero solo si tienen suficiente energía para hacerlo.

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"O podría ser que como el restaurante nunca ha sido investigado antes los espíritus se asustaron, no quieren mostrarse. Dependiendo de los espíritus, a veces también necesitan tiempo para adaptarse a ti", dice Huesca.

No es sino hasta el día siguiente que nuestro grupo se da cuenta de que la Ouija había señalado la primera letra de mi nombre y la de Hadley esa noche.

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Teniendo en cuenta la historia y los relatos de primera mano de los empleados de La Golondrina, parece que voy a tener que volver el próximo año y volver a intentarlo. La próxima vez, me aseguraré de empacar dos burritos especial, hecho con sus tortillas de harina elaboradas a mano; una para poder estar satisfecho hasta el anochecer, y el otro para La Consuela, si lo permite.