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¿Puede surgir un Bolsonaro en Argentina?

A un año de las elecciones presidenciales, indagamos en los efectos que puede traer el fenómeno Bolsonaro en Argentina
8.11.18
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Artículo publicado por VICE Argentina

El triunfo de Bolsonaro sorprendió a Brasil pero también movió el piso de la política argentina. Pocos días después de conocerse los resultados electorales, el diputado ultraconservador Alfredo Olmedo confirmó su candidatura a presidente. Lo siguió el dirigente del Frente Renovador, Sergio Massa —que tampoco esconde sus aspiraciones presidenciales— cuando definió a Bolsonaro como el garante de los intereses brasileños, lo que empujó a su vieja aliada electoral, Margarita Stolbizer, a desmarcarse de las declaraciones del ex intendente.

A un año de las presidenciales, el panorama electoral se mantiene abierto. La crisis económica golpea fuerte los índices de aprobación de Mauricio Macri mientras el peronismo no logra ponerse de acuerdo a la hora de definir candidatos. A la actual incertidumbre, provocada por la falta de precisiones de los dos actores políticos de peso en la Argentina, se le suma el sismo que generó el triunfo de Bolsonaro. Pero ¿es posible que surja un candidato como este en Argentina?


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Para José Natanson, director de la edición Cono Sur de Le Monde Diplomatique y autor del libro El milagro brasileño, la política no se mueve por efecto contagio sin embargo no subestima el aprendizaje que pueden generar este tipo de experiencias en los países cercanos. “Estamos viendo, en distintos países, una respuesta conservadora de ciertos sectores de la sociedad que reaccionan ante determinados temas —como la paranoia anti inmigración, el matrimonio igualitario o el avance del feminismo— aunque que cada uno de estos países tenga un modo de procesarlo distinto”.

El fenómeno de Bolsonaro no se acomoda fácil a las etiquetas tradicionales. La combinación entre el militarismo brasileño de rasgos conservadores con un discurso liberal en lo económico pero reaccionario en lo político hace difícil el uso de las categorías conocidas.

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Juan Tokatlian, profesor plenario del departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, también es cuidadoso en este punto. Prefiere marcar los elementos reaccionarios más que definirlo como “fascista” o “populista”. “Bolsonaro es un reaccionario periférico. Existe una singularidad en el caso brasileño pero también es posible entenderlo dentro un proceso global. En países como Italia, Francia, Estados Unidos estamos viendo una reconfiguración de fuerzas donde los líderes que convocan una mayor adhesión son aquellos que prometen el retorno a un pasado que consideran superior, un pasado que se presume ordenado y positivo”.

Tanto el triunfo de Trump como el de Bolsonaro expanden la posibilidad de legitimación de los discursos de extrema derecha que, hasta el momento, convivían de manera silenciosa con la ampliación de derechos a las minorías y la conformación de sociedades cada vez más multiculturales.


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Para Marcelo Leiras, director del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de San Andrés, la combinación entre el fenómeno de polarización, provocada por la situación de incertidumbre social que genera la crisis económica, sumando a un efecto de demostración de los sectores ultraconservadores, le otorga un mayor aliento a las personas que piensan de este modo, incluso en países como Argentina.

“La extrema derecha existió siempre pero el hecho que haya conseguido hacer pública su posición —como estamos viendo en estos días— y que se sienta representada por figuras como Trump o Bolsonaro, que llegan a la presidencia en países como Estados Unidos o Brasil, termina por darle más respetabilidad a estas posiciones”, sostiene Leiras.

Si queremos comparar la política argentina con el fenómeno brasileño conviene comenzar por pensar cuáles fueron aquellas condiciones que hicieron posible el surgimiento de una figura como esa en Brasil.

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Tokatlian identifica las raíces del fenómeno de Bolsonaro como una convergencia de cuatro crisis que se dieron de manera simultánea. La crisis del sistema político, el colapso económico, la dificultad de los poderes públicos de garantizar la seguridad ciudadana y, por último, la implosión de las fuerzas de izquierda o progresistas, es decir, la crisis al interior del PT.

Para el profesor de la Universidad Di Tella, si tomamos estos elementos no existe una situación similar en Argentina. “El sistema de partidos aquí está debilitado pero no ha entrado en una situación de deterioro tan profunda como sufrió el multipartidismo brasileño”. En relación a la situación económica, “la crisis que vive Argentina es muy delicada pero la sociedad de este país ha sabido sortear mejor este tipo de situaciones comparado con otros países”. Vinculado al tema de la seguridad pública, “no podemos comparar una tasa de homicidios de 30.8 cada 100 mil habitantes en Brasil con los 5.1 en Argentina. Aquí, la gente está saturada de los robos pero no hay un estado de efervescencia social tan profundo como en Brasil”. Sin embargo, encuentra claros puntos de coincidencia respecto a la crisis del PT comparada con la situación del kirchnerismo. “El progresismo, o los partidos nacional populares, tiene una deuda grande, se deben una evaluación crítica de lo que fueron sus años de gobierno”.

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Entre los puntos de diferencia que podemos marcar, en primer lugar, es que Argentina no atraviesa un proceso de descreimiento en la política tan profundo como en Brasil. Para Natanson, “no estamos ante un que se vayan todos sino, como dice Andrés Malamud, estamos ante un tercio que quiere que se vayan los kirchneristas y otro tercio que quieren que se vayan los macristas. En algún punto, la grieta nos protege de un “bolsonarismo” en la Argentina”.

Otro elemento es el factor militar. “En Argentina tuvimos una dictadura mucho más cruel, más asesina, económicamente más ineficaz y que además perdió una guerra contra los ingleses, todo eso hace que el argentino tenga un gen anti autoritario mucho más despierto que en Brasil”, sostiene Natanson. En la misma línea, Tokatlian piensa “el papel de las Fuerzas Armadas en la sociedad argentina es ínfimo en comparación con Brasil. En ese país, el articulo 142 de la Constitución le asigna a las Fuerzas Armadas el ser garante de los poderes constitucionales, de la ley y del orden. No tienen ese rol en Argentina”.

Pero no es sólo eso, también existen anticuerpos que no vienen de la esfera política ni de los poderes públicos sino del surgen del seno mismo de la sociedad argentina. En nuestro este país, “existe una capacidad de movilización social que juega por fuera de los partidos políticos y sale a las calles con mucho más protagonismo y de manera más incisiva que Brasil”, sostiene Tokatlian.

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Si bien comparten que parece poco probable que se repita el modelo de Brasil en Argentina, ninguno se atreve a descartarlo de lleno porque la emergencia de la ultraderecha se cocina muy rápido. “Hace unos meses estábamos pensando que era imposible el triunfe de un candidato como este en Brasil. Estas figuras aparecen de repente y modifican por completo el escenario político. Son fenómenos muy inesperados”, dice Natanson.

La posibilidad de surgimiento de este tipo de liderazgos está contenida también por la existencia de una fuerza política como Cambiemos que además cuenta con el control político del gobierno.

Para Leiras, el hecho de que las expresiones ultraconservadoras estén contenidas dentro de una fuerza política como Cambiemos —en las que por supuesto no coincide todo su electorado— previene, de algún modo, el desarrollo de un liderazgo de extrema derecha en nuestro país.

Por otro lado, otra cuestión necesaria es pensar si puede llegar a existir un giro ultraconservador dentro oficialismo o si, en otras palabras, es posible una “bolsonarización del macrismo”. Para Natanson, “el macrismo marca una tensión entre liberalismo y conservadurismo que no tiene la derecha de Bolsonaro. El macrismo tiene más puntos de contacto con el PSDB que con Bolsonaro.”


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Si bien resulta improbable no es imposible que suceda algo similar en Argentina. Entonces ¿qué es lo que tendrían que pasar para que crezca una figura como la de Bolsonaro? Para Leiras, “debería darse una radicalización de la desconfianza en el sistema político, algo que puede llegar a pasar como resultado de los procesos de investigación vinculados a las causas de corrupción. Esto, sumado a una movilización de los sectores de la extrema derecha, en una especie de efecto demostración, dejarían a nuestro país vulnerable ante un posible candidatura de la ultraderecha”.

Por último, no debemos olvidar el factor religioso. Para Tokatlian, en un mundo donde existen sectores que sienten pérdidas de derechos, las Iglesias llenan vacíos que no otorgan los partidos. En este momento, “existe una gran disponibilidad para el despliegue de las religiones también en la política”, sostiene.

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En ese sentido, la influencia de las Iglesias evangélicas vienen creciendo en América Latina. En Guatemala, llegaron a la presidencia. En Colombia, cumplieron un rol fundamental en el rechazo al acuerdo de paz con la guerrilla. En Brasil, se convirtieron en una fuerza política dentro del Congreso. “Existe un movimiento evangélico que lleva varios años de trabajado social de base en la Argentina pero todavía no constituyen una fuerza política, menos una fuerza electoral”, analiza Tokatlian.

De cualquier manera, el triunfo de Bolsonaro marca un punto de quiebre en la política regional. Al menos en lo inmediato, Argentina parece contar con algunos anticuerpos que impiden un vuelco hacia la ultraderecha. La pregunta es cuán sostenible es este escenario en un contexto global de fuerte crecimiento de impugnación a las elites políticas, en un continente donde el debate sobre la corrupción parece haber dominado la agenda política.

La emergencia o no de un Bolsonaro en Argentina dependerá de la capacidad que tengan los partidos políticos de impedir el crecimiento de aquellos líderes reaccionarios periféricos. Y también de la sociedad, que tendrá que estar despierta y mantenerse activa en la impugnación del discurso del odio así como en el repudio de aquellos candidatos que busquen llegar de cualquier modo y a cualquier costo al cargo de presidente en Argentina.

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