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Cultură

Por qué decidí pasar un tiempo en una celda de aislamiento

Un ex convicto está sometiéndose a confinamiento solitario en una prisión de Arizona durante 30 días seguidos, para mostrar los peligros físicos y mentales de esta práctica. VICE transmite en vivo cada momento.

La celda donde James Burns planea pasar el próximo mes. Todas las fotos de Daniel Brothers.

La tarde antes de iniciar su régimen de aislamiento, James Burns fue con su madre a ver Jurassic Park. Pese a que solo tenía seis años, recuerda aquel momento como una horrible pesadilla: por aquel entonces su madre sufría una adicción a las drogas, y pasar el día a solas con ella era un regalo muy especial. Sin embargo, pocas horas después de haber visto la película, su madre decidió ingresar a Burns a quien los servicios sociales consideraban problemático por su mal comportamiento en la escuela en una institución psiquiátrica.

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Burns todavía recuerda los guantes de látex que llevaban los sanitarios que le bajaron los pantalones y le inyectaron una dosis de Thorazine para dejarlo KO. Lo dejaron en una "sala tranquila", que no es lo mismo que las celdas de aislamiento de una prisión pero resulta igual de traumático para un niño de corta edad.

Aquel día marcó el inicio de una relación de más de quince años entre un chaval díscolo y el sistema de justicia penal estadounidense. Burns asegura que, en su peor época, llegó a robar a camellos y a cometer delitos violentos, si bien él no era ni de lejos el peor de la pandilla con la que iba. Su vida estuvo marcada por los periodos de aislamiento, tanto en el centro en el que estaba internado de niño como posteriormente, en la prisión estatal.


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Teniendo en cuenta su pasado, resulta extraño que Burns haya decidido someterse voluntariamente a un periodo de aislamiento de treinta días en el centro penitenciario de La Paz, en Arizona, transmitiendo en vivo cada momento tras las rejas en VICE.com,

Con este experimento, Burns espera poder arrojar algo de luz a los rincones más oscuros del sistema judicial estadounidense.

"No pretendo meter cizaña, sino iniciar un debate", asegura Burns. "Como sociedad, ¿deberíamos continuar con esta práctica? Todo apunta a que el aislamiento no solo no contribuye a mejorar la seguridad de las instalaciones ni de la comunidad, sino que propicia la aparición de dolencias mentales y físicas. Si sabemos todo esto, ¿por qué seguimos poniéndolo en práctica? Me gustaría hacer reflexionar al respecto". 

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El régimen de aislamiento básicamente consiste en pasar "23 horas al día solo en una celda de dimensiones reducidas equipada con una puerta de acero, una litera, un retrete y un lavamanos", según señala la ONG ACLU en un informe de 2014.

Lo más destacable es la ausencia casi total de interacción con otras personas y de luz natural. En ocasiones incluso se prohíbe al recluso tener material de lectura. A diferencia del resto del mundo, Estados Unidos se sirve de esta práctica en casi todos los estamentos del sistema: prisiones locales, estatales y federales, instituciones psiquiátricas, etc. Según la mayoría de las estimaciones, entre 65,000 y 100,000 personas son sometidas a aislamiento en cualquier momento dado en Estados Unidos. El mes pasado, un estudio de la Facultad de Derecho de Yale llevado a cabo en coordinación con los directores de las cárceles estatales de todo Estados Unidos, sugirió que cerca de 6,000 reos de ese total han estado en confinamiento solitario por tres años o más. Al igual que ocurre con la mayoría de los estratos del sistema de justicia penal estadounidense, el aislamiento afecta mayormente a las personas de color.

El régimen de aislamiento podría entenderse si se hubieran demostrado sus efectos positivos, si toda esa soledad y miseria humana sirvieran para algo. Sin embargo, informe tras informe (y estudio tras estudio) sugiere que el confinamiento solitario maltrata a los presos y en algunos casos les predispone a la violencia una vez han salido.

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"Me marcó profundamente", asegura Burns. "Una parte de mí teme volver a tocar una puerta que cerré hace mucho tiempo y que me llevó años entender".

Esta vez, sin embargo, el confinamiento de Burns será especial: no solo tiene derecho a solicitar que lo liberen en cualquier momento, sino que varios compañeros de VICE lo estarán controlando las 24 horas mediante una cámara de vídeo y habrá un equipo de emergencias médicas disponible por si fuera necesario. Burns confía en que, mostrando al mundo la realidad del régimen de aislamiento hora a hora, se pueda lograr avanzar con un problema al que se da poca visibilidad y que suele quedar relegado en el olvido. Una tarea que cobra especial importancia ahora que Donald Trump, cuyo entusiasmo por la ley y el orden fue el mensaje central de su campaña, sentará sus posaderas en la silla presidencial de la Casa Blanca.

Burns espera que su iniciativa espolee la conciencia de los defensores de las libertades civiles, los partidarios de la reforma del sistema penal y los amigos del régimen de aislamiento.


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"Desde la oficina del sheriff del condado de La Paz estamos muy orgullosos de nuestro centro de detención de adultos y del trabajo de nuestro personal", afirmó el teniente Curt Bagby en unas declaraciones. "No tenemos ningún inconveniente en instalar cámaras en nuestras instalaciones, dado que hacemos todo cuanto está en nuestras manos por cumplir rigurosamente las directrices del estado de Arizona en lo que respecta al trato de la población reclusa. Nos complace poder mostrar al público el funcionamiento interno del centro, puesto que no tenemos nada que ocultar. Entendemos que VICE quiera destacar la práctica del régimen de aislamiento y accederemos encantados a mostrar su funcionamiento en el centro.

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"Somos conscientes de que las críticas hacia nosotros no siempre van a ser positivas y que otros organismos que velan por la seguridad lo consideran contraproducente", añadió Bagby, "pero si colaborar con VICE significa ayudar a entablar un diálogo, nos brindamos a ello".

A continuación, James Burns describe con sus propias palabras su experiencia en el sistema, cómo logró superarla (al menos en gran medida) y en qué consiste su proyecto.


Considero que es importante señalar que no pretendo retratarme como la víctima. Soy responsable de mis actos, puesto que todos tenemos la capacidad de escoger. Y por muy defectuoso que sea el sistema, admito que tomé decisiones equivocadas que me llevaron a la situación actual. Las dos cosas de las que más me arrepiento son, en primer lugar, los delitos que he cometido, los robos con arma. Me arrepiento por las víctimas. Y en segundo lugar y lo más importante, me arrepiento de haber allanado el terreno a otros jóvenes como mis hermanos o los chavales del barrio, para quienes yo era una especie de referente y a los que hice creer que estaba bien seguir mis pasos.

En cuanto al régimen de aislamiento, la gente siempre se imagina un calabozo oscuro desde el que el recluso no ve la luz del día durante todo el encierro, y realmente es justo lo contrario, es un infierno de un blanco deslumbrante y aséptico. Pero el aislamiento, sobre todo, te jode la mente. Ahí dentro todo funciona de forma muy eficiente y mecánica y entran en juego tus mayores temores sobre el control mental, la privación sensorial y esas cosas. Incluso los sonidos… Es como si estuvieras en un ataúd, básicamente.

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Una celda de aislamiento es sinónimo de monotonía perpetua. Piensa en un día horrible en el que te aburrieras soberanamente y multiplícalo por cien. Ahí dentro, los pensamientos se te disparan y no puedes pararlos. Hasta parece que se agudicen. Y luego está el momento en el que intentas dormir. Creo que mucha gente se sentirá identificada: estás en la cama y te empiezas a volver loco porque te está costando la hostia quedarte dormido. Pues eso es lo que te empieza a pasar, no te puedes dormir, los sonidos se amplifican y la locura que transcurre ahí fuera suena lejana, extraña.

El confinamiento influye en determinadas regiones del cerebro, las encoge físicamente. Está demostrado científicamente que causa problemas mentales y físicos. En mi opinión, la práctica del aislamiento no tiene cabida en la sociedad moderna. Deberíamos haber superado ya eso y hablar de salud mental, de reforma y de cómo conseguir que la gente mejore, no que vaya a peor.

Casi todas las personas que están reclusas hoy día serán liberadas algún día y podrían convertirse en nuestros vecinos. Hay reclusos que se han pasado 15 años en régimen de aislamiento en prisiones de máxima seguridad y cuando salen están medio chalados y suponen un riesgo innecesario para muchas comunidades.

No todo el que delinque o ha estado metido en asuntos turbios es un mutante, un animal o un monstruo: son personas como nosotros. Pueden cambiar. Todo el mundo comete errores, pero no por eso merecemos que nos destierren para el resto de nuestras vidas. Hay muy poca gente que haya salido de aislamiento y haya sido capaz de llevar una vida normal. Tampoco estoy diciendo que yo sea especial. Yo he llegado donde estoy por una mezcla de suerte y trabajo duro, pero a fin de cuentas el sistema judicial, tal como está estructurado a día de hoy, no funciona para la mayoría de los reclusos, no les ayuda a mejorar.

La primera vez que me confinaron era solo un niño y no entendía la gravedad de la situación que estaba viviendo. Me temo que esta vez reviviré muchas situaciones, pero espero ser capaz de enfrentarme a ellas y cerrar esa puerta para siempre.

Puedes ver a Burns durante su aislamiento aquí.

Traducción por Mario Abad.