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una auténtica luchadora

Maider Unda, la pastora que se colgó una medalla olímpica

Se enamoró de la lucha libre en la escuela y con 35 años se colgó el bronce olímpico sin renunciar a su otro sueño, cuidar su caserío en el País Vasco para producir queso con sus propias ovejas.

por Guille Álvarez
02 Febrero 2017, 7:40am

Imagen cedida por M. Unda

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En Olaeta, una diminuta población de 100 habitantes de la provincia de Álava, los vecinos comparten anécdotas olímpicas. Allí, en medio del monte, entre los verdes e idílicos paisajes del País Vasco vive Maider Unda, medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. A sus 39 años, esta vitoriana sigue siendo lo que siempre ha sido, una luchadora.

Hablamos de una luchadora en sentido literal y figurado, porque Maider ha sido pionera de la lucha libre femenina en España. Su desempeño en un deporte tan minoritario, por el que apostó cuando no era ni olímpico, no evitó que siguiera sacando tiempo para trabajar en el campo junto a su familia. En noviembre de 2016 Maider anunció su retirada, que deja un hueco irreparable en la lucha profesional de nuestro país, al menos por ahora.

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"Los años ya empezaban a pesar, tengo una hija de dos años que ya me pide más. Creo que con ella las prioridades han cambiado totalmente. El deporte empezaba a ser más sacrificio que disfrute", explica mientras atiende la llamada de VICE Sports desde el coche. Por mucho que haya dejado el deporte, ella sigue levantándose a las seis de la mañana, como toda la vida. Sigue siendo una mujer muy ocupada.

Maider, a la derecha, durante el combate por el bronce en el Mundial de Dinamarca de 2009 Foto de Bob Strong, Reuters

"Siempre me he levantado a esta hora. Desayuno bastante rápido y voy a la cuadra de las ovejas. Depende de la época las ordeño o doy de comer a los corderos. Normalmente hago un queso cada dos días; esos días tengo que quedarme en casa y el resto los aprovecho para hacer mil historias. Antes, cuando entrenaba, ese hueco lo usaba para salir a correr y hacer el entrenamiento físico", comenta Maider, que junto a su hermana decidió mantener la empresa familiar cuando sus padres se jubilaron.

A pesar de su increíble palmarés, que además del bronce olímpico incluye quince campeonatos de España, una plata en los campeonatos de Europa y un bronce Mundial, a Maider no se le caen los anillos. Aunque alcanzó la élite en su deporte, siempre tuvo claro que quería mantener su vocación como pastora: "Yo he nacido en el campo, y necesito vivir del campo para ser quien soy".

Maider se dedica a producir queso de denominación de orígen Idiazábal, elaborado con leche cruda de oveja lacha —una especie autóctona— y cuajo natural. En total, su caserío mantiene a casi 300 ovejas y produce más de 4 000 kilos de queso al año. Su atxeta gatza —así se llama el queso— se vende a 18 euros el kilo, y actualmente la explotación ha ampliado el negocio dando visitas guiadas por sus terrenos.

La luchadora, en su tierra junto a sus ovejas. Imagen cedida a VICE Sports por M. Unda

Combinar un trabajo en el campo con el deporte no es nada sencillo, aunque Maider le quita hierro al asunto. "Es fácil si tienes ayuda, las ovejas no se cuidan solas. Mi hermana se encarga de ellas cuando yo estoy fuera. Para mí, la familia ha sido muy importante". Antes que luchadora, asegura, siempre ha sido pastora.

La lucha la descubrió en el colegio con nueve años. "Apareció un señor que empezó a dar clases de lucha. Para mí ni siquiera era un deporte, era una forma de divertirme y pasarlo bien. Hace unos años, eso de que los niños tenían que hacer deporte no era habitual", recuerda. Por gusto, siguió jugando y mejorando, y empezó a competir a pesar de no había muchas rivales en aquella época. De hecho, en su tierra siempre compitió contra chicos. "No sé si me ha ayudado, pero cuando entrenas con chicos tienes más fuerza".

Maider cree que su experiencia en el campo la ayudó a lanzar su trayectoria deportiva. "Las dos facetas tienen cosas en común, hay que saber esperar y ser paciente. Han sido muchos años para conseguir el bronce olímpico, lo hice con 35 años y empecé a los nueve". No ha sido un camino fácil, ya que los comienzos en un deporte tan minoritario siempre requieren mucho sacrificio. "Una vez llegas a la cima, todo es muy fácil. Pero hasta que llegas, es muy duro y poco agradecido".

Maider, durante el combate que le aseguró el bronce olímpico en Londres 2012. Foto de Suhaib Salem, Reuters

La mayoría de rivales y su círculo cercano, como su entrenador Luís Crespo, electricista, también han tenido que buscarse otros trabajos para compaginar su pasión por el deporte. Antes de que la lucha libre se convirtiera en disciplina olímpica en 2004, Maider vivió un calvario en la residencia Blume para deportistas de alto rendimiento. "Me di cuenta de que mi vida estaba en el País Vasco, mi experiencia en Madrid me enseñó que la lucha no podía serlo todo en mi vida, que necesitaba una vida al margen del deporte".

"No me gustaba la hipocresía de ese mundo, a veces ponía buena cara cuando no estaba bien. Cuando te dedicas solamente a criticar, te das cuenta que no eres tan feliz, y en general, cuando no eres feliz, haces cosas que no te gustan. Allí conocí una faceta mía que no me gustaba nada". Tras dos años en la capital, decidió abandonar el camino "marcado" por la Federación y montárselo a su manera en Atetxa, el caserío de su familia.

Y acertó. Poco después la disciplina se convirtió en olímpica, y a pesar de los recelos de los organismos oficiales, cuando empezó a cosechar buenos resultados pudo demostrar que su método para alcanzar el sueño olímpico era tan válido como el resto. La medalla de bronce de Londres que guarda en casa es la mejor prueba de ello, y también el resto de trofeos que ha acumulado en su larga trayectoria.

La luchadora de Olaeta celebra junto a Luís Crespo su medalla en los Juegos Olímpicos de Londres. Foto de Damir Sagolj, Reuters

"Ahora después de la retirada, los reconocimientos han sido muchos. Lo duro fueron los inicios, no era un deporte olímpico y tampoco conocido. La lucha femenina no estaba muy bien vista, pero con resultados se soluciona todo", reflexiona en una crítica a un sistema que apuesta poco por la base y se fija más en los deportistas cuando ya despuntan por sí solos. A pesar de todo, Maider siempre encuentra el lado bueno de las cosas. "Yo vendo mi propio queso en mercados y en mi casa, y la gente me reconoce por la calle. Que se te acerquen y te feliciten por tus éxitos y tu trayectoria es lo más bonito que voy a recoger de mi trayectoria deportiva".

La luchadora alavesa representa mucho más que a un deporte minoritario. Ella abrió el camino, junto a otras diez deportistas en Londres 2012, de "la era de las medallistas españolas", como ella misma define el boom de la mujer en el deporte olímpico. "Se nota que hemos despegado". Su ejemplo, claro, va más allá del deporte. "Está claro que las mujeres nos situamos donde estamos a base de trabajo, nadie nos ha regalado nada. Creo que las mujeres le tenemos menos miedo, sobre todo ahora, a ser protagonistas de nuestras propias vidas, a poder decidir lo que queremos, a tomar decisiones sin pensar que estamos menos cualificadas que un hombre".

El queso que produce Maider en Atxeta, su caserío en la provincia de Álava. Imagen vía Twitter

Dejar la competición es un proceso complicado para gran parte de los deportistas de élite, y a Maider también se le hace raro no pisar el tapíz más a menudo. "No es fácil ni para mí, que ya tengo un trabajo, así que imagina para quien no lo ha tenido", comenta. Su recomendación para evitar el desamparo es sencilla. "Más que asesoramiento, el deportista debe adentrarse en el mundo laboral antes de dejar el deporte".

Ahora, con cierto punto de nostalgia, Maider recuerda las concentraciones con el equipo de lucha español, donde se improvisaban buenas comilonas con la aportación de cada miembro del equipo. Evidentemente, ella llevaba el queso. "Es un buen alimento para la lucha, y para todo vaya", asegura entre risas 'Iron Maider', el mote que le dieron sus familiares y amigos para animarla en Londres. Me aclara que ella no es mucho de escuchar heavy metal, pero el juego de palabras era gracioso para darle un toque a las camisetas que recuerdan ese viaje de bronce.

Maider no tiene muy claro que la lucha libre tenga un futuro prometedor a corto plazo, y se ha desentendido por completo de la parte competitiva. Eso sí, ha vuelto a las escuelas para enseñar ese divertido juego que la convirtió en todo lo que es y ha sido: pastora, luchadora y, sobre todo, un gran ejemplo.

Sigue al autor en Twitter: @GuilleAlvarez41