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'El final del feminismo': cinco intelectuales opinan sobre #MeToo

El movimiento está empezando a dividir opiniones alrededor del mundo. ¿Hacia dónde va la discusión en Colombia?

por Nathalia Guerrero Duque
20 Enero 2018, 12:38am

Montaje: Pablo David | VICE Colombia

Aún nos queda mucho por digerir después de lo sucedido con las actrices que asistieron a los pasados Golden Globes, celebrados hace casi dos semanas. Desde la iniciativa de ir vestidas de negro, hasta la asistencia de activistas feministas muy poderosas, pasando por la icónica presentación de Natalie Portman del premio a mejor director —cuando dijo muy sutilmente que todos los nominados eran hombres— las actrices se encargaron de que la palabra central de la noche fuera “mujer”.

Aunque bien podría haber sido “acoso”.

El evento se convirtió en una estampa de todo lo que se lleva gestando desde hace meses con el resurgimiento de movimientos como #MeToo o #TimesUp, dos movimientos que tienen un mismo objetivo: luchar contra el acoso sexual en todos los estratos, visibilizándolo, condenándolo, haciendo que no se repita más y, sobre todo, denunciándolo.

Luego de alentar a miles de feministas años atrás, las banderas de estas dos consignas actualmente las llevan varias actrices de Hollywood que, entre otros actores y directores, denunciaron las agresiones sexuales del poderoso productor cinematográfico Harvey Weinstein, afectando gravemente su carrera. Su condena, tanto en la industria como en la sociedad, fue celebrada por muchas de nosotras; lo veíamos como un triunfo. El momento en el que por fin muchas mujeres iban a reunir la valentía suficiente para salir a denunciar a su agresor y hablar de las agresiones y abusos que habían sufrido.

Sin embargo, los meses post Weinsten causaron más que eso. Los despidos y denuncias que empezaron a multiplicarse en la industria del entretenimiento estadounidense se replicaron en otros campos. Así fue como chefs, escritores, políticos, jueces y bailarines en altos cargos fueron cayendo uno a uno. Según este artículo del New York Times, desde octubre ha habido más de cincuenta y un renuncias y despidos causadas por esta coyuntura en Estados Unidos.

Otra consecuencia de la “era Post Weinstein” mencionada por ese medio es la paulatina pérdida de oportunidades laborales que están teniendo las mujeres en sitios como Silicon Valley, donde sus jefes, aterrorizados por reunirse con una mujer en privado, y que de eso resulte una situación o malentendido de algún tipo, están cancelando reuniones a puerta cerrada, cocteles y comidas cuando se trata de una mujer, segregándolas poco a poco de espacios laborales que muchas veces fortalecen lazos entre jefe y empleado, y pueden llevar a oportunidades de ascenso en algunos casos.

Efectos colaterales de este tipo están generando divisiones entre las mujeres frente al #MeToo. El más conocido hasta ahora fue un manifiesto firmado por más de 300 mujeres artistas e intelectuales francesas, quienes se declaran rotundamente en contra de este movimiento estadounidense, acusándolo de puritano. “La violación es un crimen. Pero la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”, declaran las mujeres, quienes denuncian al #MeToo de estar encadenando libertades sexuales por las que otras feministas ya lucharon años atrás.

En Colombia las divisiones causadas por el #YoTambién están empezando a hacerse visibles. Hoy es tendencia en redes sociales la periodista Claudia Morales, quien en su última columna de El Espectador, que publicó hoy en la edición impresa, no solo confiesa que fue violada hace años por un jefe suyo muy influyente en los medios de este país, sino que, contrario a la cultura de denuncia de este movimiento en auge, defiende el derecho a permanecer en silencio, el cual ha mantenido durante mucho tiempo.

“Una campaña como #MeToo debería servir para concientizar sobre la individualidad del ser, los matices de la existencia, las diferencias culturales y, por qué no, para defender como válido el silencio por el que algunos optamos”, expresa la periodista en su columna, quién decidió escribirla luego de ver cómo ofendían en redes a Marcela González, la actual novia de Gustavo Rugeles, por permanecer a su lado luego de haberlo denunciado por agresión a finales del año pasado.

Por su parte Florence Thomas, la académica feminista francesa, a pesar de su nacionalidad, defiende el movimiento #MeToo, considerándolo necesario en un país como el nuestro”. No todas las mujeres estamos de acuerdo con este tipo de debates, y yo como feminista no admito el machismo extremo que se ve en Colombia pero no puedo comparar a Francia con Colombia por que no es el mismo contexto”, aclaró a los medios.

Si bien es cierto que muchas mujeres y situaciones en nuestra vida pública y privada pedían a gritos un empujón como el de #MeToo para envalentonarse frente a sus agresores y su cotidianidad permeada de machismo, también es cierto que hasta ahora estamos dibujando los límites de este movimiento, sin tenerlos muy claros. Un ejemplo de esto es el reciente caso del comediante Aziz Ansari, quien fue acusado por una mujer de tener relaciones no consensuada con ella, revelando un caso que, para muchos, simplemente se trató de una situación incómoda. Pero consensuada.

Casos así suscitan varias preguntas. ¿Dónde poner la línea? ¿Cuál es el futuro del romance, las relaciones sexuales y las relaciones afectivas en general, si todo esto ha tenido desde siempre una lectura compleja que varía culturalmente?

En Suecia, por ejemplo, están proponiendo un proyecto de ley donde las dos (o más) personas involucradas en una relación sexual tienen que firmar un desprendible de consentimiento antes de consumar el acto, para no ser denunciados de relaciones no consentidas. ¿Será que el mundo está apuntando hacia esa dirección?

En un intento por aterrizar la discusión a nuestro país, tomé el testimonio de varias personas que se mueven en campos creativos culturales y académicos, tanto hombres como mujeres. A algunos los llamé personalmente y de otros extraje sus declaraciones públicas. Escritores, académicas, críticos de cine, todos expresaron su posición respecto a estos movimientos, y cómo les gustaría que se empezara a desarrollar la discusión en Colombia.

Pedro Adrián Zuluaga, crítico de cine

'El estado actual de las cosas perfiló el triste arquetipo del hombre heterosexual poderoso y depredador, cuyo deseo es siempre culpable y debe ser, por lo mismo, reglamentado, puesto en cintura, vigilado. Hay aquí una resurrección disfrazada de progresismo, acorde con los cambios y los movimientos sociales. (…) El empoderamiento de las víctimas de acoso sexual no puede entenderse sin el retroceso que trae consigo y que tan bien ha señalado la carta pública encabezada por Catherine Deneuve: un neopuritansimo.

(…) Se necesita mucha desmemoria para no ver los peligros que encierra esta nueva cruzada del pensamiento: la asunción de una cultura del miedo y la sospecha, a base de linchamientos mediáticos, sin procesos legales y donde todas las conquistas jurídicas se debilitan. Es decir, una agenda intrínsecamente parecida a la de la derecha más obtusa. El acusado –sin más pruebas que un testimonio- es culpable hasta que se demuestre lo contrario, se destruyen carreras en un instante y se toman decisiones para satisfacer las barras bravas en una versión – que evoca la fuerza de la tribu y no la racionalidad del pensamiento – de la justicia como venganza.

(…) Me formé como periodista y nadie me puede convencer de que un acto privado entre dos personas adultas, cada una poderosa a su manera – por mucho que una de las dos esté en posición de subordinación – es más importante como una noticia que la posibilidad de una deportación masiva de salvadoreños y la tragedia humanitaria que eso encarna. Finalmente estamos ante una sensibilidad que se vuelve dominante: la cultura del trauma personal, esencial en la definición del ethos norteamericano, como contraparte de la cultura del self made man y que se quiere expandir como un valor universal. En la avalancha de testimonios sobre acoso esa cultura del trauma tiene un lugar central, y estaría muy de acuerdo con alguna de las “putas francesas” en que eso lleva a chantajes sentimentales inaceptables.

(parte de las declaraciones fueron tomadas de sus publicaciones en Facebook)

Yolanda Reyes, escritora

Es difícil trazar la línea justa que indica dónde empieza el acoso, y esa ha sido una línea poco clara porque las mujeres heredamos una especie de precepto ( o prejuicio) de no decir “sí” desde el comienzo, sino de hacernos “la difícil” y decir un “no” que se podía volver sí. Y entre esa franja llena de matices, podía ser difícil para un hombre saber cuál era la diferencia entre la conquista, la insistencia y el acoso. Sin embargo, “ante la duda”...siempre es mejor abstenerse, y eso requiere afirmar la sexualidad en el sí quiero; en el sí queremos.

Por eso pienso que hacerle un contra movimiento femenino al #MeToo es inoportuno y, de cierta forma, arrogante, pues hay un impulso de nombrar silencios dolorosos, envueltos en circunstancias de poder y de vulnerabilidad, y también de inequidad, puesto que no todas las mujeres pudieron ejercer una sexualidad consentida y libre, que es la que suponen las escritoras francesas que es patrimonio de todas las mujeres. Incluso sabiendo que en todo movimiento hay excesos y esquematismos, si me ponen a escoger, me quedo con el reconocimiento y la solidaridad frente al valor de romper el silencio y apostarle a una sexualidad no tolerante frente a cualquier forma de acoso, así sea sutil.

El cortejo sexual tiene algo difícil de leer, es cierto. Pero el erotismo es cultural y por lo tanto es un lenguaje que se puede transformar: que se ha ido transformando. En esa medida, todo lo que se haga por nombrar lo que no ha sido dicho y no ha tenido en cuenta el consentimiento del otro, a mí me merece un respeto inmenso. Pero lo que más me interesa de todo esto es la educación de las niñas, y obviamente también, la de los niños: cómo expresamos nuestras emociones y cómo nos encontramos sabiendo que nuestras sexualidades son tan diversas: Una cultura de nombrar las emociones y las relaciones va más allá de una etiqueta, pero la etiqueta puede ser un comienzo para “poner en el lenguaje” lo que no estuvo reconocido.

Carolina Sanín, escritora

(...) Esta no es la revolución feminista. Este es el final del feminismo. La revolución feminista era haciendo comunas. Era socavando la propiedad privada y la familia. Era acabando con la filiación patrilineal. La oportunidad terminó de perderse en los años 70. Las mujeres, a la larga, se sintieron demasiado cómodas dentro del patriarcado. (...) Por eso, hoy el único reclamo feminista que tiene eco es aquel que exige que las mujeres no sean acosadas dentro de ese mismo sistema que ellas nunca se decidieron a derribar.

(...) Las estrellas de Hollywood se quejan de que, en su carrera para convertirse en estrellas de Hollywood (en objetos sexuales, en actrices que encarnan los modelos femeninos en los que la hegemonía del patriarcado se sostiene, en cómplices de la industria de manipulación ideológica más conspicua del mundo) las han acosado y considerado objetos sexuales. La paradoja es demasiado obvia.

Y la solución, no lo duden, será excluirlas de ese sistema que, en vez de destruir, hemos afianzado con nuestro reclamo de participación. (...) Es elocuente que este feminismo antifeminista, este feminismo que dará al traste con la posibilidad de un mundo compartido, esté encabezado por las estrellas de Hollywood, por su queja de que las hayan acosado sexualmente en su ambición de representar roles de mujeres patriarcales y en su ambición de convertirse en estrellas, en símbolos sexuales, en objetos del patriarcado (...).

Mujeres del #MeToo, por favor tengan un poco de visión política. ¿Cuál creen ustedes que va a ser la reacción del patriarcado al ver que se despide del trabajo a los ejecutivos por una mirada, o por una supuesta mirada? ¿Cuál creen que es la solución más conveniente para los trumpismos (...), si resulta que todas las mujeres, en todas las situaciones laborales, afirman que siempre sienten que son acosadas sexualmente? La "solución" va a ser que las mujeres no trabajen con los hombres. Estamos cavando el cimiento del muro de la segregación y no nos estamos dando cuenta. O la solución reactiva del patriarcado en este juego de reacciones irreflexivas será que las mujeres dejen de trabajar del todo. Paren esta carrera al abismo.

(declaraciones tomadas de sus publicaciones en Facebook)

Ricardo Silva Romero, escritor

Aterrizar estos movimientos a nuestro país es muy importante. Ya he visto actrices colombianas diciendo que fueron acosadas en las producciones en las que participaron, pero yo creo que acá hay un problema muy colombiano y es que solo tenemos dos canales de TV. Eso hace que el riesgo de hablar sea más grande, que sea más fácil dañarse la carrera: acá la que se pelea con Caracol le queda RCN y quién sabe cómo sea recibida la denuncia, y quién sabe si habrá respaldo. Yo pienso que sí.

El pensamiento de muchedumbre, de pandilla, está sustituyendo hasta cierto punto a la justicia. Si alguien es sospechoso de algo, el tribunal de las redes sociales no le garantiza el beneficio de la duda ni la presunción de inocencia ni el debido proceso y lo condenan muy pronto, a punta de titulares amañados que no conocen bien los hechos. Mucha gente inocente puede caer ahí. Se vuelven culpables sin proceso, culpables por un pensamiento de masa.

Hay una frase famosa que dice “la imaginación no comete delitos”, y pienso igual. Considerar de entrada una obra clasista o machista o racista porque sus personajes o situaciones lo sean es muy riesgoso. Me parece que hacen una lectura amañada de las obras para culpar al autor de sus personajes, bordean el terreno de la censura. Y nos pone a los autores a pensar no solo cómo vamos a contar la historia sino qué vamos a contar. Cuestionarse sobre sus personajes por estos motivos es como regresar al terreno de los inquisidores y los censores. La gracia de la literatura y el cine es mostrar las cosas tal cual son, tal cual se le ocurren a uno.

Si movimientos como #YoTambién se dirigen hacia la justicia e igualdad, vamos por buen camino. Si sustituye a la justicia empieza a volverse semejante a lo que está castigando. Porque hablar del tema se ha vuelto difícil, riesgoso, sobre todo si uno es hombre: nos culpan de sonar condescendientes, o de culpar a los abusadores y a los matones. La idea es que el movimiento no pierda fuerza o autoridad, pero en vez de estar ayudando, nosotros nos sentimos más bien como tratando de salvarnos.

Sara Fernández, académica

Yo quiero recopilar toda la información de lo que está sucediendo ahorita en tiempo real para hacer un análisis más reposado y analítico cuando pase todo este maremágnum y este sensacionalismo. Hace unos días se pronunció Catherine Deneuve y hoy se pronunció Brigitte Bardot, entonces me parece prudente seguir esperando.

Por ahora intuyo algo y es que la movida anti Trump disparó esta situación a nivel público y mundial, porque el presidente de Estados Unidos es un típico depredador sexual y se la pasa tapando escándalos de este tipo. Me parece que no es coincidencia que estos movimientos hayan cobrado tanta importancia, por todo lo que figura él en el estereotipo de lo que es el patriarcado, el capitalismo, la acumulación…

Lo otro que me llama la atención es el asunto de clase, algo que puedo ilustrar en tres ejemplos claros: Catherine Deneuve, Brigitte Bardot y Antonio Caballero. Ninguno de estos personajes se va a ver cuestionado por su status, su raza, su posición social y su clase, y desde ahí hacen la lectura del acoso, la seducción, violaciones masivas y demás. Contrario a lo que pasa con Oprah, que fue violada, humillada y sin embargo ahora es esta figura, Oprah. Ambos discursos son muy distintos, y es notorio el matiz de la raza y la clase de por medio.

Si yo fuera espiritista me encantaría entrevistar a La Doña, a Ana María Félix: fiera, brava, una voz diferente, a ver ella qué opina de esto. Frida Kahlo podría ser otra lectura totalmente distinta. Es muy importante fijarse en esa ignorancia de clases, y lo que la condición de clase hace en la lectura de los hechos de quien nombra el problema.

A todos estos elementos hay que añadirle el papel de los medios: el morbo del tratamiento de la situación y lo poco pedagógicos y esclarecedores que han resultado los titulares, sus columnas y sus editoriales. Bien lo dice Claudia Morales en su columna: “no juzguen, no califiquen”. Las feministas hace rato entendimos que si encarcelamos a todos los agresores esto no soluciona el problema. El problema es más complejo que eso: todos somos responsables.

Este es un cuarto de hora muy interesante y me emociona mucho lo que viene. Debemos atar cabos desde lo social y lo cultural porque esto ya dejó de ser un asunto privado e íntimo, y pasó a ser un asunto público y político.

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