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LGBTI

Prefiero salir con hombres que son VIH positivo

Las investigaciones muestran que si están recibiendo tratamiento, no estoy en riesgo de contagiarme, incluso sin condón.

por Cole Grissom
24 Octubre 2017, 2:59pm

Imagen cortesía de Cole Grissom

Este artículo fue publicado originalmente en Tonic, nuestra plataforma especializada en temas de salud.

"Soy VIH positivo."

Estas fueron las últimas palabras pronunciadas por un hombre durante mi primer encuentro sexual tras una pausa de siete años de mi homosexualidad. Inmediatamente me puse a llorar sobre su pene. Estaba soltero por primera vez desde mis veintes y sentí pánico. Lo poco que sabía sobre el VIH provenía de ver Philadelphia, que, si somos justos, realmente se trata sobre el SIDA. Mi conocimiento sobre el tema era más bien ignorancia. Lloré en silencio mientras subí mis pantalones y me metí en el carro para contemplar la nueva realidad de mi vida amorosa: citas con personas VIH positivo.

Después de declararme gay a los dieciséis años, antes del boom de las apps, pesqué citas en el colegio y la universidad que acabaron siendo un fiasco. Después, al final de mi pregrado, sorprendentemente inicié una relación con una mujer. Creo que genuinamente me enamoré de ella como persona. Y sí, nuestro sexo era increíble, pero dejemos algo claro: soy gay. Soy gay nivel nunca-le-bajé, firmemente-al-final-del-espectro-gay-de-Kinsey.

Después de este corto periodo, regresé a las aguas de testosterona que supone el universo de citas masculinas: estaba pobremente equipado para lidiar con temas como el VIH. Entré más trataba de profundizar sobre el virus, más identificaba que no estaba solo. Mis amigos con frecuencia respondían vagamente a mis preguntas, o solo evitaban el tema. Parecían saber tan poco como yo.

Dado a que ellos no podían ayudar —y que quería evitar seguir llorando sobre penes— decidí buscar información. Después de una breve investigación y de hablar con numerosos profesionales, me sorprendí con la conclusión: prefiero a un compañero con VIH positivo que a uno sin.

Me sorprendí de mí mismo pero escúchenme: algunas de las cosas que encontré contradicen todo lo que nos han enseñado.


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Inicié este viaje de profundización de conocimiento con el estudio PARTNER publicado en 2016 como punto de partida. Revisé 900 casos de parejas con VIH discordantes, lo que significa que uno de los dos es VIH negativo, y el otro es VIH positivo imperceptible [es decir que no hay evidencia del virus en su descargas de semen] y recibe terapia con antirretrovirales [ART]).

Desde septiembre de 2010 hasta mayo de 2014, estas parejas proveyeron crónicas detalladas sobre su sexualidad, acompañadas con exámenes de rutina que permitieron acumular abundante información que fue analizada, sintetizada y publicada. Jens Lundgren, director de CHIP, Centre for Health and Infectious Disease Research del hospital de la Universidad de Copenhagen, también autor principal del estudio, dijo: "encontramos que a pesar de estudiar más de 50.000 [encuentros sexuales sin condón], ninguno de los compañeros se contagió del otro. No había riesgo".

¿50.000? Regístrenme. Ya.

"Hubo once casos en los que alguien contrajo VIH, pero los once reconocieron haber tenido sexo por fuera de su relación. Al hacer el análisis filogénetico [comparar diferentes secuencias de ADN o RNA] se mostró que todas las transmisiones se dieron por fuera de la relación", añade Lundgren.

Esto fue muy loco para mí, según lo que me habían dicho, estos hallazgos (si bien producto de un solo estudio) no corroboraban los mensajes mainstream que rodeaban al VIH. Estos resultados señalaban que el riesgo de ser contagiado con VIH a través de alguien activo pero que recibía tratamiento, era de insignificante a inexistente. Tenía que continuar excavando.

"Recibimos información [gracias al estudio PARTER] de que no existía riesgo, pero los datos eran débiles" dice Lundgren. "El impulso del estudio fue la declaración de Suiza". En la declaración, la Comisión Nacional de SIDA de Suiza afirmó que alguien con VIH positivo, recibiendo un tratamiento efectivo (ART) no podía transmitir VIH a través del contacto sexual. Esto permitió que aquellos con el virus advirtieran que era necesario recibir tratamiento para lograr tener una carga imperceptible del virus en su semen, por seis meses o más, y no tener una enfermedad de transmisión sexual.

La declaración, publicada en 2008 para los médicos en Suiza, ha confluido con varios estudios cuya evidencia apoyan a las declaraciones anteriores, estando el estudio PARTNER entre ellos y más recientemente, la carta del CDC (Centro de control y prevención de enfermedades) publicada el pasado septiembre.


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Entre más entendía, más afianzaba mi preferencia. "Una de las principales cosas que alimenta a la estigmatización es el miedo [de las personas con VIH positivo] de ser contagiosos" dice Lundgren. El riesgo de transmisión no viene de aquellos quienes tienen el virus y están recibiendo tratamiento. El riesgo lo representan quienes no están seguros de su estatus. El VIH puede tardar semanas o meses en manifestarse como positivo. Ignorar tu estatus puede, en teoría, no ser culpa tuya sino del tiempo que tarde el virus en ser identificado por un examen. No se a ustedes, pero incluso mi examen de sífilis salió negativo tres veces, antes de que pudieran confirmarme que definitivamente la tenía. Entonces, nunca podemos estar seguros de la ambigüedad de un estatus a menos de que la persona ya sepa que es positivo.

Pero como las decisiones a propósito de mi salud sexual pueden producir potencialmente efectos irrevocables, tenía que investigar más. Fui en busca de la fuente de la declaración suiza, Pietro Vernazza, jefe de la división de Enfermedades Infecciosas del hospital Cantonal en St. Gallen, Suiza.

Su trabajo de finales de los noventa y principios del 2000 se centró en el esfuerzo de parejas con VIH discordante, de procrear. Durante esta época, fue uno de los primeros médicos en investigar las cargas del virus encontradas en el semen de los pacientes recibiendo tratamiento ART.

Spoiler alert: No encontró ninguna.

De todas las parejas que trató, ninguno de los que tenía VIH positivo y recibía un tratamiento con ART, mostró una carga viral discernible en su semen. Aun así, había tensión por el temor a una transmisión de VIH. Decidió que era necesario que los doctores hablaran con sus pacientes sobre los verdaderos riesgos implicados.

"[Tirar con alguien que tiene el virus] no es tan peligroso como se piensa" dice. "Creo que es una exigencia ética decirle eso a tus pacientes. El riesgo es tan bajo que decir que necesitan usar un condón [para evitar la transmisión de VIH], sin aclarar que potencialmente no existe evidencia que apoye lo anterior, no es ético".


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Me dice que no se ha presentado el caso de alguien con el virus, bajo tratamiento ART, que haya mostrado una carga viral imperceptible y haya transmitido el VIH. "Todo el mundo quiere ser quien publique el caso, pero no existe".

Con una comprensión más profunda sobre el VIH, tomé mis descubrimientos y regresé con entusiasmo justificado a la escena de las citas. Entusiasmo porque ahora respetaba la seriedad de la enfermedad sin vivir con un miedo irracional. Resolví que después de haber llorado sobre un pene, todo desde ese punto, estaba condenado a mejorar ¿verdad? Después de muchos desatinos, mi perra básica interna se emocionó cuando aterricé en una cita con un modelo.

Todo iba de maravilla: estábamos tomando, pasándola bomba, y nos empezamos a besar. Fue sexy. Hasta que empezó a llorar sobre mi boca. Sobre. Mi. Boca. Me retiré para investigar qué pasaba. Ahí fue cuando me dijo que tenía VIH y temía que a pesar de lo bien que la estábamos pasando, después de contarme, yo decidiera pararme y dejarlo ahí, porque era lo que muchos otros habían hecho. Si bien lo del VIH no me me bajoneó, lo del llanto en la boca efectivamente terminó con cualquier tipo de tensión sexual. Y hasta ahí nos llegó la velada.

En el carro a casa, mientras trataba de procesar lo del llanto, tropecé con un artículo de Queerty que presentaba la última aplicación de citas (Dios, justo lo que necesito). La app conecta a viejos adinerados con chicos jóvenes en busca de un sugar daddy. No siendo de los que descartaría un daddy, seguí leyendo. La aplicación, DaddyBear, declaraba rechazar específicamente usuarios con VIH positivo. Encontrando esto irritante, pedí a DaddyBear una explicación más elaborada: "Creemos que la mayoría de hombres gay se preocupan más por su salud que por el sexo cuando se plantean un encuentro gay, razón principal de por qué [creamos] esta aplicación".


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En otro artículo, su CEO confirmó esta declaración diciendo: "Nadie va a querer salir con alguien con el virus, a menos de que también tenga el virus... muchos sugar daddies ricos y exitosos no quieren salir con hombres gays que estén contagiados, razón por la cual sacamos esta app para satisfacer sus necesidades" (El imbecil de su CEO emitió después una "disculpa").

Bueno, en ese punto ya había tenido suficiente de tantas bobadas. Estas afirmaciones, y las afirmaciones de los otros mal informados, son precisamente lo que impide una mejor comprensión que facilite el sexo seguro. Creo que concebí mi nueva idea para una aplicación: hombres con VIH negativo, que quieran específicamente salir con hombres con VIH positivo. Escríbanme, desarrolladores.

Estaba ansioso por darme otra oportunidad con el modelo, pero no funcionó. Nada que tuviera que ver con su VIH. El odiaba mi guiño, perra. Así que aquí estoy, soltero de nuevo, ojalá armado con el suficiente conocimiento para evitar llorar de nuevo sobre un pene. Cruzo los dedos.