Publicidad
Este artículo se publicó hace más de cinco años.
Μoda

Caminé todo el día en burka

Lo bueno de esas prendas es que te protegen de la lluvia.

por Annette Lamothe-Ramos
08 Agosto 2012, 6:00pm


Fotos por Ben Ritter

Nuestro editor general me pidió que buscara una burka para un video musical que acabamos de grabar. No sabía nada de prendas islámicas, mucho menos que no puedes simplemente entrar a una tienda de burkas y comprar una; así que encontrar una que nos permitiera hacer que la historia pareciera real fue una verdadera pesadilla. Pero al final lo logré.

Mientras visitaba innumerables páginas en busca de hijabs, nikabs, khimars, abayas, jilbabs, y otras prendas religiosas, me di cuenta que nadie tiene algo positivo que decir sobre ellas. Casi todas las noticias que leí con la palabra “burka”, hablaba sobre las connotaciones represivas de las prendas contra la mujer, y los únicos artículos que encontré escritos por mujeres que habían usado una de estas, hablaban sobre sus experiencias en las calles de países musulmanes.

Después de ver 74 videos de YouTube y visitar 108 páginas en Google, no encontré un solo artículo o video que me dijera si las burkas eran cómodas, o cómo reaccionaban los estadunidenses cuando veían a una Catrina formada detrás de ellos en un Starbucks. Concluí que la única forma de averiguar cómo era la vida de las mujeres que están obligadas a usar la prendas menos reveladoras de la historia, era vestirme como ellas.

Mi pequeño experimento social empezó cuando Ben Ritter llegó para fotografiarme mientras descifraba cómo armar mi burka. Encontré varios modelos disponibles en tiendas en líneas de varios países y, por alguna extraña razón, decidí irme por la variante saudí. Las burkas saudíes están hechas de cinco piezas y me parecieron mucho más tradicionales que la versión afgana con mangas destellantes.

Mi perra Bowie estaba muy confundida por mi atuendo. La única vez que la había visto así de asustada fue cuando me vestí de monja embarazada en Halloween. 

Así me vi al final. Todavía no salíamos de mi casa y ya me estaba quejando del calor que hacía. Quería estar desnuda bajo la abaya, pero como se supone que las burkas son prendas de vestir, me puse un top y los shorts más pequeños que pude encontrar.

Caminar por el East Village o Brooklyn, rodeados de conocidos, nos pareció una pérdida de tiempo, así que tomamos el metro al norte de la ciudad donde podríamos pretender que éramos turistas. Nadie me peló mucho, excepto por la mujer en la banca de atrás que estaba sentada con sus hijos. Agarró a sus hijos y se los llevó al otro extremo de la plataforma cuando vio que me subía al tren. ¡Perra!


Pasando el rato con Meryl Streep y Tommy Lee Jones (y Alá) en la plataforma del metro.

Cuando salimos del metro comenzó a llover muy fuerte. Por suerte para mí, no necesité de un paraguas; uno de los beneficios de usar una burka. Soy neoyorquina de nacimiento, así que nunca he ido al Empire State. Así que nos dimos una vuelta. No entendí lo que implicaría visitar uno de los edificios más altos de Nueva York vestida con una prenda islámica hasta que llegamos a la entrada. Me sentí como una pendeja.

Las cosas se volvieron realmente incómodas cuando llegamos al techo. Sabía que todos los extranjeros estaban hablando sobre mí en sus distintos idiomas. El grupo de atrás no siguió un rato, probablemente porque estábamos tomando muchas fotos.

Mientras posaba para las fotos, nos dimos cuenta que uno de los guardias nos estaba siguiendo. Supongo que quería saber si estábamos haciendo pura pendejada (sí) o si estábamos estudiando el lugar (no).

Nos tomamos una de esas fotos cursis con pantalla verde antes de partir. La chica encargada nos dijo que no teníamos que hacerlo si no queríamos, lo cual sólo me encabronó e hizo que saltáramos frente a la pantalla. Ben tiene cara de que se acaba de casar con una virgen.

Cuando nos aburrimos de asustar turistas, decidimos adentrarnos en Central Park para molestar a los locales. Tuve que levantar la burka con ambas manos para evitar los charcos. Aunque resultó sumamente inconveniente, pude pretender que era una elegante princesa por un rato.

Una fuerte brisa casi me tira al suelo. Vi mi reflejo en una puerta y me sentí como Batman, así que le pedí a Ben que me tomara una foto. Todo ese aire que entraba por las mangas del khimar resultó verdaderamente gratificante.

Tuve que tomar varios descansos. Había dejado de llover y había tanta humedad que estaba sudando en lugares completamente nuevos para mí. Si tuviera que usar algo así en el desierto seguro moriría.

Quería cumplir mi fantasía de correr por Sheep Meadow, pero estaba cerrado, así que tomamos unas fotos junto al lago. Fue una lástima, porque todas esas capas me hicieron sentir como Kate Bush, lo que implica que habríamos podido sacar unas fotos increíbles de mi persona bailando con una burka. 

Lo más importante que aprendí ese día fue a sonreír con mis ojos. Odio sonreír, pero asumí que nadie querría ver a una perra encabronada en una burka, así que me esforcé un poco. ¿Qué tal?

Eventualmente tuve que dejar de sonreír porque empecé a respirar como la mamá de Johnny Depp en ¿A quién ama Gilbert Grape?. El olor a caca de caballo en el parque no ayudó.

“Ya. Me. Cansé”.

Moría de hambre y no me podía comer un hotdog, así que cometí el error de probar mi suerte con un helado. Fue una experiencia muy estresante, pero la gente en el parque se divirtió viéndome sufrir mientras levantaba mi velo para meterme el helado en la boca. No quería darle a esos pervertidos la satisfacción de tomarme una foto, así que me lo comí lo más rápido que pude y embarré todo el interior de mi nikab con el helado. Fue asqueroso.

Seis horas más tarde, después de múltiples complicaciones, me quité esa maldita cosa. Nunca había estado tan feliz de regresar a casa.

Al final del día, estaba orgullosa de lo que había logrado. No sólo enfrenté algunos de mis temores al exponerme de esa forma, también me volví más consciente sobre la forma en la que debo tratar a las personas en la calle, sin importar su forma de vestir o su apariencia.

Ocho de cada diez personas que me encontré mientras usaba la burka actuaron como si no existiera, lo cual me ofendió más que esos cabrones que se ofendían por mi presencia. Ahora tengo todavía más respeto por las mujeres que eligen usar estas prendas, pero nunca volveré a hacer algo como esto porque fue horrible.

¿Más moda?:

Cómo ser recatada este verano

La verdadera policía de la moda

Amigas contorsionistas

Tagged:
New York
NY
burka
Vice Blog