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La lluvia podría ser la solución a la escasez de agua en la CDMX

Un estudio revela que en 2030 la condición hídrica de la Ciudad de México será insostenible: abastecer esa demanda implicaría tener el doble de agua de la que tenemos hoy.

por Ollin Velasco
31 Enero 2018, 4:15pm

Foto por Andrea Murcia/Cuartoscuro.com.

En la Ciudad de México el desabasto de agua es alarmante.

De acuerdo con datos de la organización Isla Urbana, especializada en datos y estrategias de solución a este problema en la capital del país, cerca del 40 por ciento del líquido que se desperdicia se escapa por tuberías rotas, debido a la falta de mantenimiento básico.

Aunque la situación hace a más de uno cuestionarse por el futuro acceso al agua que tendrán los más de 20 millones de habitantes de la región, Isla Urbana considera que la lluvia es uno de los factores que podrían salvar a la megalópolis de un colapso ambiental por estas causas.

“Actualmente, sólo es necesaria una pequeña falla en alguno de los sistemas de abasto de agua, para que a la mitad de la ciudad se le suspenda el servicio”, asegura Nabani Vera, director de comunicación del organismo, quien agregó que actualmente unas 250.000 personas no tienen acceso a la red en la capital de México.


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En el contexto de una mesa temática dentro de Festival Ciudadanía 19S, Vera aseguró que “una de las cosas que vino a evidenciar el terremoto del 19 de septiembre del año pasado es la poca adaptabilidad de la capital a cualquier contingencia en donde se comprometa el suministro del líquido vital”.

Si se toma en cuenta que el recurso hídrico que más se desperdicia en la ciudad es la lluvia —ya que simplemente va al drenaje o causa inundaciones— se entiende por qué Isla Urbana tiene una clara consigna desde 2009: hay que aprovechar los miles de millones de litros que trae cada año pluvial.

Contrario a lo que muchos piensan, dice Vera, la calidad de agua que cae del cielo en la ciudad está apta para embotellarse e incluso beberse. Descubrieron esto luego de un estudio exhaustivo que les realizó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El proyecto de captación de agua de lluvia que los miembros de Isla Urbana enarbolan desde hace tantos años funciona con el siguiente mecanismo: llueve; el agua que cae en las azoteas se capta; luego es almacenada en cisternas o tinacos. La idea de este proyecto es que las familias que utilicen el sistema obtengan una fuente de agua sustentable durante parte o hasta todo el año.

Imagen vía Isla Urbana.

Aunado a ello, captar lluvia reduce el flujo de agua a los drenajes, mitigando las inundaciones que en la actualidad sufre la capital; reduce la cantidad de energía usada para bombear y transportar agua a las viviendas y, al extraer menos agua durante la temporada de precipitaciones, se reduce la presión sobre acuíferos y ríos, además de permitir su recarga.


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Pero la lluvia no lo va a solucionar todo. Para que la estrategia pudiera realmente incidir en un saneamiento general de la disponibilidad de agua —considera el colectivo—, debería ponerse atención en otros tres aspectos: la reparación de la red hídrica que ya existe, el tratamiento de aguas residuales y—casi lo más importante—la cultura ciudadana del agua.

Un estudio realizado por el Banco Mundial, en conjunto con la Comisión Nacional del Agua, revela que en 2030 la condición hídrica de la Ciudad de México será casi insostenible. Estas proyecciones muestran que, si no se toman medidas significativas, se estarían transfiriendo retos cada vez mayores a la próxima generación.

Bajo el supuesto de que se mantengan las prácticas actuales de manejo del agua en el Valle de México, las fuentes sostenibles actuales representarían sólo un 50 por ciento de la demanda futura total; el 23 por ciento seguiría proviniendo de la sobrexplotación de los acuíferos—asumiendo que los mismos no se agoten antes—, y para el 27 por ciento restante sería necesario buscar nuevas fuentes.

No obstante, los ciudadanos no han hecho conciencia de lo muy mal que la van a pasar, una vez que la crisis del agua se instale en sus casas, dice Nabani Vera. “Y justo ahora, en un año electoral tan importante, es cuando deberíamos presionar a los políticos y exigirles respuestas. Después nos vamos a arrepentir de no haberlo hecho”, asegura.

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