El hedor a salsa de mariscos podrida de esta ciudad canadiense es insoportable

Algunos lugareños les ponen mascarillas de respiración a sus nietos cuando llegan de visita, y tienen que irse a pasar el verano con sus familiares.

por Jelisa Castrodale; traducido por Laura Castro
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12 febrero 2019, 4:00am

Foto: MyLoupe/UIG vía Getty Images.

Artículo publicado originalmente por Munchies Estados Unidos.

En el 2002, sí el raro año en que Ben Affleck fue considerado el hombre más sexy del mundo, y Justin y Britney terminaron por última vez, fue también el año en que la compañía Atlantic Seafood Sauce cerró sigilosamente su fábrica en St. Mary's, Newfoundland en Canadá, dejando atrás más de 100 depósitos de su único producto, salsa de mariscos.

Diecisiete años después, a los residentes de la pequeña ciudad canadiense realmente les gustaría que alguien —¿alguien? — se llevara la salsa más que podrida que aún sigue en la fábrica cerrada, porque están cansados de vivir al lado de un peligro potencial para la salud. También están cansados del horrible olor.

"Cuando el olor comienza, tengo que enclaustrarme, cerrar puertas y ventanas y permanecer como una prisionera", le dijo Muriel Whelan a CBC News. Otros lugareños de St. Mary's dicen que les ponen mascarillas de respiración a sus nietos cuando llegan de visita, o que tienen que irse a pasar el verano con sus familiares, pues es la época en la que el hedor se vuelve insoportablemente intenso

. (Tampoco les resulta muy reconfortante ver que los funcionarios del gobierno usan trajes completos de protección cuando visitan el sitio).

Según CBC News, el ayuntamiento de St. Mary's ha tratado de encontrar una empresa que pueda deshacerse de los depósitos de salsa de mariscos de la fábrica, pero no es tan sencillo como buscar en Google "servicio de eliminación de residuos". En 2016, una empresa privada fue contrata para limpiar el edificio antes de demolerlo, pero cuando comenzaron a vaciar los depósitos en el océano, se les pidió que se detuvieran, así sin más. Y cuando el vicealcalde Steve Ryan trató de contratar a otra compañía, le echaron un vistazo a la situación y rechazaron la tarea de inmediato.

"Creo que me dijo que tenía casi 30 años en el negocio, y que se sorprendió un poco porque aquí hay mucho desperdicio y ni un solo roedor", dijo Ryan. "Lo que me dijo me asustó. Dijo 'los roedores saben cuando algo es tóxico' ".

Ryan dijo que el costo de limpiar el sitio se ha estimado en $525,900 dólares (más de 10 millones de pesos), lo que está muy por encima del presupuesto completo de la ciudad. Los funcionarios de la ciudad solicitaron un subsidio por parte de la provincia y actualmente están a la espera de una respuesta; su solicitud anterior de subvención fue rechazada. (MUNCHIES se puso en contacto con el Ayuntamiento de St. Mary's en busca de comentarios, pero aún no hemos recibido respuesta).

La fábrica Atlantic Seafood Sauce abrió sus puertas en el verano de 1990, y su plan era producir el tipo de salsa de mariscos fermentada que por lo regular se usa en la cocina vietnamita. (El fundador de la compañía, Sanh Ngo, emigró de Vietnam a Canadá en 1975). En el año 2000, la Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos (CFIA, por sus siglas en inglés) hizo una supervisión del sitio y concluyó que la salsa se estaba produciendo en condiciones insalubres. La fábrica suspendió sus operaciones en 2002, y Ngo apeló los cargos de la CFIA en un tribunal hasta que fue absuelto en 2006.

Desafortunadamente para todos los que tienen un sistema olfativo funcional, la fábrica nunca reanudó su producción, y todos los depósitos de salsa de mariscos se quedaron ahí fermentando eternamente. El Servicio NL, que realiza inspecciones ambientales y de los lugares de trabajo en la provincia, trató de comunicarse con Ngo con respecto al material de desecho potencialmente peligroso en 2012, pero sus cartas fueron devueltas porque no fue posible localizarlo y tampoco a algún otro representante de Atlantic Seafood Sauce Co.

Por ahora, parece que lo único que pueden hacer todos en St. Mary's es esperar a ver qué sucede, que es exactamente lo que han estado haciendo en los últimos 17 años. Esperar, preocuparse por su salud y comprar mascarillas para respirar. ¡Qué terrible manera de vivir!

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