Salud

Si no soportas a la gente inquieta, puedes tener misocinesia

"Me dan ganas de llorar al pensar en esos factores detonantes. Piernas que se mueven incesantemente, gente balanceándose, golpeteo constante con dedos de la mano y pies”.
LC
traducido por Laura Castro
14.9.21
Mujer cubriéndose lo ojos
Spohn Matthieu para Getty Images.

En 2014, Todd Handy estaba cenando con quien era su nueva novia cuando ella interrumpió la cena con una confesión. "No quiero que te sientas atacado", empezó diciendo.

Ella explicó que Handy tenía el hábito de estarse moviendo todo el tiempo y que a ella le resultaba muy estresante mirarlo estar así de inquieto. "Por supuesto, como su pareja, eso me preocupó", dijo Handy, profesor de psicología en la Universidad de Columbia Británica. "Pero como neurocientífico visual y alguien que estudia la atención visual, lo que ella manifestó realmente despertó mi interés. Pensé: 'Vaya , ¿qué está pasando aquí? Este es un fenómeno muy interesante'”.

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Lo que ella describió, para Handy parecía una versión visual de la misofonía: el “odio al sonido” o el “enojo ante sonidos específicos”, una condición en la que las personas tienen reacciones emocionales y físicas intensas ante determinados ruidos, como el que la gente produce al masticar. Cuando consultó la investigación que hay sobre la misofonía, descubrió que en un artículo de 2013 se denominaba como misocinesia u "odio al movimiento", a una reacción emocional y física intensa ante detonantes visuales. Entonces, comenzó a preguntar de manera casual en sus clases si a alguien le molestaba ver que otra persona estuviera inquieta.

“Y, literalmente, un tercio de los alumnos solía levantar la mano y en la expresión de sus rostros se podía ver que pensaban: 'Ay, Dios mío. Está hablando de algo que a mí me pasa".

La semana pasada, Handy y sus colegas publicaron el primer estudio enfocado exclusivamente en la misocinesia en Nature Scientific Reports, con la estudiante de doctorado Sumeet Jaswal como primera autora. El artículo se centra principalmente en determinar qué tan común podría ser la misocinesia, y los hallazgos obtenidos son notablemente parecidos a las encuestas improvisadas que Handy hizo en sus clases. De un total de más de 4.000 personas, un tercio dijo que era sensible a ver a los demás inquietos y que eso les provocaba emociones negativas como ira, ansiedad y frustración.

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Arjan Schröder, investigador postdoctoral en el Centro Médico Académico de la Universidad de Amsterdam y primer autor del artículo de 2013 que acuñó el término ‘misocinesia’, dijo que esta prevalencia coincidía con lo que había visto en sus muestras con pacientes que padecían misofonía. Sin embargo, como muestra el trabajo de Handy, la misocinesia también podría ser bastante común en la población general.

Handy y sus colegas primero preguntaron a un grupo de estudiantes si alguna vez habían tenido "reacciones físicas fuertes, o sentimientos o pensamientos negativos al ver a otras personas inquietas o haciendo movimientos repetitivos", como mover incesantemente el pie, golpetear una superficie con los dedos o masticar chicle. El 38 % de los estudiantes respondió que sí, y el 31 % informó tener tanto misocinesia (visual) como misofonía (auditivo).

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Luego le preguntaron lo mismo a una muestra mayor y demográficamente más diversa de personas (no estudiantes) y encontraron una prevalencia similar: el 36 % de los participantes informó que tenían sensibilidad a la misocinesia y el 25,5 % informó tener tanto misocinesia como misofonía.

Es un hallazgo intrigante que al parecer la misocinesia y la misofonía existen juntas y por separado. En un subreddit sobre la misofonía, una persona compartió que los ruidos no le molestaban mucho, pero que ver a alguien inquieto sí.

“Si alguien comienza a sacudir [su] pie o golpetear con la mano, incluso sin hacer ningún ruido, me vuelvo muy irracional y tengo que bloquear mi vista, generalmente con mi mano”, escribió. “TODOS sacuden el pie. Ya no puedo vivir con esto. Todos los días me encuentro con MÚLTIPLES PERSONAS que AL MISMO TIEMPO sacuden los pies y solo tengo dos manos''. Otra persona recordó que, una vez cuando era niño, se encontró en un elevador con un hombre que no dejaba de golpetear con el pie, por lo que perdió los estribos y le dio un pisotón antes de salir.

A veces, las personas pueden tener ambos factores detonantes, pero uno las perturba más que el otro. "Mis detonadores visuales son tan difíciles de manejar como mis detonadores auditivos", compartió una persona en Misophonia Education. “Hay ocasiones en que es peor. Me resulta casi imposible escapar de identificar alguno en la habitación. Incluso cuando cierro los ojos, e incluso horas o días después, el recuerdo sigue ahí. Me dan ganas de llorar al pensar en esos factores detonantes. Piernas que se mueven incesantemente, gente balanceándose, golpeteo constante con dedos de la mano y pies".

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Tener detonantes tanto auditivos como visuales puede hacer que la interacción con el mundo se vuelva aún más desafiante. Y mientras que las personas con misofonía pueden usar audífonos o tapones para bloquear el ruido, "no puedo usar tapones para los ojos", escribió otra persona también en Misophonia Education. “Supongo que podría usar una venda en los ojos, pero esto tiene aplicaciones poco prácticas. También es más probable que recuerde los detonantes visuales y que nunca quiera volver al lugar. Si en el pasado me he encontrado con algún detonante visual en algún lugar, no querré volver a ese sitio".

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Handy cree que las otras preguntas importantes que plantea su estudio son cómo se relaciona exactamente la misocinesia con la misofonía, si esto puede ayudar a explicar mejor los mecanismos de la misofonía y si puede conducir potencialmente a estrategias y tratamientos para sobrellevar estos trastornos.

Schröder cree que es probable que haya mecanismos similares en juego, ya que tanto la misocinesia como la misofonía implican una irritabilidad desencadenada por señales humanas: movimientos y sonidos. "Ambos tienen una naturaleza repetitiva y alguna forma de imprevisibilidad: ¿cuándo se detendrá, cuándo comenzará de nuevo?", dijo. “Además, creo que también hay una evaluación moral en juego. La persona que está experimentando la emoción piensa algo acerca del detonante: ¿Por qué la fuente del sonido/el movimiento repetitivo lo hace? ¡Parece algo inútil! ¿Por qué continúa?

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En otros lugares, ha habido varios intentos de comprender la biología de la misofonía. Un estudio mostró a través de imágenes de resonancia magnética funcional que en las personas con misofonía había una mayor activación en una parte del cerebro llamada corteza insular anterior. Esta área del cerebro es importante, entre otras cosas, para sentir el propio cuerpo y procesar las emociones.

Un trabajo reciente de Mercede Erfanian, neurocientífica del University College de Londres, encontró que los cerebros de los misofónicos funcionan de manera diferente en la corteza premotora: la corteza premotora y la corteza auditiva estaban hiperconectadas y se comunicaban más de lo que se considera típico. "Esto significa que cuando los pacientes escuchan sonidos, también se activa la corteza premotora, y esto no sucede en el cerebro de las personas que no son misofónicas", dijo Erfanian. Se encontró un patrón similar entre la corteza premotora y la corteza visual.

Erfanian cree que esta podría ser la base neurológica para estas reacciones y que puede implicar la participación de las neuronas espejo, neuronas que se activan cuando vemos que otros se mueven y cuando nosotros mismos nos movemos. Esto podría ayudar a explicar por qué algunas personas con misofonía dicen que imitan los sonidos detonantes como una estrategia para sobrellevar su trastorno, así encubren el ruido detonante con su propio ruido, dijo.

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El neurocientífico y autor V.S. Ramachandran y sus colegas teorizaron que estos trastornos podrían tener similitudes con la sinestesia, que es cuando los estímulos sensoriales desencadenan otras sensaciones y emociones. Por lo general, con la sinestesia, las letras evocan sonidos o los sonidos evocan colores, pero en ciertos subtipos puede haber más variaciones. En un caso de sinestesia táctil-emocional, la sensación del papel de lija evocaba un sentimiento de celos y la mezclilla provocaba un sentimiento de disgusto y depresión.

Handy, como científico centrado en la atención, todavía tiene dudas sobre si los detonantes de la misofonía o la misocinesia afectan nuestra atención de manera desproporcionada, si de alguna manera le dicen al cerebro que tales detonantes son importantes y debe ponerles atención. Handy dijo que hasta ahora no han encontrado ningún vínculo definitivo con la atención. No se encontró relación entre la sensibilidad a la misocinesia y el ser más capaz de ignorar las distracciones en la visión periférica, ni con prestar atención a eventos repentinos en su periferia.

Si bien todo esto es materia de investigaciones futuras, Handy espera que el impacto inmediato de su artículo sea que ayude a las personas con misocinesia a sentirse validadas si la padecen y les dé una palabra para describir sus reacciones, al igual que herramientas para solicitar adaptaciones o desarrollar estrategias de afrontamiento. Si bien actualmente no hay evidencia de qué tipo de tratamiento podría funcionar mejor para la misocinesia, la evasión no funciona a largo plazo, dijo Schröder. Los tratamientos que ayudan con la misofonía, como la terapia cognitivo-conductual, también podrían ser útiles para la misocinesia, pero es algo que se tendrá que probar en el futuro.

Schröder dijo que cuando comenzó a investigar sobre la misofonía en 2009, las personas con misofonía se sintieron aliviadas porque finalmente había alguien que las escuchaba y tomaba sus síntomas en serio. Lo mismo podría ocurrir en el caso de la misocinesia.

Es tentador escuchar acerca de la misofonía y la misocinesia y pensar: "¿Qué no a todos les molesta que alguien mastique ruidosamente o se mueva sin cesar?". Y aunque ciertamente existe un amplio espectro de cuán molestas pueden llegar a estar las personas, en el extremo de ese espectro, hay personas que pueden experimentar grandes alteraciones en sus vidas. Las personas con las que trabaja Schröder por lo regular no pueden comer con los miembros de su familia o no pueden trabajar en la oficina con sus colegas.

“Que nos moleste el comportamiento de otras personas es algo común”, dijo Schröder. “Todos podemos experimentar eso. Sin embargo, en la misofonía (y posiblemente también en la misocinesia) se trata de más que solo eso".

En Allergic to Sound, un sitio web que comparte historias personales de misofonía, una persona describió cómo la misocinesia podía interrumpir algo tan básico como ir al cine con un amigo, cuando dicho amigo se quitó un anillo de su dedo y comenzó a jugar con él.

“Luego se lo llevó a la boca y pasó el resto de la película metiéndolo y sacándolo de su boca. Lo hizo en silencio y no hizo ningún movimiento dramático o disruptivo, pero yo sentí que todo mi mundo estaba en alerta roja. Todo en lo que podía concentrarme era en ese movimiento irritante que veía con el rabillo del ojo. Fue tan malo que no puedo recordar nada de lo que sucedió en la película; ni siquiera recuerdo cómo se llamó la película. Lo que sí recuerdo, con meticuloso detalle, es cada pequeño movimiento que mi amigo hacía con las manos".