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Coronavirus

Todas las fases por las que pasarás ligando durante el confinamiento

Desde los primeros contactos al follar. O bueno, lo que se pueda.
13.4.20

Se dice que se necesitan 21 días para crear un hábito. Oficialmente ya hemos traspasado los 21 días de cuarentena. Eso quiere decir que todas las cosas que nos parecían raras o absurdas al empezar ya son un hábito. Chándal casi cada día. Cultura en streaming. Ver más a Pdr Snchz que a nuestros amigos. Ahora esta es nuestra vida. Aunque pueda resultar algo distópica y desastrosa, cada día parecemos estar más cómodos en ella. Hemos logrado traspasar todas las actividades al concepto “indoor”: desde deporte a los afterwoks, pasando por las fotitos para Instagram y el ligar.

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Exacto. Ahora no solo tenemos la capacidad de tontear desde nuestro váter, sino que es uno de los pocos espacios donde aun podemos hacerlo. Por suerte, toda app con conexión a internet puede ser una ventana para el amor y lo que no es el amor. No hemos dado esa licencia. Ligar, flirtear, tontear, coquetear, conectar, tirar ficha, la caña, que nos la tiren, pelar la pava, cortejar, guarrear, follar -bueno, lo que la situación nos permita-, o hasta pretender que empezamos una relación estable. ¡Eso es lo que queremos! ¡Contacto físico-social, joder!



Incluso esa gente que no había pillado en meses o no había salido de su casa desde año nuevo, ahora también tiene el mono. El mono de las relaciones sexo-afectivas. Y si todo el mundo va con ganas, el filtro que nos permite no hacer el ridículo y al mismo tiempo no nos deja aproximarnos a los “inaccesibles” ya no existe. Somos como Fani en La isla de las tentaciones, estamos desatados.

Es verdad que no todo el mundo lo hace con la misma frecuencia o intensidad pero algún que otro DM tonto ha caído. Un poco para matar el tiempo, un poco para seguir entrenando y no perder la forma en este arte ancestral. Pero hasta los más expertos han tenido que retrabajar sus tácticas para ligar. Otra cosa más a la que adaptarnos. Y aunque es verdad que estamos en medio de una pandemia mundial, necesitamos aferrarnos a alguna cosa para seguir aparentando un cierta normalidad. La única certeza que tenemos es que queremos pillar cacho digital y hemos de encontrar la manera de hacerlo sin quedar como unos capullos o gastarnos todo el dinero del paro en el Premium de las apps.

Pesca de arrastre: Tinder, la putivuelta mundial

Éramos pocos y parió la abuela. Si la mitad de tu ciudad ya tenía Tinder, con el confinamiento nos ha picado el gusanillo a todos. Hemos dicho: ya que no puedo ver chicos guapos en mi antro de confianza por lo menos tenerlos en la pantalla del móvil. De golpe todos estamos en Tinder. Por las risas decimos. Sí, las risas, la validación y el apuntarnos un tanto a cada match. Las verdades a la cara. La gente que ya lleva tiempo, los pre c-word, dicen que realmente han aumentado los matches pero la peña parece no querer nada. Una panda de curiosos.

Posiblemente si no abres tu a esa persona, las posibilidades de un romance pletórico queden enterradas. Toma la iniciativa. ¿Qué pierdes? Si antes tenías que afrontar al dilema de quedar o no, ahora disfrutas de la tranquilidad de hablar con desconocidos sin ese compromiso. Encima lo han llevado al siguiente nivel. Puedes viajar digitalmente por todo el globo en busca de tu nuevo novio imaginario. De Barcelona a Londres, pasando por Berlín, Los Ángeles y Madrid. Mejor que una putivuelta veraniega por Apolo. Y oye, si al final queda en nada, que es lo más seguro, ligar habrá hecho más por tu inglés que la enseñanza pública de este país.

Stories, la barra libre de las fichas

La respuesta es sí. Si has pensado en responder a esa historia: HAZLO. Dale al fueguito. Dile que te encanta esa canción que no has escuchado en tu puta vida. O yo que sé, envíale una puyita de que por fin se ha lavado el pelo. Si tu crush está colgando material, es porque quiere que alguien le responda. Y ese alguien puedes ser tú. Con este aburrimiento a nadie le disgusta un poco de atención. Y si fallas el tiro, tranquilo, para cuando podáis coincidir en la vida real, ya no se acordará. Además, estamos más receptivos y puede ser que algo que hace un mes se hubiera quedado en visto, ahora sea una conversación fluida. Dar ese primer paso nunca ha sido tan fácil. Un poco de likes, un poco de DMs: no falla.

Y lo mismo con tu propio contenido. ¿Qué tu piso es una mierda? Haz una foto de ese jarrón al sol. ¿Qué no estás leyendo? Pon un meme de astrología. Tú crea. Da igual lo que cuelgues, lo importante es que cuelgues. Si les interesas, cualquier cosa será una buena excusa para colarse en tu chat.

Mantener la conversación a flote

¡Felicidades mi ciela! Alguna de tus aproximaciones por Insta, Twitter, Tinder, Pinturillo o en una conversación multitudinaria por Skype empieza a cuajar. Aprovecho para recordar que en el caso que sea tu ex, vuelve a la casilla de salida. Estamos en una pandemia, no en el hundimiento del Titanic. Criterio por favor.

Ahora que hemos superado la pesca de arrastre y tenemos claro nuestro objetivo, toca hablar de verdad. No salir de casa es un contratiempo. Por un lado contar que vamos 27 veces a la nevera al día no es atractivo; y por el otro, menuda pereza seguir con la bromita del papel higiénico. En cambio, podemos utilizar el poder que internet nos ha dado sin parecer stalkers. Años de opiniones que nadie había pedido vertidos en Letterboox, Filmaffinity, Goodread y listas de Spotify.

¿Qué le gusta el cine clásico? El acorazado Potemkin es tu vida. ¿Qué escucha Bad Bunny? El perreo es tu profesión. ¿Me entiendes? Todo es saber traducir la información en su justa medida. Sacar temitas, ver a donde nos llevan. Ir hablando. Algunos días si, otros no. Dejarlo respirar también. Que nos sobre el tiempo no quiere decir que lo necesitemos consumir con una sola persona.

No avasalles. Demasiadas indirectas en redes pueden hacernos parecer psicópatas. Tampoco bases tu personalidad en sus gustos. Asusta. Las TED talks sobre puntos en común también son red flags. No estás viendo la cara a la otra persona. Lo que tu crees que es un silencio de reflexión después de un párrafo de 10 líneas, quizás es simplemente una cara de asco cercana al block. Sé que el confinamiento nos da ganas de comunicar, pero por el amor de dios: señor, suélteme el brazo.

Las citas del celibato

Parecía imposible, pero está naciendo algo del confinamiento. Tonteo del bueno. Correspondencia 2.0 frecuente. Casi ningún leído. Cualquier chorrada os sirve para horas de conversación. ¡Siguiente nivel! Ahora sería el momento de ¿hacemos unas latitas? con cualquier hippie o skater de tinder. Pero el covid… ya sabes. Tranquilos, las citas nunca mueren. Eso sí, olvidémonos de rozarnos, morreos y meternos mano en el metro de vuelta a casa. Ahora el tema son las videollamdas. Menudo locurote. Pero menos da una piedra. Tampoco está tan mal, socializas con intención de algo más. Y por otro lado, son perfectas para las bombas de humo. Podéis hablar un rato, cibercopas, y si ves que no tira, las posibilidades son infinitas. Que si hueles a quemado. Que si falla internet. Que si, hostia, está picando mi vecina de 80 años y tengo que ir a comprarle harina para que haga pan. ¿Qué te va a decir? ¿Qué no ayudes a la pobre señora? Quedas de puta madre y te libras del pesado. Esto no es exactamente ligar pero hay que apreciar las bombas de humo.

El sexting, la última frontera

Lo sé. Cuando he dicho “siguiente nivel” también hablábamos en cierto modo de sexo. Y es que es verdad, a veces hay que apagar algunos fuegos. A estas alturas, si no estás confinado con tu pareja, estar cachondo es una constante. Una pulsión dormida que de golpe te dice H-O-L-A. En cualquier momento. Boom. Y claro, tú ahí, hablando con alguien que te quieres beneficiar. Él: que si la frustración del curro; y tú cerebro en plan: EMPOTRAME. Pues está complicado. Si va bien, en el mejor de los casos, acabará en sexting o sexo telefónico. Cute. Aun así, no todo el mundo está de humor en medio de la que está cayendo. Por eso hay que saber gestionar.

Están esas relaciones que nacen para esto. Si a las 2 de la madrugada alguien te abre: amiga, date cuenta. Aceptar o ignorar. Nadie te va a juzgar. Algo subidito de tono, un par de guarradas, descargas y a dormir. Una simbiosis entre personas que estaban subiéndose por las paredes. Y si al día siguiente no hay nada que decir, tampoco era el amor de tu vida.

Luego está ese alguien con quien ves una perspectiva de futuro. Os estáis conociendo, ten un poco de tacto. Que estés como una moto no te da derecho a ser un completo insensible. Pero si los dos estáis en el mood: FESTIVAL. Es un buen momento para escribir todas las guarradas que piensas pero que a veces te parecen hasta demasiado obscenas para decirlas a la cara. Lo bueno de las barreras digitales.

El mix de estas dos es tirar de agenda. El contrato no escrito de solidaridad entre viejos follamigos. Funciona. No será la experiencia de tu vida pero a situaciones desesperadas, medidas desesperadas.

Aun así, en cualquier situación, recuerda: por mucho que te guste esa persona, se precavido. Las fotos están bien, pero protege tu identidad. Una vez lanzamos una foto no controlaremos donde puede acabar nuestro culo. Lo que si que podemos controlar es cuanto de nosotros enseñamos para que nos vinculen con esa imagen. Vigilad. Cuidaos ante todo.

Consumar el amor de cuarentena

No, no me refiero que salgas ahora mismo a echar un polvo. No seas cabrón. Te van a poner una multa. Aunque a todos nos ha pasado por la cabeza, solidaridad.

Pero es verdad en algún punto tendremos que decidir si consumar todo este tonteo alocado. Lo más sensato es que no nos tomemos nada demasiado a pecho, recordemos que estamos aquí para no perder la práctica. La gran mayoría de historias de confinamiento se quedarán en eso. Si pasa bien y sino también. Eso queda en tus manos. Al final, todo se decidirá en el esprint final de la última semana. Así que hasta entonces, hasta que sepamos cual es la última semana, juego limpio y a disfrutar del inocente y guarrero coqueteo 2.0.