#30 Adnan and Me
Todas las fotografías cortesía de Jill Dodd 
Relaciones

Salir con un multimillonario parecía divertido hasta que lo hice

Sí, tenía un yate, pero también escribió 'te amo' con sangre la primera noche que nos conocimos.
29 Abril 2020, 11:20am

En 1980, yo tenía 20 años y trabajaba de modelo en París. Nunca fui una supermodelo, pero pasé un año allí, ascendiendo lentamente en la escalera de la fama parisina. Fue un trabajo duro, pero finalmente comencé a aparecer en las portadas de las revistas, lo cual fue una especie de recompensa, supongo, aunque no me sentía diferente. No estaba satisfecha ni realizada. Pensé que lo que necesitaba era una relación.

Un día, al final del verano, mi agente me pidió que la acompañara a Montecarlo un fin de semana. Como sabía que siempre hay alguna condición cuando se trata del negocio del modelaje, le pregunté por el precio de los vuelos y el hotel. "No, no", me dijo. "¡Es gratis!". Me pareció sospechoso, pero decidí ir de cualquier forma porque necesitaba unas vacaciones.

Jill Modelando en 1980

Después de llegar al hotel, pasamos el día junto a la piscina tomando bebidas de lujo, conociendo gente nueva y disfrutando de las bonitas vistas. Esa noche, mi agente me llevó en limusina a una fiesta con temática de piratas junto al mar Mediterráneo. Fue un gran evento al aire libre con una fogata y música gitana en vivo.

No pasó mucho tiempo antes de que notara que un hombre mayor me estaba observando. Normalmente, pensaría que era un pervertido, pero, por alguna razón, el hombre me parecía inofensivo. Se acercó a mí y comenzamos a bailar en la arena. La hoguera ardía y arrojamos nuestras copas de champán a las llamas, junto con algunas sillas de madera. Luego, nos sentamos juntos en una gran mesa, me miró a los ojos, me subió la manga de la blusa, dejándome el antebrazo al descubierto, y escribió "te amo" con su sangre. Al parecer, se había cortado con algún cristal roto. No tenía ni idea de quién era pero me gustaba mucho.

Más tarde, supe que se llamaba Adnan Khashoggi, un traficante de armas saudí y uno de los hombres más ricos del mundo. Tenía negocios, propiedades y mansiones por todo el mundo y era conocido por sus lujosos juguetes: el avión privado más grande del mundo y un yate llamado The Nabila.

Ahora bien, hay que recordar que esto fue en 1980 e internet todavía no existía. No podía simplemente buscarlo en Google, así que no sabía nada de él y tuve que ir uniendo piezas a medida que lo conocía. En el proceso, descubrí que salir con un multimillonario no era algo tan genial como parecía. Pero, antes de llegar a esa conclusión, tuve que aprender las siguientes lecciones:

El dinero te vuelve raro

Vi a Adnan al día siguiente, y unas semanas después me llevó a España, donde me pidió que me convirtiera en una de sus esposas. Dije que sí con cierto recelo y me convertí en un peón más en su partida de ajedrez interior.

Al principio, la riqueza y los excesos eran algo nuevo, extraño e intrigante. Pero con el tiempo, comencé a acostumbrarme. Una vez, en Kenia, Adnan intentó regalarme un anillo enorme con un diamante de 20 quilates. Lo rechacé porque era demasiado llamativo y me agobié. Pero con el tiempo, me acostumbré a ver a otras mujeres con ese tipo de joyas ostentosas y comencé a apreciarlas yo también. Los vestidos de alta costura se convirtieron en mi atuendo normal para la cena. Nos servían platos deliciosos y saludables, preparados por un chef. Viajaba siempre escoltada en limusinas y aviones privados.

Poco a poco, comencé a echar de menos ese estilo de vida cuando estaba lejos de Adnan. Si estaba en casa, en Los Ángeles, trabajando como modelo, buscaba excusas para ir a restaurantes de lujo. Mis amigas no podían pagarlos, así que iba con un amigo médico. Necesitaba llevar vestidos caros, ir elegante, comer a la luz de las velas con manteles de lino blanco y que me sirvieran camareros con uniformes blancos. Estaba tan absorta en ese mundo que no me daba cuenta de lo que me había pasado. A veces, cuando estaba con mis amigas más cercanas, deseaba volver a ser la chica rodeada de lujos.

Jill con Adnan en España

La riqueza extrema te lleva a la insatisfacción

Cuando llevábamos aproximadamente un año de relación, comencé a tener ansiedad severa. Era imposible dejar de pensar, hiciera lo que hiciera. Me estaba volviendo cada vez más como Adnan, que siempre estaba en busca del próximo estímulo: el siguiente gran juguete, la siguiente mujer guapa, el siguiente negocio inconcebiblemente lucrativo o la siguiente línea de cocaína.

Como él, me obsesioné con tratar de llenar el vacío dentro de mí. El problema es que, cuando tienes opciones infinitas, es como si no tuvieras opciones y eso te vuelve loco. ¿De qué servía todo lo que hacía si podía tener cualquier cosa que deseara? Todos mis viejos objetivos de trabajar duro para obtener el éxito financiero de repente no significaban nada.

Yo, llevando piedras preciosas

Los más ricos siempre están rodeados de personas que quieren algo

Nunca tuve celos al inicio de la relación. Sabía que era la favorita de sus mujeres porque pasaba todo el tiempo libre conmigo. Pero luego comencé a asistir al prestigioso Colegio de Diseño de Moda de Los Ángeles, y mi carga de trabajo nos mantuvo separados por períodos de tiempo más largos. En mi ausencia, Adnan comenzó a pasar tiempo con otras mujeres menos ocupadas. Algunas de ellas parecían estar desesperadas, algunas eran adictas a la cocaína y todas querían su dinero. Yo no era como ellas, me dije.

Pero luego, una noche, fui con algunas de ellas a un concierto en Las Vegas, y una me mostró un anillo que Adnan le acababa de regalar. ¡Era exactamente el mismo tipo de anillo que me había dado a mí! Sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago y comencé a ver las cosas como realmente eran. Fue el principio del fin para nosotros.

El dinero no puede comprar la felicidad

Terminamos nuestra relación poco después de esa noche y, en gran parte, fue un alivio. Descubrí que perseguir la felicidad con la riqueza es como correr detrás de tu propia sombra. Me di cuenta de que no había ningún objeto mágico o una cantidad de dinero que hiciera que una persona se sintiera completa y en paz. La paz no se encuentra en los objetos, el poder, el estatus o la riqueza. La paz duradera solo se puede encontrar dentro de nosotros mismos y alcanzarla es un viaje muy personal. He aprendido a aceptar mis propios defectos y errores, casi no critico y soy mucho más agradecida y compasiva estos días. Encuentro plenitud a través del amor de mis amigos y familiares y al crear arte usando mis talentos y dones únicos. Sobre todo, he sanado muchísimo y finalmente puedo decir que realmente sé escuchar y respetar mi voz interior.

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