Sexo

Probé un juguete sexual con Bluetooth con mi pareja durante la cuarentena

Mi novia y yo vivimos separados, con lo que tenemos que buscar formas creativas de mantener la llama encendida.
1.5.20
Kiiroo Onyx+ maturbador masculino inteligente
Simon con el masturbador masculino inteligente Kiiroo Onyx+ 

Llevamos meses de cuarentena y la gente está con el calentón. Antes de la pandemia, mi novia y yo teníamos una vida sexual bastante intensa (los dos somos bisexuales, no monógamos y aficionados a los clubs de sexo), aunque nunca nos ha llamado la atención el sexting, lo de enviarnos fotos desnudos ni los juegos sexuales con tecnología. Pero como cada uno vive en su casa y no tiene pinta de que la crisis del coronavirus se vaya a acabar en breve, las cosas han cambiado. Las parejas a las que la cuarentena las ha pillado separadas tienen que buscar formas creativas de encauzar su vida sexual.

Mi novia, Fiona, y yo decidimos comprar los juguetes sexuales tecnológicos más avanzados que encontráramos con idea de ver si nos podrían ayudar a superar esta etapa de soledad y calentón. Para nuestra primera incursión en el sexo asistido por tecnología, yo opté por el masturbador masculino inteligente Kiiro Onyx+, y Fiona se compró el OhMiBod Fuse.

Ambos juguetes se conectan a una aplicación mediante Bluetooth, y esta a su vez conecta con otros usuarios en otra aplicación. Hay tres modos: manual, para cuando estás solo, uno automático, en el que el aparato se sincroniza con determinados vídeos porno, y el tercero, que era el que nos interesaba, el modo interactivo, que permite sincronizar dos juguetes a distancia. Cuando una persona toca un juguete, la pareja recibe un estímulo en tiempo real. Según sus creadores, estos “juguetes sexuales ciberdildónicos permiten a los usuarios compartir sensaciones sexuales por internet”. Así fue nuestra experiencia.

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El masturbador masculino Kiiro Onyx+

SIMON

PRIMER DÍA: Hoy es el gran día: Cuarentena y Chill™. Pero antes tengo muchas cosas que hacer.

Dos tutoriales de YouTube, un manual de instrucciones, una aplicación complicadísima, 20 mensajes de WhatsApp, dos llamadas telefónicas, cuatro horas de carga de batería y un rato de montaje después, todavía estoy lejos de correrme. La cosa no empieza muy bien. Cuando por fin estaba todo listo para meter la polla en el Onyx+, estaba bastante exasperado. Para colmo, cada vez que conseguíamos conectar los juguetes y empezábamos a decirnos guarradas para ponernos a tono y a tocarnos, estos se desconectaban, impidiendo que fluyera la química.

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Supuse que la aparatosidad, la falta de espontaneidad y el esfuerzo se verían compensados por una sensación equivalente a una buena mamada, o al menos a una paja estándar de las que me hacía en el instituto. Pues me equivocaba. No es que no fuera placentero ir probando los distintos modos, desde el “manual”, el de más baja intensidad (imagínate que un dedo te recorre el pene de arriba abajo) y el “tormenta”, el de máxima potencia (que da una sensación como cuando eres diestro y te intentas masturbar con la mano izquierda: sí, está bien pero no acaba de cuajar).

En general, sentía un diez por ciento de lo que habría sentido si me estuviera tocando de forma natural y no experimentaba ese subidón de dopamina que uno tiene cuando otra persona lo estimula. Total, que se me bajaba la erección cada dos por tres. Además, tenía que usar tanto lubricante con el dispositivo que me distraía constantemente; solo pensaba en que cuando hubiese terminado tendría que fregar el suelo.

Review Kiiroo Onyx+ Smart Male Masturbator

Simon en videollamada con su novia.

Me olvidé del juguete y al final me resultó mucho más fácil correrme con la mano y viendo a Fiona tocarse por videollamada. El otro problema era el ruido: ese trasto es muy escandaloso y el ruido va en aumento a medida que subes la potencia. En modo “tormenta”, suena igual que una impresora de inyección de tinta. ¡Morbazo!

QUINTO DÍA: En aras de la integridad periodística, decidimos darle otra oportunidad varias noches más tarde. De nuevo, los juguetes se negaron a cooperar y no había forma de conectarlos ni de que se me mantuvieran las erecciones. Pero me las apañé sin el mío y me centré en el vídeochat con Fiona y su juguete. En el preciso momento en que estaba a punto de correrse, el vibrador de Fiona le dejó de funcionar. Eso tuvo su gracia, la verdad.

El Onyx+ no merece la pena en cuanto a las sensaciones que produce. Además, no es nada sostenible para solo una paja: mogollón de lubricante, una toalla sucia para limpiarlo y un cubo de agua con jabón para limpiar el suelo tras cada uso. Demasiada inversión para un retorno más bien limitado.

OhMiBod Fuse review

El OhMiBod Fuse.

FIONA

PRIMER DÍA: Estoy entusiasmada, pero soy consciente de que, como no sabré bien cómo funciona, y voy a cabrearme y tendré que averiguarlo. He visto los videotutoriales, pero no me ha quedado muy claro. Nos llamamos y comprobamos que los dos hemos hecho lo necesario para conectar nuestros juguetes. Hay tantos pasos que Simon parece haber perdido hasta las ganas de vivir.

Empezamos la videollamada, le enseño el OhMiBod Fuse y le explico cómo funciona. Él me enseña su juguete, que parece un altavoz portátil. Meter los genitales en un aparato eléctrico no es precisamente lo más sexy del mundo, pero tampoco lo era que te azoten con una caña de bambú y al final me acabó gustando, así que hay que tener la mente abierta. Pero es que el ruido… Madre mía. Y eso que en el sitio web dicen que el Onyx+ es discreto… Si parecen unos parabrisas que se hayan vuelto locos.

Reviewing the OhMiBod Fuse

Fiona en videollamada con Simon.

No conseguíamos ponernos a tono. Empecé a mover sensualmente mi juguete para animar la cosa y pude oír el zumbido del altavoz/masturbador de Simon. Había funcionado: ¡mis movimientos habían provocado que el masturbador reaccionara en sincronía! Hice otro gesto, más vigoroso. Nada. ¿Un poco más suave, quizá? No, nada. Se había perdido la conexión a la aplicación. Tras varios intentos fallidos, tiramos la toalla.

Le sugiero que juguemos cada uno con su dispositivo por videollamada, pero su masturbador es tan escandaloso que ni siquiera nos oímos al hablar, por lo que acabamos pasando de los juguetes y nos hacemos una paja de toda la vida mientras nos decimos guarrerías.

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QUINTO DÍA: Volvemos a tener problemas de conexión con los juguetes y al final yo uso el mío mientras Simon mira. El vibrador por sí solo tampoco está tan mal, pero algunas funciones no me gustan. Hay una que supuestamente se sincroniza con tus toques, pero tiene un retraso en la respuesta que hace que la sensación sea rara y brusca. Es como tener sexo con una pareja sobreexcitada que no sabe comunicarse.

Me quedo con una de las funciones que me gustan y nos ponemos a ello, mirándonos por videollamada. Empiezo a notar que llega el momento del orgasmo y me tiemblan las piernas. Le anuncio a Simon que estoy a punto de correrme y entonces… el vibrador se apaga. No ha aparecido ninguna luz de aviso cinco minutos antes, como decía la caja. Me quedo de piedra. No doy crédito. Compruebo el vibrador y sí: la batería se ha acabado. Simon se ríe.

VALEN LA PENA LOS JUGUETES SEXUALES POR BLUETOOTH?

Por mucha tecnología que les pongan, los juguetes sexuales no sustituyen la sensación de que alguien te acaricie la espalda o del aliento de alguien en la nuca, o el olor y el sabor de una persona. Al menos, aún no.

Para nosotros, estos juguetes tuvieron el efecto contrario al deseado y no sirvieron para acercarnos el uno al otro durante la cuarentena. Al contrario, nos provocaron más frustración y nos alejaron más que nunca. No volveremos a usarlos, aunque Fiona dice que seguirá usando el suyo a solas. Pero bueno, el sexo es algo muy subjetivo y quizá haya gente a la que estos aparatos le sirvan.

Pero esta historia tiene un final feliz: poco después de este experimento, decidimos irnos a vivir juntos a un piso en el que pudiéramos follar y cocinar de una forma socialmente responsable. Quizá se lo debamos a los juguetes sexuales.

@oldspeak1

Este artículo se publicó originalmente en VICE Reino Unido.