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Intenté escribir una novela durante el confinamiento con la ayuda de psicodélicos

Además de la ayuda del yoga, aplicaciones para la concentración y la siempre confiable práctica de evadir el ciclo de noticias.
10 Julio 2020, 1:57pm
escribir una novela durante el confinamiento
Todas las fotos cortesía del autor.

Artículo publicado originalmente por VICE Reino Unido.

Al inicio del confinamiento hubo una serie de artículos que explicaban por qué este período de ansiedad mundial masiva no era el momento adecuado para dejarnos invadir por la culpa de no ser productivos. En las redes sociales, diferentes personas que se autodenominan expertas en salud mental, como Matt Haig y Jameela Jamil, hablaron persuasivamente sobre lo aceptable que es comer papas fritas y mirar Netflix todo el día. Yo seguí obedientemente sus consejos por dos semanas y me sentí contento de hacer a un lado la novela que había estado tratando de escribir durante 16 meses.

Luego leí un artículo en The Guardian que reportaba un aumento en los envíos de propuestas de publicación a los editores, y me embargó la convicción de que esta extraña y nueva era ofrecía una oportunidad sin precedentes. Así que me impuse el reto de terminar el manuscrito: aproximadamente 50,000 palabras de las 100,000 iniciales, y mi primera novela que no es un extraño relato de viaje semi-ficcional, escrito durante la angustia del desamor hace varios años.

Para hacerlo interesante, le daría un impulso a las cosas a través de una serie de trucos ideales para el confinamiento, los cuales con suerte me ayudarían a lograr un ritmo de escritura inmejorable de alrededor de 1,700 palabras al día. Alerta de spoiler: obtuve resultados mixtos.

Primera semana: microdosificación

En los últimos cinco años, la microdosificación —ingesta de una dosis indetectable de algún psicodélico como el LSD, la psilocibina o el DMT—, ha cobrado fuerza como herramienta para mejorar la creatividad, pues en 2018 los resultados de un estudio preliminar de los Países Bajos favorecieron con algo de recelo a la psilocibina, es decir, a los hongos mágicos. No soy psiconauta, pero he consumido hongos de forma recreativa unas diez veces, he escrito sobre ellos con bastante solidez, y recientemente terminé un período de terapia sintiéndome mentalmente mejor que nunca.

Compré un "viaje" compuesto por una tintura que contenía un líquido infusionado con psilocibina y unas cápsulas con 0,10 gramos de hongos molidos. En retrospectiva, no debí haber comenzado con las microdosis un lunes después de un fin de semana de emborracharme con mis amigos a través de videollamadas por Zoom, pues ya me sentía suficientemente afligido por la culpa de haber bebido demás. Tomé microdosis de tintura por tres días, lo que me causó una sensación terrosa, parecida a la del alcohol, debajo de la lengua, y resultó en una abyecta debacle. En lugar de escribir fluidamente 2000 palabras floridas de una prosa florida y precisa, mi mente se pasó rumiando, como un perro enojado, la idea de mi propia soledad e inanidad desde el lunes hasta el jueves, eso sin contar la dosis de ansiedad que sentía ante la probabilidad de que una fatalidad inminente acaeciera no solo en mí, sino también en el resto del mundo.

Más tarde hablé con Jonathan Hoban, terapeuta y autor de Walk With Your Wolf, quien dijo: "Hay demasiada ansiedad flotando en el aire, y estos tiempos magnifican todo aquello con lo que ya estás lidiando. Si eres una persona sensible, eso se verá magnificado".

Debería haber hablado con Jonathan antes de comenzar a consumir psicodélicos a diario: ingerir una sustancia —incluso en cantidades minúsculas— que puede mejorar tu conectividad emocional y claridad de pensamiento podría haber sido una mala idea en este momento particular de la historia. Sobre todo en el caso de alguien que de por sí ya tiende a fijarse objetivos que le causan ansiedad, enfrenta una resaca de tres días y está irremediablemente solo en un mundo peligroso.

De cualquier modo, tuve que prescindir de los hongos con gran pesar después de llorar mientras veía las noticias, por lo que le envié un tímido correo electrónico a mi editor, pues, la verdad es que originalmente, este artículo se titularía: "¿Podría tomar microdosis por un mes y terminar mi novela durante el confinamiento?".

CONTEO DE PALABRAS: 802 palabras de 50 000.

Segunda semana: evasión del ciclo de noticias

Recalibré el objetivo general a 70 000 palabras, es decir, 20 000 palabras en un mes, en lugar de 50 000, después de descubrir la "hipótesis del gradiente del objetivo", una teoría planteada por el psicólogo conductual Clark L. Hull que afirma que nuestros esfuerzos aumentan a medida que nos acercamos a un objetivo. Sentí que 70,000 palabras era el límite adecuado para definitivamente terminar el libro, así que, con la ciencia de mi lado, puse en práctica el siguiente "truco" de la lista.

Una investigación británica de 1997 descubrió que los boletines de televisión negativos propician malos estados de ánimo y que "las preocupaciones personales se tornen fatalistas", mientras que en otra encuesta, el 56 por ciento de los estadounidenses dijo que las noticias les causan estrés. Incluso la Organización Mundial de la Salud emitió una declaración que sugiere que deberíamos considerar disminuir nuestro consumo de noticias durante la pandemia de coronavirus.

No me enganché con el ciclo de noticias, ni me sumergí en el pozo sin fin de Twitter en toda la semana. Los resultados fueron incuestionables: para el jueves ya había escrito 5,000 palabras. Normalmente me habría sentido intranquilo y desinformado, pero, para mí, la vida se había reducido temporalmente a unos cuantos objetivos clave: no enfermarme y, si lo hacía, evitar que otras personas se contagiaran.

Graham Davey, quien me facilitó la investigación británica de 1997 y es profesor emérito de psicología en la Universidad de Sussex, me dijo que "en ausencia de hechos reales acerca de cuándo terminará el confinamiento o cómo terminará, los programas de noticias y los periodistas tienden a enfatizar los peores escenarios. Las noticias negativamente sensacionalistas causan ansiedad y, a veces, tristeza. Lo que, a su vez, alimenta nuestras propias preocupaciones y tensiones".

Tome un poco de ketamina el viernes, así que me fui a acostar a las 2 de la tarde y vi completo el programa Race Across The World. Escribí un poco más ese fin de semana, antes de tomar algunas fotos de mí y de mi perro. ¡El desafío seguía en pie!

CONTEO DE PALABRAS: 6 725 palabras de 20 000.

Tercera semana: yoga al amanecer con Adriene

Al igual que aproximadamente 7 millones de suscriptores, descubrí las clases de Adriene Mishler, fundadora del canal de YouTube Yoga With Adriene. Hay algunas investigaciones sobre el efecto del yoga en la ansiedad, la salud del cerebro y la calidad de vida, por lo que, anecdóticamente, uno podría suponer que hacer yoga al amanecer sentaría las bases para un día productivo de escritura. Inicialmente, fue un éxito: escribía alrededor de 800 palabras al día, y me sentía bien con el libro y conmigo mismo, incluso si las fotos sugieren que mi perro necesitaba atención.

Luego el mundo cayó de nuevo sobre mí. Empecé a leer las noticias nuevamente (el número de muertos se había duplicado a 16 000 desde la última vez que miré), me lastimé en mi máquina de remo, así que no podía hacer ejercicio, y hacía calor. Esta terrible trifecta me hizo perder el rumbo por completo, y dejé de hacer yoga. De hecho, dejé de hacer cualquier cosa que no fuera beber cerveza por la tarde y tener episodios del síndrome del impostor al leer artículos de la plataforma Medium con títulos como "Las rutinas diarias de 20 escritores famosos", que defendía la sacralidad de sentarse a escribir por horas, sin importar cuáles sean las condiciones meteorológicas o psicológicas.

Luego terminé de leer la novela London Fields y pensé que nunca lograría escribir algo tan bueno, así que, realmente, ¿qué sentido tenía intentarlo? Mis preocupaciones personales —vergonzosamente intrascendentes en comparación con las de las personas afectadas directamente por este virus vengativo— eran fatalistas y empeoraron al compararme a mí mismo con todos los que publicaban presumidamente sus logros como corredores aficionados, mientras que mi rutina de ejercicio diaria consistía en masturbarme solemne y modestamente con algo de pornografía convencional y deprimente.

CONTEO DE PALABRAS: 8 432 palabras de 20 000.

Cuarta semana: aplicaciones para la productividad

En busca de inspiración y afirmación, le envié un correo electrónico a la agente literaria Madeleine Milburn. Además de reportar un aumento en los envíos de propuestas de publicación, dijo que pensaba que "para los escritores la pandemia era un gran distractor, y que las noticias constantes hacían que fuera difícil que se concentraran, a pesar de que tuvieran más tiempo". Esto me hizo sentir menos fraudulento, lo mismo que hablar con otros escritores. "Estar estancado en la reacción de lucha o escape, o en un espiral de ansiedad, son estados anímicos letales para la creatividad. Mi consejo para los futuros escritores es: escribir poco y con frecuencia, fijarse metas pequeñas y alcanzables", dijo el escritor Tim Leach.

Le pedí consejos a Maddy para lograr terminar mi primer manuscrito. "Intentaría completar un primer borrador mientras aún tengas ímpetu. Una vez que lo hayas terminado, puedes volver a revisarlo con ojo crítico", dijo. "Completar un primer borrador te llenará de confianza".

La confianza era sin duda el elixir que yo ansiaba, así que descargué un programa llamado Write Or Die, utilizado por autores como David Nicholls y Helen Oyeyemi. Es un procesador básico donde estableces una cantidad meta de palabras con un período de gracia de, digamos, 30 segundos. Al dejar de escribir durante esos 30 segundos y, según el modo que hayas seleccionado, la pantalla parpadeará en rojo, mostrará memes de gatos o comenzará a borrar vengativamente tus preciosas palabras.

Muy pronto, el conteo de palabras dejó de importarme y comencé a disfrutar de la escritura por primera vez en mucho tiempo. Sin profundizar mucho y tediosamente en el "proceso", el programa impidió que me detuviera a pensar en el significado cósmico de cada sílaba en favor de permitirme perderme en la historia, aunque de una manera hiperconcentrada.

Lo cual, obviamente, es algo muy bueno, pero ¿logré escribir las mágicas 20 000 palabras? Bueno: no. Logré escribir casi 10,000 con Write Or Die, lo que me llevó a un total de 18 126 palabras en cuatro semanas. Pero una de esas semanas la perdí en mi debacle psicodélica, así que estoy feliz con ese resultado. Además, algunas palabras del terapeuta Jonathan Hoban han comenzado a tener mucho sentido: "Es un momento de gran incertidumbre; haz a un lado la presión; la retomarás cuando la retomes. Debes confiar en eso".

Por primera vez en toda mi vida, tal vez lo estoy haciendo.

CONTEO FINAL DE PALABRAS: 18 126 palabras de 20 000

@dhillierwrites