CÁRCEL A LOS TATUADOS

¿Tienes un tatuaje? ¿Vives en un estado gobernado por el PAN? O aún peor ¿te has perforado los genitales? Si alguna de tus respuestas es afirmativa no quisiera estar en tu lugar. Tal vez mañana te corran de tu trabajo con el argumento de que violaste el santísimo templo del Espíritu Santo y por indemnización te dicten tres rosarios.

El periódico La Jornada publicó el 13 de julio una noticia que bien podría remitirnos a la época más oscura de la humanidad. Luz María Ramírez Villalpando, directora del Instituto de la Mujer Guanajuatense (Imug), escupió:

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«(Tatuarse) es un ejemplo claro de la pérdida de valores de la sociedad (…) No hay pautas de valoración o normas de conducta». La funcionaria, ante 250 militantes del sacrosanto PAN, mostró una fotografía de una mujer tatuada «¡en sus genitales! ¡Caramba! ¿Para qué quieres lastimarte de esa manera y a quien se lo vas a presumir? Me cuesta trabajo entender».

Al término de la exposición fotográfica de las vaginas tatuadas, 250 fieles hicieron fila en la catedral para confesar el terrible mal que un clítoris perforado puede provocarle a la moral de este, nuestro guadalupano México.

Al día siguiente de estas reflexionadísimas conclusiones, Beatriz Rodríguez Moreno, presidenta del grupo Coalición Ciudadana de la Familia y la Vida, secundó a la panista: «Yo instaría a las empresas a no contratar a los jóvenes con tatuajes y a las instituciones educativas a que no los acepten».

No será raro que pronto el grupo de Facebook «Por un Guanajuato de abundantes vaginas tatuadas» llame a una protesta general para impedir un escenario muy probable: que todos los baquetones tatuados de Guanajuato tengan una exclusa legal para ser huevones de profesión.

Tantas estupideces pueden tenerte asustado, pero es verdad. Ellos, los que ven en los tatuajes y las perforaciones la máxima ofensa contra la sociedad, gobiernan Guanajuato. Ellos mismos, con las mismas miradas de susto permanente, impulsaron en los estados la pena de cárcel para la mujer que aborte. Ellos mismos son los que se oponen a la unión entre homosexuales. Pero eso sí, están bien decididos por su «cultura de la vida» a tirar balas contra los malditos narcos. ¿Que se han perdido 25 mil vidas? ¡Bah!, son poquitas, lo importante es que nadie aborte ni se marque la piel, ni perfore la vagina y, eso sí, se mantenga en estado de gracia.

JUAN PABLO PROAL

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