El ídolo de la juventud, Enrique Guzmán, regaló, a nuestros padres, horas y horas de dicha y baile desenfrenado además de tardes de enamoramiento y entrega bajo el abrigo de sus baladas. Silvia Pinal, legendaria pechuga de la época de oro de nuestro cine nacional, por generaciones hizo vibrar las pantallas gracias a su talento actoral y a su conquetería deliciosa. Alejandara Guzmán…bueno está bien, acepto que Alejandra es un tanto molesta, pero total, mi punto es el mismo: Dejen a Luis Enrique en paz, el sólo hacía lo que todos hubiéramos querido estar haciendo ese viernes por la noche. Nalguitas, sustancias varias y polvo que maquilla el rostro del ánimo como para aventar arriba, pinchando a sus drogadas anchas y amortiguado por un extenso e inteligente surtido de tragos y cervezas heladas.
¡Puta madre!. ¿No puede un hombre ser feliz y ya?, ¿nada más?. ¿En qué se convierten la ley y los medios de iformación cuando su enemigo es la alegría de un ser humano?. Hermanos míos, los establecimientos nos tracionan, así como la tecnología nos ha estado engañando.



