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Cultura

Estamos obsesionados con la proteína

Si hay una palabra en el lenguaje moderno de la dieta que inmediatamente junta la delgadez, la energía, y el buen rendimiento, es la proteína. Estamos teniendo un loco y frenético amorío con ella. Pero ¿cuánto más podemos durar con una dieta basada en...

por Josh Barrie
26 Junio 2014, 4:10pm

El mensaje que nos dejan los expertos de la salud en cuanto a nuestra dieta es: balanceada.
Coman todos los vegetales que puedan, bastante fruta, una mezcla de grasa, carbohidratos, y proteína, y su cuerpo debería funcionar propiamente. Pero a pesar de estas advertencias, el mensaje parece no quedarse en nuestra mente. Cuando se trata de comer, los occidentales tenemos que pegarnos a lo absoluto. Es una ideología del todo o nada, de sacarnos las pelotas. El balance no es suficiente.

Hoy día la comida está polarizada, dividida entre enemigos y salvadores. Antes la grasa era el enemigo. Después se volvió —y sigue siendo— el carbohidrato. Ahora es el odiado azúcar. Pero en el enorme océano de los negativos alrededor de nuestra dieta, hay un aparente oasis brillando a lo lejos. La proteína.

Si hay una palabra en el lenguaje moderno de la dieta que inmediatamente junta la delgadez, la energía, y el buen rendimiento, es la proteína. Y estamos teniendo un amorío loco y frenético con ella. Los vendedores de comida se han vuelto locos con la proteína —la prueba es, literalmente, el pudín (y las bolas de energía, las papas fritas, y hasta el cereal)—l.

Las compañías en algún momento publicaban con orgullo etiquetas que decían “cero grasa” y “bajo en carbohidratos” en los paquetes de comida. Ahora, frases como “rica en proteína” o “el doble de proteína que el yogurt regular” aparecen por todos lados. Para encajar, Cherrios ha tenido que crear una variación con “proteína” para intentar recuperar la atención de todos los que son fanáticos de engullir huevo crudo. Dice tener 11g de proteína— de lentejas y soya —por taza, cuando se come con leche. ¡Todos olvídense del jarabe de maíz y disparen sus niveles de proteína con cereal de lentejas!

El cereal alguna vez fue fiel en la mesa del desayuno. Las Zucaritas podían ser un tesoro nacional como cualquier otro. Los supermercados le dedicaban pasillos enteros con las vitaminas que agregaba cada paquete, y nosotros sacábamos cajas de tamaño familiar en abundancia. Ya no.

La conciencia sobre la dieta occidental está aumentando porque tiene que hacerlo. La cantidad de comida procesada y los productos con cantidades de azúcar desbordantes son, sin lugar a dudas, los cimientos de la obesidad. Dos tercios de la población del Reino Unido sufren de sobrepeso y las represiones gubernamentales sobre el consumo de azúcar no pueden llegar más a tiempo. Todo esto es genial. Pero parece que nos estamos convirtiendo en roedores atraídos a las palabras de moda en la dieta: “sin gluten”, “sin lácteos”, y ahora “rico en proteína”.

La proteína —la cosa de la que están compuestas las enzimas que más vida proporcionan— tiene un armamento entero de ventajas nutricionales. Comer la cantidad suficiente puede ayudar a mantener masa muscular (que ayuda cuando se intenta perder peso), mantiene la llenura por más tiempo, y ayuda a mantener altos niveles de energía. Pero, ¿nos estamos excediendo con este constante énfasis en la proteína como si fuera una especie de nutriente milagroso? ¿Llenarnos hasta nuestras agallas de pechugas de pollo en verdad nos está haciendo algún bien?

Mientras que a los carbohidratos los miran mal constantemente —el pan es el enemigo, no nos olvidemos— perseguimos su número opuesto. Muchas de las doctrinas de la salud de hoy día pintan la proteína como un campeón inequívocamente. Cosas sucias como el pan y la pasta aportan poco en la búsqueda de los pectorales esculpidos. Limitar dichas cosas puede ser sabio hasta cierto punto, pero, así como con más cosas relacionadas con la dieta, hemos progresado hasta una fase de preocupación sin mente.

Las pautas gubernamentales sugieren que los adultos entre los 19 y los 50 coman alrededor de 55 gramos de proteína al día, dependiendo de la edad y el peso. Así que si te tomas un yogurt al desayuno, una ensalada de pollo al almuerzo y un curry de carne a la comida, te has pasado bastante más de lo que recomienda el gobierno.

La vieja pirámide de la 'dieta balanceada' se ha vuelto una especie de diamante, y Lisa Blair, una consultora en la Clínica de Nutricionistas de Londres, está feliz. Hasta cierto punto.

“No soy una mega fanática del punto de vista del gobierno frente a lo que compone una dieta saludable. El modelo EatWell’ (ComeBien) le pone demasiado énfasis a los carbohidratos con almidón, y no lo suficiente a la proteína y las grasas buenas", dice Lisa. “Trato de animar a las personas para que piensen en la cantidad de proteína que comen, asegurándome de que se enfoquen en las carnes sin grasas como fuente de proteína animal, y mucha proteína vegetal. No me refiero a enormes omelettes de clara de huevo, o a batidos de proteína— simplemente una cantidad sensible de proteína y grasas buenas para que balanceen con los carbohidratos de almidón”.

No importa qué tan primitivas se estén volviendo nuestras dietas —para que todos los cavernícolas y paleolíticos pongan atención— por lo menos nuestro creciente amor por la proteína no es del todo absurdo, parece. Sí lo mantiene a uno lleno más tiempo (como lo hace la línea de comidas pre-cocidas de Marks & Spencers), y también ayuda a mantener nuestros músculos duros y jugosos. Pero hay algo en la palabra que tiene a la gente —particularmente a los hombres— comprando vertiginosamente cartones de huevos. Escucha cualquier conversación entre hombres de veintitantos años, y te aseguro que llegarán al tema de cuánta proteína toman en cuestión de minutos. Hablan de claras de huevos y de sus nuevos tenis Nike.

“Los hombres se pueden salir un poco de control y volverse un poco obsesivos con eso”, dice Blair.

Otra nutricionista con la que hablé, Jo Travers de 'The London Nutritionist', cree que ya muchos han llegado a la etapa de la locura. Sin embargo, ella sí cree que esta obsesión actual con la proteína es pasajera. “Creo que es una moda”, dijo. “Depender de un nutriente en la mayoría del consumo de calorías no es saludable. Veo mucha gente que seriamente está en contra de los carbohidratos, pero principalmente por cuestiones de peso. También he visto gente que toma demasiados batidos de proteína esperando a que los hiciera más fit, pero terminaron fue engordándose”.

La Escuela de Harvard de la Salud Pública establece un rango amplio de cantidad aceptable —cualquier número entre 10-35% de calorías diarias. Pero hay un cambio en el énfasis, algunos de nosotros estamos llevándolo al extremo y llenando el carrito de mercado hasta el tope de pechugas de pollo. Blair menciona que “los omelettes de claras de huevo gigantes y las proteínas blancas” probablemente no son lo que la premisa tenía en mente. Por lo menos no para aquellos que no están levantando el doble de su peso en un gimnasio cinco días a la semana.

Soy un hombre, o tal vez un niño, de 24 años. Mientras que no tomo batidos o sigo una política rigurosa de cero carbohidratos, definitivamente como más proteína de lo que está recomendado por la mayoría. La pizza no es una ocurrencia frecuente estos días. Yo no comería los nuevos Cherrios (es por lo de las lentejas), pero el desayuno puede ser una buena porción de queso Fromage Frais cubierto de almendras. Me lo como pensando en mi futuro inmediato donde seguro me espera una cena de pescado. He sido atrapado, lo acepto, en la onda de los filetes de atún y los fríjoles rojos.

En oficinas y agencias alrededor del país, el individuo fuera de lo extraordinario podía una vez comerse un sándwich en el almuerzo. Ahora solo es quinoa y pechuga de pavo sin grasa. Pero si las oficinas son iglesias de proteína, el gimnasio es la catedral. En mi propio gimnasio veo y escucho a gente que quedaría horrorizada con cómo agrego miel a mi desayuno, gente que saldría corriendo al ver los platados de pasta que disfruto de vez en cuando.

Conozco a un tipo, un individuo realmente amable, que mantiene una dieta de 1.500 calorías diarias, de las cuales la mitad provienen de bebidas de suplementos. Ahora, puede que esté cogiendo a este toro de proteína por los cuernos, pero imaginarme la mitad de mis calorías viniendo de un batido de proteína polvoriento me frustra. Estaría completamente desalentado por la falta de actualidad —cosas que saben a la cálida familiaridad de la hora de la cena y la satisfacción. Con eso dicho, su cuerpo es como un Adonis. O, por mucho que detesto decirlo, Ryan Gosling.

Esta obsesión con la proteína y la fijación constante con los abdominales esculpidos están, obviamente, interconectadas. Como dice Edward Barret-Shortt, editor de la revista GymMagazine, “la proteína se necesita en la reparación y el desarrollo de la masa muscular”. Sin embargo, también da razón a nuestras madres cuando nos decían que “todo está bien con moderación. Eso va también para la nutrición, y la dieta debería verse como algo más amplio que un macronutriente, por ejemplo la proteína o los carbohidratos”.

La necesidad de aumentar el consumo de proteína cuando se entrena es indiscutible. Pero, como se ve en la vida cotidiana, nuestra vanidad se extiende más allá de las paredes sudorosas del gimnasio. La mayoría de nosotros no está entrenando para las olimpiadas.

Vivimos en un mundo donde hasta el pan —¡el pan!— ha tenido un cambio de imagen por proteína. Seguimos seducidos por la promesa de que los aminoácidos estén libres de grasa, pero nuestra fijación es poco sostenible. La proteína es costosa en todo nivel, sin mencionar el hecho de que tenemos un paisaje agrícola movedizo. Además, nuestro entusiasmo normalmente se centra en animales, y pronto hasta los carnívoros cuerdos entre nosotros van a tener que buscar fuentes alternativas de proteína, no solo los que se comen un cobertizo lleno de pollo a la semana.

Pero, quién sabe cuándo caerá la gota que rebozará la copa. Aunque marcas tan monolíticas como Coca-Cola le están haciendo reverencia a las tendencias de salud, el vagón de la proteína no está andando más lento.

Y no parece que nos estemos adelgazando. 

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