Sara Hebe: Me hice un espacio en el rap, nadie me lo dio

Esta argentina de voz aguda y rimas punzantes pertenece a la generación experimental y política de Kumbia Queers. Hablamos con ella sobre su música, autogestión y feminismo.

|
abr. 14 2016, 7:00am

Fotografías de Jorge Alliende

Síguenos para descubrir tu música favorita

Es 2015 y estoy en Ciudad de México. Patricio Ruiz, dramaturgo argentino, aprende a meter ropa en las lavadoras del hemisferio norte. Un porro y una litrona. En Youtube un vídeo de ella. Pasaron los meses y volví a Chile. Cada tanto la googleé hasta que le seguí la carrera completita. Me fumé unos porros y bailé sus raps. Nunca pensé que al volver me la encontraría tan accesible, sencilla y honesta, aquí al lado de mi casa, montando un show en el Centro Arte Alameda [llevado a cabo el 21 de enero pasado].

Esta argentina de voz aguda y rimas punzantes pertenece a la generación experimental y política de Kumbia Queers, de Liyah, pero también se hermana con los chilenos Salvaje Decibel y Ana Tijoux. Con su primera producción La hija de loco (2009) se subió a los altavoces para imponer una versatilidad lírica y juegos musicales que buscan pensar e informar sobre una urbe donde hay crisis pero también fuerza. Luego lanzó Puentera (2012) donde experimentó desde el dancehall hasta la cumbia, con éxitos como "Otra vez" o "Normal", para llegar al 2015 con Colectivo Vacío, un disco mucho más duro que "me gusta un poco más que los otros, porque ya estoy con menos miedo, más canchera. Las bases de Ramiro están buenísimas (...) llegué de a poco a encontrarme cada vez más con mi poesía". Y este es el disco que nos convoca en la noche santiaguina que de tan histérica, se vuelve histórica.

LAS RAÍCES RIZOMÁTICAS

Una de las cosas que más me impresionaron fueron sus letras. Sé que no es una novedad en el rap, pero también sé que es difícil mostrar y darle espacio a historias que no son propias pero que por alguna razón deben ser contadas. Como ocurrió en "Asado de Fa" una canción que buscó en su videoclip la denuncia sobre el pronto desalojo y lucha de los vecinos de Gascon 123 en Buenos Aires. Cuando el drama del rap ya no va de fumar o dejar de fumar gallo sino de cambiar la política, resuena la música de Sara.

NOISEY: ¿Cómo logras mezclar todas tus raíces: el rap, el rock, el reggae, la cumbia? ¿Lo mides o sólo va saliendo?
SARA HEBE: De medir, no mido y equilibrar no es lo que busco, quizás no tenga un equilibrio. Sé que lo mío es esquizofrénico, digo yo, porque tampoco vengo de un palo. Es decir, no es que yo venga de la cultura hip hop, vengo más de la cultura rockera, pero sí creo que la letra, que siempre es mía, es lo que haga que tenga un hilo, una identidad. Es con lo que más me identifico.

Hay un afán de experimentar, en términos musicales más que en términos de lírica...
Afán de experimentar... sí, de una, sí. Y aparte no me interesa así cómo va a quedar ni nada. El primer disco La hija del loco fue eso: una plataforma para partir de ahí y empezar a hacer otros discos. Y si bien empecé haciendo rap, en el último disco ya hay tres temas que son rockeros. De un rock digital.

En el diario El Clarín dijeron que eras la rapera del milenio ¿Cuál es el peso o la carga de un reconocimiento de ese tipo?
La verdad es que eso lo dijo un amigo que escribe para Clarín, y qué sé yo, después te quedas como medio que tenés que ser "la rapera del milenio" y si él piensa eso, está bien. Es un quilombo bárbaro, un poco que te pesa. Sobretodo porque no es así, no hay una rapera del milenio, hay muchas, por suerte. Por ejemplo: Ana Tijoux, Mala Rodríguez, Keny Arkana, Violeta Parra, Missy Elliot, Lauryn Hill...

Vienes del teatro y de la danza ¿Cómo esas dos disciplinas te llevaron a hacer música?
Me ayudan. Las uso orgánicamente para comunicarme con la gente desde el escenario. De chiquita lo que hacía era juntar la mayor cantidad de gente que podía y ahí yo hacía mi recital. Un show donde cantaba, bailaba y a veces incluía sorteos. Era un poco insoportable, pero bueno, eso lo hice desde chica. Ir al teatro, haber hecho un poco de show me debe haber quedado en el cuerpo. A mi me hubiese encantado ser bailarina. Y fui a clases, bailé un poco de hip hop y dancehall, ahí hacía coreos y me frustraba bastante, me frustraba tanto como me frustraba el teatro porque no era fácil actuar... lo de la cuarta pared. Actuar sin representar, sino que siendo el rol. Estuve en un teatro bastante ruso, medio clásico, entonces era complicado. Después terminé secundaria y quería ser abogada. Así que empecé a estudiar derecho. No terminé porque no me gusta estudiar, soy bastante vaga. Lo que hago ahora tiene un poco de las tres cosas: derecho, danza y teatro. Creo que de esta manera uso al rap como una plataforma de opinión y de crítica.

¿Cómo cuidas las palabras? ¿Cómo las eliges?
Y... siempre hay algo ahí, tratando de pescar algo. A mí me gusta mucho ir escuchando lo que dice la gente, siempre voy escuchando. Tengo frases de otros, tengo frases de maestros y de cualquiera. Y ustedes después lo van a escuchar "ay, yo lo dije" y yo "ni ahí". Jajaja. Porque sólo tengo una frasecita y alrededor de eso armo una compaginación, siempre de diferente manera. A veces tanto freestyle no hago, pero si voy anotando y me siento en la compu con la base y empiezo a armar alrededor de cosas. Alguna vez escribí de corrido una estrofita, la grabé a capella y Ramiro le metió un instrumental muy bueno y quedó genial. Muy pocas veces es como "voy a escribir sobre esto" o "este tema o esta situación". Por ejemplo el tema que se llama "Kevin", que es de un nene que mataron en un enfrentamiento de narcos cuando la gendarmería nacional liberó la zona en una población, en un barrio... y bueno, ahí estoy hablando de Kevin y de la infancia, del juego y de lo lúdico. Pero en otros, es todo una poesía rizomática, como vos misma decías yo tengo varias raíces. Soy como un yuyo (una maleza) jajaja.

En ese sentido ¿Qué tipo de libertad te ha dado ser autodidacta?
Creo en esto de inventar y que no tengo estructura. Creo que mis canciones son un poco raras, no tengo una matemática, entonces son bastante deformes y no se parecen entre sí. Y eso es porque no tengo una forma, no tengo mucho límite o mucho marco, me refiero a ese marco que da la institución o un saber más establecido. Construí mi saber, qué sé yo... diciendo esto es lo que hago y lo hice aprendiendo sola, intuitivamente. He ido a clases de canto, después de grabar el disco. Pero ya después tampoco fui porque me aburro y no tengo constancia. Y bueno, entonces canté sin saber cantar.

¿Cuándo te diste cuenta que ya no estabas improvisando, sino que esas canciones eran tuyas?
Fue muy rápido. Estaba bailando y a la vez hacía teatro, estaba escuchando mucho rap. No creo que la primer canción que hice fue "Tuve que quemar". Pero ahí ya supe que esa era mi canción. La primera vez que rapeé era en una obra de teatro dirigida por mi maestro Norman Briski, un gran actor de Argentina, una mente genial, súper político y de un teatro popular. Bueno, a decir verdad, sí tengo escuela: esa fue mi escuela, una muy grande. Estábamos haciendo una obra que contaba la historia de la toma de una fábrica; los trabajadores recuperaron la fábrica y la siguen trabajando hasta el día de hoy.

ES NECESARIO SER FEMENISTA

¿Crees que la cumbia tiene un potencial político?
Y sí, porque son músicas más de la villa, de la población. No Ráfaga, pero Damas Gratis sí, son cumbia villera que nació en el 2001, en una época de quiebre y de crisis en Argentina. Fue la música de la villa [el barrio]. Hay muchas canciones que narran una realidad exacta a lo que es, son letras súper reales y algunas son desgarradoras, cuentan realidades terribles y aberrantes de violencia, con un ritmo bailable y una linda música. Por ejemplo, el tema de Los Pibes Chorros que canta Ariel "solo y triste me refugio en mi guarida" tiene unas letras divinas. Yo lo que más critico son grupos de hip hop y de rap de ahora, que son pibes, y que podrían escribir sobre otras cosas y dejar de ubicar a la mujer como una cosa.

¿Cuál es la posición respecto al reggaetón y todo lo que este género conlleva? ¿Es una herramienta más?
A mi me gusta el reggaetón. "Ho!" en el disco está con una base, pero la maqueta original la hice con una base de reggaetón. Me gusta el ritmo y bueno, cada uno escribe lo que quiere y lo que puede. Creo que sí, que todo el reggaetón es misógino y machista. Creo que hay mucha ignorancia. Pienso que el panorama es negro, pero tengo esperanza con lo que pasa en Argentina: ahora hay un levantamiento del feminismo, muy lindo y muy interesante. A diferencia de todo el resto de los lugares de Latinoamérica. Por ejemplo, la marcha de #niunamenos.

¿Cómo ha sido tu experiencia de hacer rap en el contexto de su cultura masculina y masculinizante?
No me tocó vivir ninguna situación de discriminación. Bueno, cuando empecé, el lugar me lo hice yo, me lo construí yo, no esperé a que me lo dieran. Algunos raperos me han invitado a tocar y todo bien. En Latinoamérica tenemos el camino medio abierto por Actitud María Marta, que es una gran banda de chicas; eso nos ha empujado a todas las que después seguimos haciendo lo mismo. Ahora insisto y me pongo más crítica con los raperos que siguen cosificando a la mujer en sus letras. Me enojo por ahí y digo: "No che ¡Basta!". No pueden seguir con esta mierda ¿Cómo pueden estar diciendo eso? Jactándose. Pero siempre rescato más el rap político. Lo que pasa con el rap es que la historia es machista. Hay presidentas recién ahora. La historia de la humanidad es la historia de la opresión del género femenino. Recién ahora estamos ganando espacios, haciéndonos lugar y haciendo espacios que siempre nos fueron prohibidos, después de tantos años y de tantas luchas de mujeres.

Pero falta mucho para que el feminismo se haga y que todo el mundo entienda que es necesario un feminismo y que es necesario ser feminista. Que el feminismo es un movimiento por la igualdad de género y contra la opresión de género, por los derechos humanos. Igual siento que estamos medio lejos, pero sí creo que se ha puesto en jaque este concepto de mujeres que hablas. Yo misma tenía estos preconceptos más metidos y me depilaba más seguido, por ejemplo, porque era como que, no. Ya mi cuerpo es otro y forma parte de estos nuevos cuerpos que no están tan.... depilados jajaja. Tan orientados a satisfacer el deseo del otro, por ser el sueño o por ser la mujer de los sueños de alguien. Igual me depilo a veces, tampoco es que... sí, me gusta y seguramente una súper feminista me va a decir "no, no es que te guste a vos sino que a otro le gusta". Bueno, no importa. Yo cada tanto me depilo, por lo menos no siento como le pasa a amigas que no pueden verse ni un pelo ¡Qué cosa tan auto castradora! Igual lo puedo entender.

En otra canción hablas de la revolución como un negocio masivo. En ese sentido ¿Es posible luchar contra el capitalismo?
No.

¿Contra el sistema?
No.

Entonces ¿Cómo se puede resistir a eso? ¿Cómo no ser complaciente?
Decidiendo. Decidiendo en qué lugares participar, dónde tocar. De todas maneras, creo que no sé si la historia es resistir. Porque no, no creo que sea posible luchar contra el capitalismo. Estamos absorbidos. Por ejemplo, si me invitan a tocar en un festival multinacional probablemente vaya, como han tocado bandas que admiro como Ana Tijoux, Salvaje Decibel. Sin embargo, ellos son activistas, acompañan las luchas sociales, están siempre presentes donde hay reclamos de los estudiantes, del pueblo. Son solidarios y eso es lo importante y lo posible. Creo que la música es una herramienta de transformación y puede haber una herramienta de transformación cuando las actividades se meten en los barrios, para enseñar y para ofrecerse como tal, como herramienta. Por ejemplo: la foto, el cine, la danza, la pintura, el rap, la música. Cuando van a los lugares con talleres y se lo enseñan a los chicos y se transmite una experiencia.

Hablas de la música como poseedora de una función pedagógica...
Sí y de empoderamiento. De transmitirle, por ejemplo, a cualquier chica que puede hacer lo que yo hice: escribir. Y que es importante escribir contar la realidad de uno, el sentimiento; así como denunciar lo que está pasando cotidianamente, y con esto, enseñar a no quedarse callada.

¿Cuánto de estética y cuánto de ética hay en tu trabajo?
Intento ser más ética que estética. Hablo de lo que hablo, de los temas, no porque digan lo que pienso, sino porque me conmueven, me emocionan y me entristecen. Entonces natural y orgánicamente vienen, es un impulso visceral. Lo del "Asado de Fa" también, qué sé yo. Lo que sí sé es que este nuevo gobierno argentino es pura estética y cero ética. Creo que lo que falta es eso, que vayamos más por el camino de la ética. El "Asado de Fa" cuenta la situación de un montón de familias que están en riesgo de desalojo. Y después de esa canción y vídeo hubieron más desalojos. Siento que en un punto no sirve para nada, pero también entiendo que a mí me mueve y me dan ganas de hablar de eso. Necesito hablar de lo que siento. No es que el desalojo lo sienta como propio, no es que me apropie de la lucha de otro, canto sobre eso porque lo siento. Hay mucho mainstream en todo esto. Porque la revolución también puede ser un negocio masivo. Ahora se arma un estandarte de "soy independiente y autogestiva" o de la militancia y eso vende.

¿Hasta qué punto ser autogestionada y vértelas por tus propios medios es importante para tu proyecto?
No sé si es importante para mi proyecto, lo que sé es que hice las cosas como me salieron; nunca tuve un sello, nunca tuve manager, salvo hace un tiempo que empezamos a trabajar con unos amigos. Gente que conocimos a través de la Kumbia Queers y bueno, la verdad es que a mi me aliviaron muchísimo, porque yo siempre estuve absolutamente en todo, hasta ahora estuve en todo. En el diseño, la letrita, de ver como queda, en la grabación, en pagar todo, en ir a ver el local para tocar. Y ahora ya delegar eso está buenísimo para dedicarse más a tocar. Vas conociendo gente en el camino y que ayuda. Es decir, como te decía antes, sí, yo hice todo así, pero tampoco soy ultra autogestiva, porque hay chicos que realmente hacen su disco con una impresora en la casa y después sacan la fotocopia para el librito y que son mucho más autogestivos que yo, yo lo mando a una fábrica. No soy tan autogestiva, ni tan independiente. ¿Independiente? Dependo del dinero absolutamente. Yo no estoy con un sello porque nunca nadie me lo propuso y porque también elegí ese camino. Si hubiese venido un sello de mierda, tampoco lo querría; si lo hubiese querido lo hubiera buscado, porque uno busca y obtiene lo que quiere. Pero ahora quizás me gustaría sí que alguien me dé plata y no tener que ocuparme de pedir plata prestada para hacer el disco.

Sigue a Andrea Ocampo enTwitter.

Más VICE
Canales de VICE