Isabel Pisano se pegaría un tiro antes que lamer culos

Isabel Pisano (Montevideo, 1948) nos recibe en su piso de Madrid, el pequeño espacio en el que asimila los recuerdos de un pasado nómada. Ha vivido varias vidas en una: reportera de guerra, actriz para Fellini, periodista de investigación y concursante en un reality…. Viuda de Waldo de los Ríos y ex-compañera sentimental de Yasir Arafat, lleva años dedicada a la escritura y a una relativamente apacible vida en compañía de su gata Sandri.

VICE: ¿Con cuál de todas las facetas públicas de Isabel Pisano te identificas más?

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Isabel Pisano: Con la de periodista y escritora. Es que lo otro… cuando me quedo sin pasta la busco, y en la tele pagan muy bien. Pero no sabía que era tan ruin, la verdad. Ahora, cuando llegue a ser muy, muy pobre, pediré limosna. Pero no iré a la televisión. En Italia no era tan así. Aquí es que es lo último de lo último, la cosa más increíble.

¿Tienes buenos recuerdos de tu época de actriz?

Muy malos, especialmente por culpa de Bigas Luna, porque cuando hice Bilbao hubo escenas que no estaban en el guión y que para mí fueron muy violentas. Menos mal que otras no se las permití, yo creo que Bigas tenía un gran problema con las mujeres. Un macho no reduce así a una mujer.

¿Y Fellini?

Tenía ese mismo defecto. Yo no sé por qué estos que se creen a sí mismos genios son así. Nunca podré olvidar una cosa que Fellini le hizo a una chica. La obligó a hacer una escena humillante y salió llorando del plató a lágrima viva y yo en vez de correr detrás de ella y consolarla me quedé con Fellini, que me cogió del brazo y me dijo “esta noche cenamos en tu casa, ¿viene Waldo?”. No me perdono aquella infamia. Era mujeriego, esas cosas de “o me la dai o schendi” (o me lo das o te vas) que se decían cuando alguien llevaba en coche a una muchacha eran soeces.

Siempre fuiste muy política.

Estudié en la Università d’Urbino, que era lo más comunista de Italia, y allí nos llevaban a todas las cosas del Partito Comunista. Los sábados y domingos no íbamos a pasear, íbamos a ver los debates en las plazas y tal. Era muy hermoso porque los comunistas te proponían un mundo divino. Yo aunque comunista, era rica, porque empecé la universidad siendo ya amante de Waldo, y él me pagaba los estudios.

¿Tu familia era comunista?

Mi padre era del Partido Rojo de Uruguay pero también le gustaba el comunismo. Y yo, ya en la universidad, donde nos daban a leer todas las historias de los comunistas y de la guerra, pues sí, estaba muy de acuerdo con eso. De todos modos tampoco ha funcionado el comunismo. No sé si son las presiones del sistema las que lo han hecho fracasar pero, desde luego, la democracia es un fraude. La democracia es el fraude más infame que alguien haya podido elucubrar.

¿Cuál es la alternativa a la democracia?

Una amiga me dice “tú estás por las dictaduras”, pero es que yo no estoy por nada, es que hay que inventar otra cosa. Tengo gran esperanza con los de Podemos, te digo la verdad, ojalá acaben con este sistema inmundo. Aquí hace falta otra Revolución Francesa, otra guillotina en la Plaza Mayor. La Revolución Francesa me horroriza por ciertas cosas, pero también es que la gente estaba muerta de hambre, muerta con la peste, muerta con todo lo que había pasado.

Fuiste una de las primeras mujeres reporteras de guerra.

Yo fui periodista de guerra por Julia Navarro, que era enviada de Pueblo. Fue la primera que estuvo en un bombardeo de Israel, en un bombardeo grande en la Guerra de los Seis Días, me parece, que atacaron una escuela, ella estaba allí y se escondió bajo una mesa, y yo leí su artículo y decía que al final “estaba sucia, cansada, desesperada, tenía miedo, estaba temblando, parecía que acababa de llegar de una guerra”, y eso me pareció increíble. Me llegó al alma. Entonces empecé en la guerra del Chad. Yo era viuda de hacía poco y había hecho la película Bilbao, que había sido un escándalo.

¿Y afectó eso a tu trabajo como periodista?

Bueno, ahora ya me da igual. Han puesto el baile de Bilbao en Internet, estoy ahí con las tetas que me bailan. Me en frega un cazzo, capito? No puedo hacer nada, no me puedo meter en un juicio, ¡no sé!, yo tengo derecho a mi imagen. Me molesta que cualquiera entre en Internet y me vea ahí con las tetas así. Bueno, eso fue una época y esta es otra. Tengo una posición política muy seria y muy profunda y quiero entrar en política porque esto ya no se puede aguantar.

Trabajar como enviada especial, ¿era adictivo?

Cuando empecé tenía todo lo que se pueda imaginar, hasta un mayordomo y una criada, que sé yo. Pero me aburría. Cuando trabajé para el Independente de Milán le dije a mi director que estaba muy cansada, venía de estar en Sarajevo y en Bagdad, y me dijo: “Bueno, te voy a dar un descanso, te mando a un sitio fantástico”, le pregunto a dónde y me dice “A Somalia” (risas). Estuve en todas. Ahora me gustaría ir a Ucrania.

¿El periodismo cultural pierde emoción si has hecho antes periodismo político?

Sí, es un aburrimiento. Me enviaron a hacer una entrevista a Londres, me alojaron en un hotel divino y demás, pero claro, en ese otro tipo de periodismo hablas con algún gilipollas de actor y no tienen nada que decir y son muy pagados de sí mismos. No te interesa nada, porque quiero decir, ¿cuál es el mérito de hacer una película?

¿Cómo ves el periodismo hoy en día en nuestro país?

Desesperante. Por eso quiero pertenecer a Podemos, que voy a limpiar los suelos con la lengua si me aceptan, claro, porque dirán “a esta vieja ¿para qué la queremos?”. Pero bueno, a lo mejor puedo dar alguna idea. Este sistema, como sea, a las buenas o a las malas, tiene que acabar. El hecho de que alguien tiene verdaderamente la intención de acabar con este sistema, me tiene a su lado. Porque este es un sistema trufaldino.

Háblanos de tu entrevista a Ahmadineyad. Hay quien dice que resultó un tanto complaciente.
Yo conozco muy bien Irán, y sí, adoro a Ahmadineyad, es amigo mío. Lo respeto porque tiene el coraje de decir la verdad. Nosotros estamos como estamos, destrozados por culpa del sionismo, el movimiento más infame que se pueda imaginar. Me parece necesario recomendar un libro para que se sepa de verdad lo que es el sionismo: Los mitos fundacionales del Estado de Israel, de Roger Garaudy, que fue el presidente del Partido Comunista Francés.

En varias ocasiones te has mostrado descontenta con tus libros.

Los libros que más me  ha gustado escribir son El papiro de Set, Denise también me gusta mucho, y La dinastía maldita. Sin embargo Yo puta es infame, es el peor libro que he escrito, pero no me había implicado excesivamente en él porque era un encargo con muy poco tiempo para la entrega. Ah, otro libro mío que me gusta mucho es La sospecha.

¿Tuviste problemas para publicarlo?

¡Hombre! A los tres o cuatro días lo sacaron de España. Me gustan los libros que denuncian un estado de cosas putrefacto. Me gusta escribir libros para denunciar implacable y constantemente al sistema. Había entonces una ministra que tenía cáncer y que después murió y dijo una cosa que nunca olvidaré: “bueno, la guerra tiene su lado bueno, porque ha subido la Bolsa y ha bajado no sé qué”. Entonces yo dije en el programa de Jesús Quintero: “pobrecito cancerito que no sirvió para nada”. Lo dije de verdad, lo sentí de corazón. Acto seguido no pasaron el programa y quitaron el libro de la venta.

En Yo puta planteas problemas morales a las prostitutas, y das a entender que ellas no eran capaces de comprender esos dilemas.

Lógico por supuesto. Imagínate, tu estás en la guerra, te llevan a un campo de concentración y enamoras al que manda allí. Aunque te repugne ese señor, te vas con él; te aseguro que antes de irte a un campo de concentración, te vas con el. La moral es un lujo de ricos, pero ellos ni siquiera la usan.

En ocasiones comentaste que tu relación con Yasir Arafat era la de un amor platónico y en otras que fue más pasional.

Ah sí, claro ¡fue platónico! Bueno, ¡no fue tan platónico! Tenía mucho carisma, lo veías y pensabas que era un monstruo de feo, la madre que lo pario. Tendrá mucho coraje la mujer que se meta con él en la cama. Después, mira, cuando lo empecé a conocer no podía estar lejos de él. Terminamos nuestra relación por un malentendido, él no me había mentido sino que fue un embrollo de su secretaria, con la que se casó más tarde. Él me dijo que nos casaríamos, pero fui débil mental y me dejé llevar por los celos. Fui quien lo dejó, pero claro, tuvo que ser así.

¿Y cómo era él?

Me decía cosas muy bonitas. Recuerdo una vez en la que había ido a Roma por unos asuntos burocráticos. Me mandaron a recoger al aeropuerto y cuando llegué a su oficina, él, que había estado toda la noche reunido con gente, salió y me dijo “Has vuelto, desde hace una semana que no miro el cielo”. Le pregunté por qué y me respondió: “Porque eres tú quien me mira, y es un dolor que no puedo soportar”.

En 2002 recibiste la Medalla del Ministerio de Cultura a la mejor periodista del año, también por la Asociación de Revistas de Investigación.

Bueno, no creo merecer nada especial… aunque tampoco son inmerecidos. Pero bueno, esos premios no tienen importancia, solo la importancia que los otros te den.

¿Crees que tu marcada opinión política influye en la posición profesional en la que te encuentras?

Sí, por supuesto. Mucha gente que está con el sistema es muy apoyada. ¿Qué es eso de ser objetiva? Yo pienso igual, estamos en guerra todos los días, muere gente todos los días, ¡el planeta se destroza todos los días! No es que merezca la pena decir las cosas, es que es mi obligación moral. No podría hacer otra cosa, no podría lamer el culo de los potentes, nunca, no podré. El día que lo haga me pegaré un tiro.

¿Te quedarás a vivir en España?

Aquí se vive divino, se come de puta madre y todo, pero hay dos cosas que yo no puedo soportar: las corridas de toros, que me parecen la infamia más cobarde; y la situación política.

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